El día que Moctezuma se decepcionó del Catolicismo

Según recoge la historia, al día siguiente de su recibimiento en Tenochtitlan, Hernán Cortés en calidad de supuesto “embajador” del Rey Carlos V (como falazmente se hizo pasar) pidió poder presentarse ante el excelso Moctezuma (“Motecuhzoma Xocoyotzin”), lo cual le fue concedido amablemente. Una vez aseado y perfumado (luego de semanas de no hacerlo), tal y como dictaban los protocolos y las formas mexicanas, el castellano se trasladó escoltado por varios guerreros águila (“Cuauhpilli”) hasta el palacio del “Huey Tlahtocan” (Supremo Consejo) donde se hallaba el tlahtoani. La intención de Cortés era que se le permitiera dar una arenga religiosa (que por cierto, fue tan larga como una tarde entera e hizo dormir de hastió a varios dignatarios tenochcas ahí presentes), cuya finalidad era convencer de una vez por todas a Moctezuma y los Señores mexicah de convertirse a la religión católica, la “única y verdadera” como Cortés aseguraba. Tras horas ininterrumpidas de encierro, Cortés hizo lo mejor que pudo para dar una ardua exposición de su religión, valiéndose de la invocación de los misterios de la “Trinidad” (de tres dioses Primordiales y no de Uno solo como era la visión mexicah), del concepto de la “Encarnación” (de la posesión de cuerpos) y de la “Redención del alma” (hacer penitencia, no con labor comunitaria, sino solo rezando dentro de las iglesias), e incluso se remontó al origen del mundo de cuando “Adán y Eva” vivían en el Edén, y de cómo fue “la caída del hombre” a causa haber querido “Conocer del Árbol del Conocimiento, los secretos del funcionamiento del mundo y el cosmos”, lo que desató la ira del dios de los católicos y constituyó (según Cortes) el Pecado Original que originó la ruina del hombre. Pero, cuando Cortés notó que poco a poco, comenzaba a ser tomado por un tonto por los sabios ancianos mexicah ahí presentes (“tlamacazqui-tlamatinimeh”), el Capitán hispano subió el nivel de sus palabras y aseguró demencialmente, que todos esos “monumentos monstruosos en piedra” que adornaban el palacio, no eran más que disfraces con los que se encubría Satanás y que el culto a ellos (a su ciencia) sumergiría a Moctezuma y a su gente en la perdición de sus almas (algo que finalmente sí paso, fue el martirio de aquellos hombres sabios, pero no por culpa de un demonio imaginario occidental llamado “Satanás”, sino por culpa de la maldad, la ignorancia y la avaricia de los hombres enfermos de oro que invadieron el Anahuac).

Expulsión de Adán y Eva del Edén

Antes de que Cortés iniciara aquella penosa intervención suya en el Palacio del Consejo, Moctezuma albergaba grandes expectativas de encontrarse en aquellas palabras que le dirigiría su huésped, el descubrimiento de una gran religión o por lo menos, una espiritualidad compatible con la que ya profesaba la Triple Alianza, pero tristemente nada de eso sucedió, al contrario, se dice que el tlahtoani terminó decepcionado de los hispanos y su religión; no obstante, fiel a su condición de gran gobernante y hombre prudente al hablar (“Nehmatcatlatoanime”), Moctezuma no se burló de Cortes y pacientemente lo escuchó con atención hasta el final, sin interrumpir una sola vez la arenga fanática del jefe español. Al final de vergonzoso episodio, Moctezuma se levantó serenamente de su asiento (“icpalli”) y con una diplomacia abrumadora, le respondió brevemente a Cortés que “NO DUDABA que el dios de los castellanos fuera un dios bueno”, pero rechazo su ofrecimiento de convertirse al catolicismo, pues le hizo saber “que el Dios de Tenochtitlan TAMBIEN ERA UN DIOS IGUALMENTE BUENO Y SABIO” y antes de hacer retirar a su incomoda visita de la sala, (que se quedó sin palabras) el tlahtoani se acercó al Capitán y le confesó a Cortés que todo lo que había dicho durante aquel extenuante discurso suyo acerca de los preceptos de la “Caridad y la Misericordia” de su religión extranjera, se parecía mucho a lo que en su infancia se le había enseñado a él mismo a través de sus maestros del templo (Calmecac) y que no le hacía falta su explicación.

Semanas después de la ridícula arenga católica en el palacio del Tlahtocan, Moctezuma invitó a Cortés al santuario donde se adoraba a todas las Divinidades y Señores celestes de los mexicah, explicándole que esos “ídolos” que él había confundido con los disfraces del enemigo de su dios (Satanás), “no representaban ningún peligro”, pues no eran dioses hombres como los de Castilla (santos), sino “libros celestiales que contenían todo el saber atesorado por los aztecas desde el origen de su nación, y que describían los momentos propicios para cultivar y recolectar, de la marcha y secretos del tiempo”, pero Cortés indiferente a todo ello, como hombre vulgar de su época que era y que desconocía todo en cuanto a ciencia, le dijo a Moctezuma que “si permitiera que en ese templo se erigiera la Cruz católica y que se colocasen las imágenes de los santos, de la Virgen y de su hijo divino, vería entonces que sus ídolos demoniacos huirían de Tenochtitlan”, a lo que el tlahtoani con visible enfado le contestó al petulante Cortés que “si hubiera podido saber antes que faltaría de ese modo al respeto a sus creencias y conocimientos plasmados en la piedra, no le hubiera permitido llegar hasta su presencia”.

Hasta esos días, Moctezuma habia sido obediente de la tradición hospitalaria de los mexicah para con los embajadores y no se había despegado de su plan trazado para quebrantar la alianza militar entre Cortés y los repudiados enemigos tlaxcaltecas y cempoltecas. El tlahtoani, hasta entonces había sido en extremo afable con los hispanos y gustaba mucho de conversar con los frailes acerca de muy variados temas filosóficos, sobre todo les cuestionaba como era posible que en el catolicismo se venerara a “hombres” (santos) y los equiparan como dioses, sabiendo que los humanos todos, son mortales y carecen de verdadera “Energía creadora”, a diferencia de la religión de Tenochtitlan, donde no se le tenía permitido a nadie, levantar una estatua en honor a una persona y que lo divino solo tenía que ver con la NATURALEZA, las “Fuerzas Cosmicas” y con el gran “Dador de la Vida” (“Ipalnemohuani”) creador de las criaturas, los humanos y el Universo.

 

Se dice incluso, que el tlatoani se daba la oportunidad de jugar a las cartas (baraja española) con los soldados castellanos, sosteniendo partidas donde él gobernante azteca siempre salía victorioso, dando muestra de su magnificencia y gran habilidad mental. Sin embargo, Moctezuma comenzaba a desistir en su actitud diplomática, pues pronto se dio cuenta que nada de provechoso representaría la entrada del Catolicismo para sus templos aztecas, ni nada de lo que pudiera traer Cortes a Tenochtitlan seria de real utilidad, y por ende, el mismo Moctezuma comenzaba a cuestionarse si era un buen propósito, el continuar con el plan de tratar de entablar alguna alianza con el rey de “aquellos bárbaros” para desbaratar la que hasta ahora había logrado con los idolatras talxcaltecas. Lo que terminó de convencer al tlahtoani de que perdía el tiempo intentando encontrar un punto de encuentro con la religión y creencias de Cortes y sus hombres, fueron los constantes arrebatos hostiles de la gentuza que acompañaba a Cortés para con los empleados de los templos y las faltas de respeto mostradas por estos visitantes hacia la cultura y religión de la ciudad tenochca, de a poco, Moctezuma fue desengañándose de que no tenía sentido alguno pactar o esperar algo bueno de aquellos bárbaros incorregibles y ya preparaba en consecuencia, junto a su hermano el “Tlacatecatl” Cuitlahuac, el plan de la inevitable guerra, mismo plan de ataque que el “Huey Tlahtocan” (Gran Consejo) aprobó y que solo quedaba a la espera de la señal de Moctezuma.

Pero días después, Cortes pagaría aquella hospitalidad y buena civilidad mexicah con la artera y cobarde maniobra de secuestrar a traición al tlahtoani, atrincherándose junto con él, en el mismo lugar sede de las conferencias entre españoles y mexicanos (Palacio de Axayacatl). Se dice que en los últimos actos diplomáticos, antes de la desleal respuesta hispana, Moctezuma había mandado a traer a Cortés ante su presencia y le expreso que estaba convencido de que eran obvias e insalvables las diferencias entre su religión tenochca (naturalista) y la de ellos (adoradora de santos), el tlahtoani habló con firmeza y le dejo en claro al Capitán hispano que ya nada se podía hacer y en graves palabras recogidas de las fuentes, le dijo: “No les queda otra salvación que la retirada, volveos al país de donde venís, solo a este precio podéis salvaros”, a lo que Cortés con su característica hipocresía y palabra sin valor, le contestó a Moctezuma que SI ESTABA DE ACUERDO en aceptar ese ofrecimiento suyo de volver pacíficamente a su país (Castilla), pero a cambio de que se les garantizara poder salir con vida del Anahuac y para ello necesitaba de navíos para lograrlo existosamente, pues Cortes explico a Moctezuma que había desmantelado sus navíos recién desembarco en las costas de Chalchicueyecan (actual Veracruz) y por ello, solicitó al tlahtoani un poco más de tiempo para que pudieran seguir en Tenochtitlan, mientras se construían las naves y de ese modo, evitar que los tlaxcaltecas y sus (hasta ese entonces) aliados no los mataran al enterarse que con esos barcos nuevos, Cortés y sus soldados extranjeros abandonarían las tierras mexicanas. Como es sabido, Cortés no respeto su palabra y tan solo se trató de un cobarde engaño para ganar tiempo y así, poder fraguar la traición al último gesto de MISERICORDIA de parte del sabio y prudente Moctezuma, quien se apiadó del desventurado Cortes, quien quedaría a merced de los sanguinarios tlaxcaltecas si lo echaba de Tenochtitlan antes de contar con sus barcos, para lo cual, el tlahtoani se dispuso a acelerar las cosas y le ofreció a Cortés los materiales y trabajadores necesarios para poder construir sus navíos, pidiéndole a cambio que una vez que retornara a Castilla, le comunicara a su rey “Carlos V” todos los buenos tratos que recibió de parte de los mexicanos, como muestra de fraternidad y “buena voluntad” hacia los enviados del poderoso señor asentado allá en el “Viejo Mundo”.

Motecuhzoma Xocoyotzin

Fue así, como el piadoso Moctezuma basado en los principios de CARIDAD y MISERICORDIA (mismos preceptos que tanto pregonó Cortés como los ejes morales de su religión católica durante la arenga suya de los pasados días en el Templo del Consejo), permitió que el Capitán hispano y sus hombres pudieran seguir alojados en el “Palacio de Axayacatl” por mas tiempo y mientras duraran los trabajos de construcción de sus naves, para así evitarles la pena de estar a merced de la furia los vengativos tlaxcaltecas, que muy seguramente, estarían encolerizados al enterarse de su deserción. Fue entonces, que al día siguiente de aquel acuerdo HUMANITARIO, el execrable y farsante Cortés pidió se le permitiera hablar por ultima ocasión en persona con el ocupado Moctezuma, pero esta vez quería que fuera de forma privada en el mismo palacio que le servia de resguardo, y fue ahí cuando el invasor de la “Blanca Ciudad” perpetró la bajeza de capturar a su gran gobernante, poniendo así, el último clavo al ataúd de la malograda fraternidad “entre reinos” que Moctezuma, el verdaderamente “hombre agradable a los ojos de Dios”, había querido para los mexicah y los hispanos.

Finalmente, es de destacar que no solo Moctezuma, sino que en general los habitantes y guerreros de Tenochtitlan, se escandalizaron y desconcertaron de ver como aquellos invasores extranjeros, cargaban banderas y objetos sagrados con los “rostros afligidos” de hombres y mujeres a los que aquellos visitantes católicos TOMABAN POR DIOSES (las vírgenes y los santos). Sin duda, la presencia de los católicos en Tenochtitlan provocó conmoción en las mentes de sus ciudadanos, pues aquella desconocida religión que profesaban esos extraños hombres “venidos del otro lado del mar”, a los ojos de la cosmocracia y religión tenochca era una verdadera ofensa a la Creación.

Fue por esa misma razón, que los mexicah al enterarse que la religión de los hispanos, consistía en considerar “dioses a los hombres” y colocarlos en el trono que solo le correspondía a las “Fuezas Cosmicas” y a los “Señores celestes”, fue que se les comenzó a nombrar con el apelativo de “teules”, que no significa “hombres-dios” como ha pretendido confundir la visión eurocentrista de la Historia, sino que el termino nahua “teule” es el apodo peyorativo que los tenochcas depararon para los católicos y que significaba: “demonio u hombre que se hace pasar por un dios”.

 

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“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

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Texto original:

El día que Moctezuma se decepcionó del Catolicismo

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La guerra no terminó en el año 1521…

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Es mentira que el Virreinato de la “Nueva España” haya sido una etapa “pacífica”, de “reconciliación entre pueblos” y que gozara de una “notable estabilidad social”, tal y como argumenta a su conveniencia la “eurocentrista” versión de la Historia. Al contrario, los 300 años que sucedieron a la caída de Tenochtitlan, la antigua capital de los antiguos mexicanos (“mexicah”), fue un período violentísimo y de profundo encono social, marcado por decenas de sublevaciones indígenas encabezadas por nuevos (e injustamente poco homenajeados) héroes del Anahuac, quienes no dieron un solo día de tregua a lo largo y ancho de todo el territorio mesoamericano recién invadido y colonizado por los europeos de la Corona católica.

Es decir, después de la dura derrota de los mexicah y sus aliados en 1521, la resistencia de Anahuac CONTINUÓ DURANTE TRES SIGLOS más, manteniéndose incesante y férrea, hasta que se logró un respiro (aunque no definitivo) con la ansiada expulsión de la corona española (mas no la corona vaticana) en el Siglo XIX con la llegada de la “Independencia”. Con esto, queda desmentida la falsa creencia popular de que “la Colonia se caracterizó por una sumisión total de los pueblos anahuacas (indígenas) hacia sus opresores” y que supuestamente, se vivió durante ese larguísimo tiempo, un ambiente generalizado de “paz y tranquilidad” que se rompió solo con el grito de Hidalgo en la noche del 15 de septiembre de 1810.

Existe el recuento histórico, de al menos 50 REBELIONES ARMADAS en contra del invasor español durante la oscura etapa virreinal que no fue otra cosa que la ocupación extranjera del México Antiguo. A continuación, hacemos una lista extensa, pero no definitiva, de los estallidos bélicos registrados durante la Colonia, que por otro lado, dan muestra del espíritu inquebrantable y el heroísmo inocultable que caracterizó a nuestros “Viejos Abuelos” y a su descendencia. Aquí el listado:

/// Conflictos armados y sublevaciones indígenas después de 1521.

1523 a 1531. Fuertes enfrentamientos en la región del Panuco, ofensivas militares de los mixes y zapotecas en Oaxaca, y de los chamulas en Chiapas.

1528. Batallas en “Nueva Galicia” (Jalisco, Michoacán), se alzan los purépechas dirigidos por su tlatoani Caltzontzin.

1531. Los pocos sobrevivientes mexicas respaldados por Tecuixpo (Isabel), hija de Motecuhzoma Xocoyotzin, organizan un insurrección que cimbró todo el centro del país.

1538. En la “Villa de San Jerónimo de los Corazones” (Sinaloa) y toda la región del Norte en la franja del Pacifico encabezada por el gran líder Ayopín.

1540. Los pueblos cazcanes en “Nueva Galicia” bajo el mando de Tenamaxtla.

1541. Emboscada planeada por los últimos “tlacateccatl” mexica y respaldada por los cazcanes, que terminó poniendo fin a la vida del sanguinario capitán español Pedro de Alvarado. En el mismo año se rebelaron en masa Acatic, Nochistlan, Mixtan y Teocaltiche (Esta guerra exigió la desesperada intervención del Virrey Antonio de Mendoza, y la lucha decisiva tuvo lugar en Nochistlan donde cerca de 60 mil anahuacas lucharon hasta la muerte, prefiriendo arrojarse a los precipicios que rendirse).

1561. Se rebelan los zacatecos y huachichiles (Zacatecas y San Luis Potosi).

1570. Sublevación de los cuachiles (Zacatecas).

1571. Sublevación de los chichimecas en Saltillo.

1590-1601. Sublevación de los acaxees en toda la zona de Durango.

1600. Se levantan los guasaves en Sinaloa.

1602-1609. Masiva insurrección de esclavos negros, comandados por el heróico Yanga en Orizaba.

1609. Rebelión de los pueblos yaquis, dirigidos por “Lautero” y “Babilonio”.

1610. Rebelión de los zuaques, tehuecos y ocoronis; también de los yaquimis y los nativos de Tekak en Yucatán, y los xiximes en “Nueva Vizcaya”.

1612. Se alzan los pimas en Sonora y de nueva cuenta los guasaves en Sinaloa.

1613. Nueva rebelión de esclavos negros en la capital de la “Nueva España”, las 33 cabezas de sus líderes rebeldes fueron mandadas a colocar en la Plaza Mayor del centro de la ciudad.

1616-1618. Sublevación de los tepehuanes en la Huasteca.

1621. Rebelión de los pueblos tobosos, los conexes, ococlomes, cocoyames (Mapimí y Parral).

1624. Tumultos y disturbios en la Capital de la “Nueva España”, encabezados por “las castas inferiores” como despectivamente eran llamados por el invasor las poblaciones no originales de Europa.

1625-1532. Levantamiento del líder guasave Tzoo en Sinaloa.

1639. Sublevación de los nativos de Bakalal en Yucatán.

1644. Nueva sublevación en Sonora, ahora por los pueblos mametes, julemes, conchos y colorados.

1650-1653. Años de la gran rebelión tarahumara, acaudillados por el héroe Teporoca.

1659. Conspiración contra el Virrey por parte del migrante y poeta irlandés Guillen Lampart, grandemente apoyado por la población mestiza y esclava de la Colonia.

1660. Se alzan los pueblos oaxaqueños en Tehuantepec, logrando juntar 10mil soldados nativos (se narra que en la batalla del 22 de marzo de ese año, tomaron la bandera de España que colgaba en la Casa de Armas de la ciudad y la ARRASTRARON POR EL LODO).

1662. Nuevo levantamiento tarahumara.

1665. Nuevo levantamiento del Norte con los pueblos conchos, sobas y pimas.

1681. Rebelión en Oaxaca, engrosada por los sectores empobrecidos de la ciudad capital.

1680-1692. Guerra contra la Corona española de los nativos en el hoy estado de “Nuevo México”.

1692. El 6 de junio se desencadenó la violenta toma de las calles por 10 mil sublevados en la capital de la “Nueva España” creándose un gran tumulto y saqueo, luego de que sucediera a plena luz del día en la Plaza Mayor, el inmisericorde asesinato a golpes de una mujer nativa por parte de unos alguaciles españoles.

(Nota: La colosal turba llevo el desfigurado cadáver de la mujer hasta el Palacio del Arzobispado, mientras gritaban “¡Muerte a los españoles y a los acaparadores, al virrey, al corregidor y al mal gobierno!”. Esa noche hubo centenares de muertos. Los alzados no solo eran nativos, sino también había negros, mulatos, mestizos y criollos. Muchos edificios de gobierno fueron quemados, y en los muros calcinados del palacio del virrey al día siguiente apareció escrita la siguiente leyenda: “ESTE CORRAL SE ALQUILA PARA GALLOS DE ESTA TIERRA Y GALLINAS DE CASTILLA”).

1695. Sublevación de los pueblos de Tuxtla en Chiapas.

1696. Nueva insurrección tarahumara abarcando todo Sonora.

1701. Sublevación de los nativos del “reino de Nuevo León”. Mismo año estalla la rebelión en Taretan en Michoacán.

1706. Alzamientos armados de nativos en Acaponeta, Nayarit.

1712. Los tzendales se sublevan en Chiapas.

1709-1720. Múltiples rebeliones hicieron arder toda la Región Norte del país.

1724. Nuevos levantamientos de pueblos nativos en Nayarit.

1733. Insurrección de los nativos en Baja California (los llamados “indios de las misiones”).

1734-1735. En el centro del país, el otomí Nicolás Martin encabezó una rebelión campesina.

1735. Nueva rebelión de negros, ahora en Córdoba, Veracruz.

1737. Insurrección de los yaquis y los mayos.

1740. Ataques perpetrados contra el presidio de Sinaloa.

(… y la lista continua)

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Rebelión tras rebelión, así transcurrieron los tres siglos de la Colonia de la “Nueva España” (1535-1821), la tiránica ocupación romana-europea en el Anahuac.

Es un hecho constatado que NUNCA HA FALTADO VALENTÍA, ni espíritu de lucha en estas tierras mexicanas, y para evitar que toda esta rebeldía se unificara en un solo movimiento, los españoles utilizaron el racismo y la implantación del inmoral y retrograda “Sistema de Castas” como una forma de garantizar su dominación, pues impedían que los “indígenas” vivieran en los mismos pueblos con otros grupos sociales como los criollos, mestizos acomodados y los propios “peninsulares” (españoles), en algunos casos ni siquiera tenían permitido vivir junto a los mestizos y mulatos o los mismos negros para evitar que pactaran algún tipo de alianza con estas otras clases sociales oprimidas. El ostracismo y la miseria fue todo lo que los “indios derrotados” obtuvieron de la Colonia, solo a aquellos descendientes de los nativos que se aliaron a los hispanos en la guerra de invasión a la capital Tenochtitlan, como los tlaxcaltecas, obtuvieron “ciertas concesiones y dádivas” durante el virreinato, pero en realidad, nunca fueron considerados para ocupar puestos de gobierno clave y mucho menos fueron tomados por la Corona en España como ciudadanos de “primera categoría”, tan es así que durante los 300 años que duro la Colonia, de entre los 61 virreyes que sucedieron en la gobernación de la “Nueva España”, NINGUNO DE ELLOS FUE INDÍGENA. En definitiva, los descendientes de los grupos étnicos nativos de Anahuac, fueron segregados de los grandes negocios, de la política y de las  ciudades principales de la “Nueva España”. Sin embargo, aquellas viejas medidas racistas dignas de un “apartheid” moderno, no son de extrañar en lo más mínimo, pues cabe recordar que durante las primeras décadas de la Colonia, después de la invasión y destrucción de la “Confederación Mexica”, los anahuacas fueron considerados por los europeos como “seres irracionales y no humanos del todo”, y fue hasta que a mediados del siglo XVI (luego de la famosa y polémica Junta de Valladolid), que el Papa Paulo III decidió que los “indios del Nuevo Mundo” si tenían alma y si podían ser considerados como humanos (¡que generosidad!).

