El Origen de la Veneración a las Montañas y Cerros en el pensamiento anahuaca. Por: Tecuhzoma Teutlahua

 

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Nos encontramos en el mes 13, dentro del Calendario Religioso (Cempoalilhuitl) del Antiguo Anahuac, siendo el nombre de este mes ya en curso, el de TEPEILHUITL que a bien se traduce como la “Fiesta de los Cerros o Montes” y es por esta misma razón tan importante, que esta nueva publicación nuestra tendrá como propósito clarificar las Razones Originarias del por qué las ALTAS CUMBRES NATURALES eran tan sagradas y tan celebradas por los primeros mexicanos.

Para empezar, podemos citar la forma ya ampliamente conocida por muchos, de cómo se llevaba a cabo la Ceremonia ritual dedicada a la fiesta de “Tepeilhuitl”, la cual consistía en procesiones religiosas que se iniciaban al amanecer (“Iquiza Tonatiuh”) y a paso de tambor y caracol, encabezadas por los “Ofrendadores o Custodios de lo Sagrado” (Sacerdotes/Tlamacazqui) disfrazados de “tlaloqueh” (sirvientes de Tlaloc). Estos desfiles festivos y sagrados eran nutridos por largas filas de gente que jubilosamente asistía para caminar en grupo, a través de senderos apartados al interior de los valles, con la intención de llegar hasta la cima de las elevaciones naturales cercanas a sus poblaciones, que podían tratarse de montañas, montes o cerros según el caso.

Acto seguido, una vez que se encontraban en la parte más alta de los cerros, la gente allá reunida en lo alto depositaba sus ofrendas de muy variadas índoles, en los Templos construidos en dichas cimas (llamados Ayauhcalli o “Casas de la Niebla” y dedicados a la Astralidad dual de Tlaloc-Chalchiuhtlicue), mientras en mansa convivencia en medio de banquetes y actividades lúdicas, los asistentes aguardaban por el ocaso (“Onaqui Tonatiuh”) y la llegada de la neblina característica de aquellas considerables alturas, para de ese modo todos juntos, poder festejar a su querido monte inmersos “ENTRE NUBES”, elevándole cantos y rezos, al tiempo que los más ataviados (especialmente para la ocasión) danzaban extasiados sus bailes sagrados de agradecimiento a la Naturaleza y al Cosmos por las lluvias otorgadas ese año, mismas que posibilitaron que las cosechas se lograran, pero al mismo tiempo, aquellos que festejaban en las cimas danzaban para despedir solemnemente a las últimas precipitaciones que habrían de caer del cielo antes de que la temporada invernal, ya en ciernes (mes 14), entrara de lleno y con ella comenzara la época de estiaje o secas.

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Las personas que no podían asistir a estas caminatas a campo abierto, por razones de edad u oficio, ofrendaban en los templos de la ciudad unas figurillas hechas de amaranto (“tzoalli”) preparadas ricamente y con forma de “montes”, mismas que colocaban sobre alfombras de heno (“pachtli”) para reverenciar de ese modo “la ya muy vieja edad de los cerros”.

No obstante, el “agradecer por las lluvias pasadas y solicitar por las venideras” era únicamente uno más de los aspectos religiosos de la festividad del Tepeilhuitl, pues en realidad la Cosmovisión y los profundos motivos de nuestros “Viejos Abuelos” que los impulsaron a “Celebrar a los Montes” iban MUCHO MAS LEJOS del sentido puramente agrícola y sobrepasan filosóficamente, el ya de por sí, hermoso y bienhechor acto de “agradecer al cielo por la lluvia” que fecunda los campos de cultivo año con año.

Por tal motivo, este breve ensayo encausado a la reflexión y a recuperar NUESTRAS FIESTAS SAGRADAS MEXICANAS, no se limitara en ofrecer solamente la explicación que gira en torno a las lluvias que bañan los sembradíos y que incorrectamente se presenta en muchas versiones como la explicación completa del sentido de la Veneración a los Cerros, que como hemos comentado líneas arriba, era de una índole mucho más profunda y sublime. Por lo anterior, ofrecemos una lista de las OTRAS RAZONES COSMOGÓNICAS del por qué existía en el corazón de los ancestros esa marcada veneración y amor por los montes y a las altas cumbres naturales todas, a tal grado que dedicaron especialmente una Celebración anual para ello (“Tepeilhuitl”), expresada en su matemático y muy preciado Calendario Cempoalilhuitl:

1) Los montes eran sagrados para los primeros mexicanos porque evocaban al lugar mitológico TAMOANCHAN, que era la “nebulosa cumbre” donde hundía sus raíces el Árbol Florido de la Creación del Universo, el cual dentro del pensamiento anahuaca se trataba del Eje del Mundo y el puente entre los Supra-mundos y los Infra-mundos.

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2) Toda montaña muy elevada se le consideraba como TLALOCAN (El Lugar de Tlaloc) pues se decía que esas grandes moles, guardaban la entrada a un PARAÍSO SUBTERRÁNEO de vegetación perenne y belleza excepcional.

3) Los montes y sus hendiduras naturales o cavidades eran usadas para representar en ceremonias a la primigenia cuna CHICOMOZTOC, el “Lugar de las 7 cavernas”, lugar mítico por excelencia dentro de la cosmogonía nahua, de donde se dice son originarios los Seis Señores Fundadores (hijos de la pareja divina Iztac Mixcoatl e Ilancueitl) de cuyas respectivas descendencias, conformaron los habitantes que poblaron en el Periodo Posclásico al Valle de Anahuac. Tales legendarios Señores fueron Xelhua, Tenoch, Ulmecatl, Xicalancatl, Mixtecatl y Otomitl.

4) Los montes se trataban en la filosofía anahuaca de las verdaderas TZACUALLI (dígase pirámides) del mundo, puesto que fueron edificadas y colocadas en el horizonte por la obra del Creador y Dador de la Vida, por tanto, eran más sagradas que las propias Tzacualli construidas en piedra por el hombre (por ejemplo, Templo Mayor de Tenochtitlan o las Pirámides de Teotihuacan), puesto que estas últimas no eran más que “copias de menor valor de los montes” o vanos intentos humanos de honrar a la Creación dejando para la posteridad “un monte más en el Valle” que sirviera de “ombligo” para los futuros habitantes. Algunos ejemplos de Cumbres naturales que fueron consideradas como más sagradas que las propias “pirámides” son el Monte Coatepetl, el Xicoco, el Monte Tlaloc, el Monte Huizachtepetl (Fuego Nuevo), el propio volcán Popocatepetl (antes llamado Xalliqueuhac) o la montaña Matlalcueye (hoy Malinche)

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5) En el pensamiento de los primero mexicanos, la Dualidad Natural e indisoluble necesaria para que los asentamientos humanos perduraran por mucho tiempo y de manera prospera, consistía precisamente en contar con el binomio sagrado de los lagos y los montes en torno a las ciudades. Lo anterior queda demostrado, con la antigua expresión “in atl, in tepetl” en el idioma náhuatl (traducción literal “el agua, el monte”), misma frase que era interpretada simbólicamente en sus orígenes como SINÓNIMO DE CIUDAD o Estado territorial y fue por esa misma razón (y no a la inversa), que dicha oración cifrada que a primera vista solo parece referirse al “agua” y al “monte”, devino en la actual palabra “ALTEPETL” que aunque está formada de las palabras “Atl” (agua) mas “Tepetl” (cerro) en realidad significa “CIUDAD”. No es de extrañar entonces, que en la celebración de TEPEILHUITL, el elemento AGUA (como lluvia o neblina) y la Astralidad dual de Tlaloc-Chalchiuhtlicue esté presente en todo momento y sea venerada A LA PAR del Elemento Principal de esta festividad que son los MONTES.

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Reflexionando sobre éste punto, se vuelve obvio que “el Agua y la Montaña” sean los dos garantes de la vida humana sedentaria, puesto que lo primero ya sea en forma de rió o lago, es fuente inagotable de alimento y posibilita la fertilidad de la tierra, mientras que el segundo, la montaña o monte, es un perfecto hogar sustituto y Fortaleza natural a la cual podían huir a refugiarse las poblaciones en momentos de guerra o catástrofe, una vez que sus murallas y fuertes edificados en las ciudades de las planicies fueran superadas por el enemigo o la calamidad. Por ello, asentarse cerca del AGUA y de una CUMBRE ELEVADA se volvió vital en el Anahuac y ambas cosas pasaron a formar parte de los conceptos sagrados de las poblaciones, pues el uno vendría a hacer las dotes de una “Madre” sustentadora (Agua) y el otro las de un “Padre” protector (Montaña): un ejemplo de esto mismo es el hecho de que muchos mexicas (la mayoría ancianos, madres y sus niños), cuando Tenochtitlan fue sitiada y finalmente tomada por las tropas invasoras de Cortes y Tlaxcala, huyeron de la masacre al refugiarse en la sierra de CHICHINAUATZIN, el actual corredor montañoso (hoy Ajusco-Topilejo-Huitzilac) comprendido entre los límites sureños de la Ciudad de México y el estado de Morelos.