En conclusión, en contrarreplica a todas aquellas irreflexivas voces que se jactan (ignorantemente) en afirmar “que los mexicanos de hoy no somos capaces de superar la Conquista”, la respuesta apropiada para esas afrentas desbordadas de cerrazón, es que los MEXICANOS ORGULLOSOS DE SU ORIGEN ANCESTRAL, nos hemos desprendido de esas etiquetas (“mestizo”, “hispanoamericano”, etc) que el “invasor colonialista” insertó en nuestras mentes para perpetuar “a distancia” su dominación ideológica y muy en cambio, retomamos nuestro único titulo que es el de “Mexicanos” y proclamamos con tesón y toda dignidad que:

“No es que los mexicanos no superemos la Conquista, LO QUE PASA ES QUE NUNCA HEMOS DEJADO DE LUCHAR… ¡la Batalla de 1521 nunca terminó!…”

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Por: Tecuhzoma Teutlahua

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“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

Hernán Cortés: el inventor del “México Corrupto”

 

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24 de Marzo de 2019… Un minuto de silencio a 500 años del Inicio de la Invasión.

“…Corrupción, tráfico de influencias, nepotismo, impunidad, desvió y malversación de recursos públicos, abuso de poder, presos y desaparecidos políticos, ejecuciones extrajudiciales, tortura y terrorismo de Estado, practicas monopólicas, sobornos, compra de votos, acaparamiento de recursos, saqueo a los pueblos, enriquecimiento ilícito, negligencia, fraude y demagogia…”

Todos y cada uno de estos nefastos delitos contra la nación, los mexicanos de hoy, no solo los hemos escuchado como calificativos recurrentes en nuestras platicas cotidianas, sino que los padecemos en carne propia, pues tristemente describen con atino la inmediata realidad política y social de nuestro país… pero, a pesar de que estos CRÍMENES se han vuelto cosa de todos los días, y hasta cosa normal y tolerada por muchos mexicanos, cabe preguntarse: ¿desde cuándo las cosas empezaron a ser así?, ¿en qué momento de la historia nuestra gran nación Mexicana se sumió en esta espiral de corrupción y malos gobiernos desleales?, o acaso, ¿es que no hay un inicio y lo que sucede, es que siempre hemos sido un pueblo generador de gobernantes y ciudadanos corruptos, como si de una marca indeleble en nuestros genes se tratara?, la respuesta verdadera a estas preguntas, aunque insospechada para muchos, es también totalmente explicable y clara, y es que esta gran nación nuestra comenzó su trayectoria de gobiernos corruptos y autoritarios no hace 30 años, ni hace 90, ni siquiera hace 200 años, esta descomposición social y moral del pueblo de México reflejada en sus líderes comenzó hace 500 años, a partir de la oscura jornada del 13 de agosto de 1521, el día en que el gobierno civilizador, recto y ético de los “Huey Tlahtoani” mexicanos, fue abrupta y violentamente sustituido por el gobierno invasor del europeo Hernán Cortés, el lóbrego personaje que irrumpió en nuestra historia antigua en el año 1519 y que inauguro al MÉXICO CORRUPTO que hoy nos duele y que luego de transcurridos exactamente 5 siglos, hoy 2019, aún no vemos sanar (pero sabemos que sanara).

No obstante, esta afirmación de que Hernán Cortes y su régimen usurpador fue el punto de partida de la detestada corrupción en nuestra nación mexicana, no es una exageración sensacionalista, ni mucho menos una incendiaria acusación sin fundamento, al contrario, es una aseveración totalmente lícita,además de ser una verdad histórica y un hecho totalmente comprobable, pues antes de la Invasión al México Antiguo y a su gran capital Tenochtitlan fundada en el año 1325 (hace 700 años), ya entonces habitada por “mexicanos” (pues “mexicah” en náhuatl significa mexicanos), en estas tierras del Anahuac florecía y prosperaba uno de los gobiernos más avanzados del mundo, uno donde se practicaba una elevada Ética y donde no había cabida para la corrupción a ningún nivel de la sociedad, y donde no existía la impunidad. En pocas palabras, antes de la llegada de los europeos y el establecimiento de la Colonia, en México se gozaba de una plena justicia social y legal, y los criminales que hubo, eran castigados inexorablemente y sin distinción de clases al momento de aplicar la ley. Ricos y empobrecidos, gobernantes y gobernados, nadie se librara de la justicia en aquel tiempo.

Sabemos en base a las fuentes históricas escritas y orales, que tanto en la capital del México Antiguo, por aquel entonces llamada Tenochtitlan, y a lo largo de los dominios mexicanos en el vasto territorio de Anahuac, los gobernantes eran elegidos mediante ELECCIONES LIBRES emanadas de un Consejo de Sabios (“Tlahtocan”) conformado por integrantes de buena reputación y de vida respetable, quienes a su vez eran elegidos popularmente y provenían de las diversas cabeceras, pueblos y barrios (“Calpulli”)que conformaban a la Nación Mexica. Por lo anterior, es totalmente correcto afirmar que en el México Antiguo el poder y los cargos públicos NO SE HEREDABAN, puesto que a diferencia de Europa y el resto del Mundo, en el Anahuac no existía un “reino absolutista” que se tenía que heredar a los “hijos de un rey”, ni se practicaba el Nepotismo en ninguna modalidad, ni mucho menos había un concepto de “Dinastía perpetua”, sino que aquí, en nuestros suelos mexicanos se inventó el avanzado concepto de “CONFEDERACIÓN DE NACIONES”, un modelo de gobierno inédito hasta entonces en la historia humana conocida, y que consistía en la Unión política-económica-militar de distintas Federaciones (“Icniuhyotl”) y Ciudades-Estado (los llamados “Altepetl”) para asi formar una Confederación, donde cada pueblo integrante conservaba su soberanía, costumbres propias y libertad interna, pero al mismo tiempo aceptaban por los beneficios que esto suponía, en estar adheridos legal y legítimamente a un Gobierno Central (“Triple Alianza”) que dictaba las leyes en lo general y que proponía los políticas de desarrollo desde un Consejo Rector (“Tlatocanecentlaliliztli”) que era INCLUYENTE y de libre elección al momento de conformar a sus miembros, y justamente ese Gobierno central de nuestro original “modelo jurídico anahuaca” tenía por sede (“Icpalli”) a la capital de Tenochtitlan, desde donde el “Alto Consejo Mexica” y su máximo representante el “Huey Tlahtoani” y su administrador interno “Cihuacoatl”, dirigían con justicia y apego a las leyes, los destinos de millones de antiguos mexicanos.

En total, nuestro país México antes de 1521, tenía dentro de su Confederación adscritas a 38 Federaciones o “Icniuhyotl” y aunque no gozaba de la extensión territorial actual, se sabe con certeza que los antiguos dominios mexicanos abarcaban por aquellos días, desde los actuales estados de Hidalgo y Jalisco por el norte, hasta Chiapas y Honduras al sur.  Este modelo de gobierno ancestral de Anahuac, dicho sea de paso, el mundo actual lo ha copiado e implementado gozando sus notables beneficios, aunque sin reconocerle el mérito a sus inventores mexicanos, y el caso más claro es la llamada “UNIÓN EUROPEA (U.E.)” que es una Confederación de Naciones con sede en la capital Bruselas, aunque también tenemos el ejemplo de la Unión Euroasiática, de la famosa Liga Árabe o la misma “ONU”.

Por otro lado, también está sustentado en las fuentes históricas, que en la época de Tenochtitlan los comerciantes (“pochtecas”) y personas ricas ligadas a grandes negocios lucrativos TENÍAN PROHIBIDO ejercer cargos públicos, pues se tenía la certeza de que un gobernante que al mismo tiempo tuviera intereses económicos familiares ligados a su condición de mercader (hoy “empresario”), tarde o temprano cometería actos de corrupción motivados por su conflicto de interés y terminaría emitiendo alevosamente, leyes y reformas que beneficiaran sus negocios personales, para así lograr enriquecerse indebidamente al amparo de la ley. Se sabe, que el propio “Huey Tlahtoani” Motecuhzoma Xocoyotzin justo al llegar al poder en 1502, realizó una “campaña de limpia” desde el interior del gobierno y en contra de los funcionarios que habían logrado puestos públicos ayudados por sus riquezas económicas o privilegios personales y no por MÉRITOS PROPIOS o por buena conducta, para cual alejo de sus cargos a todos aquellos funcionarios que estaban haciendo negocios desde el gobierno y los sustituyó por hombres ejemplares, desinteresados, rectos y aptos para el puesto. Para ello, Motecuhzoma (o Moctezuma el Joven) solicito al “Cihuacoatl” que convocara a elecciones en los 4 grandes Sectores o “Calpulli” que componían la capital Tenochtitlan (siendo ellos Moyotlan, Teopan, Atzacualco y Cuepopan), para que eligieran y nombraran nuevos funcionarios en base a su educación, méritos militares o cívicos, tradiciones y valores familiares; fue así, mediante una purga y guerra contra la corrupción, como quedó instaurada la que sería la ideología política mexica dominante hasta la llegada de los hispanos y que fue llamada “Pilticayotl” o “el predominio de los muy dignos”; por tanto, a nadie debe sorprender que entre los Primeros Mexicanos lo que existía era una auténtica “Meritocracia”donde hasta el hijo de una humilde sirvienta (de Azcapotzalco) logró convertirse en un gran “Huey Tlahtonai” como lo fue el celebre Itzcoatl, pues el tipo de Contrato social que existía en el México Antiguo garantizaba que el Estado pudiera ofrecer a todos los habitantes las mismas oportunidades de educación formativa y progreso personal desde el nacimiento, algo que NINGUNA OTRA CIVILIZACIÓN TUVO y que iba más allá de lo plausible, distando un abismo del actual sistema de “mercadeo electoral” lleno de demagogia y donde el dinero cuenta más que la reputación del propio candidato a elección.

Hasta aquí ha quedado demostrado, que en el México Antiguo no existía el autoritarismo, ni el absolutismo, ni la imposición de gobernantes, pues todo estaba regulado por un Consejo de Gobierno que evitaba que el poder público se heredara de padres a hijos y cierto es, que se practicaba en el Anahuac una mejorada forma de democracia en base al exitoso modelo de Confederación. También ya hemos dicho, que el gobierno azteca era ejercido por hombres y mujeres intachables e incorruptibles que estaban desligados de los poderes económicos, anulando así cualquier posibilidad de tráfico de influencias. Pero, otro ejemplo contundente que confirma que a esta nación mexicana la presidia un gobierno ejemplar y libre de corrupción antes de la Colonia y la llegada de Hernán Cortés, era su adelantado Sistema Penal y Jurídico, pues éste se aplicaba POR IGUAL y con rigor a todo infractor o criminal, sin importar la condición social del mismo, gobernantes y ciudadanos eran iguales ante la “Ley azteca” (recogida en parte en el Códice Mendocino), nadie que cometiera una falta o quebrantara las normas civiles y jurídicas podía quedar impune, ni siquiera los Miembros del Gobierno o sus propios allegados, ni aun los sacerdotes de los templos o los más afamados militares y guerreros, nadie gozaba de “fuero político” o de privilegios especiales, y una buena muestra de ello, fue lo sucedido en los tiempos del sabio Nezahualcoyotl, quien siendo él mismo el “Tlahtoani” de Texcoco, la segunda capital del gobierno central confederado de la “Triple Alianza”, tuvo que acatar y respaldar la sentencia de muerte contra uno de sus hijos, al ser encontrado éste último culpable de los cargos de “adulterio y conspiración” que el Consejo gobernante de Texcoco puso en su contra. Dando gran demostración de su condición de gobernante justo y leal, el mismo Nezahualcoyotl llevó hasta los tribunales a su sentenciado hijo y una vez que éste fue ejecutado de acuerdo a la ley, el “tlahtoani texcocano” no emitió reproche alguno en contra del Consejo o los jueces que condenaron a su hijo y solo se limitó a pedir licencia de ausentarse por un mes, para permanecer encerrado en sus aposentos del palacio y llorar en privado la dolorosa perdida de su hijo, a quien a pesar de poder haber salvado buscando un indulto al hacer usó de sus influencias de gran gobernante, no fue así, pues el honrado Nezahualcoyotl no utilizó para beneficio personal sus facultades y poderes, ni siquiera durante esta prueba personal, pues pese a la angustia de padre que seguramente le carcomía el corazón, fue respetuoso y guardián de la Ley, al no impedir que su propio hijo infractor fuera llevado ante la Justicia.

Podríamos seguir citando ejemplos, que constaten lo muy ordenado, adelantado y limpio que fue el gobierno en los tiempos de los “Tlahtoani”, pero sabemos que bastan por sí mismas estas pruebas aquí expuestas hasta ahora, para ilustrar la magnitud del Estado de legalidad y justicia en la que vivían todos los ciudadanos de la vieja Confederación de Anahuac, que fue la forma de gobierno de la Nación mexicana antes de la Conquista, o mejor dicho, de la Invasión romana-europea. Pero, ya todos conocemos la lamentable historia de cómo terminó esa Maravilla de Sociedad que levantaron nuestros ancestros, pues fue la agresión hispana al cobijo de la corona católica en Roma, quienes destruyeron de tajo siglos de civilidad y buen gobierno en Anahuac, para imponer la rapiña, la corrupción, el saqueo a los pueblos y el yugo monárquico imperialista, que hasta la fecha aunque bajo nuevas caretas (empresas monopólicas y banca extranjera), siguen siendo los mismos flagelos que dañan y no dejan desarrollar su verdadero potencial, ni alcanzar la humanamente posible felicidad que este país exige y merece dada su tremenda importancia mundial e histórica.

Por si fuera poco, existen impresentables libros y ensayos modernos que ensalzan la figura de Hernán Cortes, desde luego, todos ellos escritos por españoles o personas de confesión romana católica, incluso se ha llegado a señalar con desfachatez y poco juicio que Cortes es “el inventor y padre de México”,  cuando eso no es más que una patraña propagandística para lavar la mala imagen del bandolero castellano que a lo sumo sera  justo y generoso llamarle fundador de la “Nueva España”, es decir del “México invadido”, pues México y los mexicanos (“mexicah”) política, legal y culturalmente existen como nación-pueblo desde el año de la fundación de su capital Tenochtitlan en 1325. Lo que sí es un hecho, es que Hernán Cortés “es el inventor del México corrompido”, pues en vida el Capitán hispano fue un hombre que encarnó la corrupción más rampante que se incrustó en nuestro país, no es secreto para sus biógrafos que su persona estaba llena de defectos indecibles, mismos que se magnificaron y tomaron su dimensión más atroz, cuando por “sangre y fuego” invadió a cañonazos  Tenochtitlan, la sede del gobierno de la antigua Confederación Mexicana, para robarle sus riquezas, apoyado por un gentío de indios aliados y enemigos locales que ansiaban cortar las cabezas de los legítimos dirigentes mexicanos, para así junto a Cortés su CAPITÁN, usurpar el poder y sentarse en “las sillas de los gobernantes” de México… a las que nunca hubiesen llegado por merecimiento. No obstante, una vez más, estas afirmaciones no quedan en el aire, tenemos pruebas de que Hernán Cortés fue el PRIMER CORRUPTO impune de este país y de ello ningún adulador lo librará, pues es suyo y a la posteridad, el deshonroso papel de encabezar la deleznable lista de gobernantes corruptos que le sucedieron y quienes con las manos sucias despacharon desde la “silla virreinal y luego la presidencial”, a lo largo de estos 5 siglos de debacle moral en la extinta administración colonial y la supuestamente “administración republicana” del gobierno mexicano del siglo reciente.

Sin embargo, aunque la mayoría de las personas han oído hablar ya de sobra, acerca de las atrocidades y crueldades de la mal llamada “Conquista de México”, pocos saben que en efecto, los propios europeos del siglo XVI reconocieron al momento, los atropellos y corruptelas de Hernán Cortés cometidas contra aquellos a los que se les llamo ignorantemente como “indios” y que no eran otra cosa que los “primeros mexicanos”. Tan es así, que a este criminal llamado Hernán Cortes, la “Historia oficial” miope, vendida y cargada de mentalidad eurocentrista lo intenta disfrazar vanamente de “héroe y evangelizador”, A SABIENDAS de que los mismos libros narran que a Cortés lo destituyeron de su cargo de Gobernador de la ciudad de México por ladrón, impostor y criminal, pues apenas llegaron a oídos de los jueces en Europa estas acusaciones, Cortes fue mandado a enjuiciar y arrestar en su domicilio por órdenes del propio Carlos V, rey y emperador del “Sacro Imperio Germánico Romano” al que obedecía España como reino vasallo.

Fue de ese modo, que tras 90 días de juicio e interrogatorios, Hernán Cortes fue hallado por el jurado y comisión enviada desde Europa por órdenes directas de Su Majestad, como CULPABLE de más de 90 delitosentre los cuales, algunos ameritaban la pena de muerte en la horca o en la hoguera, pero debido a “los notables servicios” que dio Cortés a la corona española (a la cual atiborro de oro a manos llenas) y gracias a sus conocimientos de Leyes (pues Cortés estudió Derecho penal en su juventud), fue la manera en que el Capitán castellano evitó ser ejecutado por esos crímenes que cometió, al entrampar el proceso legal en su contra alargándolo por años, valiéndose de recursos leguleyos, de favores comprados de políticos y una avalancha de solicitudes de prórroga de todo tipo, que maquiavélicamente realizó Cortés para maniatar a la justicia europea. Tras años de estancamiento y prolongación de la sentencia, a manera de “castigo y perdón” los tribunales en América se lavaron las manos y optaron finalmente, por hacer valer que Cortés fuera separado del Gobierno virreinal de la Nueva España DE POR VIDA, sin que realmente se le aplicara justicia por sus crímenes más atroces contra los mexicanos. Este a todas luces, se trató del PRIMER CASO de impunidad y corrupción de México: “el juicio penal en contra de Hernán Cortés”, mismo que los libros de historia han llamado “Juicio de Residencia” y que comenzó en 1526, tan solo 5 años después de la trágica Caída de Tenochtitlan y apenas un año después, de que muriera decapitado tras ser torturado el ultimo “tlahtoani mexica” Cuauhtemoc también por órdenes del ruin invasor Cortés, quien lo tuvo prisionero por 4 años, sin darle juicio ni opción a defenderse, lo que constituyó sin duda, uno más de sus crímenes impronunciables y universales.

Fue un día 4 de julio de 1526, cuando llegó a la ciudad de México el juez Luis Ponce de León, enviado por Su Majestad “Carlos V” para encargarse de investigar y enjuiciar a Hernán Cortés, quien acaba de regresar de su expansionista campaña militar a las Hibueras (Centroamérica). En cuanto arribó a tierras aztecas, Ponce de León presentó sus provisiones y autorizaciones reales e inmediatamente desposeyó a Cortés de su “vara de gobernador” (y bastón de mando) e hizo pregonar al público citadino que se le haría juicio a su gobernante por órdenes del rey. Sin embargo, a los pocos días, el juez Ponce de León EXTRAÑAMENTE cayó enfermo de gravedad y murió el día 20 del mismo mes (se dice que había comido unos quesos “contaminados”), dejando de esa manera aplazado el juicio contra Cortes, hasta que el proceso se reanudó meses después cuando estuvo designado el juez sustituto en la persona de Marcos de Aguilar.

No obstante, una vez más “la buena suerte” (o la mano asesina) se pusó del lado de Cortés, pues éste segundo juez Marcos de Aguilar, murió también a los 6 meses de haber tomado el proceso contra el Capitán castellano, apareciendo muerto en su oficina en marzo de 1527; fue entonces, que dada la coincidente rareza de las muertes de ambos jueces, la Corona resolvió preventivamente que Cortés quedara separado indefinidamente del cargo de Gobernador y también fuera desterrado de la ciudad de México, para que su lugar lo ocupara Alonso de Estrada. Alarmado de que las cosas no iban saliendo como esperaba, Hernán Cortés decidió escapar al año siguiente a España en marzo de 1528, adelantándose a la llegada en diciembre de la primera Audiencia real a la “Nueva España”, presidida por el pesquisidor Nuño de Guzmán, quien tenía toda la firme intención de retomar los juicios truncos contra Cortés, mismos que dejaron apenas iniciados, los “fallecidos” (o asesinados) Ponce de León y Marcos de Aguilar.

Finalmente, luego de dos años de largas pausas y aplazamientos forzados, el juicio se reactivo por tercera vez en enero de 1529 formulándose un ampliado interrogatorio para los testigos presentados para el caso, constando de un cuestionario con 68 preguntas todas relativas a las acusaciones oficiales que pesaban sobre el exgobernador Cortés. En total, se recogieron las declaraciones de no uno, ni cinco, sino de 22 TESTIGOS claves, entre los cuales se encontraban personas muy cercanas a Hernán Cortés, como lo fueron: Bernandino Vázquez de Tapia, Gonzalo Mejía, Cristóbal de Ojeda, Juan de Burgos, Francisco Verdugo, Antonio de Carvajal, Francisco de Orduña, Bernandino de Santa Clara y el traductor que lo acompañara en los años de la guerra contra los mexicanos, el tal Gerónimo de Aguilar. Lo sorprendente y lo que no cuenta la “Historia oficial” es que todos los declarantes dieron pauta a confirmar los cargos criminales que se imputaban a Cortés desde años atrás, pues todos ellos dijeron que el Capitán castellano:

“…tenía oro escondido en navíos y haciendas, que en secreto quería apropiarse de las nuevas tierras y traicionar al rey, que había construido fortalezas para sí mismo, que tenía muchas armas almacenadas en sus múltiples casas, que había violado a muchas mujeres aunque fuesen casadas y madres, que jugaba juegos de cartas y naipes prohibidos por la iglesia, que consentía blasfemias en sus fiestas, que esclavizaba indios por doquier y les marcaba el rostro con hierros calientes, que las cárceles solo estaban llenas de enemistades suyas y no de criminales verdaderos y que era sospechoso de la muerte de una larga lista de opositores políticos suyos…”

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Siendo una de las acusaciones más terribles, la declaración de Juan de Burgos, quien dijo al juez investigador del caso, que Cortés había asesinado a su propia esposa Catalina Xuarez Marcaida, misma acusación que confirmó el otro testigo Antonio de Carvajal y la propia familia de la occisa primera mujer de Cortés. Poco más tarde, ante la gravedad de este hallazgo, al juicio por corrupción contra Hernán Cortés, se le añadió un juicio paralelo por el homicidio de Catalina Xuarez, promovido por la misma familia de la asesinada.

Todas esas pruebas y testimonios incriminatorios contra Cortés fueron sellados y enviados al órgano de gobierno llamado Consejo de Indias (donde aliados indios y españoles de Cortes tenían influencia), aunque dicho órgano autónomo, únicamente las recibió sin ejecutar una sentencia definitiva y sin un fundamento real “congeló” el juicio, aunque éste mismo, por lo escandaloso que resultaba continuaba reavivándose de tiempo en tiempo por las propias presiones ejercidas por los ciudadanos afectados y procuradores involucrados. Fue hasta 1537 (¡8 años después!), que se giró la orden de que Cortés finalmente compareciera ante el Consejo de Indias para proseguir el juicio y así transcurrieron, sin beneficio a los deudos y sin hallar justicia, otros de largos 7 años plagados de alegatos al margen de la Ley, recusaciones y más prorrogas y trampas legales que usó Cortés para empantanar y trabar el juicio de nueva cuenta. Pero, cuando ya había agotado todos sus recursos y artimañas propias de su personalidad embaucadora y faltante de escrúpulos, el plazo se cumplió y la Reina Juana de España, madre de Carlos V, dio un ultimátum al Consejo de Indias en América para que finalizara el caso. Llegado el año 1544, la sentencia en contra de Cortes se antojaba inminente y sabiéndolo así, este criminal escribió una carta “chantajista y desvergonzada” al Consejo  de Indias solicitando que desistieran de emitir sentencia y penas en su contra, argumentado los “muy buenos y notorios servicios” que había dado al imperio español, dicha carta decía:

“… Por todo doy gracias a Dios que quiere pagarse con esto de las muchas ofensas que yo le he hecho. ÉL tenga por bien que sea para esta cuenta pendiente, y así lo creo, porque siendo mis servicios tan notables que jamás los hizo un vasallo a su Rey, y habiéndolos Yo hecho más católicos y MAS poderosos y agradecido de todos los demás reyes, redundar este agradecimiento y paga que se me da no es de creer, sino como el corazón del Rey este en la mano de Dios, que de ÉL mana todo y no permita que se haga conmigo otra cosa mala…”

Y al parecer esa desesperada y sensacionalista solicitud de aquel acusado, totalmente acorralado y puesto contra la pared, “les llego al corazón” y fue bien vista por los cuestionables jueces del Consejo de Indias, pues pese a la oposición de los procuradores de la Audiencia real, una vez más durante los 3 años siguientes (hasta la muerte del Capitán invasor en 1547) quedó suspendido indefinidamente el juicio y las acusaciones probadas contra el criminal Cortés nunca llegaron a ser juzgadas, y de ese modo indignante, Cortes pasó impune por la vida hasta el final de sus días, cuando expiró en su morada de Castilleja de la Cuesta, España.

No obstante, pese a la reprobable actuación de las autoridades de la “Nueva España”, allá en Europa algo de justicia habrá quedado, pues cierto día antes de la muerte del invasor castellano, el emperador Carlos V le dijo al propio Hernán Cortés que pese a no haber sido juzgado por el gobierno en América, Su Majestad lo consideraba un IMPOSTOR y un USURPADOR, recriminándole que “aquella evangelización y pacificación (Conquista de México) no había sido suya”. Aquellas lacónicas palabras del monarca, quien más no pudo o quiso hacer para ajusticiarlo, retratan de cuerpo completo al criminal Cortés, quien siempre fue considerado como tal por los jueces y su propio rey contemporáneos; más en cambio, gracias a la propaganda eurocentrista y católica, muchos mexicanos y españoles de hoy en día ven en la figura de Cortés a un supuesto “héroe benefactor” siendo que los tribunales y la historia probaron en su momento, que no era más que un corrupto embaucador y hombre sin palabra, que destrozó la vida de millones de hombres y mujeres en las tierras que asaltó y cuyo “único Dios verdadero” no era el Altísimo al que hipócritamente se encomendaba, sino el oro y las ansias de poder.

Pero no dejemos cabo suelto, pasemos a las evidencias legales, hagamos un repaso de los cargos criminales que se le imputaron Hernán Cortés y que quedaron contenidos en los expedientes del juicio en su contra (Ver, “Archivo General de Indias”, CDIAO, t. XXVII, pag. 5-59). En un documento fechado el 8 de mayo de 1529, y firmado por el presidente y los oidores de la “Audiencia y Cancillería real de la Nueva España” se puede leer el resumen de los CARGOS y DELITOS que resultaron contra Hernán Cortés, luego de las investigaciones judiciales. Entre los cuales, podemos destacar los siguientes no por ser los más graves, sino por tratarse de “fantasmas conocidos” para los mexicanos de hoy, pues una vez leídos, cualquiera habrá de poder identificar que esos delitos y actos de corrupción perpetrados hace 500 años son la CALCA y VIVA IMAGEN de los crímenes que los malos gobernantes de nuestro actual acontecer han cometido, y con ello dejamos DEMOSTRADO por qué Hernán Cortés es el iniciador e inventor del México Corrupto, al mismo tiempo que el destructor del “México Ético” que existía antes del negro año 1521.

Aquí algunos cargos criminales que aplicaron en el Juicio de 1526 contra Cortes:

  1. Se hizo nombrar Capitán y Juez de las nuevas tierras sin autorización ni conocimiento del rey.
  2. Destruyo navíos con los que llego a las costas de México, luego de haberlos robado a sus reales dueños en Cuba.
  3. Secuestro a funcionarios y clérigos de la corona y mató algunos criados de estos que se opusieron (entre ellos, el célebre Panfilo de Narváez que viajo desde Cuba hasta Tenochtitlan para arrestarlo en nombre de Su Majestad, Pedro de Mata, Joan Quesada, Juan Ruiz de Guevara y el señor Pinelo)
  4. Compro voluntades políticas con dinero que le pertenecía al rey.
  5. Pagaba grandes cantidades como recompensa para todo aquel que matara por su cuenta a sus rivales políticos.
  6. Saqueo navíos pertenecientes a funcionarios de la corona.
  7. Consintió la Matanza del Templo Mayor en Tenochtitlan y no puso remedio alguno contra los abusos de sus soldados a los habitantes de la ciudad quienes hospitalariamente los había alojado.
  8. Los cabildos y juicios durante su gobierno se hacían en su casa y no en tribunales.
  9. Escondía el oro recaudado de los impuestos y no entregaba cuentas de ello al rey.
  10. Impidió ilegalmente y de manera violenta que el funcionario de la corona Cristóbal de Tapia llegara a la ciudad de México para sustituirlo como gobernador y premio a los golpistas haciéndolos alcaldes y regidores.
  11. Ilegalmente Cortes se quedaba con la quinta parte de todo el oro que recaudaba antes de enviar cuentas y sus provisiones al rey.
  12. Había convertido a 400 mujeres y niños en esclavos luego de haber matado a todos los hombres defensores de un pueblo cercano a Texcoco.
  13. A pesar de hallarse en paz, esclavizo a todos los habitantes del “Pueblo Morisco”, en total 3 mil personas, para que construyeran sus bergantines que luego usaría contra la defensa mexicana de Tenochtitlan.
  14. Amenazo de muerte al tesorero de la corona Juan de Alderete, cuando este le quiso hacer auditoria, por la gran cantidad de oro y joyas que había guardado en su casa de Coyoacan.
  15. Para cubrir ciertos gustos personales, tomo hasta 50 mil pesos de oro de los impuestos e hizo jurar a sus funcionarios que no dijeran nada.
  16. En la ciudad de Tlaxcala recaudo hasta 40 mil pesos de oro y no repartió nada de esto ni con sus allegados, ni envió su porcentaje obligatorio al rey (el quinto real).
  17. Por su propia cuenta, declaro como suyas la ciudad de Texcoco y otras provincias en lugar de ponerlas a nombre del rey.
  18. Sin “temor de Dios”, llevo prisionero a su casa de Coyoacan y torturo con fuego al tlahtoani Cuauhtemoc dejándolo lisiado de los pies de por vida, y a otro Señor mexicano lo quemo vivo ahí mismo.
  19. Pobló de españoles amigos suyos, los mejores barrios de la ciudad de México y se sirvió de los bienes públicos, desposeyendo de todo a los habitantes mexicanos originales. Se hizo respetar como señor absoluto de las tierras de la laguna sin tener el reconocimiento del rey.
  20. Detenía ilegalmente los navíos comerciales en los puertos y les cobraba renta de sus mercancías, incluso detuvo muchos navíos de correspondencia que llevaban cartas incriminatorias en su contra y dirigidas para el rey en España.
  21. Nepotismo. Cortes elegía a sus familiares, amigos y criados personales como los alcaldes y regidores.
  22. Mando a despoblar las ricas provincias de Oaxaca y Tututepec y confisco todo el oro a sus habitantes.
  23. En la ciudad de Xaltocan obtuvo un botín de 200 mil pesos en oro y de nueva cuenta no entrego el quinto real al rey, ni lo manifestó ante los oficiales de la corona.
  24. Cuando tomo por la fuerza la ciudad de Texcoco, hizo a muchos habitantes prisioneros, les herró el rostro con metales calientes para marcarlos como esclavos y los repartió entre sus amigos.
  25. En las provincias de Cuernavaca y Oaxtepec, a pesar del ofrecimiento de paz de los habitantes, Cortes dio la orden de matarlos y a unos 500 sobrevivientes los mando herrar para convertirlos en esclavos.
  26. En la ciudad de Cholula mando concentrar en un gran patio a 4 mil de sus habitantes y ahí acorralados los mando matar a todos, en una matanza injustificada y que solo uso como instrumento de terror para las demás ciudades que se negaban a rendir.
  27. Sin tener poder ni facultad otorgada por el rey, Cortes hacia acuñar el oro fundido con su emblema para así quedárselo fraudulentamente, también mando fabricar hierros para herrar a las personas que esclavizaba. Ambos moldes los tenía guardados en su casa.
  28. Desde su casa de Coyoacán, convertida en fortaleza, se nombró señor absoluto que no tenía sujeción ni reconocía a otro señor sobre la tierra, uso insignias de príncipes y de reyes para sí mismo, y a sus amistades y hombres cercanos (entre ellos, a su entonces incondicional Cristóbal de Olid) los nombro caballeros de su corte, tomándoles juramentos y con ceremonia dándoles con la espada en la cabeza y los hombres.
  29. Recibió muchos regalos y joyas de los señores de Tlaxcala y de los propios españoles asentados en la ciudad de México a cambio de favores políticos.
  30. Durante los años de la incursión contra Tenochtitlan, ordeno a sus guardias asentadas en Veracruz que a todo juez que viniera desde España o Cuba, se le recibiera con hierros y lanzas y se le expulsara.
  31. Cortes organizaba fiestas donde se jugaban a los naipes y a los dados, apostando grandes cantidades de oro y joyas que nunca declaro ante los tesoreros del rey. En su casa tenía una habitación dispuesta con tablajería a manera de salón de casino, donde se ponían en juego lo mismo recursos públicos que fortunas privadas no declaradas.
  32. Acusado de ser falso cristiano, por su propio traductor personal y compañero cercano Gerónimo de Aguilar, quien dijo a los jueces que Cortes en público aparentaba ser temeroso de Dios y buen cristiano, pero en lo secreto robaba jóvenes bellas e hijas de los señores mexicanos y las retenía en su casa para abusar sexualmente de ellas hasta que se cansaba y les daba triste final. Mantenía un harem en su casa de Cuernavaca a pesar de estar casado.
  33. En su tiempo de gobernador no castigaba los pecados públicos de sus amigos y permitía que gente cercana a él, como Gonzalo de Sandoval y el tal Puertocarrero blasfemaran contra Dios y contra todos los santos.
  34. Oficiaba la misa en su propia casa y no en las iglesias; incluso, en una ocasión cuando supo que venía un enviado del rey para destituirlo (Fernando de Garay), hizo reunir a la gente de poblado de Coyoacán y realizo una misa para bendecir las armas con las que habría de defender sus propiedades e hizo jurar a la gente reunida que morirían con él.
  35. Pensaba alzarse como “Rey de la Nueva España” y desconocer la autoridad de Su Majestad Carlos V si no se le daba la Gubernatura general de estas tierras, y se jactaba de eso frente a sus funcionarios que lo apoyaban todos muy confiados por la gran cantidad de artillería y oro que tenían escondidos. Alguna vez se le oyó decir: “que haya ganado yo estas tierras y que venga un hijo de ruin con sus manos lavadas a gozar de ellas, no, mientras yo viviese”.
  36. No se ocupaba de evangelizar a los “indios”, y solo se interesaba realmente en ver la manera sacarles provecho y esclavizarlos.
  37. No castigaba a sus amigos y familiares que cometían delitos, antes los acogía en su casa, los defendía y amparaba, para que no los apresaran y castigaran. Ocultó en contra de la ley a asesinos hallados culpables como Rodrigo Rangel, Palacios, Becerra y Vasco, todos ellos delincuentes protegidos de Cortes.
  38. Mantenía encarcelados indebidamente sin juicio que lo avalara, a muchos rivales políticos suyos que lo señalaban por actos de corrupción y franco desacato al rey, como fue el caso de los prisioneros Francisco Verdugo, Alonso Hatiz, Francisco Gallego y Bernandino de Santa Clara.
  39. Para evitar que el oficial Francisco de Garay (enviado de la corona), tomara en su contra como base la ciudad de Panuco, Cortes mando a quemar la ciudad y matar a sus habitantes que nada tenían que ver con ese pleito entre él y el enviado real. Quemo vivos a cuatrocientos indios que se opusieron.
  40. En Texcoco, sometió a los pobladores a impuestos imposibles de cargar y llego a tanto el maltrato y miseria que impuso en dicha ciudad, que incluso en el mercado se permitió la venta de niños para esclavos de señores españoles y de indios aliados.
  41. Sin autorización del rey mando edificar casas con torres y troneras a manera de fortalezas para sus amigos como Pedro de Alvarado y Gonzalo de Sandoval. Incluso estas casas, tenían colgando el escudo de armas de Hernán Cortes y no la del rey, contrariando así la ley.
  42. Envió armada para buscar y matar a su antiguo soldado Cristobal de Olid, cuando se enteró que este último, en su misión a las Hibueras, todas las ciudades que iba tomando e invadiendo las iba poniendo en nombre del rey Carlos V y no en nombre de Cortes como este último se lo había pedido antes de encomendarle esa expedición al sur.
  43. En su iracunda expedición hacia las Hibueras para matar al leal servidor del rey Cristobal de Olid, Cortes dejo encargado el gobierno de la ciudad de México a sus hombres de confianza y mediante una carta les hizo saber que si en su ausencia, llegaba a la ciudad algún licenciado enviado de la corona lo arrestaran y lo encarcelaran en las torres de su casa hasta que el volviera.
  44. Delito de cohecho. Días antes de que llegara el juez Ponce de León enviado por el rey para someterlo a juicio, Cortes hizo cambiar a todos los alcaldes y regidores para protegerlos y evitar que tuvieran que declarar y rendir cuentas ante el juez, en su lugar puso algunos peleles y criados suyos para controlar a voluntad sus declaraciones y borrar evidencias.
  45. Fraude y falseo de votos. Hacia firmar hojas en blanco a sus funcionarios y cómplices para usar esos papeles en futuras Cartas que habría de usar para sus propios fines personales o como actas declaratorias que redactaría PARA probar su inocencia en los juicios. Fue así como reunió las firmas en una hoja en blanco de sus 600 soldados españoles, para a la postre ahí redactar una carta al rey donde supuestamente esos cientos de soldados, solicitaban a Su Majestad se permitiera que Cortes fuera su Gobernador en las nuevas tierras.
  46. Repartía el mismo a los indios como esclavos y los asignaba según sus deseos para que fueran criados de tal o cual señor amigo suyo o para que trabajaran explotados en sus propios ranchos y haciendas.
  47. Se regocijo de la prematura muerte del primer juez Ponce León y se cuenta que Cortes hizo una celebración con su familia y sus criados en su casa cuando supo que este había fallecido (como se piensa mandado a envenenar por el)
  48. Alteraba elecciones y exigía que se nombraran alcaldes y regidores a su gusto. Cuando estaba en la gubernatura Marcos de Aguilar, Cortes mando a amedrentarlo rodeando su casa con gente armadas y le envió el mensaje con uno de sus matones Gonzalo de Sandoval que debía elegir a los criados y amigos de Cortes como funcionarios, a lo que Marcos de Aguilar por temor acepto.
  49. Dio más de cien mil pesos en oro a sus abogados Diego de Ocampo, Diego de Soto y Francisco Montejo para que fueran a España a comprar la simpatía de servidores públicos y favores de personas influyentes, para que lo ayudaran a testificar o presionar su favor en su juicio.
  50. Era tanto el oro que los indios aliados le habían regalado a Cortes, mismo del que nunca entrego cuentas al rey, que se supo que a su regreso de las Hibueras, los señores de Tlaxacala lo recibieron con una armadura hecha completamente de oro como regalo.
  51. Sin justificación soltó de la cárcel a amigos suyos que cumplían condenas, siendo el caso más conocido el del criminal Rodrigo de Villafuerte, y pese a la indignación de los agraviados, Cortes nunca dio excusa alguna de por qué le saco de la cárcel.
  52. Desacato a la autoridad. Aun cuando estaba suspendido de todos sus cargos por el juicio y proceso en su contra, Cortes realizaba cabildos y ejercía clandestinamente funciones de gobierno desde su casa, oponiéndose a la autoridad de Marcos de Aguilar, quien por entonces era el gobernador designado por el rey.
  53. Prácticas de Monopolio. Imponía la venta de la carne de sus ganados. No permitía que carne que no procediera de sus ranchos se vendiera en la ciudad y el fijaba los precios según su parecer sin que persona alguna osase contradecirlo.
  54. Sus funcionarios y abogados viajaban a Castilla con dinero de los impuestos y recursos públicos para atender exclusivamente asuntos personales de Cortes, para negociar favores y atender los negocios que tenía allá.
  55. Si tenía odio o enemistad con alguien lo mandaba a encarcelar sin justificación y a las personas que se acercaban a pedir recta justicia contra alguno de sus amigos, la procuraduría encargada no les hacía caso. Usaba cínicamente la administración de la justicia como arma política y de terror contra sus enemigos. Se hacían juicios extrajudiciales en su casa que no pasaban por los jueces.
  56. Estando prohibido por la ley que un gobernador pusiera por alcalde o alguacil a un criado o familiar suyo, Cortes tenia por alcalde mayor a Francisco de las Casas y Joan Suarez por teniente en la provincia de Oaxaca siendo ambos sus cuñados. También tuvo a Rodrigo de Paz como alcalde mayor siendo su primo hermano y a Francisco Cortes por teniente de la Villa de Colima también siendo su primo. Incluso a su criado y deudo Álvaro de Sayavedra lo tenía como alguacil de la Villa de Medellín.
  57. No cuido las obras dejadas por los antiguos gobernantes mexica ni hizo caminos nuevos en la ciudad de México. En el tiempo que estuvo de gobernador en la ciudad, no tuvo la diligencia de mandar a reparar las calzadas ni los puentes ni el alcantarillado de la ciudad (la antiguamente bella y funcional Tenochtitlan que él y sus tropas usurpadoras destrozaron).
  58. Solo usaba la religión como prebenda política y para enjuiciar a sus enemigos por supuestos pecados. Pero Cortes nunca se ocupó de levantar iglesias ni monasterios para realmente difundir la Fe Católica, tan solo mandaba levantar iglesias dentro de las casas populosas y haciendas que tenía o donde él se posaba y no en las partes que convenía. Cuando el dejaba el lugar, nadie más oficiaba misa. Usaba la religión para promoción personal únicamente.
  59. No llevaba un registro en las cárceles, en donde entraban y salían presos según su conveniencia en intereses, usaba las prisiones más como fortalezas para encerrar a sus enemigos y neutralizarlos, que para impartir justicia real.
  60. Sospechoso principal de la muerte de su esposa, la cual amaneció muerta en la misma habitación donde ambos dormían, luego de una fiesta en su casa que termino de mala manera. Se dice que motivado por el odio de una discusión previa con su esposa por las constantes infidelidades maritales de Cortes, este ultimo la asfixio mientras dormía, y la prueba de ello son los moretones en el cuello que las criadas dijeron haber visto en el cadáver aun tendido en la cama. Cortes no dio tiempo a nada, y enterró el cuerpo de su esposa en el panteón a las pocas horas de muerta, e incluso el mismo término oficiando la misa funeral, ni siquiera los familiares de la víctima o los procuradores pudieron ver el cuerpo de la difunta para confirmar la causa de la muerte. Ello obedeció a la prisa que Cortes tenía por borrar la evidencia de su crimen, pues la exhumación de un cuerpo luego de ser enterrado era mal visto por la iglesia. Su suegra al saber las versiones de las criadas, lo acuso de la muerte de su hija, pero ya con el cuerpo del delito enterrado Cortes logro quedar impune.