6) La astralidad TEPEYOLLOTL que significa “Corazón o vitalidad del monte”, era una de las representaciones del Titlacahuan o el “Tezcatlipoca negro” uno de los “Cuatro Sustentos del Universo” más veneradas en el Antiguo Anahuac. Se relaciona a Titlacahuan con Tepeyollotl porque la representación de éste es la de un “jaguar” y a su vez es el nahual (disfraz) del Tezcatlipoca Negro y se sabe eso porque en el “Mito de los Soles o Edades”, se dice que: “El Tezcatlipoca Negro gobernó sobre el Primer Sol, el sol de tierra, cuando era poblado el mundo por una raza de gigantes. Tan poderosos fueron estos gigantes que arrancaban los árboles simplemente con las manos. Blandiendo un bastón, Quetzalcóatl (el Tezcatlipoca Blanco) arroja al Tezcatlipoca Negro a las profundidades del mar. Elevándose desde el fondo del océano, éste último se yergue como una montaña y se convierte en un enorme jaguar, que aún hoy puede ser visto transformado en la constelación de la Osa Mayor. A su regreso, la raza de los gigantes es completamente devorada por los fieros jaguares que son las criaturas sagradas del Tezcatlipoca Negro”

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7) Este séptimo punto de esta lista, también obedece al “Mito de los Soles”, no obstante esta vez no tratándose del Primer Sol sino del Cuarto Sol o “ATONATIUH” (sol de agua), en el cual se cuenta que gobernó al mundo la Astralidad dual de Tlaloc-Chalchiutlicue y donde la humanidad de ese entonces, al final de esa Edad Cósmica fue diezmada mediante la fuerza de las aguas, desapareciendo parcialmente mediante una “Gran Inundación” que castigo a toda la tierra y que dio paso al “Nuevo Sol” o la Edad Actual en la que nos encontramos. Por lo anterior, se vuelve evidente que la RENACIENTE HUMANIDAD tras de ese “Diluvio Universal” fueron las Civilizaciones del Anahuac de las cuales tenemos aún registro, mismas que no dejaron de venerar a los cerros y montes ni aun pasadas muchas generaciones (hasta llegar a nosotros), porque innegablemente fueron las Altas Cumbres y las más elevadas montañas los ÚNICOS LUGARES SEGUROS a donde aquellos hombres del pasado “Cuarto Sol” tuvieron que huir para sobrevivir a la Gran Inundación, obligados a pasar un tiempo en esas cimas de montañas y cerros (convertidas temporalmente en “islas” en medio de mares interminables), hasta que pudieran bajar de ellas y repoblar los valles nuevamente cuando las aguas del mundo volvieran a su nivel normal. Es ilustrador señalar, que este mito señala que la Divinidad escogió y salvo a la pareja humana más excepcional y sabia de entre toda la tierra, indicándoles que se refugiaran en el interior de un gran árbol sagrado, ahuehuete, que habría de ser la única balsa capaz de flotar y superar la tremenda anegación de las aguas; no obstante, el mito también señala que algunos otros hombres y mujeres al margen de la decisión divina, lograron salvarse de las aguas “por sus propios medios”, es decir, refugiándose en las cimas más elevadas.

8) Finalmente y en concordancia a los puntos anteriores, se escogió que la “Fiesta de los Cerros” se celebrara en las mismas fechas que en las que las lluvias se van, pero que al mismo tiempo se sincronizara con UN EVENTO ASTRONÓMICO de suma importancia para el mundo anahuaca, el cual consistía en el posicionamiento en el “CENIT del firmamento nocturno” del Cumulo estelar de la Pléyades (“Tianquiztli”), algo que ocurre entre el 17 y 20 de noviembre de cada 52 años. Tal alineación de las Pléyades con respecto al centro del cielo, guarda su importancia en el “Mito de los Soles”, pues se decía entre los primeros mexicanos que el mundo y la humanidad fueron destruidos cuando “por alguna nefasta razón” las Pléyades no lograban subir al Cenit del cielo. De aquí nace otra parte de la cosmogonía de la Ceremonia ritual del “FUEGO NUEVO”, de la cual haremos mención más a detalle en una próxima publicación, pero que de momento vale comentar que se realizaba también en la CIMA DE UN CERRO (actual Cerro de la Estrella o Huizachtepetl) donde se edificó un Templo muy sagrado (“teocalli”) y dedicado exclusivamente para este propósito ceremonial de aguardar el “Final del Tiempo”.

Así pues, damos por acaba esta nueva publicación, confiados en haber sembrando en ustedes las muchas y hermosas razones del por qué las Montañas, Cerros y Cumbres eran tan sagradas y amadas por nuestros “Viejos abuelos”:

…pues de una mítica montaña EMERGIERON los Primeros Ancestros del Anahuac

…las montañas permitían DANZAR CON LAS NUBES que tanto bien hacen a los hombres con sus lluvias

…se veneraba a las montañas, porque gracias a ellas al igual que en los ELEVADOS TEMPLOS SAGRADOS de las Tzacualli-Piramides, la divinidad de la tierra se conectaba con el Cielo y en sus cimas los hombres proyectaban sus pensamientos HACIA LAS ESTRELLAS

…aquí en el Anahuac, “el Ombligo del Mundo”, se amaba a los montes porque siempre BRINDAN HOGAR Y REFUGIO, pues lo mismo que en la triste Caída de Tenochtitlan, como al final del “Cuarto Sol”, los montes fueron los “Entes Protectores” que aun en el último momento, siguieron de pie y salvaron del exterminio a todos los hombres que pudieron escalar “hasta sus blancas sienes”, hombres sobrevivientes que desde su ruina y abandono al ver su mundo destruido no se sintieron más afortunados que los muertos que dejaron atrás, pero que a la postre supieron vencer a la adversidad y pasaron a ser la esperanza del mundo que se negó a morir, engendrando a los nuevos mexicanos que somos nosotros y a la Nueva Humanidad.

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En el Tepeilhuitl, “la fiesta de los cerros”, ¿cómo pues, no habríamos de danzar y cantar en las cumbres y de amar a los cerros, si ellos son el reflejo cristalizado y el monumento original del AMOR que el cielo siente por la tierra y todas sus criaturas?

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“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

 

Texto original (FB- Pueblo de la Luna. Metzitzin):

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Encuentro Moctezuma-Cortés: el día en que la Historia del Mundo cambió. Por: Tecuhzoma Teutlahua

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8 de Noviembre de 1519, día que el invasor Hernán Cortés (a la cabeza de sus sanguinarias y engrosadas huestes conformadas por cientos de españoles y miles de tlaxcaltecas), hizo su entrada en la esplendorosa México-Tenochtitlan. El “Ue Tlatoani” de la ciudad, Motecuhzoma Xocoyotzin (Moctezuma II) sin sesgo de cobardía y haciendo ostentación de su honorabilidad y diplomacia se ofreció a la vista de sus enemigos haciéndose rodear de un fausto y de una elegancia a la altura de cualquier otro Gran Señor y Soberano del mundo hasta entonces conocido, pues se dice en las crónicas de aquel negro día, que Moctezuma de sereno semblante y erguido con galantería recibió a los indignos de él y malolientes detractores suyos, revestido en una gloria equiparable a los recibimientos de etiqueta del mismísimo “Rey Sol” Luis XIV o del Gran Mongol Genghis Khan.

Era claro que la intención del legendario tlatoani mexica de recibir en su propia casa a quienes le deseaban la muerte, obedecía no a una “rendición adelantada” como intentan hacer creer los patrañeros eurocentristas que cuentan la historia a su conveniencia, sino a las añejas tradiciones anahuacas de no iniciar conflicto alguno sin antes MIRAR DE FRENTE los ojos del adversario y ahí mismo cara a cara, como nobles guerreros declararse sus afrentas o detener la guerra a cambio de una paz negociada, una diplomacia y usanza entre los honorables Señores Anahuacas que ningún barbárico europeo del siglo XVI entendería y ciertamente el intrigoso y desleal Hernán Cortés no fue la excepción a la regla, pues dicho sea de paso, el Extremeño nunca luchó una batalla con él mismo por delante sino siempre al cobijo y detrás de las anchas líneas de sus engañados soldados.

Para aquel día apertura del mes anahuaca de Tepeilhuitl, Moctezuma superaba los 50 años de edad, seguía siendo un hombre en plenitud física y su alto nivel de conciencia y madurez mental estaba exenta de cualquier sospecha, pues su gran sapiencia había sido manifiesta durante las ya casi dos décadas en las que llevaba ocupando dignamente el Alto cargo de Tlatoani (la Voz de todos) que el “Tlatocanecentlaliliztli” (Consejo Supremo) le había conferido a él, Xocoyotzin, por encima de cualquier otro aspirante, precisamente por ser destacado y valiente guerrero y un hombre de “prudentes palabras”.

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Así pues, lo que Cortés tuvo frente a sus ojos aquel día que entró a la excelsa capital azteca, fue a un hombre que le opacó en todo sentido, pues Moctezuma lucía a los ojos de los españoles como un hombre-astro o una ensoñación divina, como un monumento vivo de piel dorada y elevada estatura, de carnes esbeltas y músculos firmes, de fisonomía seria y grácil, lleno de nobleza y con un rostro recio pero atemperado de bondad. Tal fue el impacto y fascinación que Moctezuma produjo en las mentes españolas, que les pareció estar ante la viva imagen encarnada en un cuerpo moreno del “Nuevo Mundo” de un prístino santo de la antigüedad o del mejor de los apóstoles de ellos los católicos, no siendo gratuito el apodo de “Santozoma” que a la postre los españoles dieran al tlatoani a quien con solo con verle por primera vez, hizo que se le borraran a Cortés las intenciones de matarle como un enemigo más y sí en cambio, aceptar el ofrecimiento de ser su huésped y encerrarse en el Palacio de Axacayatl para en serenidad pactar la paz y ver salir de ahí una posible alianza entre reinos de ultramar en lugar de la guerra genocida que terminó desatándose al final, auspiciada por los celosos tlaxcaltecas, los eternos bárbaros del Anahuac quienes apoyados por el troglodita Pedro de Alvarado alejaron a Cortes de su “vana” idea de ser amigo de Moctezuma a quien como un “Judas” de la tradición católica terminó traicionando luego de estrechar su mano aquel 8 de noviembre del 1519, una decisión digna de un hombre sin honor que solo podía esperarse de un romanizado colonizador, y que cambiaría para mal el curso de LA HISTORIA MUNDIAL, pues de haber continuado Cortés con la humanitaria y sabia invitación de Moctezuma a formar honestos lazos de cooperación entre la corona española y la mexicana, entre el mundo de Anahuac y el de Europa, el MUNDO ENTERO (y no solo ellos dos) hubiese avanzado a pasos agigantados en todos los aspectos, desde lo científico hasta lo moral, en lugar de haberse sumido por siglos en el estancamiento de la barbarie imperialista y la ignominia moral que hoy día es conocida (y padecida) por todos sin importar la latitud.

La estrategia y diplomacia de recibir a sus enemigos y mostrarse con entereza y en su máxima gloria tuvo lo efectos deseados por Moctezuma, pues sus modos de gran señor cautivaron irremediablemente a los mendaces españoles (que no así a los envidiosos tlaxcaltecas) quienes ambiciosos por ser más pobres que un perro y más viles que una raíz seca, se vieron rendidos por los finos anfitriones aztecas y mandaron detener la guerra de inmediato, tomando muy en serio la invitación del señor mexica a platicar durante los siguientes días para intentar cambiar la guerra por un PACTO HUMANITARIO por el bien del futuro de propios y ajenos. Fue entonces que los españoles completamente “hechizados” se dejaron a sí mismos desprotegidos y fueron conducidos hasta el Palacio que Moctezuma había previamente dispuesto para alojarlos en caso de que la primera parte de su plan de pacificación resultara exitosa (como así fue). Cuando volvieron a verse más tarde el mismo día, Moctezuma mando a traer canastillos de hermosas flores para adornar la estancia de sus “invitados” y los reconforto con regalos casi de todos de oro (muy bien trabajados por cierto) y mandando a un sirviente del palacio a colocar en el pecho de Cortés un collar en especial entre todos (con un símbolo no explicado a la fecha) también de oro, le dijo al español según recogen las fuentes:

“Aceptaos mis presentes, sé que les traerán sosiego… Y pues estáis en vuestra naturaleza y en vuestra casa, holgad y descansad del trabajo del camino y guerras que habéis tenido, que muy bien sé todos los que se vos han ofrecido de Puntunchán acá, y bien sé que los de Cempoal y de Tascaltecal os han dicho muchos males de mí. No creáis más de lo que por vuestros ojos veredes, en especial de aquellos que son mis enemigos, y algunos de ellos eran mis vasallos y hánseme rebelado con vuestra venida, y por se favorecer con vos lo dicen”.

Frase más oportuna y certera para apuntillar aquel estratagema de “confiables anfitriones” por parte del gobernante mexica no pudo haber, y la significancia del collar elaborado especialmente para Cortés, fue una magistral maniobra para convencerle de tajo que era mejor para el mismo, ser “el eterno huésped de Moctezuma”, haciéndole sentir con astucia cada vez más, que solo estaría a salvo mientras estuviera en Tenochtitlan y no deseara escapar de su “blanca prisión” (trampa) en la que se había metido él solo

La idea de obsequiar y colocar a la altura del pecho de Cortés un collar de únicamente oro con un medallon con un glifo grabado de un caracol (corazón) fue pensada por el propio Moctezuma para hacerle llegar a su “huésped” un mensaje en clave que solo él entre los españoles podría entender, pues según se cuenta, llego a oídos del Ue Tlatoani el relato de que en alguna ocasión el Capitán español, al no poder convencer con su acostumbrada verborrea y labia a los totonacas que se le unieron para que le entregaran un botín con sagrados “Ídolos en oro” que habían saqueado las tropas suyas ondeantes de la “Bandera (Pantli) del Espíritu Santo” en una de las tantas ciudades que asaltaron antes de llegar a Tenochtitlan, el invasor de Castilla les dijó a sus aliados de estas tierras que necesitaba de esas figuras de oro, porque “él  padecía de una mortal enfermedad que le afectaba el corazón y que solo se curaba consumiendo el polvo del oro”, algo que desde luego era un desvergonzado y patético recurso para convencer y conmover (a falta de argumentos) a sus incautos aliados indios de entregarle sin objeciones y de buena fe todo el oro que consiguieran de ahí en adelante.

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Desde luego, esta artimaña de bajo talante de su “supuesta enfermedad que se curaba solo con oro” le funcionó muy bien a Cortés con la gente ordinaria e inculta que se le unió, mas no con los sabios y doctos Señores mexicas, quienes con el inteligente Moctezuma a la cabeza le hicieron entender sin necesidad de armas y con un simple Collar de oro al “Capitán español” (mismo que como ya hemos comentado le fue puesto a la altura del pecho en presencia del tlatoani), que estando con ellos “por las buenas” tendría toda “la medicina” que necesitara, es decir, tendría el brillo del oro rebotando en su pupila día y noche.

Si lo repensamos bien, aquello era una baratija que Moctezuma estaba dispuesto a pagar (pues oro había mucho y no tenía valor monetario para los aztecas) y su plan marchaba en el sentido de rendir psicológicamente a Cortés y ver como éste “amigo español” del anciano nigromante Xicotencatl rival jurado de los mexicas, terminaría atado mentalmente, embelesado con oro, manjares y placeres en su nueva morada blanca a mitad del Lago de Texcoco y cuidado por su nuevo amigo “casi hermano” Moctezuma que había “prometido” cuidar de él (pero no de una forma distinta, sino como al igual que los deformes y personas maltrechas física y mentalmente que el tlatoani acostumbraba cuidar en sus jardines del palacio).

Lo que nunca se ha entendido es que Moctezuma antes de luchar la guerra física y armada dio POR AMOR AL ANAHUAC Y TODOS SUS PUEBLOS, la oportunidad de antes librar una guerra psicológica donde ningún reino resultaría exterminado. Su mayor victoria consistiría en ver como el altivo Cortes, paulatinamente era adormecido y vistos doblegados sus bríos por sus “hospitalarios anfitriones tenochcas” que le darían sin carga ni esfuerzo, los lujos que su miserable cuna castellana nunca le dio, haciéndole cambiar por trozos de “dorado metal mexica” a sus antiguos y jurados aliados al otro lado del volcán Xalliqueuhac (nombre original del Popocatepetl) y muy posiblemente también con el paso del tiempo hacerle romper con aquellas lealtades que le esperaban en tierras europeas más allá del Hueyatl (como se llama en náhuatl al actual Golfo de México); sofocando así en definitiva, con inteligencia y sin necesidad de alaridos ni tambores, la guerra genocida, final y sangrienta que los tlaxcaltecas añoraban y azuzaban noche y día a los oídos del avaricioso pero corto de mente Cortés, pues aunque el Capitán español era un esclavo de su sed insaciable de oro (que si en algo no mintió era en que estaba enfermo, pero no solo del corazón sino también de la mente) declaró en sus memorias que NUNCA QUISO DESTRUIR la hermosa Tenochtitlan y se arrepintió al final de su vida de “haber borrado cosa tan bella y única de la faz de la tierra”, tanto es así, que incluso en su delirio y nostalgia llego a culpar cobardemente al heroico Cuauhtémoc de no dejarle otra opción que la de incendiar y bombardear la capital azteca hasta su rendición, pues Cortés según palabras propias se contentaba con que Moctezuma fuera un tributario del rey Vaticano y que aceptara difundir en sus tierras la religión católica (algo que estaba precisamente negociando con el tlatoani, quien a su vez imponía ciertas condiciones a favor hasta ahora desconocidas).

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En cambio, los agregados indios en los ejércitos del Capitán desde el inicio de la infame alianza no tuvieron en su cabeza otro objetivo, que el de ver destruida y envuelta en llamas a la “Nueva Tollan” de México Tenochtitlan que desde su fundación en el profético año del 1325, despertó tanta rivalidad y envidia entre los “teochichimecas (tlaxcaltecas)” quienes como cuenta la historia, terminaron expulsados del valle central por allá del año 1350 y tuvieron que conformarse con poblar los valles de Tlaxcala, al ser repudiados por los toltecas-texcocanos (descendientes del mítico líder Xolotl) en los tiempos del rey Quinantzin, por considerarlos éste último no con pocas razones y fundamentos, como algo menos que un pueblo de salvajes idolatras y hechiceros que no tenían derecho a poblar junto a ellos a orillas del lago más sagrado del Anahuac.

Retornando a lo sucedido el 8 de noviembre de 1519, en las semanas subsecuentes a aquel día histórico para todo el planeta, de cuando Cortés conoció en persona al gran Moctezuma, ambos tremendos personajes durante días enteros se sentaron y entablaron (por medio de doña Marina, conocida inapropiadamente como la Malinche) graves y serias conferencias acompañados de sus respectivos séquitos quienes dicho sea de paso, tanto del lado mexicano como del español permanecieron todo el tiempo de pie en un respetuoso silencio mientras eran Moctezuma y Cortés los que hablaban sentados uno frente al otro. Se dice que el tlatoani azteca interrogó afanosamente al líder de los españoles y le lanzó a su interlocutor unas preguntas que para él era una gran cuestión: “¿de dónde venían ellos realmente?”, “¿Quién era su rey y sobre todo por qué habían venido al Anahuac con tanta prisa?”, preguntas a las que Cortés respondió puntualmente diciendo al solemne señor tenochca que motivaba su expedición por el deseo de “ver con sus propios ojos a un monarca tan distinguido” y de “hacerle conocer la religión católica” que a palabras del español era la única y verdadera. Moctezuma se complació de la sinceridad de su huésped (pues sabía de antemano las respuestas) y luego de hacer otra serie de preguntas minuciosas y al ver que Cortes contestaba certeramente, al final hizo traer ricos regalos para todos.