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Es así como llegamos al final de esta lista vergonzosa y reprochable, que recoge algunos de los crímenes probados y otros tantos que pasaron impunes a la fecha, de parte de éste personaje oscuro Hernán Cortes, quien dejo una estela de daño y terror a su paso por nuestra tierra mexicana, sin embargo, a pesar de que este infame invasor murió en 1547 (hace 9 generaciones) su legado de corrupción y violencia asesina pervive en la actitud y forma de vida de muchos mexicanos actuales, quienes replicando los pasos perdidos de éste antiguo delincuente, siguen su escuela de crimen y ambición desmedida, segando vidas inocentes a su paso y despojando a los pueblos y familias de sus patrimonios y legítimos derechos al igual que Cortes lo hiciera,  convencido de que ese era el camino directo para escalar a la cima de la fama y el poder, cuando en realidad no hacía más que llegar a lo más bajo que puede llegar un ser humano: al genocidio y la barbarie.

Hay que decirlo bien alto porque no se trata de una mentira, ni es una vergüenza decir la verdad: el oscurantista Hernán Cortés fue un psicópata, un HOMBRE CORRUPTO Y PERTURBADO que en su delirante y mezquino deseo de convertirse en el rey de una tierra que no le vio nacer y a la cual asaltó y profanó, solo dejó tras de sí un camino plagado de sangre y fuego, pues Cortés mató y torturó sin piedad hombres que se contaron por millares, ultrajó y violó mujeres indefensas, vendió como esclavos niños aun en la tierna edad, quemó ciudades, destruyó casas y separó familias enteras, defraudó y traicionó a los que confiaron en él, uso y luego desecho al que le tendió la mano, pisoteó la fe de otros y dio rienda suelta con oro como recompensa a las mentes perversas. Hernán Cortés y los desdichados hombres y mujeres que se dejaron arrastrar por su egoísta ambición y lo apoyaron hasta el final, hoy son mas bien recordados por su inhumano legado, ya siendo menos los “enfermos” de mente y espíritu que los recuerdan con dicha y simpatía, pues para nadie es secreto en este siglo XXI del despertar mexicano, que sobre “Cortes y sus aliados” pesa la culpa de la destrucción y la corrupción de 10 mil años de historia y evolución de la Civilización Madre de Anahuac, pues con su decante empeño invasor, Cortes hizo retroceder la humanizada moral y la Alta Conciencia que los “Viejos Abuelos mexicanos” habían adquirido de esas Escuelas del Conocimiento que fueron Aztlan, Teotihuacan, Tula-Tollan y la heredera Tenochtitlan, todas ellas indiscutibles “bastiones de la Luz” y hoy reconocidas por los eruditos como verdaderas Culturas benefactoras de la Humanidad.

Mexicano, mexicana, hermano, hermana, a 500 años de la llegada de la corrupción, del crimen y de la violencia asesina a esta nuestra nación, te ruegan las madres y te exige la Historia que te arranques ese legado invasor que nunca pediste, renuncia a esa vena y HERENCIA maldita y reactiva tu memoria genética. Volvamos a ser dignos habitantes de Anahuac, volvamos a ser Mexicah que no significa más que SER hombres y mujeres CENTRADOS, volvamos a levantar de nuevo nuestra nación que se cayó en penumbras y en fangos colonialistas por 500 años y hagamos ondear blancas banderas por los Cuatro Rumbos, pero sobre todo, hagamos que este país sea “un refugio donde puedan estar en pie los hombres” como reza el sagrado himno de México-Tenochtitlan.

Paisano, ya no seas un “Hernán Cortés reencarnando” en cada corrupto y cada criminal asesino que lastima a la sociedad, gánate el honor de ser llamado MEXICANO, porque ese nombre ancestral es un título venerable más que un simple gentílico de nacionalidad. Recupera tu espíritu justo y valiente que te viene de familia y de tradición. En ti esta esa Fuerza divina y Voluntad guerrera que se necesita para refundar a México y devolverle la gloria y fama que merece, pues tú al igual que yo, somos hijos del “Nuevo Sol” y nietos de aquellos sabios y guerreros que no tuvieron miedo, aun cuando la oscuridad de 1519 les llegó. No se trata de mirar con nostalgia el pasado, se trata de atesorarlo y superarlo en el presente. No se trata de España o de Roma, ni de tierras y reyes que nunca has visto y ni saben de ti:¡Se trata de México, tu cuna!

Mexicano del siglo XXI, a ti te invocamos:

Si sientes respeto por el sabio Nezahualcoyotl, procura ser más sabio que él.

Si sientes respeto por el idealista Motecuhzoma, procura ser más altruista que él.

Si sientes respeto por el leal defensor Cuitlahuac, procura ser más valiente que él.

Y si sientes respeto por el inquebrantable Cuauhtemoc, entonces… ¡ganemos la batalla contra la Oscuridad que le tocó perder a él!

¡Que Viva México y nuestra MADRE PATRIA AZTLAN!

***

“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

***

Por: Tecuhzoma Teutlahua.

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El canibalismo era una costumbre habitual en Europa.

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Es ampliamente conocido, que entre la larga e ignominiosa lista de falsedades y acusaciones infundadas que los invasores europeos hicieron en contra de los pueblos civilizados del México Antiguo (Anahuac), se encuentra la mancha del supuesto “canibalismo” (antropofagia) que practicaban indistintamente y de manera habitual las poblaciones mexicah, que los emisarios de las coronas católicas encontraron a su arribo a nuestro valle central mexicano.

Han llegado tan lejos con sus calumnias y alucinaciones los “patrañeros eurocentristas”, que aseveran que uno de los platillos típicos y ancestrales de nuestra cultura nahuatl, el “Pozole” (Potzolli, en náhuatl), era preparado por los antiguos mexicanos con “carne humana” (¡!), cuando es sabido por la Gastronomía y la Etnología moderna, que los platillos acuosos y hervidos (caldos) de la dieta de nuestros ancestros mexicanos no incluían carne (ni siquiera de animales), pues la base de la alimentación anahuaca era prácticamente vegetariana a base de semillas, frutas, mieles y una extensísima variedad de algas y vegetales, siendo la carne animal un componente escaso en su dieta y ésta proteína se limitaba únicamente a la carne de ciertas especies de peces, reptiles, aves pequeñas e insectos (ejem. libro “La Dieta Azteca” de la Maestra e investigadora Isabel Quevedo).

Por lo anterior, la malintencionada afirmación que pregona sin fundamento científico que el pozole original tenía entre sus ingredientes carne humana, es completamente incongruente y ridícula, pues este platillo o “caldo espumoso de maíz” (de ahí su nombre, “potzolli” significa “espumoso y reventado”) que sobrevive hasta nuestros días, comenzó a ser preparado con carne de cerdo o aves de corral ya hasta la época Colonial, cuando se empezó la explotación animal del ganado porcino y avícola traído por los españoles. Los platillos mexicah que incluían carne no se embebían en caldos, sino que se servían fritos o secados con sal del lago y esto tiene un fundamento digestivo y un beneficio alimenticio que los anahuacas del valle ya conocían.

No obstante, lo que sí está documentado y no cae en el terreno de la especulación y en el rumor crónico de los siglos, es el hecho de que en la Europa imperialista SI SE CONSUMÍA CARNE Y SANGRE HUMANA y no estaba destinada esta práctica caníbal solo para los habitantes del orden común, sino que era considerada como un PRIVILEGIO de la nobleza europea y hasta de los mismos reyes.

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A pesar de que hoy día, las sociedades occidentales continúan asociando al canibalismo con situaciones extremas de hambruna, casos criminales, personas con serios trastornos mentales, fanáticos religiosos o “tribus americanas y africanas”, el exhaustivo repaso histórico de la sombría práctica del canibalismo nos remite precisamente a la Europa de los Siglos XVI al XVII. Al respecto de esta verdad histórica, contamos con el libro “Canibalismo: Una Historia Perfectamente Natural” de Bill Schutt que obliga a replantear las nociones preconcebidas en la materia, pues la investigación de Schutt hace un compendio exhaustivo y se da a la tarea de documentar las costumbres antropofágicas de los viejos europeos.

Precisamente en la Europa del siglo XVII, la práctica de la hematofagia – o consumo de sangre humana – era considerada NORMAL e incluso, era altamente recomendada por galenos (médicos occidentales) para el tratamiento de los epilépticos. El investigador Bill Schutt asegura que tal era la popularidad de la costumbre de beber sangre entre los europeos, que al momento de llevarse adelante las ejecuciones públicas de los procesados por la Inquisición o por los tribunales penales “se podía ver a los epilépticos parados cerca con una copa en la mano, listos para reclamar su vital elixir rojo”… un espectáculo barbárico e inenarrable a todas luces, que sucedía en el corazón de las mejores capitales del autodenominado “Viejo Mundo”.

Según el experto consultado por el medio “New York Post”, reyes y plebeyos que habitaban en el continente europeo alrededor del año 1600 consumían rutinariamente CARNE HUMANA, así como tripas y otras partes del cuerpo. “Lo hicieron sin culpa durante cientos de años” recalcó Schutt, quien además agregó que el consumo de sangre se hacía en ocasiones en formato de un polvo combinado con otros ingredientes, un tipo de fórmula prescrita por médicos ingleses incluso hasta bien entrado el siglo XVIII.

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También zoólogo de profesión, Schutt asegura que el fenómeno del canibalismo ocurre en toda clase de vertebrados, desde peces a mamíferos, así como en muchos tipos de invertebrados. Y aparentemente no ha discriminado cultura o estatus social a lo largo de la historia humana.

Otra fuente que abona a la certeza de que los europeos medievales practicaban el canibalismo sin recato, al mismo tiempo que acusaban sin pudor y sin pruebas a los pueblos americanos de cometerla, es el libro “Momias, caníbales y vampiros: La historia de la medicina de cadáveres del Renacimiento a los victorianos” y su autor es Richard Sugg, profesor de la Universidad de Durham (Reino Unido). Lo que Sugg cuenta en su libro es un capítulo de la historia de Europa desconocido para la mayoría: el uso de partes de cadáveres humanos, como huesos, piel, sesos, grasa, carne o sangre, para tratar múltiples enfermedades, desde la epilepsia a la gota, el cáncer, la peste o incluso la depresión.

En resumen, es completamente irónico que los desgastados “cuentos para niños” que escribieron los poco fiables y naturalmente tendenciosos cronistas españoles acerca del “canibalismo en el Anahuac”, acaben por describirlos a ellos mismos y a sus romanizados pueblos de Europa; pues los “patrañeros eurocentristas” no reculan en repetir mecánicamente sus negras historietas que hablan de “sacrificios humanos” (no comprobados cabalmente a la fecha) realizados en la cima de las pirámides mexicanas (“tzacualli”) con el objeto de que “todos los habitantes de la ciudad Tenochtitlan pudieran estar atentos al horrendo y sanguinario espectáculo” y así tomar partida cuando los sacerdotes mexicah arrojaran el cuerpo de la víctima sacrificada por las escaleras de los elevados templos, asegurándose de ese modo, que el cadáver llegara al suelo despezado o fracturado y así resultara más fácil para la “ansiosa horda de habitantes caníbales” desmembrar a la “persona ofrendada” para obtener un pedazo de cuerpo humano.

Cuando en realidad, esa sanguinaria escena de hordas hambrientas por carne humana agazapadas al pie de una plataforma de sacrificio, sucedía PERO en las patrias europeas de los execrables cronistas de la Invasión a América, pues el “canibalismo médico” alcanzó tal popularidad en la Europa del siglo XVII que se experimentó un auge inusitado en las ejecuciones públicas a lo largo del continente, y fue muy común y normal tener escenas con cuerpos de prisioneros desmembrados, siendo arrebatados por los enfermos espectadores, interesados en DEVORARLOS aun cuando estas víctimas humanas todavía se encontraban respirando.

Pero, más allá de las adaptaciones modernas y con fines puramente médicos de la polémica costumbre centenaria, Schutt asegura que la noción del canibalismo como una práctica que cura una infinidad de dolencias ha desaparecido prácticamente del todo en la sociedad moderna del siglo XXI.

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Sin embargo, una vez más y de un plumazo, queda esclarecido que cada una de las difamaciones que las coronas europeas y sus peones lanzaron contra la Civilización Madre del Anahuac, al final (como era de esperarse) termina retratando de cuerpo entero a los propios difamadores, pues les viene al dedillo a los europeos medievales el indecible adjetivo de “caníbales”: un adjetivo racista y despectivo que nosotros los americanos no nos atrevemos a decir en contra de ninguna nación antigua (siendo que consta esta práctica en otros continentes) y en cambio, los europeos romanizados con total ligereza moral y descaro anti-científico, usan una y otra vez el mote de “caníbales” para describir a los originarios pobladores de las tierras que asaltaron (coincidentemente).

No obstante, para hacer justicia a la Verdad, parte de lo que ha encontrado la arqueología actual como “posibles” (mas no concluyentes) pruebas de antropofagia en el México Antiguo, son algunas muestras AISLADAS de “huesos humanos hervidos” encontrados en cuevas de remotas localidades al norte del país (sierra de Durango), donde se sabe también que habitaban pueblos atrasados semi-nomadas y que no tenían conexión cultural ni étnica, con la esplendorosa cultura y sociedad que se asentó en Tenochtitlan y sus alrededores. Si alguna vez hubo canibalismo en el Anahuac, no fue la norma, ni fue practicada por los pueblos civilizados y generalizar las antropofagias de unos cuantos habitantes de perdidas regiones a donde la lluvia, el maíz y el alimento natural escaseaba, es faltar a la Sabia Razón y poner a la Ciencia y a la Historia al servicio de la propaganda.

Por otro lado, la evidencia de “huesos hervidos” (objetivamente hablando) NO COMPRUEBA de ninguna forma la antropofagia, pues de hecho, cualquier curtidor sabe que para despellejar un cadáver y retirarle la piel es necesario antes hervirlo, y en el caso los “huesos humanos hervidos” encontrados, no implica necesariamente que esos antiguos anahuacas hayan tenido la intención de hacerlo para consumar la ingesta de la carne, sino que también, existe la misma posibilidad de que solo necesitaban obtener la piel desprendida del muerto, para cumplir con algún rito funerario o algún propósito místico-religioso hasta hoy desconocido.

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Finalmente, aquí dejamos para la reflexión un argumento mas en contra de la supuesta practica de canibalismo entre los mexicah y éste se haya en un hecho histórico: durante el sitio de Tenochtitlán que plantó Cortes y sus indios aliados en 1521, los aztecas pasaban hambres extremas y se arriesgaban a salir de la ciudad en busca de raíces y otros mendrugos similares, entonces ¿por qué no practicaron el canibalismo en ese momento, cuando mas hambre padecían durante lo peor de la guerra y cuando mas cadáveres humanos estaban disponibles?

Por mas que se intente confundir, algo es seguro: la Verdad siempre sale a la luz, solo es cuestión de saber reconocerla.

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“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

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Por: Tecuhzoma Teutlahua.

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Consejos de una madre “mexica” a su hija


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Era muy sagrada y venerable la labor que los padres mexicanos sentían al momento de educar a sus hijos (“tlacahuapahualiztli”) en el seno del hogar (“Chantico”), pues antes de que estos últimos fueran enviados a las escuelas de las ciudades, la cultura del Anahuac consideraba que eran justamente los padres “los primeros” maestros de los niños y era en consecuencia su obligación moral, como sus amorosos instructores, el darles buena crianza desde muy edad temprana, o como ellos mismos decían en sentido figurado “colocar frente a un gran espejo a sus hijos para que se miraran reflejados en el”, para que de ese modo se conocieran a si mismos y aprendieran a “humanizar su querer” y gobernar su mente y emociones.

Por lo anterior, es indudable que la inmejorable manera de medir el nivel de avance en una sociedad es precisamente conociendo el tipo de moral y ética inculcada en sus habitantes, pues más allá de los avances científicos y tecnológicos, la base en la que se apoya el progreso y éxito de cualquier sociedad está en su sistema de valores, pues son éstos los que garantizan la pervivencia y determinan el Grado de Evolución en la consciencia de las personas.

Así pues, de nada sirve en una sociedad contar con un desarrollo amplio de la CIENCIA sin un desarrollo a la par de la CONCIENCIA, como fue el caso de la Europa Medieval y sus coronas imperialistas, que a pesar de contar con importantes y respetables avances en su Ciencia (misma que no era propia sino que heredo casi enteramente de parte de Asia y Egipto), en lo que respecta al nivel de consciencia de sus reyes y habitantes en general, podríamos decir que se encontraba en un nivel propio de bárbaros y cavernarios dignos de los albores de la Humanidad.

De tal modo, es licito afirmar en base al tipo de educación que recibían TODOS LOS NIÑOS Y JÓVENES del Anahuac, que aquí en nuestras tierras, no solo se vivió un formidable avance científico en muchos campos, sino que también se contó con una superior forma de pensamiento, es decir, existió un equilibrio y una reciprocidad perfecta entre el grado de Conocimientos y SU USO, pues el sistema de valores del Anáhuac siempre camino de la mano con el avance de la ciencia.

Tal era el alto grado de civilidad presente en los actos de los primeros mexicanos, que se podría aseverar sin temor a exageraciones que en muchos aspectos de la vida cotidiana, nuestros “Viejos Abuelos” aspiraban siempre a practicar un comportamiento cercano a la perfección, pues desde el individuo más humilde en los campos de cultivo hasta los abocados a gobernar en los palacios, todos ellos y sin excepción, por exigencia del Estado presidido en el “Huey Tlatocan” debían recibir educación escolar; es decir, el Antiguo México, fue la única región del planeta en el siglo XV que se preocupó por la educación integral de toda su población, al grado que instauro leyes donde HIZO OBLIGATORIA Y UNIVERSAL LA EDUCACIÓN, quedando garantizado el paso por los colegios y academias de todos y cada uno de sus habitantes desde la corta de edad (siendo estas escuelas universales el “Telpochcalli”, “Cuicacalli”, y “Calmecac”).

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Es por ello, que del Anahuac no nos podemos referir como una Civilización fallida, sino como una Civilización invadida, truncada, hostilizada por extranjeros, que dejo de existir físicamente no por falta de los suficientes y meritorios avances científicos y morales, sino a causa de las barbáricas coronas europeas que asolaron y conspiraron contra los pueblos de nuestros ancestros. Que de haber sido de otra manera, ahora mismo estaríamos hablando de que el Anáhuac (América), hoy por hoy, en base a sus méritos propios e irrefutables de su pasado, sería sin duda, en la actualidad la porción del mundo MAS AVANZADA TECNOLÓGICAMENTE Y MORALMENTE, algo que desafortunadamente sabemos que no es así, porque el erróneamente autonombrado “Viejo Mundo” vino a infectar y derrumbar la sublime sociedad que representó el Anáhuac antes de 1521 y que fue producto de milenos de evolución, que en menos de un siglo fueron eclipsados por el “acero” de las espadas y los “maderos” de las cruces europeas.

No obstante, como mexicanos del siglo XXI, debemos enderezar nuestros rostros y corazones, y recobrar la fuerza y dignidad que nos viene en la sangre, para hacer de este país México el “paraíso terrenal” y EJEMPLO MUNDIAL que alguna vez fue, cuando fue habitado por personas honestas y amables, lo mismo que gobernada por líderes cultos y sabios. Es por lo anterior, que en la presente publicación nos alegra poderles compartir un pequeño pedazo de lo que fue aquella tremenda calidad moral de antaño que atesoraron en sus mentes y pechos nuestros antepasados.

No haremos tregua en insistir, que el tipo de CONSEJOS QUE LAS MADRES DABAN A SUS HIJAS en el Antiguo Anahuac, no son de ninguna manera palabras ni consejos caducos o anacrónicos, pues estos mismos códigos morales funcionaron y ennoblecieron a la sociedad DURANTE MILENOS y fueron el eje rector de conducta de nuestras primeras mujeres mexicanas, quienes siendo “aquellas feminidades” igual de mortales y de carne y hueso como las actuales, supieron llevar muy en alto el sagrado papel de “mujeres de la tierra y madres del pueblo”.

La insipiente y muy joven cultura actual “americana”, no va más allá de 500 años de edad, por lo cual es imposible afirmar que el tipo de valores que nuestra sociedad en conjunto tiene al día de hoy, sean en verdad los correctos y los que garanticen la forma ideal de la convivencia humana. Se podría decir en contra, que el futuro tecnológico parece prometedor para la Humanidad, pero de nada nos va servir el poder sobrevivir otros 500 años más y librar a la patria de futuros genocidios (mismos que en su momento nuestros ancestros no pudieron superar) si como pueblo no tenemos VALORES Y UNA ALTA ÉTICA en igualdad con nuestra “deslumbrante ciencia actual”, pues a diferencia de nosotros, los Viejos Abuelos Mexicanos lograron algo más valioso y que a la fecha no hemos podido equiparar a pesar de que seguimos vivos como sociedad, ELLOS SE CONSERVARON HUMANOS desde el origen y hasta el último momento de sus vidas y eso es infinitamente más meritorio y digno de reconocerles como Civilización, que el empuje de sobrevivir por siglos y siglos, pero ya siendo todo menos un “pueblo” humano.