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De ese modo, Cortés permaneció gustoso y confiado en la hermosa ciudad de nuestros ancestros, pues no estaba en calidad de combatiente, sino de “EMBAJADOR DE OTRO REINO” y como tal, según la tradición anahuaca, debía ser respetado y atendido con la mejor de las calidades (en el México Antiguo se tenía por pueblos atrasados a aquellos que trataban mal o mataban in sitú a los emisarios de otro rey que llegaban a dar un mensaje ya sea de guerra o de paz), así que NO RESULTA EXTRAÑO NI FUERA DE CONTEXTO como intentan deshonestamente hacerlo pasar los patrañeros eurocentristas, el hecho de que Moctezuma como “voz y mando” permitiera a Cortés junto a sus hombres más cercanos ingresar a la ciudad, mismos a quienes durante su estancia en el palacio de Axayacatl (padre de Moctezuma) nada les faltó y se les trató con decoro en todo momento (aquí cabe señalar que varios jefes cempoaltecas y tlaxcaltecas no quisieron entrar a la ciudad y prefirieron quedarse afuera en las calzadas, argumentando que no querían exponerse a la furia de Moctezuma). Es aquí, cuando insidiosamente las teorías difamatorias y claramente pro-europeas ponen a Cortés como un “héroe osado” y apuntan desvergonzadamente y faltos de sentido científico, a que se le trató al Capitán con respeto en sumo grado en su estancia en Tenochtitlan, porque los aztecas los “consideraban a él y a los suyos como dioses” algo que ya hemos desmentido cabalmente con argumentos sólidos en anteriores publicaciones, pero que sienta muy bien ahora, ahondarlos y afianzarlos con este par de nuevos datos que a continuación presentamos y con los cuales cerramos esta publicación que consideramos muy oportuna a decir por el día que rememoramos:

1) Al día siguiente de su recibimiento en Tenochtitlan, Cortés pidió poder presentarse ante Moctezuma lo cual le fue concedido, y aseado luego de semanas de no hacerlo, se trasladó escoltado por soldados mexicas hasta el palacio del Tlatocan donde se hallaba el tlatoani. La intención era que se le diera audiencia para dar un largo discurso (que dicen hizo dormir de hastió a varios dignatarios tenochcas), cuyo objetivo era convencer de una buena vez a Moctezuma de convertirse a la religión católica, haciendo lo mejor que pudo una ardua exposición de ella, valiéndose de la invocación de los misterios de la Trinidad, de la Encarnación y de la Redención, e incluso remontándose al origen del mundo de cuando Adán y Eva en el Edén y la caída del hombre. Pero cuando Cortés notó que poco a poco comenzaba a ser tomado por un tonto por los sabios ancianos mexicas ahí presentes, subió el nivel de sus palabras y aseguró casi demencialmente que todos esos “monumentos monstruosos en piedra” que adornaban el palacio, no eran más que disfraces con los que se encubría Satanás y que el culto a ellos (a su ciencia) sumergiría a Moctezuma y a su gente en la perdición de sus almas (algo que al final si paso fue el martirio de todos estos sabios, pero no por culpa de un demonio imaginario llamado Satanás sino por culpa de la maldad y avaricia de los hombres enfermos de oro). Finalmente, cuando Cortés concluyó su penosa intervención, Moctezuma no se burló de él y lo escuchó con atención hasta el final y sin interrumpir una sola vez la arenga fanática del jefe español, se levantó serenamente de su asiento y le respondió brevemente a Cortes que NO DUDABA que el dios de los españoles fuera un dios bueno, pero le hacía saber que el de TENOCHTITLAN TAMBIEN ERA UN DIOS IGUALMENTE BUENO y antes de hacer retirar a su visita de la sala, (sin aceptar la invitación a convertirse) el tlatoani le confesó a Cortés que todo lo que había dicho durante su extenuante discurso acerca de los preceptos de la “Caridad y la Misericordia” de su religión extranjera, se parecía mucho a lo que en su infancia se le había enseñado a el mismo a través de sus maestros del templo (Calmecac).

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2) Semanas después de la arenga católica en el palacio del Tlatocan, Moctezuma invitó a Cortés al santuario donde se adoraba a todas las Astralidades y Señores celestes de los mexicas, explicándole que esos “ídolos” que él había confundido con los disfraces del enemigo de su dios (Satanas), “no representaban ningún peligro, pues contenían todo el saber atesorado por los aztecas desde el origen de su nación, y que describían los momentos propicios para cultivar y recolectar, de la marcha y secretos del tiempo”, pero Cortés indiferente a todo ello como hombre vulgar de su época que desconocía todo en cuanto a ciencia, le dijo a Moctezuma que “si permitiera que en ese templo se erigiera la Cruz católica y que se colocasen las imágenes de los santos, de la Virgen y de su hijo divino, vería entonces que sus ídolos demoniacos huirían de Tenochtitlan”, a lo que el tlatoani con visible enfado le contestó que “si hubiera podido saber antes que faltaría de ese modo de respeto a sus creencias plasmadas en la piedra, no le hubiera permitido llegar hasta su presencia”.

3) Hasta entonces, Moctezuma respetuoso de la tradición hospitalaria de su cultura para con los embajadores y apegado a su plan trazado para quebrantar la alianza militar de Cortés (y su poderoso rey de ultramar) para con los repudiados tlaxcaltecas y cempoltecas, había sido en extremo afable con los españoles y gustaba de conversar con los frailes de ellos acerca de muy variados temas filosóficos, se dice incluso, que el tlatoani se daba la oportunidad de jugar los juegos de cartas con los soldados españoles en partidas donde él azteca siempre salía victorioso dando muestra de su magnificencia. Pero tras los constantes arrebatos hostiles de la gentuza que acompañaba a Cortés para con los empleados de los templos y las faltas de respeto mostradas por estos visitantes hacia la cultura y religión de la ciudad, de a poco, Moctezuma fue desengañándose de que no tenía sentido alguno intentar negociar o esperar algo bueno de aquellos bárbaros incorregibles y ya preparaba en consecuencia junto a su hermano el príncipe Cuitlahua el plan de la inevitable guerra, mismo que plan que el Tlatocan (Consejo) aprobó.

4) Días antes de la artera y cobarde maniobra donde Cortés y sus hombres secuestraron a traición al tlatoani, atrincherándose junto con él, en el mismo lugar sede de las conferencias entre españoles y mexicanos (Palacio de Axayacatl), en los últimos actos diplomáticos, Moctezuma había mandado a traer a Cortés ante su presencia y le expreso que estaba convencido de que eran obvias e insalvables las diferencias entre su cultura tenochca y la de ellos, dejando en claro que ya nada se podía hacer y en graves palabras recogidas de las fuentes, le dijo: “No os queda otra salvación que la retirada, volveos al país de donde venís, solo a este precio podéis salvaros”, a lo que Cortés con su característica sangre fría y palabra sin valor, le contestó que SI ESTABA DE ACUERDO en aceptar ese ofrecimiento de volver a su país a cambio de salir con vida del Anahuac, pero que necesitaba navíos para lograrlo, pues había desmantelado los suyos recién desembarco en las costas de Chalchicueyecan (actual Veracruz). Como es sabido, Cortés no respeto su palabra y tan solo se trató de un espejismo para ganar tiempo y poder fraguar la traición a este último gesto de misericordia de parte de Moctezuma, muy a pesar de que éste último, le ofreció los materiales y hombres para poder construir sus barcos, mientras tanto como muestra de “buena voluntad” a los enviados del poderoso señor asentado allá en el “Viejo Mundo”, se le dijó a Cortés que él y sus hombres podrían seguir alojados en el Palacio de Axayacatl mientras duraran los trabajos de construcción de sus naves, para así evitarles la penda de estar a merced de la furia los vengativos tlaxcaltecas, que muy seguramente estarían encolerizados al enterarse de su deserción. Fue entonces que el desestimable Cortés pidió hablar una vez mas con Moctezuma en privada conferencia en el palacio y fue ahí cuando perpetro su cometido de capturarlo, poniendo así el último clavo al ataúd de la malograda fraternidad.

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Finalmente, no nos queda más que aprender de los errores del pasado y dar honor y gratitud a quien honor y gratitud merece, pues mientras Cortés representaba esa opción del mundo, sombría y rapaz, el Gran Tlatoani Motecuhzoma Xocoyotzin apostaba por un PORVENIR ESPLENDOROSO ENTRE DOS MUNDOS, por un mundo que optara por la sabia comprensión entre civilizaciones y respeto mutuo antes de la guerra, por un mundo donde el oro no fuera entendido como un medicamento para los “corazones de los hombres” y si en cambio la palabra florida y los cantos.

Moctezuma fue un idealista adelantado a su tiempo, un humanista en toda la extensión de la palabra, un santo guerrero (como lo llamaron sus propios detractores) y cuyo peor error fue AMAR DEMASIADO a su sangre y raza intentándola librar de una guerra exterminadora y brutal, aun cuando de entre esta raza morena, hubo corazones pequeños y reyes traidores que nunca entendieron que la grandeza y el derecho a vivir en la GRAN TOLLAN no se alcanza a base de conjuros y guerras, sino a través de las artes, la ciencia y la fe.