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Ahora bien, luego de esta introducción, pasemos a la versión recogida desde las fuentes escritas, del tipo de consejos que las madres de Anáhuac daban a sus niñas y adolescentes. Pedimos, que no sea esta una lectura mas, superficial y tomada deportivamente, sino que sea leída y comprendida a profundidad para que retomemos la moral correcta que nos heredaron los Viejos Abuelos y la llevemos hasta el seno de nuestros hogares, los cuales son los ÚNICOS Y REALES refugios protectores de nuestras pequeñas niñas y jovencitas mexicanas, siempre ambicionadas y acosadas por la cultura actual llena de trampas e ideas corruptoras. Cabe mencionar que los Consejos que compartimos a continuación, fueron tomados de una fuente histórica confiable siendo ésta, la “Colección de documentos para la Historia de México, de Ternaux-Compans” pag. 132. Sin más, aquí les dejamos estas bellas “palabras floridas” que no hacen más que reafirmar la razón del por qué las MADRES Y MUJERES del Anáhuac  eran (y son) sagradas en verdad:

(Inicio del Texto)

CONSEJOS DE UN MADRE MEXICA A SU HIJA

“Hija mía, yo te he dado el ser, te he criado y alimentado; el honor de tu padre se refleja sobre ti; si no cumples con tu deber no podrás vivir con las mujeres honradas, y nadie te querrá por esposa.

No se vive en este mundo sino con harta pena y trabajo; las fuerzas se agotan y es necesario servir al Dador de la Vida para que nos ayude, nos sostenga y nos conceda la salud.

Conviene que seas activa y cuidadosa para adquirir lo necesario. Querida hija, evita la pereza y la negligencia, se limpia y laboriosa, cuida tu casa, haz que reine en ella el orden, que cada cosa ocupe su lugar y de este modo sabrás cumplir con tu deber cuando te cases.

En cualquier parte que te halles, respeta el pudor; no andes demasiado ligera, ni sonriendo o mirando a los hombres que pasan cerca de ti: atiende solo a tu camino, de este modo adquirirás reputación de mujer honesta.

Cuida de hablar convenientemente, cuando se te haga una pregunta, que tus respuestas sean cortas y claras.
Cuida de tu casa, haz labor, trabaja: si así lo haces, hija amada mía, merecerás poseer lo necesario para poder comer y vestir, serás dichosa y darás gracias al Dador de la Vida de haberte dado los talentos necesarios a la mujer.

No te dejes dominar del sueño y de la pereza, no permanezcas demasiado en la cama, a la sombra o al fresco, pues te harás floja y aun libertina, y no podrás vivir con honor y convenientemente. Las mujeres que se entregan al libertinaje en realidad no son amadas ni apreciadas.

Que estes sentada o levantada, andando o trabajando, tus acciones y pensamientos han de ser loables; cumple con tu deber y así agradaras al Dador de la Vida y a tus padres.

Cuando te llame acude a la primera vez, para ver lo que de ti deseo, evitándome el disgusto de castigar tu pereza y tu desobediencia.

Escucha con cuidado las ordenes que se te den, no respondas mal; y si no pudieres hacer lo que se te manda sin faltar al honor, excúsate políticamente, pero no mientas y no engañes a nadie, porque el Dador de la Vida te ve.

Si oyes llamar a alguno y no acude pronto, apresúrate tú a presentarte y haz lo que se quiera que el hiciese. Con esto conseguirás ser amada por todos.

Si te dan un buen consejo, aprovéchale, no le desprecies para que no pierdas la estimación del que te lo da. 
Que tu modo de andar no sea ni demasiado apresurado, ni deshonesto, pues pasaras por una mujer ligera.

Se caritativa, no odies ni desprecies a nadie, no seas avara, no interpretes las cosas en mal sentido, no tengas envidia del bien que el Dador de la Vida le concede a otros.

No hagas daño a nadie para que no se te haga, evita el mal, no sigas las inclinaciones de tu pasión porque podrías engañarte, caer en el vicio y causar tu vergüenza y las de tus parientes.

Evita la amistad de los mentirosos, de los perezosos, y de las mujeres de malas costumbres porque ellas te perderían.

Ocúpate de tu casa, no salgas de ella para divertirte, no pierdas tu tiempo en los mercados, en las plazas y en los baños públicos, pues de este modo se pierde la mujer y se hace viciosa, porque solo se nutre de malos pensamientos.

Cuando un hombre atrevido trate de dirigirte la palabra, no le escuches, no le mires, guarda silencio y no le hagas caso, si te sigue no le respondas, para que tus palabras no exciten su pasión. Si no le prestas atención dejara de seguirte.

No entres sin necesidad en casa ajena, para evitar que de ti se murmure.

Si vas a ver a tus parientes hazles presente tu cariño; no seas perezosa, toma parte en el trabajo que traigan entre manos, si puedes hacerlo, y no permanezcas mirando a los que lo hacen.

Si escoges esposo, amale, escúchale, respétale, haz con gusto lo que te solicita, no vuelvas la cabeza cuando te hable, y si te dijera alguna cosa desagradable, procura sobreponerte a la pena. Si vive de tu dote, no por eso le desprecies. No seas caprichosa, porque ofenderías a tu marido y perderías su cariño. Dile con dulzura lo que creas conveniente, no le dirijas discursos ofensivos delante de los demás, ni aun estando frente a tus hijos, pues tú serás la que cargue con la vergüenza y el desprecio.

Si viene alguien a visitar a tu marido, recíbele bien y dale señales de deferencia.

Si tu marido no se conduce convenientemente, dale buenos consejos para que lo haga y tenga cuidado de su casa.

Vigila cuando se trabaja en tus posesiones y huertos, procura presenciar la recolección y no descuidar nada.

No seas tirana de tu hogar, ayuda a tu marido de sus quehaceres, de este modo no carecerás de lo necesario y podrás atender la educación de tus hijos.

Hija mía si sigues mis consejos, serás querida y estimada de todos. Al dártelos con mi deber de ser madre; siguiéndolos serás dichosa. Si otra cosa sucede será por tu culpa; el tiempo te hará arrepentir de no haberme escuchado, sin que pueda argüírseme de no haber cumplido el deber que tengo de aconsejarte como madre”.

(Final del Texto)

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“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

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Por: Tecuhzoma Teutlahua.

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Suplicio y muerte de Cuauhtemoc

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   28 de febrero de 1525, fecha que registra la Historia como el día en que el “Huey Tlahtoani” Cuauhtemoc, MURIÓ asesinado a manos de sus captores hispanos. Cuatro años atrás, Tenochtitlan la esplendorosa capital de Anáhuac, había sido invadida y saqueada por las tropas de Hernán Cortes, quien aprovechándose vilmente de la CRISIS HUMANITARIA que sufría la “Blanca Ciudad” a causa de una terrible y “extraña” epidemia que en plena guerra diezmo dramáticamente a su población y desplomo al mínimo la capacidad de sus defensas militares, pudo consumar su pretensión de tomar la ciudad para sus propósitos imperialistas, luego de meses de un brutal sitio que bloqueo todo tipo de ayuda venida del exterior hacia el último bastión mexica, mismo que resistió heroicamente al asecho de sus enemigos, más allá de sus posibilidades humanas.

   Según se cuenta, cuando ya la guerra estaba perdida para los mexicanos en la noche del 13 de agosto de 1521, Cuauhtémoc fue apresado y llevado ante la presencia de Hernán Cortes en una orilla del lago que estaba lleno de cadáveres flotando. Una vez frente al capitán castellano, el capturado caudillo del Anahuac le dirigió estas palabras llenas de dignidad y entereza, mismas que recogen las fuentes:

“…señor Malinche (Cortes): ya he hecho lo que soy obligado en defensa de mi pueblo que ya no pudo más resistir, y pues vengo por necesidad y preso ante tu persona, toma ese puñal que tienes en el cinto y si puedes mátame tu mismo luego con él”.

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   No obstante, como es sabido Cuauhtémoc no murió en esa noche de la “Caída de Tenochtitlan”, pues los maquiavélicos planes de Cortes le tenían deparado ser usado como rehén y botín de guerra, para que las poblaciones futuras en ser sometidas no intentaran hacer la guerra a los hispanos y sus indios aliados, apabullados por la herramienta psicológica de terror, una vez que vieran que el gran mismísimo “Huey Tlahtoani” había sido reducido a un prisionero a merced del ejército invasor.

   Sin embargo, aunado a ese deleznable propósito de usar al joven dirigente caído en desgraciada como “trofeo viviente”, a Cortes le interesaba recuperar el mítico “tesoro de Moctezuma (Xocoyotzin)” que había perdido en su derrota de la “Noche Victoriosa” (30 junio 1520) y sabía que solo un hombre de la talla de Cuauhtemoc, era el único que podía conocer la ubicación real de ese supuesto tesoro perdido. Pero la valentía y lealtad de Cuauhtemoc que no conocía limites, le ayudo a no ver quebrada su voluntad y nunca confeso a su verdugo donde estaba “aquel preciado tesoro”, por más torturas intolerables y vejaciones inhumanas a la que Cortes lo sometió para forzarlo a hablar.

    Una de esas torturas físicas que sufrió el “Huey Tlahtoani”, es la ampliamente conocida “quema de sus pies en la hoguera”, a la que fue sentenciado luego de un arranque de rabia del capitán hispano, quien se dejó llevar por los rumores de sus aliados indios, quienes le aseguraban que Cuauhtemoc tenía escondido el dicho tesoro, y por esta causa, los oficiales reales de Cortes (entre ellos, Julian de Alderete) recibieron la orden de su capitán, de dar en su casa de Coyoacan el mayor tormento al “Guatemuz” (como le llamaban los hispanos a Cuauhtemoc) y a su primo el Señor de Tacuba quien era su amigo más cercano. Según se cuenta, Doña Marina (“Malintzin”) se acercó al encadenado Cuauhtemoc mientras éste último estaba sufriendo el tormento del fuego y le dijo:

“… más te ayuda obedecer, nuestro capitán dice que busques 200 tejuelos de oro, tan grandes así como este… (Señalando con la mano a una patena de cáliz)”

    Tal tortura inmisericorde en Coyoacán, consistió en untar aceite a los pies del “Señor de México” (Cuauhtemoc) y a su confidente el “Señor de Tacuba” (Tetlepanquetzal), para luego sentarlos amarrados a cadenas, en una posición tal que los dejara con los pies colgando dentro de una hoguera, para que el dolor de su carne ardiendo les hiciera confesar el paradero del tesoro. Pero como ya hemos dicho, Cuauhtemoc no revelo ubicación real (tan solo dijo cosas para despistar) y estoico aguanto el tormento y en ningún momento se quebró, dejando de manifiesto su condición de noble y gran guerrero. Más cuando Cuauhtemoc, a mitad del suplicio vio que la voluntad de su primo desfallecía y parecía estar a punto de revelar el “secreto” a Cortes, el joven líder mexica se volteo hacia su compañero quien lloraba y rogaba a sus inquisidores detener aquella crueldad, y con estas sacudidoras palabras le devolvió la integridad y la bravura:

“… ¡¿Por qué te doblegas?!, acaso ¿ves que por ventura yo estoy en un baño de temazcal?”

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    De ese modo, encadenado, torturado de todas las formas y vigilado noche y día, paso los siguientes cuatro años a su captura el líder Cuauhtemoc, quien dejo Tenochtitlan y el valle central para siempre el 12 de octubre de 1524, cuando Cortes lo llevo consigo como “prenda de cambio” a la campaña de invasión del sur, con rumbo las Hibueras (Honduras) y la región maya. Ya imaginamos lo que pudo representar para el “Huey Tlahtoani” el esfuerzo sobrehumano, de andar largas caminatas a pie hacia esas tierras sureñas, con ambos pies totalmente destrozados y atrofiados tras aquel crimen contra su persona en Coyoacan.

    Muchas fueron las anécdotas y desventuras que el destino le deparo a Cuauhtemoc, en ese su agónico viaje a lo desconocido, mismo que termino fatalmente el 28 de febrero de 1525 en la localidad de Acallan o “el lugar de los muelles” (Tabasco o Campeche) y aunque hasta el último momento, el hijo de “Ahuizotl”, no desistió en su convicción de escaparse a sus miserables apresadores y recuperar su amada Tenochtitlan, acabo siendo asesinado sin ver de nuevo sus manos fuera de las cadenas. Pues, el capitán castellano decidió matarlo al percatarse que llevar con vida a Cuauhtemoc, por todas esas ciudades selváticas a las que arribaba en su campaña hacia las Hibueras, comenzaba a tener el efecto contrario a sus deseos, pues aunque algunas poblaciones se rendían sin remedio ante el invasor al ver que fue “capaz de derrotar” al Señor de México; la mayoría de esos habitantes en cambio, manifestaban sus simpatías y lealtades hacia el “Huey Tlahtoani” quien hábilmente comenzaba a sacar rédito de aquella travesía al secretamente pactar alianzas con esos señoríos mayas que le se iban uniendo a su paso, esperando el momento de asestar el golpe a los hispanos una vez que cayeran en la trampa a la que estaban ya siendo conducidos al internarse cada vez más en esa profunda selva.

    Una prueba de que algunos pueblos del sur, al ver a Cuauhtemoc vivo, comenzaron a volcar su lealtad hacia él y no hacia los invasores hispanos y sus indios aliados, es el siguiente testimonio recogido de los “Anales de Tlaltelolco”, acerca de lo declarado por el “tecuhtli” de un señorío chontal en Tuxkaha, al enterarse de la proximidad hacia sus territorios del señor de México quien venía preso en la expedición:

“… ¡que venga Mi señor!, nuestro amo y soberano. Que nos hagamos dignos de su merced, que nos vuelva a tratar a sus súbditos con su clemencia. Que vuelva a mandar, porque debe saber que si él nos impone algo, nosotros sabremos cumplirlo”

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    Al ver Hernán Cortes que aquella ciudad de Tuxkaha había recibido a Cuauhtemoc con las dignidades y honores propias de su majestad, y que toda la ciudad había sido adornada con flores y los doseles más relucientes de quetzal para celebrar la llegada del “Huey Tlahtoani”, el capitán no dudo más que tener vivo al líder mexica jugaba más en su contra que a su favor. La vena asesina del capitán se inflo cuando, los pobladores exigieron que su “Señor mexicano” fuera el que hablara por el contingente que arribaba y no así el jefe hispano. A lo que no tuvo más remedio que acceder Cortes, quien dejo a su prisionero dirigir unas palabras a aquella multitud que lo aclamaba. Lo que dijo Cuauhtemoc fue lo siguiente, constituyendo el último discurso que dirigió en público:

“… esforzaos, nobles acallantlacas, lo más que podías con la ayuda de nuestro dios. Permanezcan contentos. No vayáis a pueblos ajenos. Sean felices aquí, para que no ocasionéis dolor a las gentes de otros lugares, a los viejos, a los niños que todavía están en las cunas, y los que apenas comienzan a caminar, a los que están jugando en otros lados. Tener cuidado con vuestros niños y compadeceros de ellos. Amadlos, no los abandonéis para que no se vayan a un pueblo extraño. Se los recomiendo yo, porque contra mi voluntad seré llevado a Castilla… ¿Qué si yo regresare o pereceré allá?, Quizá, y no vuelva a verlos. Haced todo lo que este en nuestro poder. Amad a vuestros hijos tranquilamente en paz. No les inflijáis ningún dolor. Ya solo digo esto: ayudarme con algo para que yo tenga fortaleza cuando sea recibido por el señor de Castilla…”

Acto seguido, el señor de Tuxkaha, le respondió a Cuauhtémoc con las siguientes palabras:

“¡Oh señor y amo!, ¿por qué nos hablas como si fueras nuestro súbdito?, no te aflijas, no te humilles ante nosotros, porque aquí está tu propiedad. He aquí nuestros tributos para ti”

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   Luego de aquel episodio memorable, se cuenta que enmudeció el joven líder ante su público, también se dice que su rostro se nubló con solo pensar en la funesta Castilla. Pero el desenlace habría de ser peor. Cuauhtemoc tampoco llegaría a Castilla, pues la muerte le acaeció en las siguientes horas a ese su ultimo celebre discurso suyo, sus palabras y el amor que tenían los pueblos por Cuauhtémoc convencieron a Cortes que no podía dejar más con vida a un enemigo tan peligroso, recapacitando ante la posibilidad de que su rey Carlos V, tarde o temprano le reclamaría enviarle sano y salvo al soberano mexicano ante su presencia y ello sin duda, desbarataría los planes mezquinos del capitán de hacerse ilegítimamente con el poder de la “corona mexicana”, una vez que Cuauhtemoc revelara ante el monarca europeo asentado allá en Castilla, todas y cada una las atrocidades y traiciones que Cortes había cometido en tierras de Anahuac.

   El final de la vida de Cuauhtemoc llego ese mismo día, cuando el sol ya se metía por el horizonte (“como el águila que desciende” tal y como evoca su nombre), cuando un instigador indio aliado bautizado por los hispanos como “Cristobal” (su nombre otomí era Coztemexi Cozcoltic) y apoyado por Doña Marina llegaron hasta la tienda de Cortes para avisarle, que si no mataba a Cuauhtemoc esa misma noche, al día siguiente ninguno de ellos amanecería con vida, pues la sublevación de los mayas chontales ya estaba en curso, pues aseguraban que un secreto emisario de Cuauhtemoc se había visto con el señor chontal le había dicho “que era necesario sacudirse a los castellanos, pues vendría un tiempo en que los extranjeros harían mucho daño y mucho mal, que matarían a los pueblos, y que Cuauhtemoc era del mismo parecer que debía matárseles, pues ya traía mucha gente organizándose y que serían más con la ayuda de los chontales” .

   Sin tardanzas, al oír aquella revelación del indio aliado y Doña Marina, Hernán Cortes se dispuso a cometer un acto de crueldad extrema que serviría de advertencia a los mayas chontales y representaría un sordo mensaje a la rebelión clandestina que ya gestaba los ejércitos fieles al “Señor de México” (comandados por un tal Temilotzin, cuyo paradero final nunca se supo). Aquella medida sería tan despiadada que incluso el cronista Bernal Díaz del Castillo, dejaría escrito en su testimonio que “aquella condena era injusta y que le parecía mal a todos los que iban con Cortes”…

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   Sin juicio y sin razón probada, Cuauhtemoc y su eterno amigo Tetlepanquetzal fueron visitados en su cautiverio y aun con las cadenas puestas fueron barbáricamente decapitados por Cortes, y sus cuerpos fueron colgados de cabeza en un árbol sagrado (una gran ceiba) al centro de aquella ciudad chontal que horas antes había hecho un recibimiento festivo por motivo de la visita de su “Señor Cuauhtmoctzin”, no obstante, también se asegura que las cabezas fueron rescatadas por hombres leales al joven tlahtoani, luego de que el capitán las mandara clavar en unas estacas a la entrada del templo de la ciudad, denostando así su real condición de salvaje invasor.

   Según algunos testigos indígenas de la atroz escena, al sentir el filo de la espada que iba cortar su cabeza, antes de expirar, Cuauhtemoc miro a los ojos a su ruin victimario y con su voz llena de amarga dureza le dijo:

“… señor Malinche, hace tiempo que ya sabía que esta muerte me ibas a dar, pues yo conocía de sobra la falsedad de tus palabras. Ahora me matas sin justicia, pero que Dios te la demande, porque yo no te la di cuando te tuvimos entregado en nuestra ciudad de México”.

   En la profundidad de la selva maya, colgados de un árbol se balancearon los cuerpos inertes de los Señores de México en aquella verdadera Noche Triste de febrero de 1525, y desde entonces no amanece ese negro anochecer que ha durado 5 siglos, pero cuando el alba del Nuevo Sol llegue, la Luz sera la que domine y no las sombras, ya no habrá quien diga que ahí terminaron todas las esperanzas del Anáhuac y del sagrado “Pueblo del sol”, pues así como la “gran ave del cielo” que un día cae tras del horizonte, al otro día vuelve a resurgir sin ver mitigado su brillo, su fuerza y su calor.

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¡Larga vida al “Joven Abuelo” Cuauhtemoc, héroe inmortal de México!

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Por: Tecuhzoma Teutlahua.

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“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

Cuauhtemoc: “el águila crepuscular”

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   La palabra “Cuauhtemoc” proveniente del idioma náhuatl, en realidad no tiene uno, SINO TRES SIGNIFICADOS distintos y el motivo de esta breve publicación es compartirles estas susodichas tres “traducciones polivalentes” del evocador nombre azteca “Cuauhtémoc”, mismo que portó el legendario doceavo y ultimo, “Huey Tlahtoani” mexicano, quien dicho sea de paso, no fue “sembrado” (bautizado) con ese nombre por cuestión del azar o por mero gusto de sus progenitores, pues en el México Antiguo, las personas tenían nombres personales acordes a su “misión” en la vida, misma que los sabios agoreros del templo (“tonalpohuqui”) dictaminaban o estipulaban a manera de PREDESTINO para cada persona, luego de analizar con ayuda del antiguo libro sagrado “Tonalamatl”, el momento astronómico de la hora de nacimiento y las “energías innatas” mostradas por los recién nacidos.

   Establecida la introducción, he aquí los tres significados de la palabra “Cuauhtemoc”, mismos que aconsejamos sean vistos como las “capas de un todo” y no como significados separados, para que logren hacer suyo el profundo mensaje que contienen:

  • Significado literal: “Águila que desciende”

Esta sin duda, es la traducción más ampliamente conocida del nombre del soberano mexica, pues como se sabe, “Cuauhtemoc” es una aglutinación del nahuatl, producto del vocablo “cuauhtli” que significa “águila” y del término “temoc” que se refiere a “bajar o descender”.

  • Significado simbólico: “Puesta de sol o crepúsculo”

Dentro del idioma náhuatl, todas la palabras conservan un significado simbólico aparte del literal, pues en realidad, el idioma de los antiguos mexicanos era una “lengua poética” (Xochitlahtol = lenguaje florido), que usaba la ambivalencia (o doble sentido) para expresar con una sola palabra dos o más conceptos distintos. En este caso, el “nahual” o “simbolismo” del águila es el SOL, pues se le consideraba al Astro Rey, como “una gran ave guerrera que surcaba los cielos” (Ver, monumento Piedra de los Soles), siendo esta ave rapaz por excelencia la del águila real; por tanto, decir que el “águila desciende” es también el simbolismo del atardecer o el ocaso del día, que es el momento justo en que el “Sol (la gran ave) baja en el horizonte”.

  • Significado profético: “El Finalizador”

Dentro de la cosmovisión del Anahuac, el Sol (“Tonatiuh” = Aquello irradiante) no era una deidad del panteón mexicano o un objeto de culto en sí mismo (como el caso del Culto Solar occidental), sino que era venerado precisamente porque se le consideraba el “Recipiente Sagrado” o lugar donde se almacenaba la “energía divina” que mantenía la vida en la tierra; no obstante, los antiguos mexicanos creían que esta energía mística (“Ollin”) transmutaba cada cierto tiempo establecido, cambiando de diferente naturaleza y potencia de acuerdo a los tránsitos de las “Eras o Edades” de la Civilización (“Nahui Ollin”, Mito de los Soles). Por tanto, en el sentido profético un “águila en picada o descendiendo” aparte de ser el indicativo de un “Sol en el ocaso”, también puede ser traducido como el “Final de una Edad”, pues un “atardecer” en una escala superior y sagrada, es el simbolismo de que  la “energía divina” comienza a vaciarse o debilitarse y solo será restablecida cuando el Sol, aparezca de nueva cuenta en el “amanecer del siguiente ciclo cósmico” (nacimiento de una Nueva Edad).

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   No obstante, este significado “profético” ofrecido, acerca del nombre de Cuauhtemoc no es producto, ni conclusión de la retrospectiva histórica, formulada a sabiendas de que a Cuauhtémoc le tocó la tragedia de protagonizar la “Caída de Tenochtitlan” estando la ciudad bajo su tutela; en realidad, el significado profético nos viene desde la tradición, pues se asegura que ya se sabía entre los Señores mexicah contemporáneos a Cuauhtemoc, que posiblemente él sería el último tlahtoani de la época antigua, pues cuenta la leyenda, que los sabios del templo le “bautizaron” con ese nombre a manera de “clave y sortilegio”, porque después de revisar su “energía innata” (“tonalli”) en base a las formulas sagradas del “Tonalamatl”, se dieron cuenta que ese niño estaba PREDESTINADO a “Ocultar el sol” (como así mismo inicia su célebre Mandato al Anahuac, que dejo a la posteridad) o lo que es lo mismo, ver llegar el crepúsculo del liderazgo mexica cuando, al fin, la “oscura noche cayera sobre México-Tenochtitlan”. Fue así, que “Cuauhtémoc” (“Águila que desciende”, “Ocultamiento del Sol”, o el “Finalizador”) se le dio por nombre a ese bebe especial de nuestro pasado, hijo de Ahuizotl y la princesa Tiyacapantzin y nacido bajo la luz mortecina de un eclipse (año 4-Tecpatl, 1496), quien sería a la postre, elegido por la fatalidad para convertirse en el último líder defensor de la gran Confederación de la Triple Alianza. Por ello, desde niño a Cuauhtemoc se le fue educando y preparando para la gran prueba que según las visiones de los sabios, tendría al final de su vida, cuando llegara el momento de “Finalizar la Era” (enterrar a Tenochtitlan) y entregar el conocimiento que guardaba la “Blanca Ciudad” a nuevos guardianes.

  ¿Cómo supieron los sabios “tonalpohuaqui” que Cuauhtemoc sería el niño de la profecía, que habría de cargar con el peso de tener que finalizar dignamente la Era Mexica, sosteniendo a su pueblo en la más amarga de las pruebas (la derrota)?, eso aún no tiene respuesta por parte de la ciencia actual y es pieza clave del gran misterio que encierra todo lo tocante a la enigmática figura del ultimo “Huey Tlahtoani” del México ancestral.

   Para abonar al fascinador mito del héroe y mártir, Cuauhtemoc, cerremos este texto con las palabras que le fueron conferidas al momento de nacer por parte de la sacerdotisa y partera que lo recibió, mismas palabras que fueron recogidas por las fuentes y que rezan así:

“… ¡Oh niñito, Tú propia tierra es otra!, no eres de aquí,

en otra parte estas comprometido, que es el campo donde se hacen las guerras…

tu oficio y facultad es la guerra,

tu oficio es dar de beber al sol con la sangre de los enemigos de Tenochtitlan,

y dar de comer a la tierra, que se llama Tlaltecuhtli, con sus cuerpos.

Tu propia patria, tu herencia y tu padre esta en la casa del Sol, el cielo;

Allá has de alabar y regocijar a nuestro Dios”.

 

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Por: Tecuhzoma Teutlahua.

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“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

Ixcateopan: Paradigma de la Mexicanidad

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   El 2 de febrero de 1949, don Salvador Rodríguez Juárez, de Ixcateopan, Gro., mostró al cura párroco de esa población serrana, el presbítero David Salgado, dos documentos manuscritos que habían venido a sus manos desde sus antepasados, pasando de padres a hijos. Dichos documentos contenían la crónica del rescate del cadáver del Cuauhtémoc, ultimo “Huey Tlahtoani” de Tenochtitlan, y de cómo fue el traslado de su cuerpo, realizado por un grupo de sus fieles guerreros desde el lugar del suplicio (actual Tabasco) donde fue asesinado por Hernán Cortes, acaecido el martes de carnaval del 28 de febrero de 1525, hasta Ixcateopan, Gro., de donde era originario Cuauhtémoc; para ser enterrado en el palacio de sus abuelos maternos, señores de aquel Señorío sureño y su entierro hecho por orden de Fray Toribio de Motolinia, en diciembre de 1529 en el mismo lugar donde quedo bajo el altar mayor de la iglesia que el religioso dejo trazada y después se construyó.

   Tales documentos presentados por don Salvador Rodriguez, mismos que le fueron heredados por su abuelo, Florentino Juarez, consistieron en dos hojas de papel tamaño folio formando pliego, una de los cuales estaba extrañamente en blanco; no obstante, de acuerdo a la tradición oral, los ancianos del lugar siempre aseveraron que esa parte de documento que “estaba en blanco” era la mas interesante, pues era “la que lo decía todo”. Y estaban en lo cierto, pues para su sorpresa los investigadores al documento, descubrieron que esa parte “en blanco” en realidad, estaba escrita con “tinta invisible” hecha a base de jugos vegetales ricos en cítricos y tanino (posiblemente de limones), la cual salto a la vista una vez que se hicieron las pruebas químicas, cuando frente a varios testigos, al calor de un braserillo la hoja en blanco del documento, al oxidarse la tinta especial (habiendo coagulado las proteínas), comenzaron a revelarse 19 renglones manuscritos y al pie del escrito apareció la firma de el “padre Motolinia“.

   Tras darle conocimiento al “Instituto Nacional de Antropología e Historia” (INAH) y a las autoridades del Estado, acerca del inaudito y antiguo escrito que revelaba la posible ubicación de la tumba de Cuauhtemoc, inmediatamente se emprendió una cruzada científica nacional para corroborar la información contenida en estos manuscritos centenarios en poder del citado poblador de Ixcateopan y tras un año de exhaustivos trabajos, se dio a conocer al pueblo de México la noticia que confirmaba dicho hallazgo histórico mediante una Carta Oficial, misma que reproducimos fielmente en su contenido a continuación:

(Inicio del documento)

COMPATRIOTAS:

El día 26 de septiembre de 1949 se descubrió debajo del altar mayor de la Iglesia de Santa María de la Asunción de Ixcateopan, Gro., la tumba que contenía los restos óseos de CUAUHTEMOC y diversos objetos entre los cuales se encontró una placa oval de cobre nativo que bajo el signo de la cruz tiene la siguiente inscripción:

1,525 – 1,529

Rey, ë, S, Coatemo.

La autenticidad del descubrimiento ha quedado probado, por la existencia de una tradición oral y de un folclore, así como por los documentos y por los siguientes estudios técnicos, en que han intervenido lo mismo las ciencias físico-matemáticas, que las biológicas y las culturales, todas ellas absolutamente concordantes en sus conclusiones.

El señor ingeniero civil don José A. Cuevas demostró que la fosa se construyó antes que la iglesia y que se conservó inviolada hasta el día 26 de septiembre de 1949 en que fue descubierta.

El señor profesor don Luis Chávez Orozco y don Alejandro von Wuthenau han precisado históricamente que la iglesia de Santa María de la Asunción de Ixcateopan, Gro., ya estaba construida antes del año 1539.

El estudio químico de los objetos de metal encontrados en la fosa, realizado por los señores ingenieros Rafael Illescas Frisbie, Ignacio Diez de Urdanivia y Rafael Molina Berbeyer, determina que estos objetos son de cobre nativo y que las oxidaciones que los afectan son naturales y producidas en el curso de los siglos.

Los señores doctores Carlos Graef Fernández, Octavio Cano Corona y Marcos Moshinsky del Instituto de Física de la Universidad Nacional Autónoma de México por su estudio cristalográfico de una muestra de óxido de cobre de la placa oval de la inscripción, corroboran las conclusiones del estudio químico.

El señor doctor en matemáticas don Enrique Bustamante Ll., aplicando la teoría  sobre oxidación de metales de N. Cabrera y N.F. Mott calculo la edad de la placa oval de cobre por sus oxidaciones y obtuvo una edad de más de 400 años.

Los estudios antropológicos y de medicina general de los restos óseos descubiertos en la tumba permiten afirmar que dichos restos son muy antiguos y en su inmensa mayoría corresponden a un sujeto del sexo masculino, muy alto, de complexión atlética, de 25 a 30 años de edad.

El estudio histológico y espectrográfico realizado por el maestro don Isaac Ochoterena en un fragmento de hueso de los descubiertos en la tumba, que revela la existencia de cobre dentro de los Canales de Havers, permite afirmar que coexistieron muchísimo tiempo los restos óseos entre las placas de cobre, tal como fueron encontrados en su tumba.

Los estudios técnicos de la inscripción de la placa encontrada en la tumba, que bajo el signo de la cruz tiene grabado “1,525 – 1,529; Rey, ë, S, Coatemo”, realizados por las señoritas profesoras Ana María Cortes Herrera y Eulalia Guzmán, así como por el señor Eduardo Munguía y el señor ingeniero Ignacio Diez de Urdanivia permiten afirmar que todos y cada uno de los signos grabados de la inscripción, son del siglo XVI.

En un documento recogido por la señorita profesora Eulalia Guzmán en Ixcateopan, Gro., de manos del señor don Salvador Rodríguez Juárez, depositario de la tradición oral, los señores Eduardo Munguía e ingeniero Ignacio Diez de Urdanivia precisaron que fue escrito con tinta simpática –jugo de frutas- y que el fragmento de firma que aparece en él, corresponden al grafismo del padre Motolinia.

En consecuencia, asumiendo plenamente nuestra responsabilidad histórica, declaramos solemnemente que existen realmente los restos de Cuauhtémoc, que son los que se encuentran a la vista del pueblo en la Iglesia de Santa María de la Asunción de Ixcateopan, Gro., restos cuya presencia materializa el patrimonio cívico de la nación y el paradigma de la mexicanidad.

México, D.F., agosto de 1950.

Firmantes: Eulalia Guzmán – Alfonso Quiroz – José Gómez Robleda – Isaac Ochoterena – Liborio Martínez – Ignacio Diez de Urdanivia – Eduardo Munguía – Octavio Cano Corona – Marcos Moshinsky – Luis Chávez Orozco – José A. Cuevas – Enrique Bustamante – Ana María Cortes Herrera – Rafael Molina Berbeyer

(Fin  del documento)

Sin título

   Y aunque a partir de esa fecha de 1950, la comunidad científica nacional e internacional polemiza acerca de este hallazgo, tachándolo algunos de fraude y otros de verdadera, lo cierto es que en ambos lados del debate existen figuras iguales en renombre y prestigio, por lo cual no podemos inclinarnos más que por las pruebas físicas y no por los comentarios personales, la discusión sigue en el aire. No obstante, aquí surge una sana reflexión: si este hallazgo es verdadero, esto constituye una enorme alegría para el pueblo mexicano y un auténtico punto de peregrinación de la mexicanidad, pero si por el contrario, este hallazgo es un equivoco (fraude), entonces el equivoco (fraude) lo cometió la misma AUTORIDAD ACADÉMICA y científica, sentando así el PRECEDENTE de que “los antropologos e historiadores también pueden equivocarse” (intencionalmente o no), y no queda mas que preguntamos

¿Cuántas VECES MAS se ha equivocado “a su favor” la antropología oficial? ¿Cuantas, al momento de juzgar apresuradamente los hallazgos óseos en las zonas arqueológicas como pruebas “inequívocas de sacrificios humanos”?,

   Lo ético y profesional es que esos mismos “científicos” que afirman (pese a las pruebas), que la tumba de Cuauhtemoc no está en Ixcateopan y que la “confirmación oficial de 1950” fue un montaje institucional apoyado con “pruebas manipuladas”, también deberían cuestionar con la misma insistencia y ser los primeros en revisar a detalle y bajo todas las aristas científicas, si las “supuestas pruebas oficiales” de los sacrificios humanos cometidos en el Anahuac (que son escasas, por cierto) no son también “equivocaciones” (manipulaciones y fraudes); digamoslo de otra manera, mas vale cerciorarse, pues si los detractores de la “Tumba de Ixcateopan” aseguran que el Instituto ya “equivocó” una vez, no vaya ser que también se haya vuelto a equivocar en… ahí queda el comentario.

    Estimado compatriota y hermano amante de la cultura, este mes de febrero (en la fiesta nativa de los días 23 y 24) visita el bello santuario mexicano de Ixcateopan y frente a esa placa del siglo XVI y ante esos huesos desenterrados de hace 5 siglos, preguntate en silencio: ¿es necesario que alguien confirme o niegue, que ahí está la verdadera tumba de Cuauhtémoc, para decidirnos ir a peregrinar año con año, hacia esa ancestral comunidad sureña entre cerros y nubes, y sentir como en ella pervive en el tiempo la memoria de ese gran Señor de nuestra nación mexicana?, tú decide si te lo pierdes… dejemos a otros continuar con sus alegatos proselitistas, en Ixcateopan nosotros mejor preguntemos la verdad “al viento (Ehecatl), al monte (Tlalli) y al rio (Atl)” pues ELLOS sí estuvieron ahí, en 1529, cuando fue regresado a la tierra el “Joven Abuelo” Cuauhtemoctzin…

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Por: Tecuhzoma Teutlahua.

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“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

Hernán Cortés era un mestizo.

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En México somos orgullosamente MIXTIZOS como el maíz: mestizo y también puro (…los que desde siempre han sido solo mestizos son precisamente los españoles).

No solo el mexicano, el centroamericano y el suramericano es un mestizo (en su mayoría), de hecho la misma HISPANIA fue el primer pueblo de MESTIZOS de Europa. Es una mera ilusión, la creencia popular y la propagandística versión que pinta a los invasores navegantes venidos del “Viejo Mundo” (Occidente), como integrantes de una supuesta “Raza pura y originaria” que arribó a estas costas y que terminó entremezclándose con las razas nativas pre-americanas, dando paso a una “nueva raza de mestizos”, misma que conforma en su mayoría a las poblaciones actuales de los países del “Nuevo Mundo” (Desde México hasta Chile).

La realidad es muy distinta, pues apegados a la Sabia Razón y a la Ciencia Moderna, es lícito afirmar que los hispanos mismos que llegaron a las costas del Anáhuac en 1519 no eran hombres pertenecientes a una pretendida “raza ibérica pura”, de hecho, el hispano del siglo XV (1492) era en toda regla un INDIVIDUO MESTIZO. Lo correcto, siempre será decir que los “Mestizos Invasores de la Europa Romana”, vinieron a propagar el MESTIZAJE del que ellos mismos eran Descendientes e HIJOS, pues la verdadera “raza pura” era precisamente la que Hernán Cortes encontró poblando el Anahuac y no él ni sus tropas (mestizas).

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Aquí les entregamos una publicación más, encaminada a desmontar la supuesta y exclusiva calidad de “mestizo” del mexicano y americano actual. No obstante, es importante dejar asentado antes de pasar a las pruebas que sustentan nuestra aportación, que el término “mestizo” de NINGUNA MANERA es un insulto o algo del que alguien deba avergonzarse, simplemente es una variedad genética más de entre las cientos de variedades que existen en nuestro hermoso y extenso planeta. Sin embargo, la intención de aclarar que no solo gran parte de la población mexicana es mestiza, SINO TAMBIÉN de la propia España, es porque hemos detectado que muchos patrañeros eurocentristas en su empeño de perpetuar la dominación psicológica que impero en la oscura etapa Colonialista, usan despectivamente o maliciosamente el término “mestizo” para referirse a la población americana, haciendo clara alusión a una “pretendida paternidad española” sobre los habitantes actuales de América, como si al referirse al americano como “mestizo” esos embaucadores del lenguaje, quisieran dejar grabado en las mentes incautas, la torpe idea de que gracias a la “sangre pura que venían en las Tres Carabelas” mezclada con la raza americana original, nacimos todos nosotros.

Bueno, pues para buena sorpresa de muchos comencemos declarando que genética, biológica y antropológicamente la RAZA ESPAÑOLA NO EXISTE, ellos desde antes de Cortes y hasta la actualidad SON UNA RAZA MESTIZA al igual que buena parte de la América moderna. En cambio, lo que sí existió y EXISTE AUN, ES LA RAZA MEXICANA misma que junto a la RAZA AMERINDIA pervive hasta nuestros días y sus bancos genéticos están A LA VISTA en la gente indígena, descendiente directa de los primeros mexicanos y nativos del norte y sur, constituyendo la verdadera raza pura de estas tierras milenarias.

Llegados a este punto, hacemos un llamado a la civilidad, rogando no sea tomado este ensayo como una carta promotora de fines racistas, AL CONTRARIO, el racismo es un lastre de la Colonia que debemos erradicar por completo, pues fueron precisamente los gobiernos virreinales los que nos contaminaron mentalmente haciéndonos ver a nuestros semejantes con el lente de las “clases raciales”, durante siglos a la población de la Nueva España los españoles clasificaron racista e inhumanamente en CASTAS haciendo diferencias en el “nivel y tipo de ciudadano” por el color de piel (“peninsulares”, “criollos”, “mestizos”, “mulatos”, etc).

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Nuestra intención es ponerlos al tanto de que el concepto de mestizo americano como el de MESTIZO ESPAÑOL, son una REALIDAD INOCULTABLE que tanto el americano como el hispano deben aceptar, pues ambos pueblos son variedades genéticas humanas IGUAL de valiosas que aquellas que conservan su raza pura (indígenas del mundo). Simplemente, nos ha nacido la intención de hacer este escrito poniendo especial énfasis en el término de “mestizo español” para que sean derrumbados los muros mentales y los mitos esclavistas de los imperialistas romanos que colocan MENTIROSAMENTE a “Colon, Cortes y sus hombres” COMO UNA RAZA ORIGINARIA, adoctrinando en el deleznable engaño de que los hispanos son un “bastión genético puro” y nosotros su mestizaje, cuando en realidad, ¡ni la Patria española ni su Raza Pura! existían cuando vinieron aquí en el siglo XV. Es decir, los hispanos y luego los españoles, como la mayoría de los americanos actuales NACIERON DEL MESTIZAJE, y la propia población española conformada de gente muy rubia y muy morena es la mejor prueba de esto.

El mentiroso y perverso calificativo de “Madre Patria España” que tanto cacarean los serviles de mente (y espíritu), es otra de las calumnias y herramientas de sometimiento mental que usan los eurocentristas para ocultarnos nuestra “maternidad anahuaca”, pues es el “mexicano indígena” el que nos antecede a TODOS (incluyendo al mestizo español) y ahí en sus comunidades apartadas en las sierras y valles esta nuestro verdadero ORIGEN nacional y genético. El español a lo sumo es un “pariente racial nuestro”, MAS NO UN PADRE, pues ellos no son ninguna raza pura, nuestra fuente racial es PROPIA y tan solo compartimos una parte con el español.

Los mexicanos NO SOMOS mitad indígena y mitad español: digámoslo fuerte y claro, la RAZA ESPAÑOLA NO EXISTE EN EL LÉXICO GENETISTA, muy en cambio, la “raza mexicana y la peruana” si están clasificadas como razas en el haber de la biología (Ver “Manual de Mamalogia”, 1827). Llanamente debemos considerar a la población americana actual como “MIXTIZA”, es decir, conformada por RAZA PURA (indígenas) y MESTIZOS, y esta nominación acuñada nuestra (“mixtizo”) incluye también a esa porción población “mitad indígena y mitad mestizaje euroasiático”. De modo que en México, más que simples y ordinarios MESTIZOS (como el español), somos “MIXTIZOS” y UNIVERSALES, pues somos en un mismo país, la mixtura y crisol de prácticamente todas las razas del mundo, sin dejar de tener en estado puro la nuestra, la raza original mexicana (indígena). Viéndolo las cosas de esta manera, los mexicanos somos infinitamente afortunados, solo que no nos hemos dado cuenta de ello (de momento).