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A los americanos y europeos de hoy, nos queda la deuda de enmendar la trágica relación en que resultó el encuentro de NUESTRO Moctezuma y SU Hernán Cortés, de nuestros “Quetzalcóatl” y sus “Cristos”. En intentar recuperar de entre los escombros del colonialismo y la intolerancia fanática, la posibilidad futura de una HUMANIDAD UNIDA Y ESPLENDOROSA que por obra de “Satanás” o de la IGNORANCIA se negó a nacer en aquel lejano (pero siempre presente) día del 8 de noviembre de 1519. El “Señor Tiempo” dirá…

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“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

Texto original:

La MUERTE y los SUPRA-MUNDOS de la Cosmogonía Anahuaca. Por: Tecuhzoma Teutlahua

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Hoy es nuestra fecha nacional dedicada a la celebración del “Día de Muertos” (MICCAILHUITL) y por motivo de ello compartimos gustosamente con ustedes el presente texto, mismo que se ocupara ampliamente en rescatar la COSMOVISIÓN ORIGINARIA DE ESTA FESTIVIDAD de los muertos (mexicana de origen y mundialmente reconocida), la cual, pese a que en la actualidad tiene añadiduras de la cultura comercial moderna y otras producto del sincretismo religioso (mayoritariamente con el catolicismo), no por ello deja de ser INOBJETABLE que la “sabia convivencia del buen mexicano con la muerte” nos viene legada desde tiempos del Antiguo Anahuac y en consecuencia, podemos estar seguros que el actual “Día de Muertos” conserva EN SÍ MISMO, mucho de la ESENCIA (aunque no tanto de la forma) de la ancestral fiesta MICCAILHUITL que celebraban los primeros mexicanos.

De momento, conviene dejar asentado que esta “solemnidad con la Muerte” se vigorizaba y celebraba en el Anahuac sobretodo en mes en particular perteneciente a su Calendario científico-religioso, propiamente nos referimos al mes que llamaban con el místico nombre de “Teotleco” (que bien puede ser traducido como “EL ASCENSO DE LO DIVINO” o “LA PARTIDA DE LAS ESENCIAS”) y que constituía el mes número 12 de un total de 19 meses sagrados (18 de veinte días, más uno de 5 días) y que a su vez constituyen el ciclo completo de la “Cuenta Cempoalilhuitl” donde estaban marcadas todas las fechas de las “Fiestas Sagradas” de nuestros ancestros.

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Dicho sea de paso, aquellas fiestas sagradas del Anáhuac en su mayoría, HOY DÍA LAS SEGUIMOS CELEBRANDO AUNQUE NO SEAMOS CONSCIENTES DE ELLO (como justamente es el caso del “Día de Muertos”) pues nuestras actuales fiestas religiosas caen en las mismas fechas en las que tenían establecidas las propias nuestros ancestros, pero ahora las viejas celebraciones del Anahuac nos han llegado mimetizadas, distorsionadas, parcialmente sustituidas o simplemente ocultadas detrás de la “mascarada” de las festividades católicas a los “Santos Patronos en los pueblos” que la impuesta religión romana nos ha hecho celebrar a ciegas en “nuestras propias fechas ancestrales”, aprovechándose del hecho de que durante la Colonia, los clérigos católicos tuvieron acceso al venerable conocimiento del CEMPOALILHUITL y así descubrieron en que días eran las festejos más importantes del calendario anahuaca para con ello, intentar reemplazarlas perpetuamente por fiestas católicas (una ruin tarea que no llevaron a cabo tan bien como creyeron, pues hemos comenzado a quitar la “paja” aventada sobre nuestras fiestas ancestrales para redescubrirlas y reclamarlas como nuestras otra vez).

Así pues, el mes de Teotleco en correlación con el calendario romano gregoriano (el hoy vigente) corre desde el día 18 de octubre hasta el 7 de noviembre (20 días), con lo cual se hace evidente una vez más, que los primeros mexicanos recordaban “a sus muertos” en las MISMAS FECHAS que nosotros hoy día, por tanto, no es un disparate ni una ligereza mental afirmar que nuestra celebración actual de “Día de Muertos” es una CONSECUENCIA DIRECTA de la fiesta anahuaca de MICCAILHUITL del mes de TEOTLECO. No obstante, también es importante y justo resaltar que la forma en que los primeros mexicanos pensaban acerca de la muerte y la honraban, dista en buena medida de la forma y configuración actual del Día de Muertos. Entre las diferencias más significativas “del ayer y el hoy”, podemos citar las siguientes (mismas que valdría mucho la pena reintegrar a nuestra manera actual de ver y celebrar a la muerte):

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1) Durante el mes de TEOTLECO, las procesiones y ceremonias no solo se centraban en la muerte humana, de hecho, la muerte de los hombres era la mínima parte del propósito de este mes anahuaca y su fiesta MICCAILHUITL; en realidad, el sentido de esta Festividad sagrada era HONRAR A TODAS LAS COSAS MUERTAS Y PEDIR POR SU RECICLAMIENTO CÓSMICO, empezando por la propia Naturaleza y el Universo, los soles, los mundos, las viejas ciudades, las plantas, los animales y hasta la tierra misma eran los “difuntos principales” de esta celebración (por encima de los familiares difuntos). En este punto, hay que recordar que cada una de las festividades del Anahuac tenían una estrecha e innegable relación con los ciclos del tiempo del planeta y fue precisamente ese el motivo por el cual, el mes “EL ASCENSO DE LO DIVINO” o “PARTIDA DE LAS ESENCIAS” (TEOTLECO) se escogió para celebrarse en días ya muy entrados del Otoño, que es la época del año donde ya no es posible arar y sembrar la tierra, pues su fecundidad se ha ido (se ha elevado al cielo) y en cierto modo, es lo mismo que decir que su “Esencia partió” y que ahora la tierra está “muerta”. No obstante, la intención no era lamentarse por ese hecho de que la tierra y el Universo morían, pues al igual que la vida humana, en las fiestas de TEOTLECO se le agradecía al “Creador” al “Padre-Madre” que se nos hallase prestado vida y que al igual que “la tierra muerta y estéril hoy, pero viva y fecunda mañana”, se le pedía a la Divinidad “no dejarnos morir para siempre”, se le rogaba “acogernos y reciclarnos en algo mejor” (un mensaje hermoso sin duda alguna).

2) En la filosofía del Anáhuac, lo único verdadero era la EXISTENCIA (Nemiliztli), pues la Vida (Yoliztli) y la Muerte (Miquiliztli) eran dos estados alternados de la Existencia misma. Se decía, que los muertos continuaban en “el Mas allá” el viaje que habían empezado en esta tierra, es decir, uno existía en la vida, pero también en la muerte.

3) No existía el concepto de “sepulcro”, para nuestros antepasados el hecho de depositar bajo tierra los cadáveres o las cenizas de los difuntos, más que un entierro representaba que SEMBRABAN A LAS PERSONAS DE NUEVO, era el simbolismo de que la Existencia nos reciclaba a todos. Se decía que las plantas, los animales que morían o personas perdidas cuyos cuerpos no se enterraban (sembraban) eran de cualquier forma encontrados por la Astralidad Tlaltecuhtli (el subsuelo) quien recibía en sus fauces los cuerpos inertes “para tragarlos, garantizando así que todos entrarían al ciclo del reciclamiento.

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4) Tampoco había la figura del panteón, salvo la excepción del sagrado Tzompantli que era el mausoleo donde se concentraban los cráneos de las personas muy especiales o prominentes ya fallecidas, al común de las personas SE LES SEMBRABA (enterraba) EN EL MISMO LUGAR DONDE HABÍAN NACIDO, lo anterior, con la finalidad de cerrar material y espiritualmente, el ciclo de su paso por la tierra. El cuerpo del difunto era regresado al punto inicial donde había comenzado su vida, por ello era muy común que en el seno de los hogares, bajo el piso de los jardines o salas, se encontraran los restos o cenizas de las personas muertas; pues en aquellas épocas, las personas nacían por medio de parteras en el interior de las casas. “Parir” y “partir” en cierto modo eran sinónimos, cuando menos semejantes en cuanto al lugar físico.

5) Para los antiguos mexicanos la Muerte era sagrada e inspiraba una respetuosa fascinación, mas no por el sentido morboso y sádico que hoy día creemos, sino porque ellos veían a la Muerte como el EJE RECTOR del Universo, pues la muerte era la medida de todas las cosas creadas, además de creer que todo cuanto estaba vivo, de una u otra forma, merecía morir. Así pues, Todo moría, nada quedaba sin morir y ese era el gran regalo del Creador, pues la Muerte nos hermanaba a todos con el Cosmos, “el rostro de calavera” era verdadero rostro de los hombres y su máscara de piel (la cara personal) no era más que un disfraz (un nahual). Tanto calaba la creencia de que todo cuanto existía moría, que incluso EL TIEMPO TAMBIÉN MORÍA, y fue en base a esa concepción del “tiempo perecedero” que tuvo lugar la instauración de la trascendental “Ceremonia del Fuego Nuevo” que se realizaba fastuosa y solemnemente al final de cada siglo cósmico de 52 años (Xiuhmolpilli), pues tal ceremonia era tomada por la población como eso, como “La muerte y entierro del Señor Tiempo” (incinerado y vuelto a sembrar).

6) Más que en la idea de “ánimas” que es la creencia catequizada de nuestros días, en el Anahuac se creía que lo que salía del cuerpo al morir, era el “Tonalli” (la energía pensante) y el Ehecatl (viento-espíritu) y que estas dos fuerzas no morían, sino que eran recicladas una vez concluido el proceso del viaje del difunto en el ”Más allá” (Mictlan), donde aguardaba por él la omnipotente “Astralidad Dual de la Muerte” (Mictlantecuhtli y Mictecacihuatl)

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7) Los altares familiares de la fiesta de los muertos en el Anahuac, no estaban dedicados en primer plano a los parientes difuntos sino a las ENTELEQUIAS SAGRADAS, y los rezos eran dirigidos a estas Fuerzas custodias o Señores de la “Región de los Muertos”, pues se sabía que los muertos NO REGRESABAN como “fantasmas” a este plano terrenal como hoy día se cree. Los primeros mexicanos sabían que sus muertos solo podían escuchar los lamentos y palabras de cariño de sus seres queridos aún vivos, tan solo algunas horas después de fallecer, cuando todavía su Ehecatl y Tonalli permanecían junto a su cadáver antes de partir a su viaje al “Mas allá”, después de ese punto, solo las Fuerzas custodias de la “Región de los Muertos” podían llevar o traer los mensajes entre los vivos y los occisos. Por ello resultaba inútil pretender hablar con los muertos directamente y hacer una ofrenda intentando agradarles, pues a quien se le hablaba e intentaba agradar con copal, flores y ofrendas era a los “Señores de la Muerte”, en otras palabras, en los altares del seno del hogar y templos no se veneraba a personas muertas, sino a los “Custodios celestes” que cuidaban del Tonalli-Ehecatl de esas personas muertas, con la esperanza de que sus mensajes fueran recogidos y llevados por ellos “hasta oídos” de sus seres amados existiendo en el “Más allá”.