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Ahora bien, es completamente claro el concepto de raza mestiza, siendo esta la resultante de la CRUZA DE RAZAS DIFERENTES, pero ¿cómo definimos una raza pura u originaria?, pues no lo dejemos a la especulación, vayamos a la definición formal, ya que por “raza pura” debemos entender “al conjunto de individuos de una misma especie que comparten determinadas características previamente definidas, siendo estas mantenidas por sus descendientes”, y esto desde luego, solo aplica para las poblaciones originarias del lugar donde habitan, pues los pueblos que se desplazan se mezclan con terceros irreductiblemente y aquellos otros que aceptan mezclarse con pueblos extranjeros de ninguna manera se les puede considerar como pueblos de raza pura y ese es justamente el caso español, pues el hispano NO es una etnia exclusiva del territorio llamado España (hoy siglo XXI), pues antes de que el individuo “hispano” existiera, esa parte peninsular de Europa estaba habitada por los IBEROS Y LOS CELTAS de afinidad germánica, mismos pueblos que fueron colonizados por los fenicios venidos de la zona griega, para luego ser otra vez MESTIZADOS por los latinos pueblos romanos y visigodos en los siglos primeros de la era cristiana, para finalmente en los albores del siglo VII entremezclarse POR TERCERA VEZ, pero ahora con los grupos étnicos venidos de Asia Menor en la llamada CONQUISTA MUSULMANA que fue la ocupación islámica en la Península Ibérica que duró por lo menos 6 siglos (más larga que la Colonia de la Nueva España), tiempo más que suficiente para lograr una completa asimilación racial extranjera, donde Árabes y judíos asentados en la península, se combinaron abigarradamente con los ya de por si mestizados hispanos de Roma, haciendo en aquellas épocas de finales del siglo XIII casi indiferenciable a un judío o a un musulmán de un “hispano común”, pues físicamente habían fusionado sus características tras siglos de cercano contacto, distinguiéndose unos de otros, únicamente por el aspecto religioso y la lengua (Consultar, “Poblamiento y Formación de los Pueblos de España”, 1994).

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Por la descripción anterior, a nadie le deben caber dudas de que Hernán Cortes y su patria en realidad se trataban de un AUTENTICO PUEBLO MESTIZO, no de una raza pura y originaria, por eso no es de extrañar que el propio Cortes fuera mediano de estatura y de tez marrón (propio de semitas), mientras que su más cercano acompañante y paisano, Pedro de Alvarado se trató de un sujeto alto y rubio (aspecto evidentemente germánico o nórdico), pues la explicación de todo ello, esta en el inocultable mestizaje de España previo a su contacto con México. Por lo cual, en definitiva, hablar de los “MESTIZOS ESPAÑOLES” no cae en el terreno de la ficción, sino que constituye una realidad objetiva, pues en la sangre del hispano del siglo XIV fluía la herencia genética de etnias genéticas completamente diferenciadas entre sí: como lo son las sajonas, germánicas, griegas, mediterráneas, árabes, judías e incluso hasta africanas (marroquíes).

Por ello, referirse a los hispanos como “el pueblo progenitor” de la mitad de los actuales genes americanos es una ambigüedad y una imprecisión dolosa, pues ellos mismos ya eran una VARIANTE MESTIZA de muchas otras razas puras, caso contrario al Anahuac (América), donde sí se gozaba de una VERDADERA PUREZA RACIAL. En todo caso, los españoles fungieron como simples transmisores del MESTIZAJE donde la genética del “Viejo Mundo” adquirió los componentes de la del “Nuevo Mundo”. Pero de ninguna manera se les debe dejar de considerar a los invasores como otros mestizos, tan mestizos como los propios habitantes de la época colonial, donde dicho sea de paso, familias españolas emparentadas con indígenas o los mismos traficantes de personas, se llevaron los “genes de la raza mexicana y peruana” a Madrid, constituyendo así, una CUARTA OLEADA de mestizaje en la península Ibérica (luego de la mezcla romana y musulmana), algo de lo que ningún eurocentrista quiere hablar, pues España una vez más se transformó gracias a la dotación genética de los americanos (Consultar, “De América a Europa”, 2017).

Por tanto, si algún eurocentrista se refugia en el nublado y anacrónico concepto de la Raza Caucásica (piel pálida) para intentar resistir a esta verdad, le recordaremos que el término de “Raza Caucásica” ha caído prácticamente en desuso en los libros modernos que hablan de las razas humanas, pues no son pocos los eruditos (Thomas Henry Huxley y H.G. Wells, entre otros ) que han señalado que es una total incoherencia hablar de la supuesta “raza Caucásica”, pues a juicio de los que saben, resulta absurdo equiparar como una sola raza originaria a todos los grupos humanos de piel pálida existentes en el espacio comprendido desde Europa Occidental hasta Medio Oriente, cayendo en el completo absurdo al afirmar que un turco y un polaco pertenecen a la misma “raza pura caucásica”, cuando es claro que a todos los niveles entre ambos individuos “pálidos” de Turquía y Polonia, hay la misma cantidad de diferencias físicas que habría entre un colombiano y un inglés.

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En contraste, hay quienes afirman que la supuesta “raza caucásica” es en realidad una RAZA MESTIZA producto de la fusión de la RAZA BLANCA PURA (xanthocroide o nórdica) y la sub-raza mediterránea (melanocroide), y que por “hombre caucásico” debemos entender una larga lista de etnias (o sub-razas) agrupadas GEOGRÁFICAMENTE MAS NO GENÉTICAMENTE, como son: la nórdica, mediterránea, alpina, dinarica, báltica, arábiga, turanida, iranida y armenoide, (listado que deja en evidencia que la “Raza pura Caucásica” es una MERA INVENCIÓN colonialista) .

Inclusive hay voces dentro del campo de la genética, que consideran a los habitantes de España como un mestizaje de cuarto orden dentro del grupo caucásico, pues su población como ya hemos citado es el resultante final de la cruza de “arios”, “semitas” y “camitas. En pocas palabras, el invento de la raza caucásica es una maniobra eurocentrista creada por propagandistas y científicos de pocas luces, para OCULTAR el evidente MESTIZAJE de los europeos, quienes no queriendo perder su estatus de “raza pura” se inventaron de la noche a la mañana sin guardar las distancias y obvias limitaciones, que todos los humanos del mundo occidental de piel pálida son una misma raza (aunque eso obligue, como hemos dicho, a ridículamente emparentar a un polaco con un turco). Para apuntillar, les compartimos que la tendenciosa y encubridora etiqueta de “raza caucásica” nació en el año 1800 con esta frase “tan llena de seriedad científica e imparcialidad” del antropólogo europeo Johann Blumenbach:

“He tomado el nombre de esta variedad del monte Cáucaso, porque desde ahí se produce la raza más hermosa de los hombres que converge en toda esta gran región (Occidente)” 

(Notese lo absurdo y dispar de esta idea de “raza caucásica” con la siguiente ilustración)

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Quede asentado que en el campo de la genética, si algo existe bien fundamentado sin lugar a polémicas ni discusiones, no es la ficticia “Raza Caucásica” (“todos los pálidos del mundo”) sino la RAZA AMERICANA (Amerindia, Mexicana y Peruana). Por tanto, si en algún deslucido momento, un hispano eurocentrista nos llama a los americanos despectivamente como “mestizos”, démosle las gracias, porque al final del día, NO es ningún insulto, pero en cambio, llamémoslo a su vez “mestizo de ultramar” para enviarlo… de vuelta a su realidad.

Nunca más permitamos que alguien use el apelativo y muletilla racista de “Españoles y mestizos” para descalificar a nuestra gente sugiriendo que son una especie de “sub-pueblo” del español (pues no existe un solo hispano de raza pura y si millones de personas de raza amerindia, mexicana y peruana). Sujetos a la realidad y la sapiencia, pongamos un alto al falso y malintencionado lema de España es nuestra “Madre Patria”, pues la misma península Ibérica en el 1500 no había nacido bajo el nombre de España, ni era “madre” de nadie, sino más bien “hija” de celtas, fenicios, judíos, germanos, árabes y romanos.

Paisanos mexicanos, enorgullezcámonos de que nuestro pueblo es mayoritariamente mestizo al igual que decenas de países alrededor del mundo (sino es que todos) incluyendo al español, con la diferencia de que aún quedan entre nosotros hermanos de la raza amerindia lo que nos hace en su totalidad un pueblo MIXTIZO. A través de nuestras venas corren gotas de sangre africana, semita, germánica y griega, pero más corre sangre mexicana, somos la raza mestiza más COMPLETA del mundo, somos sin pie a la exageración, lo más cercano a la RAZA FUTURA de la Humanidad y por eso ya decían los Viejos Abuelos que los mexicanos somos (y nunca dejaremos de ser) “el Ombligo del Mundo”.

Sin embargo, por más universales que seamos, por más diversos y mixtos, nunca olvidemos que dentro de nosotros pesan más los genes anahuacas, mismos que son muy antiguos y preciados, tan antiguos y preciados como el maíz mismo.

Por todo ello, enderecemos nuestros corazones y mentes, hagámosle saber a los difamadores de nuestra identidad y a los raptores de consciencias que somos un gran pueblo que comienza a recobrar su MEMORIA GENÉTICA y que Nuestra Madre Patria solo es una y lleva por nombre AZTLAN, el legendario y ancestral “Lugar de la Blancura” y que aunque nadie se atreve a dibujarla en el mapa por lo sagrada y velada que resulta, si se sabe de ella con certeza que es la Cuna Primigenia de los primeros mexicanos, por que como hemos dicho en el pasado, nuestro gentilicio de “mexicanos” (en nahuatl “mexicah”) no viene de apenas el año 1821 (Independencia), sino desde el lejano 1325 (o más allá) cuando fue fundada la Patria de MEXICO y TENOCHTITLAN.

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Terminamos este texto testificando que Aquí y ahora (“nican ca”), en ambos lados de la Gran Mar, del Atlántico, solo existen los mestizos PALIDOS (hispanos) y los mestizos COLORADOS (americanos), habitando junto a las razas puras (indígenas de todos los colores de piel) alrededor del mundo. Pero, si algún día el mundo termina siendo completamente mestizo y desaparecen las razas puras, no hay nada que temer, con tal de que sea el AMOR lo que una a las parejas de los distintos pueblos… y ya no más, la consecuencia de una cruel y mezquina invasión.

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Por: Tecuhzoma Teutlahua

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“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

Texto original: Facebook/Pueblo de la Luna. Metzitzin

España NO EXISTÍA como país en 1519 cuando Hernán Cortés llegó a México.

 

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Una falsa idea de nuestro pasado nacional, casi universalmente aceptada como “valida” por los irreflexivos académicos y el desinformado vulgo en general, es la que predica que “España conquistó México” (¡!), sin embargo, existe un GRAVE problema en torno a esa “muletilla” ya cientos de veces repetida en los medios de difusión con los que cuenta la “propaganda eurocentrista” de la historia (libros, documentales, artículos); pues apegados a la Sabia Razón y a la Verdad científica, en 1519 el país que hoy lleva el nombre de “ESPAÑA” en realidad NO EXISTÍA ni territorial, ni política, ni legal, ni socialmente, ni siquiera el nombre de España estaba escrito en ningún documento oficial, pues lo que sí estaba en la PENÍNSULA IBÉRICA en ese entonces, eran un puñado de reinos atrasados en muchos aspectos sociales e ideológicos, y aunque gozaban de identidad nacional propia a NINGUNO SE LE LLAMABA ESPAÑA.

Tales reinos INDEPENDIENTES ENTRE SI que ocupaban la península ibérica en el Siglo XVI y que antecedieron a la MUY POSTERIOR creación de “España” como país, eran los pequeños y recientes reinos de: “Castilla”, “León”, “Aragón”, “Navarra” y “Granada” por citar los más importantes, sumados una larga de lista de “reinos menores” (aún más pequeños e intrascendentes) como lo fueron “Toledo”, “Valencia”, “Galicia”, “Mallorca”, “Sevilla”, “Cerdeña”, “Córdoba”, “Córcega”, “Murcia”, “Jaén”, “Algarves”, “Algeciras”, “Gibraltar” y de “las islas de Canaria”.

Así pues, a inicios del Siglo XVI cuando Hernán Cortes pisó por primera vez las costas de “Chalchicueyecan” (nombre ancestral del actual estado de Veracruz), lo que existía al otro lado del mar Atlántico NO ERA ESPAÑA ni mucho menos una “nación española”, lo único que existía era un grupúsculo de reinos ibéricos separados y en un proceso aun inacabado de desarrollo e integración; por tanto, con esto debería bastar para dejar en claro que la falseadora “muletilla eurocentrista” mil veces repetida de que “España conquisto a México” es una INCOHERENCIA TOTAL.

Pero esto no queda aquí, pues aunque sabemos que por “convencionalismo” y economía literaria se cita en muchos libros que Hernán Cortes “era un español” (y se disculpa), extendemos esta nueva publicación como contramedida ante el embate de la maquinaria promotora del infumable título de “Madre Patria” que se le intenta por muchos medios “formales” dar ridículamente a España. ¿A qué vamos?, la gente mexicana de hoy debe saber que lo correcto y verdaderamente serio (históricamente hablando), es que el “conquistador” Hernán Cortes era un “CASTELLANO” mas “NO UN ESPAÑOL”, pues el “Capitán católico” que vino a imponer a sangre y fuego el mestizaje y su religión, era proveniente de “Extremadura” que era una provincia perteneciente al entonces “país” (reino) llamado “Castilla”. Por tanto, España no puede ser “Madre Patria” de nadie en la América, pues cuando se dio el “contacto entre ambos mundos”, España ni siquiera había nacido como país (patria).

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Los que realmente “conquistaron” (invadieron) al Anahuac y a su centro geopolítico “México-Tenochtitlan” fueron los Reinos de “Aragón” y “Castilla” dirigidos y SIEMPRE obedientes de la Corona VATICANA en Roma; razón por la cual, a los Reyes Fernando II (de Aragón) e Isabel I (de Castilla) quienes se sabe, financiaron los viajes de Cristóbal Colon y sus ejércitos, ÚNICAMENTE ostentaron el título real y OFICIAL como de “REYES CATÓLICOS” y nunca (nunca) el de “REYES ESPAÑOLES”, por el mismo motivo antes citado, de que ESPAÑA NO EXISTÍA EN AQUELLOS AÑOS del comienzo de la colonización europea en América. Ni Fernando II ni Isabel I fueron reyes de España, fueron reyes de sus respectivos (países) reinos, Castilla y Aragón. Punto.

Llegados a esta altura del presente ensayo, surge un cuestionamiento natural… entonces, ¿quién fue el primer rey en la historia en ostentar el título de “algo llamado España”? y al unísono, todos los historiadores, académicos, investigadores o eruditos en la materia no podrán negar que dicho personaje se trató del “Emperador Carlos V”, el joven monarca o “el CESAR” del “Sacro Imperio Romano Germánico”, quien dicho sea de paso “NO ERA ESPAÑOL” (ni hablaba Castellano) y no solo eso, ni siquiera era originario de la península Ibérica (hoy España), sino que nació en los territorios de la corona austriaca de los Habsburgo, en la ciudad de Gante (hoy Bélgica).

Al morir su padre en 1516, (el afamado Felipe I de Habsburgo, apodado “el Hermoso”) el joven Carlos quien era un príncipe del “Sacro Imperio Romano Germánico” heredo los “reinos ibéricos” de su progenitor, quien se había hecho de ellos, al casarse con Juana de Castilla (llamada también “la Loca”) la hija heredera del matrimonio de los “Reyes Católicos” (Fernando II e Isabel I). Tiempo después de la muerte de su padre, y ante la imposibilidad de su madre (Juana) de reinar al estar incapacitada por padecimientos mentales, Carlos juro únicamente como rey de Castilla y de Aragón en 1518 y no fue sino hasta el 16 de mayo de 1528 que juro en Valencia como REY DE ESPAÑA ostentado así el título de “Carlos I de España”, día en que se puede decir nació realmente España y tuvo al PRIMER REY DE SU HISTORIA, al quedar unificadas oficialmente en una sola las coronas de Castilla, León, Aragón y Navarra (la totalidad de la actual España).

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Sí, en 1528 nació el país España, cuando tuvo jurado a su primer rey de toda la península (Carlos I): ¡siete años después de la derrota de México Tenochtitlan! (1521).

Fue de esa inesperada y fortuita manera, el que fuera también “Carlos V del imperio germánico (alemán)”, acumuló por un golpe de suerte un título real más y se convirtió en 1528 en “Carlos I del imperio español”, y a pesar de no ser “un castellano o aragonés” (se le exigió aprender castellano) gracias al poder y riquezas obtenidas de las invadidas tierras mexicanas, antillanas y peruanas, logró consolidar su poderosa corona europea y unificó bajo el nombre de España finalmente, a los minúsculos reinos de la península donde nació Hernán Cortes, (Castilla, Aragón, León, Navarra, etc.) y que de no ser por el “Cesar germano” y la “Conquista de América”, esos reinos ibéricos hubiesen seguido otros tantos siglos más separados y paulatinamente debilitados o extinguidos a merced de sus acechadores musulmanes y británicos, y con ello quizás y muy probablemente España nunca hubiese existido en el mapa.

De tal modo, ante la luz de estos datos históricos irrefutables, es lícito afirmar que la Conquista de México la perpetró en realidad Castilla, Aragón y el Vaticano, y NO el país ESPAÑA, puesto que este último nació casi una DÉCADA DESPUÉS de la rendición del héroe Cuauhtémoc (el último TLATOANI MEXICANO de la época prehispánica). España solamente recogió y administró la ocupación militar que materializó en los dominios de México-Tenochtitlan, el castellano católico Hernán Cortes al servicio de su rey romano-germano (Carlos V), irrespetando completamente a la nación mexicana establecida desde el año 1325, la cual fue irrumpida abruptamente en pleno esplendor, al ser sometida por las armas, para luego cambiarle a sus habitantes el original gentilicio de “mexicanos” (en nahuatl, “mexikah”), por el trasgresor título de “novohispanos”, cuando se instauró el gobierno de ocupación llamado “Virreinato de la Nueva España” en 1535 (o mejor dicho de la “Segunda España”).

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Sirva este ensayo para hacer saber que después de 500 años, los mexicanos de hoy debemos entender el engaño eurocentrista al que hemos sido arrastrados por los “historiadores miopes” y los gobiernos desleales, es momento de superar la muletilla propagandística de la “Madre Patria España” y desecharla en el basurero de la historia:

¡España no es la Madre Patria de México!, es al revés… fue el “Padre-Madre México” (porque así se llamaba ya: “Mexiko”) el que fue sacrificado para darle vida y VER NACER a sus dos hijas: al país “España” y a su melliza americana “la Nueva España”.

Aquí dejamos esta nueva entrega, no sin antes rogarles que atesoren esta verdad en sus mentes y en sus corazones: hoy siglo XXI, hemos dejado atrás la ocupación extranjera de la Colonia y vivimos en el “Segundo México” y así como los “primeros mexicanos y sus tlatoanis” se decían orgullosos de provenir de la remota Aztlán, nosotros con el mismo orgullo podemos decir, sin titubeos ni vacíos y con la Verdad en la mano, que provenimos del viejo Tenochtitlan, de aquel ensoñador y violentado “Primer México” que nos dio vida a nosotros “los segundos mexicanos”… y a las “dos Españas” por igual.

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“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

Texto original:

¡Los mexicanos tenemos nuestro propio Año Nuevo!

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Así es, ¡los mexicanos tenemos nuestro propio Año Nuevo!… y no se celebra el 1 de Enero. Actualmente muchos de nosotros al igual que millones de mexicanos dentro y fuera del país, festejan la llegada Año Nuevo el día primero de Enero, pero al respecto de esta realidad, en algún momento de nuestras vidas seguramente ya nos hemos detenido a preguntarnos lo siguiente:

                “¿Por qué celebramos la Vida Nueva y el Año Nuevo justo en el momento en que la vida en la Naturaleza esta contraída, por no decir MUERTA (eclipsada por el crudo invierno)?”

                “¿Por qué en ocasiones sentimos que no somos parte integral del planeta Tierra, al que casi siempre vemos como algo ajeno a nuestros decisiones, un ente impersonal, un mero plano donde pisamos y no como Nuestra Verdadera Casa?”

                “¿Qué es ese Algo que está mal en nosotros y que nos impide encajar con las demás formas de vida animal y vegetal que nos rodean y con los Ciclos Naturales que han estado aquí desde mucho tiempo antes que nosotros?”

La respuesta a estas preguntas es muy clara (una vez que lo pensamos a profundidad), pero al mismo tiempo es poco obvia para la mayoría de las personas que están inmersas en las “selvas de asfalto”, pues en estos tiempos donde la gente pasa gran parte de su vida diaria detenidos en una oficina o un apartamento, y ya no tienen por techo al cielo abierto sino una losa plana y monótona con lámpara colgante, y por piso ya no tienen a la fresca hierba sino una alfombra gris y por muros a ninguna fila de árboles meciéndose sino paredes blancas, es casi imposible que la gente logre dar con la respuesta que le hace falta para entender que involutivamente esta desconectada del mundo natural y en ello estriba la razón de porque IRREFLEXIVAMENTE aceptemos que el Año Nuevo (la “Vida Nueva”) sea celebrado a mitad del invierno (1 enero), pues nuestra despistada sociedad actual no se percata conscientemente de que ¡ES EL PLANETA QUIEN NOS LLEVA EN SU VIAJE Y NO AL REVES!. En otras palabras, el que se mueve es el mundo… Él es el Orquestador, NO NOSOTROS.