8) Para los primeros mexicanos “la forma de morir era la síntesis de la forma de vivir”, por ello se decía que el tipo de muerte también describía el tipo de vida que una persona llevaba y en consecuencia, eso DEFINÍA el tipo de “supra-mundo” al que eran proyectados los hombres cuando éstos morían. De tal suerte que no existía un “Mas allá” único, sino un mapa astral diverso a donde podían llegar los muertos según la naturaleza de su muerte (y vida).

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Al presente, dentro de la Cosmovisión del Anahuac se tienen identificados hasta 5 posibles lugares o destinos a los que llegaban los muertos después de su paso por el Plano Terrenal (Tlalticpac), estos sitios del “Más allá” donde morarían las personas un largo tiempo, hasta antes de su reciclamiento son:

I) Los muy valientes terminaban normalmente muertos en batalla (o al dar a luz y no sobrevivir al parto en el caso de las mujeres) y por tanto a todos ellos les tocaba ir a la esplendorosa y fastuosa “Casa del Sol” (Tonatiuhilhucac ó Tlapallan) donde cuidaría de ellos la Astralidad dual de Tonatiuh-Tonantzin;

II) Las personas laboriosos terminaban normalmente muertas en los valles arrastrados por las corrientes de agua o impactados por un rayo o enfermos de tanta humedad por estar en los campos de cultivo, a ellos les tocaba ir al lugar paradisiaco y de abundancia de la “Casa Nublada” (Tlalocan) donde cuidaría de ellos la Astralidad dual de Tlaloc-Chalchiuhtlicue;

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III) Las personas que morían de forma natural, por enfermedades o accidentes no relacionadas con la siembra o simplemente por llegar a viejos porque habían sido neutrales o sabios en la vida, les tocaba ir a la “Casa de la Calavera” (Mictlan), que no era más que un páramo de descanso y paz inacabable donde cuidaría de ellos la Astralidad dual de Mictlantecuhtli-Mictecacihuatl;

IV) Los niños que morían antes del destete o que no habían probado maíz por su muy corta edad, se les consideraba “xilotl” (jilotitos) o “personas tiernitas” y por tanto se decía que iban a la “Casa del Maíz” (Cincalco) que era un vergel divino con una región de árboles sabios (Chichihualcuauhco) que les servían de madres y pechos nodriza a los niñitos difuntos, también aquí llegaban todos aquellas grandes personas desprendidas de los goces terrenales y que murieron inmolándose en nombre de la Divinidad o de su pueblo, allá cuidaría de ellos la Astralidad dual de Xipe Totec-Quetzalcoatl;

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V) Por último, el quinto páramo extraterrenal (de tradición oral y que se confunde con el Cincalco) es a donde iban todos aquellos que eran condenados a muerte por un delito grave o los que se suicidaban por una pena muy grande, según algunas versiones, este tipo de muertos iban a la “Casa de la Negrura o de la Luna” (Tlillan Tlapallan) un lugar solitario y neblinoso que sumía a los que llegaban hasta allí en hondas reflexiones. De las Astralidades regentes nahuas de este supra-mundo no se sabe mucho con certeza (¿Tezcatlipoca-Tlitlacahuan?), pero en la vertiente maya aparece la Señora lunar Ixtab que significa “la dueña de la soga”.

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Para finalizar bellamente este texto, demos paso a un precioso y profundo poema anahuaca que sintetiza magníficamente el sublime pensamiento de los primeros mexicanos respecto de la Muerte… de “AQUELLO QUE NOS HERMANA A TODOS”.

Se trata de extracto de poemas originales recogidos de las fuentes históricas, mismo que transcribiremos en su idioma original náhuatl y posteriormente en su traducción al español, para de ese modo, no perder detalle alguno acerca de su poderoso mensaje y excelsa filosofía contenida:

(Extraído del Códice Florentino, libro VI y X)

Cuix tel amicohuaz, campa
Zan ie nel nen onhuiloaz, ca
Totequiuh in Miquiztli, ca
Techcenmaceuh, auh ca
Miquiztequitihoaco in tlalticpac.
Ce iuh mitoaia; in jquac timiqui, ca amo
Nelli timiqui ca ie tiyoli, ca ie titozcalia,
Ca ie tinemi, ca tica…

“¿Acaso no habrá muerte?,
¿A dónde en verdad se ira?,
Pues es Nuestro tributo la muerte,
Nos mereció a todos 
Ofrendarla aquí en la tierra.
Pues así decían: cuando morimos, no es
Verdad de que morimos, pues todavía
Vivimos, pues
Resucitamos, existimos,
Nos despertamos…”

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“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

 

Fuente: https://www.facebook.com/pueblodelaluna.metzitzin

 

Moctezuma no creyó que Hernan Cortes se tratara del “dios Quetzalcoatl”. Por: Tecuhzoma Teutlahua

 

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El tlatoani mexica Moctezuma “el Joven” (o Motecuhzoma Xocoyotzin) nunca consideró al invasor Hernán Cortes como “el dios Quetzalcóatl retornado”, tal y como reza la falseada versión eurocentrista de la Historia del México Antiguo; esta mentira es tan endeble que cae por sí misma, pues simple y llanamente en la Religión-Ciencia (Toltecayotl) que se practicaba en el Anáhuac NO EXISTÍA la noción Mesiánica, es decir, los anahuacas no creían en “Mesías divinos” ni esperaban a ninguno en 1519, por más que insista en asegurar la deformada leyenda del gran sabio Ce Acatl Topiltzin (el histórico soberano tolteca grado Quetzalcoatl), al cual se le achaca falazmente que antes de inmolarse en fuego (o ahogarse entre las olas del mar), lanzó la profecía de que regresaría físicamente “algún día”. Dicha profecía, es una interpretación reciente, absurda y evidentemente de autoria fanática que no encaja en la sublime filosofía del sabio Ce Acatl, quien en las fuentes históricas se le describe rebosante de humildad, sabedor de su condición de mortal como cualquier otro semejante, y que no añoraba regresar al mundo sino que buscaba un medio para la reivindicación (inmortalidad) en el “mas allá”, ansiando escapar para siempre de la inclemente materialidad de la existencia terrena.

Aunado a lo anterior, la “Toltecayotl” tampoco estaba fundamentada en la creencia de “múltiples dioses” (como repiten mecánicamente los desinformadores actuales), sino que su Fe ancestral estaba basada en la idea de un “Dios Único, Inconcebible y sin Nombre”, Dador de la vida y generador de las Fuerzas Primigenias (los 4 Tezcatlipocas) que sustentaban al Cosmos (el Ometeotl), y donde el papel del humano era contribuir a “perfeccionar la Creación Universal” con ayuda del Arte y rigiéndose bajo un Estado Ético. Por tanto, ni Moctezuma ni nadie de entre los Consejeros del palacio, esperaban el “regreso de ningún dios”, porque simplemente en sus cabezas no había tales creencias ajenas a su Cosmovisión religiosa.

El bello y atávico concepto de “Quetzalcóatl” (“El gemelo precioso”, la sabiduría celeste en la Tierra) no se trata de un “dios prehispánico” como afirmaron los fantasiosos interpretes católicos al intentar comprender la sublime naturaleza de la Fe de Anáhuac. “Quetzalcoatl tlamacazqui” se estimaba entre los anahuacas como el Venerable título y Alto Cargo humano, que se le otorgaba a los sabios más excepcionales de cada generación, quienes habían sabido encarnar y llevar a su máximo nivel la Sabiduría de su época, algo que desde luego, el barbárico Hernán Cortes estaba muy pero muy lejos de llegar a acreditar ante los ojos de nuestros sensatos ancestros.

Que en las tierras del Anáhuac se le confundiera a Cortes supuestamente con el “Dios Quetzalcoatl”, es una difamación más en la larga lista de invenciones que los teóricos de la invasión formularon perversamente para justificar acerca del cómo y por qué el Capitán de la corona española y sus huestes, habían reclamado para si mismos, las ciudades y los tesoros del Anáhuac sin dejar nada para sus originales dueños, pues según esta “cobarde teoría” los antiguos mexicanos le habían “regalado de buen grado todo cuanto tenían a Cortes, pues lo consideraban su amado dios que había vuelto” (¡vaya cinismo!).

No obstante, la refutación a este cruel y premeditado engaño europeo, sobreviviente por 500 años en los libros de historia, es todavía más contundente aun, pues EL MISMÍSIMO HERNÁN CORTES NUNCA AFIRMO QUE EL GRAN MOCTEZUMA LO HUBIESE CONFUNDIDO CON UN TAL QUETZALCOATL (ni en sus escritos y Cartas de Relación), ni siquiera sus defensores y hombres allegados lo hicieron, ni fray Francisco de Aguilar, ni Andrés de Tapia, ni Bernandino Vázquez de Tapia, ni el llamada “Conquistador Anónimo”, ni Bernal Díaz del Castillo en sus respectivos escritos en 1568, ni ninguno de los 184 testimonios de los soldados declarantes en los “Juicios de Residencia” contra Cortes y Pedro de Alvarado refieren o sugieren al menos que el tlatoani Moctezuma hubiera sufrido “tal confusión” al identificar a Cortes con Quetzalcóatl.

Entonces, si el propio Cortes y nadie de entre sus acompañantes difundieron esta mentira vil de su identificación con Quetzalcoatl, ¿quién lo hizo?, la respuesta a ésto es un polémico personaje que llego a México hasta 1529, (varios años después de que Moctezuma muriera y cayera México-Tenotxtitlan), y quien lamentablemente se trató del fraile Bernandino de Sahagún quien inventó de todo para justificar y sacramentar la invasión en su obra literaria. Fue este religioso quien creo el mito (o calumnia) del “supuesto dios retornado Quetzalcoatl en la figura de Cortes”, echando mano de información teológica de sus “indios catequizados” (informantes) quienes dicho sea de paso, NO CONOCIERON en vida al gobernante mexica Moctezuma y sus opiniones no eran fiables del todo, pues habían sido adoctrinados bajo el dogma católico que inculca en sus fieles la creencia de “Retornos Mesiánicos”.

Por tanto es una mera y vaga especulación lo que Sahagún escribió respecto de la imaginaria “confusión de Moctezuma”, misma que dejo plasmada en las siguientes líneas sacadas al pie de la letra de sus inexactos libros:

“… hablo Motecuhzoma y les dijo: mirad que han dicho que ha llegado Nuestro Señor Quetzalcoatl, íd, recibirle, y oíd lo que os dijere con mucha diligencia”.

A todas luces, estas líneas de Sahagún que han hecho tanto daño a la consciencia del pueblo mexicano y alejado de la verdad a los historiadores de todas las épocas pasadas, son el invento de un hombre dogmatizado quien victima de la fiebre religiosa medieval quiso poner en los labios del gran héroe mexica, Moctezuma, éstos “delirios mesiánicos” que nunca habrían podido salir de su boca sensata de tlatoani, puesto que sus creencias espirituales eran otras y más profundas que las del invasor (y por cierto, mucho más racionales y humanas).

Cerremos esta publicación con las palabras del maestro historiador contemporáneo Romerovargas Yturbide que gozan de toda autoridad en el tema y lucidez:

”… en resumidas cuentas, tomando en consideración los datos que suministra la historia, podemos afirmar que carece de todo fundamento la suposición de que Motecuhzoma hubiera sufrido la confusión de creer que Cortes fuese Quetzalcóatl (o el apóstol Santo Tomas). En cambio con la ayuda de las fuentes, podemos CATEGÓRICAMENTE declarar que Motecuhzoma considero a los españoles como SIMPLES HOMBRES (que morían), que venían de otro país con cosas raras y poderosas armas cuyo secreto ignoraba”

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“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

Texto original: https://www.facebook.com/pueblodelaluna.metzitzin

 

Una mancha en la historia: “La oscura Carta Requerimiento”. Por: Tecuhzoma Teutlahua

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El presente texto en concordancia con la conmemoración del día del “Encuentro del Anahuac con Europa” (burda y falazmente declarado como el “Descubrimiento de América”), tiene como finalidad dejar en claro los MOTIVOS REALES que impulsaron a los Reyes europeos dependientes de la Corona Vaticana para enrolarse en la campaña de “conquistar” (INVADIR) el continente americano, el cual hasta entonces se había mantenido en pacifica neutralidad para con el resto del mundo (Anahuac sabia que había otras regiones mas allá del mar). No obstante, siglos de paz entre continentes terminaron de golpe, luego de que los navíos de Colon llegaron a las Costas americanas en un día 12 de octubre de 1492 tras surcar el Océano Atlántico (conocido también como el Mar exterior o el “Gran Mar”).

Sin embargo, las razones del por qué Europa procedió de manera tan sanguinaria y barbárica contra América en su primer encuentro son a su vez razones fácilmente detectables, no existiendo la necesidad de “teorizar” o zambullirse en un mar de documentos y conjeturas históricas para encontrar la respuesta; pues, de la “propia mano y tintero” de los invasores, quedaron registrados todos y cada uno de sus razonamientos (medievales) del por que se auto adjudicaron el derecho de subyugar y avasallar a los habitantes y civilizaciones del Cem Anahuac (América) sin siquiera interesarse antes, en intentar tener un encuentro e intercambio cultural y comercial de modo pacifico e igualitario. Nos referimos pues, al aciago documento histórico  y real conocido como la “Carta Requerimiento” de los Reyes Católicos, un documento que sin duda representa una “mancha oscura” en la Historia de la Humanidad.

Sin mas preámbulo, ponemos al disposición del atento lector el contenido de la CARTA REQUERIMIENTO que los invasores españoles leían ante los gobernantes y pueblos anahuacas cada vez que arribaban una ciudad a la que pensaban someter. Esta Carta fue redactada en 1514 por el ideólogo y jurista de la corona católica Juan López Palaciosrubios y entregada una copia con el sello de la Casa Real a todos los expedicionarios colonizadores (entre ellos a Hernán Cortés) con la intención de proveerlos de un “documento legal” que les sirviera de sustento y justificación ideológica del supuesto “derecho divino” que poseían el rey de España y el Papa de Roma, para adueñarse de las tierras de Anáhuac y despojar de todo a sus habitantes originales. En resumen, esta Carta o Requerimiento del Rey argumentaba lo siguiente:

“I. Que los colonizadores españoles venían de parte de los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, quienes eran la pareja real defensora de la Iglesia y soberanos muy poderosos. Que los colonizadores como mensajeros que eran les hacían saber a los americanos que “Dios nuestro Señor” creó el Cielo y la Tierra, y a Adán y Eva y a toda la humanidad, desde que el mundo se creó hace 5,000 años y que la población se había dispersado INDEBIDAMENTE por distintos reinos por todo el mundo. II. Que de todas las gentes Dios nombró Papa a San Pedro para que fuera cabeza de todo el linaje humano donde quiera que hubiera hombres y que este Papa era el REY DEL MUNDO. III. Que el Papa tenía su trono en Roma pero que él mandaba a todas LAS GENTES DEL MUNDO, cristianos, moros, judíos, gentiles o de cualquier secta o creencia sin excepción. IV. Que el Papa es EL PADRE y guardián de todos los hombres sobre la Tierra. V. Que como San Pedro fue REY DE TODO EL UNIVERSO, los Papas que lo precedieron también lo continuarían siendo y así sería HASTA QUE SE ACABE EL MUNDO. VI. Que el Papa de aquella época del “Descubrimiento de América” (Alejandro VI), como DUEÑO DEL MUNDO que era, donó las tierras americanas y sus islas con TODO LO QUE HABÍA EN ELLAS al Rey y a la Reyna de España y a sus hijos, según unas escrituras guardadas en Roma. VII. Que los Reyes de España habían aceptado el generoso regalo del Papa, que consistía en ser dueños de todas las tierras de América y que habían también aceptado obedecer sin resistencia a la Iglesia de Roma, sirviéndolas como súbditos y que estos reyes, de inmediato recibieron a los sacerdotes católicos enviados a España por el Papa para predicarles la fé católica volviéndose vasallos de Roma y que por tanto, los americanos también ESTABAN OBLIGADOS a hacer lo mismo y subordinarse a los Reyes. VIII. Que los Reyes exigían a los americanos entender el mensaje de la Carta (aunque no estuviera escrito en su idioma) y que una vez que se tomaran el tiempo razonable para pensarlo, reconocieran forzosamente a la Iglesia, al Papa y a la Pareja Real de España como sus señores y superiores de estas tierras e islas americanas, dejando recibir de buen agrado a los religiosos católicos para que predicaran libremente en ellas. Finalmente, la oscurantista Carta europea terminaba con la siguiente inhumana amenaza: IX. Si Ustedes (los americanos) reconocen ser súbditos de la Iglesia de Roma, RECIBIRIAN AMOR Y CARIDAD, y Nosotros (los colonizadores mensajeros) dejaremos en paz a sus mujeres, hijos y haciendas y no los obligaremos a ser católicos a menos que ustedes quieran y los reyes les darán muchos privilegios y favores. X. Pero si Ustedes no lo hacen o tardan en aceptar a la Iglesia de Roma como su Ley, Nosotros con la AYUDA DE DIOS LES HAREMOS LA GUERRA, los someteremos al yugo y obediencia del Papa y los Reyes, y nos apoderaremos de sus mujeres e hijos haciéndoles esclavos, dispondremos de ellos, los venderemos, les quitaremos sus riquezas y les HAREMOS TODO EL DAÑO que podamos y todos aquellos que mueran será por culpa de Ustedes y no de Nosotros, mucho menos será culpa de nuestros Reyes”

Al acabar de leer la Carta, estos “mensajeros divinos europeos” solicitaban al escribano que les acompañaba en cada “cordial” visita, que firmara el testimonio de que el Requerimiento había sido leído ante la presencia del Señor principal o líder de la población anahuaca que debía ser conquistada por “Mandato del Papa REY DEL UNIVERSO” (las palabras a ésta atrocidad sobran).

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“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

Texto original: https://www.facebook.com/pueblodelaluna.metzitzin

 

En el Anáhuac no existía la esclavitud. Por: Tecuhzoma Teutlahua

 

A diferencia del resto del mundo (particularmente de Europa), en el México Antiguo no se practicaba la esclavitud, únicamente existía la figura de la servidumbre, la cual era ciertamente muy rigurosa aunque piadosa y distaba mucho del inhumano trato de esclavos SIN DERECHO a absolutamente nada que los europeos acostumbraban dar a los pueblos que avasallaron tanto en África como en América.

El término para la servidumbre en el Anáhuac era “tlacotin” y podía merecerse por criminalidad o por contrato. Estos tlacotin fueron considerados por los españoles como “esclavos”, aunque no lo eran, pues estas personas sirvientes estaban al servicio de “amos” porque se vendían a sí mismos o habían sido otorgadas por las autoridades penales (o padres) por mal comportamiento. No obstante, en todos los casos los tlacotin podían liberarse fácilmente al pagar su precio o cumplir su trabajo previamente pactado con su “señor”.

Un rasgo civilizado de este tipo de servidumbre, era que los hijos de los tlacotin nacían LIBRES y si los padres así lo deseaban podían vivir entre la familia a la que servían: se les daba vestido, alojamiento y alimentos. Incluso se les trataba como miembros de la familia, al grado que podían casarse con la señora de la casa, si ésta enviudaba o con cualquier mujer libre; podían poseer tierras, casas y hasta tener otros tlacotin a su servicio.

Los tlacotin podían auto-venderse a cambio de una paga segura y su libertad duraba hasta que se gastaran el pago de su venta, después se ponían al servicio de su “amo” a quien se le tenía prohibido venderlos a su vez.

El maltrato de los amos a su tlacotin era muy mal visto y castigado por las autoridades, de hecho la gente no acostumbraba a molestarlos ni hacerles daño. Para ejemplificar lo escrito hasta ahora, pongo a disposición del lector algunas citas sacadas de libros oficiales de historia prehispánica:

  1. “… cualquier hombre y cualquier mujer podía venderse a si mismo”, Gomara, pag 441.
  2. “… ningún hijo de esclavo quedaba hecho esclavo… permitiese a los esclavos que se casaran y que poseyeran un propiedad (casa)”, Gomara, pag 441.
  3. “… en el año 1506, a causa de una gran escasez que sobrevino, muchas familias se obligaron a esta especie de esclavitud, mas luego de un tiempo, todas quedaron libertadas por el rey de Acolhuacán (Texcoco), Nezahualpilli, en atención a las penas que sufrían esas personas”, Clavijero, libro VII, cap.18
  4. “… toda persona que encontrase a un niño extraviado, y lo hiciere su esclavo, o lo vendiera como si fuese su propio hijo, perdía por este crimen su libertad y sus bienes”, Clavijero, libro VII, cap. 17
  5. “… el asesino perdía su propia vida a causa de su crimen, a pesar de que la persona asesinada fuese su esclavo”, Clavijero, libro VII, cap. 17
  6. “… se prohibía que un hombre libre a quien naciese un hijo de una esclava, se convirtiese en esclavo del amo de aquella. También se prohibía que el hijo o esposa de un deudor muerto pudieran ser esclavizados por el acreedor. Pero esto ultimo era practicado por muchos españoles”, Torquemada, libro XIV, cap. 17
  7. “… un esclavo en una tribu indígena, poseía su habitación con su propio hogar, objetos en propiedad, una tierra, su mujer, sus hijos y su libertad, excepto cuando en épocas determinadas, su señor tenia necesidad de él para construir su casa, o para labrar su campo, o para otras cosas parecidas” Carta al Emperador por los Oidores de México (1552)
  8. “… los indios mexicanos trataban a sus esclavos como parientes y vasallos, en cambio los cristianos los trataban como a perros”, Helps, III, pagina 120.

Por otro lado, se sabe que en el Anáhuac se practicaba una verdadera MERITOCRACIA y cada individuo podía ser amo o servidumbre según su esfuerzo personal, pues por mérito propio los ciudadanos podía ascender en la escala social sin importar su cuna de origen o linaje.

Si bien el Anáhuac era una sociedad con capas sociales bien diferenciadas, no existían las clases sociales cerradas donde heredaban los mayores privilegios solo los hijos de los gobernantes o ricos. Basta mencionar que Itzcoatl, el gran Ue Tlahtoani mexica, ERA HIJO DE UNA TLACOTIN de Azcapotzalco.

¿Cuán sabia habrá sido la civilización del Anáhuac que hasta ser “esclavo” (tlacotin) era por decisión propia?

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Las Constelaciones y Astros anahuacas. Por: Tecuhzoma Teutlahua

Nuestros ancestros, al igual que el resto de las civilizaciones mas avanzadas de la antigüedad como lo son Egipto, Grecia y la propia China, fueron proliferos observadores y estudiosos de la Naturaleza. Particularmente, los anahuacas se distinguen entre los pueblos del mundo que mejor dominaron “la Ciencia de las Estrellas” y son si lugar a duda y por merecimiento propio, los PRIMEROS Y MAS GRANDES ASTRÓNOMOS de la historia de la humanidad.

Algunas correlaciones de astros, grupos de estrellas (constelaciones) y eventos astronómicos de estudio de los “Ilhuicatlamatineh” (astrónomos nahuas) versus sus nombres de dominio popular son:

1) Tianquiztli (“mercado”) —— Cúmulo de las Pléyades

2) Citlaltlatxtli (“juego de pelota”) —— Const. Géminis

3) Citlalpol o Tlahuizcalpantecuhtli —— Planeta Venus

4) Citlalin popoca (“Estrella humeante”) —— Cometas

5) Citlalin tlamina (“Estrella que corre”) —— Estrella Fugaz

6) Xonecuilli (“Pierna torcida”) —— Const. Osa Menor

7) Citlalollin (“Estrella del movimiento”) —— Estrella Polar

8) Citlalcolotl (“Estrella aguijón”) —— Const. Escorpio

9) Tonatiuh (“El que va irradiando”) —— El Sol

10) Metztli (Nombre de la luna) —— La Luna

11) Tonatiuh cualo (“Sol comido”) —— Eclipse Solar

12) Metztli cualo (“Luna comida”) —— Eclipse Lunar

13) Youaltecuhtli (“Señor de la noche”) —— Estrella Aldebarán.

14) Mamalhuaztli (“bastón para el fuego”) —— Const. Orión

15) Mixcoatl (“Nube de Serpientes”) —— Vía Láctea

 

Definitivamente había “algo” en el cielo que cautivó y fascinó a los antiguos astrónomos anahuacas, quienes por generaciones no desistieron en adentrarse en los misterios cósmicos y científicos del firmamento, a tal grado que nuestros “antiguos observadores del cielo” lograron arrancar cientos de secretos a los astros, secretos que la fecha nos siguen maravillando.

Nos preguntamos, ¿cuántos de esos secretos de las estrellas que conocían los anahuacas no sobrevivieron hasta nuestros días y quedaron destruidos en las “hogueras de la vergüenza” de la quema de Códices que perpetró el invasor europeo? (… y ¿cuántos mas de esos secretos siguen esperando a ser rescatados de debajo de las ruinas o del estante de una colección privada de reliquias apartada de la vista publica?).

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La Alta Ética de los Señores Anahuacas. Por: Tecuhzoma Teutlahua

Los gobernantes y dirigentes de la civilización del Anáhuac se caracterizaban inexorablemente por ser personas muy cultas, disciplinadas y sensibles a su sociedad y a la Naturaleza.

Nadie que no tuviera la formación intelectual necesaria y los méritos suficientes, ya sea por su altruista labor comunitaria o por demostrar valía en la guerra, podía acceder a los puestos mas altos dentro de la estructura social anahuaca, y eso incluía desde luego, a los aspirantes de los sagrados cargos de “Hue Tlatoani” y “Cihuacoatl”: las dos emblemáticas figuras publicas del poder político y religioso (respectivamente) y quienes a su vez, eran miembros centrales dentro del gobierno que residía en el Consejo Supremo (Tlatocan).

Para garantizar la Alta Ética en los actos y decisiones de todos y cada uno de los Señores Principales de la confederación anahuaca, se estableció que todos ellos antes de ocupar sus cargos, deberían pasar obligatoriamente desde jóvenes por el “Calmecac”, la cual era la máxima Casa de Estudios de aquellos primeros mexicanos. Las asignaturas directrices que se enseñaban en el Calmecac a los futuros líderes de Anahuac eran fundamentalmente las siguientes:

1) Tlapohualiztli: Ciencia de las cuentas o matemáticas.

2) Ilhuicatlamachtiliztli: Ciencia de los cielos y astros.

3) Ilhuitlapoal amoxtli: Libro de la cuenta de los días.

4) Tonalamatl: Estudio de las Energías humanas

5) Nepillahtolmachtiloni: Arte de hablar con elegancia

6) Chicaquiztiuh tlaxtlahuiliztli: Estadística y censos

7) Tlahtocamecayo-machtiliztli: Ciencia del gobierno

8) Tlahtocamecachtiliztli: Conocimiento de las genealogías.

9) Pahnamachtiliztli: Conocimiento de las plantas medicinales

10) Teotlamachtiliztli: Conocimiento de lo Sagrado. Teología.

11) Cahuitlamachtiliztli: Historia. Estudio de los ancestros.

12) Yehuecauhtlalotitin: Consejos de los ancianos.

13) Tlacuiloliztli: Escritura ideográfica. Simbolismos.

14) Toyoliamachtiliztli: Conocimiento del alma y lo invisible.

15) Quiauhtlazolmachtiliztli: Conocimiento de las lluvias. Energía del agua.

Los maestros del Calmecac eran los llamados maestros o “Temachtiani”, los “Tlamatini” o sabios, los “Huehuetque” o ancianos, los “Toltecatl” o artistas, y los “Teachcahuan” o capitanes. Todos eran electos para impartir clases, en base a sus cualidades morales y sus aptitudes y conocimientos.

Al graduarse del Calmecac, los egresados eran reconocidos bajo el título de “Nehmatcatlatoanime”, es decir, “Personas prudentes al hablar” (cuanta falta nos hacen hombres y mujeres con ese honorable título hoy día)

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