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Dejemos muy en claro que el Planeta Tierra es (y no nosotros) el Gran Navegante Sideral que atraviesa triunfante los “mares” del Universo y viaja a velocidades increíbles por el espacio, desplazándose junto al Sol en un viaje infinito que ha iniciado desde hace miles de millones de años… pero, si el viaje a través del cosmos y sus interminables territorios es cosa del Planeta y el Sol, siendo nosotros los humanos, meros invitados a él (su tripulación) entonces:

 ¿Por qué la Tierra debería acoplarse a los ritmos humanos, en lugar de que seamos NOSOTROS LOS OBLIGADOS A ACOPLARNOS A EL y no desentonar en la sinfonía de los Ciclos Terrestres?…

Piense por un momento en los pasajeros de un avión que no hacen caso a las instrucciones del piloto y actúan según sus deseos particulares en pleno vuelo: ¡PUES ESO MISMO PASO CON LA CELEBRACIÓN DEL AÑO NUEVO!… Un arrogante emperador romano dijo que la Vida Nueva empezaba el día que se renovaba el gabinete gobierno y todo el mundo lo acepto (¡!)

Año Nuevo Verdadero: “La Primavera”

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Decir que el Año Nuevo es en Primavera, el Primer día que el mundo y su Naturaleza recobran la plenitud de la vida y el calor del Sol hace reverdecer los valles y montañas, no es una afirmación sentimentalista o salida de una “mente fantasiosa”, sino todo lo contrario, es una afirmación apegada a la Ciencia, la Astronomía, la Matemática y a la Sabia Razón, pues históricamente LAS CULTURAS MAS AVANZADAS DEL MUNDO ANTIGUO tanto en lo espiritual como astronómico (por decir algunos: anahuacas, celtas, hebreos, griegos, chinos) celebraban el Año Nuevo en la gestación de la Primavera, en las fechas comprendidas entre el comienzo de los deshielos de montes y valles y la llegada del primer EQUINOCCIO SOLAR DEL AÑO (es decir, entre los días 1 y 21 de marzo), un fenómeno astronómico que representa el momento del “equilibro perfecto”, es decir, el día del año en que “el día y la noche duran lo mismo”, algo que por su fuerte simbolismo, era tomado por nuestros ancestros mexicanos como el inicio del año, puesto que el Sol (“Tonatiuh”) igualaba a la “oscuridad” en fuerza y en el planeta Tierra (“Tlalticpac”) eso era percibido por el cambio de estación del Invierno (lo estéril) a la estación de la Primavera (el regreso de la vida).

Así pues, el Calendario Sagrado del Anahuac al que se sujetaban los primeros mexicanos, el llamado “CEMPOALILHUITL” o “Calendario de todas las celebraciones”, situaba la fiesta del Año Nuevo en la llegada de la Primavera, específicamente en el primer mes de los 19 totales y que llevaba por nombre “ATLACAHUALO” que bien puede traducirse como “lo dejado por las aguas”, puesto que como hemos dicho líneas arriba, era la temporada donde los hielos invernales se derretían y las corrientes de agua generadas regresaban a los ríos y subsuelos, dejando tierras fértiles y rejuvenecidas a su paso. Sembrado así las bases para la nueva vida.

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No obstante, ese bella concordancia entre las “Fiestas de la Naturaleza” y las “Fiestas Humanas” se perdió cuando las sociedades colonizadas y embrutecidas comenzaron a sustituir paulatinamente a las sociedades naturales y filosóficas, pues fue EL IMPERIO ROMANO, quien por desdén e ignorancia, trasgredió el orden y la sucesión natural de las cosas, imponiendo a la humanidad que iba sojuzgando, su desastroso CALENDARIO JULIANO (hoy llamado Calendario Gregoriano), el cual es un conteo del tiempo nada compatible con la realidad del mundo y desentendido del evidente movimiento de los astros. Desplazando así indebidamente, a la ancestral celebración del AÑO NUEVO en la llegada de la primavera, justo al Día Primero de Enero (mes del dios latino Juno) que era la fecha en que el gobierno romano renovaba a sus mandatarios y funcionarios, para preparar con tiempo sus campañas militares expansionistas que siempre iniciaba en el mes del dios de la guerra “Marte” (martius = marzo), que era el mes cuando el invierno se iba y dejaba de nueva cuenta los caminos y valles transitables y seguros para las tropas.

Por tanto, celebrar el Año Nuevo en invierno, es hacer una apología de la guerra y de la muerta, no de la vida y la abundancia, es perpetuar el sinsentido naturalista del imperio romano que no ha desaparecido sino que se ha transmigrado en las naciones y reinos del mundo Occidental; muy en cambio, el retomar nuestro original Calendario Festivo Mexicano (el del Anahuac) con el “Año Nuevo” situado en la llegada de la Primavera y en TOTAL concordancia con los ciclos celestes del Sol y la Tierra (y hasta Venus) es hacer honor al Creador y a su hermosa Creación.

Este breve ensayo es una invitación a que los Mexicanos de hoy, retomemos nuestro AÑO NUEVO MEXICANO en la llegada de la Primavera (Febrero-Marzo), el que fue llevado y adoptado sabiamente por el MÉXICO ANTIGUO, principalmente por los grandes pueblos Toltecas y de la Triple Alianza (Teotihuacanos, Mayas, Aztecas y Texcocanos); pues aquellos primeros mexicanos, sabían con el CORAZÓN Y LA MENTE que el Año Nuevo comenzaba cuando también la VIDA DEL MUNDO REGRESABA, algo que ejemplifica muy bien, por qué no nos cansamos de asegurar que las poblaciones que nos antecedieron antes de la época virreinal, desarrollaron una gran comprensión libre de distorsiones y una simbiosis completa para con las “Energías del Mundo“ y su entorno natural. Solo Roma (con sus reinos vástagos) y su insensata cuenta calendárica Juliana-Gregoriana enfocada a la guerra y la invasión para enriquecerse, marcharon en el SENTIDO CONTRARIO al mundo y su error de percepción tanto matemática como astral, se sigue perpetuando hasta nuestros días por ignorancia y dejadez, puesto que usamos un CALENDARIO OBSOLETO que reemplazo al verdadero “RELOJ DE LA NATURALEZA”, mismo que nos fue ocultado como parte de la negra herencia de los colonizadores del mundo Occidental.

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Entonces, ¿por qué a los mexicanos les urge  celebrar el Año Nuevo Mexicano?:

Tomando en cuenta las razones y argumentos arriba citados, no es de sorprender que en el concierto de las actuales naciones, podemos encontrar entre los países más unificados, poderosos e influyentes dentro del escenario mundial, precisamente se encuentran aquellos que conservan su calendario ancestral, algo es muestra en buena medida, de que preservan su identidad cultural y su cosmovisión científica y religiosa del mundo, tan casi fielmente como sus antepasados lo hicieron y que les fue transmitida de generación en generación hasta nuestros días. Hablamos específicamente de la nación china, de la judía, la hindú, la iraní y la árabe, todas y cada una de estas cinco innegables poderosas y orgullosas naciones, quienes a diferencia del resto del mundo que ha perdido su cosmovisión originaria y “romanizado” su cultura, tienen su propia Cuenta Calendárica y celebran el inicio del Año Nuevo (el día más importante para una sociedad) en fechas propias de su cultura, es decir, fuera del convencionalismo occidental del “1 de enero”.

Con justa razón, esas naciones mencionadas en la escala de “identidad y sentido nacionalista” aventajan a las demás naciones, pues chinos, judíos, árabes, iraníes e hindúes literalmente “VIVEN SU PROPIO TIEMPO y espacio” pues ellos no consideran estar transitando el año 2018 (calendario romano occidental) sino que perviven con nosotros ahora mismo en el año 5779 (caso judío), en el 1440 (caso árabe), 1936 (caso indio) o en el 4771 (caso chino), pues se saben y sienten los herederos y continuadores de culturas que propias que nada piden a préstamo de otras culturas.

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 Ese caso debería ser el de nuestra GRAN NACIÓN MEXICANA, heredera de una cultura milenaria y cuna de la excelsa civilización del Anahuac (Mesoamerica), una de las 5 Civilizaciones Madre del Mundo. Del tal suerte, por derecho propio y porque así lo dicta la razón, como mexicanos herederos de una civilización inconmensurable DEBEMOS Y PODEMOS rescatar nuestra gran fiesta calendárica originaria del Año Nuevo y dejar de imitar a la ciega corriente, seguidora irreflexiva, de una cosmovisión romanizada del mundo que nos es ajena y que el mexicano en realidad ni reconoce, ni entiende (ni quiere realmente). México al igual que los chinos, judíos, musulmanes e hindúes, tiene derecho y de sobra, de reclamar “vivir en su propio tiempo y espacio”, pues nuestro Calendario ancestral del Anahuac (labrado por tan sabias y proliferas etapas como la olmeca, tolteca, maya y azteca) marca ahora mismo el año “Chicoaze Tochtli” (6-Conejo) en la forma CIRCULAR DEL TIEMPO y nos espera el año “CHICOME-ACATL” (7-Carrizo), pero en su forma lineal los mexicanos “aquí y ahora” (Nican ca) VIVIMOS EN EL AÑO 5133 en el cómputo de la civilización de Anahuac, apoyándonos para afirmar esto mismo, en sustentos arqueológicos y científicos y no en mitos, pues el Calendario Anahuaca (“Xiuhpohualli-Tonalpohualli” nahua, “Tzolkin” maya), parte su computo desde el día 11 de agosto del 3114 A.C. tal y como está marcado en la “Piedra-estela C”, en la zona maya de Quirigua, dejando constancia material del dato que marca el inicio del calendario que rigió al México antiguo y que no hay ninguna razón insuperables para que no rija al México de hoy, que tanto le hace falta recuperar sus fuertes y sabias raíces.

Estimados lectores, gracias por llegar hasta este punto del ensayo, mismo que fue compartido con ustedes NO queriendo que suspendan su cena a la medianoche del 31 de diciembre donde sus familias y seres queridos los esperan (algo hermoso), lo único que intentamos como buenos mexicanos y amigos, es que cuando las copas con sidra y uvas sean levantadas en el primer minuto del mes de Enero, no digamos “¡Feliz Año Nuevo!”, sino que exclamemos: “¡Hermanos, brindo porque Superaremos el invierno (la muerte, la oscuridad) y estaremos todos juntos cuando llegue nuestro Año Nuevo (en la vida, la primavera)!”

Ya no nos apartemos de cuenta del tiempo del Maestro Sol y de la Maestra Tierra, de la bondadosa Casa Nuestra que nos lleva a cuestas…. ¡VOLVAMOS A CELEBRAR LA VIDA!

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¡Nuestro Año Nuevo Mexicano es en el mes de Atlacahualo (Marzo, Primavera)!

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“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

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Por: Tecuhzoma Teutlahua.

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Texto original: 

“El Manto de la Virgen de Guadalupe: del Viejo Pacto a la nueva idolatría”.

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Es mentira que los sobrevivientes del Anáhuac, aun en resistencia durante los primeros años de la Colonia creyeran que una “Virgen Madre Dios” o una “aparición divina” se presentó en el año de 1531 en el monte del Tepeyac como dicta la creencia popular.

Si algunos anahuacas abrazaron la imagen de la Virgen de Guadalupe en aquellos años recientes a la Caída de Tenochtitlan, NO FUE porque creyeran que en el “ayate de Juan Diego” quedara plasmado milagrosamente el retrato de una aparición divina, eso, es uno más de los mitos y malas intencionadas distorsiones acerca la historia real de nuestro país y justamente la motivación de esta nueva publicación es dejar en claro porque son tristemente los creyentes guadalupanos de hoy siglo XXI los verdaderos idolatras y engañados, y no los “primeros guadalupanos” del siglo XVI. La realidad es a la inversa.

Fue a mediados del siglo XVI, que tanto anahuacas como españoles (tanto defensores como invasores) trabados aun en feroces combates, supieron de la repentina existencia de un peculiar “Lienzo pintado” en poder de Fray Juan de Zumárraga, dicho pedazo de tela contenía la delicada imagen (de la para ese entonces novedosa versión americana) de la Virgen de Guadalupe que era la “Deidad Patrona” de la Provincia de Extremadura en España de donde procedía Hernán Cortes. No obstante, aquellos hombres en guerra, desde el inicio fueron TOTALMENTE CONSCIENTES de que dicha “nueva versión” de Guadalupe de Extremadura que reunía elementos europeos con los indígenas (“Tonantzin-Coatlicue”), había sido pintada POR MANOS HUMANAS y QUE NO OBEDECÍA a la aparición en el Tepeyac de ninguna “mujer divina” la explicación de la existencia de aquel extraño lienzo.

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Sin embargo, la razón del por qué este “manto sacro” de la “Virgen Morena” fue tan respetado y reverenciado con seriedad en el lejano siglo XVI, tanto por propios como por extraños, fue porque representaba en sí, el SALVOCONDUCTO DE PACTO DE PAZ que la iglesia católica a través de Fray Juan de Zumárraga (quien persuadido por consejeros indio), había lanzado a los jefes militares anahuacas en lucha, pretendiendo con ello “agradarles” y persuadirles de poner fin a las hostilidades contra la corona española, o por lo menos, establecer un primer paso para alcanzar la rendición negociada de los anahuacas, a cambio de conservar parte de su antigua religión y de ese modo capitular de una vez por todas la guerra iniciada en 1519, para luego establecer con ello, de manera definitiva la colonización y abrir paso a las aspiraciones europeas de tener un “virreinato pacífico”.

De acuerdo a lo anterior, es irreal considerar al manto de la Virgen de Guadalupe como un “lienzo milagroso”, pues en estricto sentido histórico debe ser considerado el “Lienzo Guadalupano” como una CARTA IDEOGRAFICA que describe un pretendido (y polémico) ACUERDO DE PAZ, como así fue reconocido de inicio por TODO el Anahuac, incluyendo a los propios invasores. Es un hecho natural, que en los albores de la Colonia, el “ayate de Juan Diego” fuera tomado por todos los habitantes de la “Nueva España” como un DOCUMENTO PICTÓRICO que plasmó los “términos de rendición” para acabar con la guerra, mas nunca fue tomado en esos primeros momentos de su anunciamiento como el “RETRATO MILAGROSO de la Virgen”; por tanto, es obligación nuestra como hombres despiertos y enterados, el concientizar a los mexicanos de hoy y hacerles ver que la imagen de la “Virgen Morena” de ninguna manera es una imagen indigna o despreciable, puesto que contiene una pequeña porción de “lo que se salvó del México Antiguo”, pero de ninguna manera tampoco es una imagen “sagrada” puesto que no es una fidedigna “imagen venida del cielo” como se ha pretendido hacer pasar por los oscurantistas colonizadores.

Simplemente el “Manto de la Virgen de Guadalupe” se trata de un CÓDICE VIRREINAL escrito en idioma autóctono y que aunque merece TODO NUESTRO RESPETO Y VALORACIÓN como parte del acervo de nuestra historia nacional, de ninguna manera debe tomárselo como una reliquia sagrada a la cual debemos venerar e idolatrar como si se tratara de un “tesoro celestial”, y no decimos esto por soberbia o ignorancia, sino sencillamente porque resultaría ridículo, pues como hemos puntualizado con justa razón, se trata de una pintura cuyo mensaje podían descifrar los dirigentes anahuacas y constituía un intento ventajoso de poner fin a la guerra en los términos que mejor convenían a la corona española y nada más.

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Así pues, lo que paso en el Tepeyac ese 12 de diciembre de 1531 (otras versiones apuntan al año 1550) puede ser calificado sobriamente y sin exageraciones, como un evento político y militar entre los representantes de la corona española (presente Hernán Cortes) y unos cuantos de los líderes de la resistencia anahuaca (que no todos), un “acuerdo diplomático” alcanzado por ambos bandos del conflicto armado para “pacificar” la pugna que en esos años desangraba al invadido Anahuac de costa a costa, algo que no convenía a ninguna de las dos partes, pues por el lado español la creciente guerra y violencia imposibilitaba la estabilidad de su régimen, y por el lado anahuaca, el número de muertes y destrucción se había vuelto insostenible, y aunque la victoria aún seguía “visible en el horizonte”, lo único que iban a recuperar de seguir así las cosas era un territorio completamente en ruinas.

Dicho TRATADO DE PAZ, hoy conocido como “Manto de la Virgen de Guadalupe”, fue creado gracias a la colaboración del “tlacuilo” (escribano) indígena converso Marcos Cipactli quien bajo la supervisión de Fray Alonso de Montufar, pintó dicha “carta de pacificación” de la Virgen Morena en el IDIOMA ANCESTRAL del Anahuac, es decir en forma de CÓDICE O DIBUJO SIMBÓLICO, precisamente porque aquellos primeros mexicanos que seguían en pie de guerra contra la instauración de la Colonia (al igual que sus ancestros), no usaban letras alfabéticas para “escribir” como lo hacemos nosotros hoy día, pues nuestros antepasados utilizaban símbolos y figuras IDEOGRAFICAS para transmitir su Conocimiento y mensajes; en otras palabras, los anahuacas todo lo dibujaban, nada lo escribían, pues se decía que solo los Símbolos y no así las letras (signos), servían para representar los más elevados conceptos humanos, pues a la par lograban evocar ideas y sentimientos vivos en quien los “leía”, apelando no solamente a la parte cognoscitiva de los seres humanos, sino también a su parte emotiva y espiritual.

Fue por ello que el TRATADO DE PAZ DEL TEPEYAC o LIENZO GUADALUPANO desde el inicio se trató de una PINTURA y no de un documento escrito en letras latinas o en algún idioma occidental (como fuese el caso reciente de los Tratados de Versalles escritos con letras, mismos que pusieron fin a la Primera Guerra Mundial al servir de “CARTAS de acuerdo de PAZ”)

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No obstante a pesar de la verdad expuesta hasta ahora, en este punto del presente ensayo sigue en el aire una terrible interrogante: si lo anahuacas del siglo XVI, SABÍAN PERFECTAMENTE que el “lienzo de Juan Diego” no era producto de un milagro ni mucho menos la prueba de una aparición divina en el Tepeyac, sino el resultado DIRECTO de una obra humana destinada a servir de “Carta de Negociación de la Paz” escrita expresamente en el idioma que entendían los “jefes anahuacas” de la resistencia; entonces, ¿Por qué hoy en día, buena parte de la población del país, cree todo lo contrario?, es decir, ¿Por qué muchos mexicanos consideran que realmente una Virgen Morena apareció en el Tepeyac y dejo plasmada milagrosamente su divina imagen en el ayate de un indígena?.

La respuesta a la pregunta anterior, es muy simple lo mismo que indignante, y es que una vez más, el invasor europeo hizo gala de su falta de escrúpulos para hacerse del poder total y mintió faltando a su palabra, pues la Iglesia católica y la corona española traicionaron a quienes en su momento atendieron su “oferta de paz” y décadas después de aceptado y respetado al acuerdo de deposición de las armas que representaba la “imagen de la Virgen Morena”, precisamente en el año de 1648, los clérigos trastocaron el viejo pacto e inventaron el indecible “Mito Guadalupano”, al descaradamente difundir en sus iglesias y colegios de todos los niveles sociales que una “Virgen Morena” se le apareció realmente al supuesto indio Juan Diego en el monte sagrado del Tepeyac ese 12 de diciembre de 1531, pidiéndole a “su pueblo aun en lucha que dejara las armas y aceptara la Nueva Religión traída del otro lado del mar, pues esa era la voluntad de Dios”

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Esta inhumana mentira que pone de relieve la podredumbre moral del virreinato, fue fácilmente creída por la ciega sociedad novohispana del ya adentrado siglo XVII, pues para ese entonces, la población originaria del Anahuac había sido casi completamente evangelizada y asimilada, luego de ser sometida por varias generaciones a la constante conversión católica y al lavado de cerebro colonialista (quedando la resistencia de la vieja Anahuac que NO ACEPTO EL TRATADO DE PAZ relegada en pequeñas burbujas rebeldes, en apartadas regiones, lejos de las ciudades principales), borrando así el rastro de lo que verdaderamente fue el origen del CÓDICE VIRREINAL GUADALUPANO como documento que pactaba una “paz” al modo que visualizo la iglesia en ese momento, pero que a la postre por intereses aún más mezquinos, paso a ser mostrado por la misma iglesia católica, como una milagrosa y fehaciente PRUEBA DE LA APARICIÓN MARIANA en tierras americanas.

Entre los clérigos que impulsaron la mentira de la aparición en el Tepeyac, encontramos al padre franciscano Miguel Sánchez a quien se le considera el autor intelectual de la propagación de este engaño en el siglo XVII, pues recuperó del olvido a la vieja manta del Tepeyac que pintara Marcos Cipactli y que selló la “antigua pacificación”, para ahora usarla con un propósito oscuro al convertirla en el “símbolo de la idolatría colonial”. Fue a partir de entonces, que la población inculta y adoctrinada se olvidó de lo que realmente significaba el Códice Guadalupano y lo comenzó a tomar LITERALMENTE como un objeto milagroso al cual venerar como prueba de la aparición de la “madre de Dios”, algo que irónicamente los anahuacas del siglo anterior no habían hecho, pues de lo único que si hay constancia es que las sociedades modernas de la Colonia y del México independiente son las verdaderamente fanáticas e idolatras y no así las poblaciones originarias mexicanas como falazmente se les acusa de haberlo sido.

Es importante señalar en honor a la verdad, que también hubo excepcionales casos, donde propios miembros del clero de la Colonia, manifestaron su total desacuerdo en tener que mentirle al pueblo novohispano y estuvieron en contra de inventar supuestas apariciones divinas en el Tepeyac. Algunos incluso se opusieron tan abiertamente al engaño del “Mito Guadalupano” que dejaron constancia documental y muestra de ello, es la declaración de Fray Francisco de Bustamante, quien textualmente dice así en uno de sus escritos:

“Si se trata de apartar a los indios de la Idolatría, ¿por qué se les obliga a los indios a adorar a la Virgen de Guadalupe pintada apenas ayer por el indio Marcos Cipac?”

Se conserva un escrito que data de 1556 donde Fray Francisco de Bustamante detalla al Virrey que el “Manto de la Virgen de Guadalupe” fue pintado por el indígena Marcos Cipac (tli). Otros religiosos que se negaron a difundir la mentira de la aparición guadalupana fueron Fray Toribio de Benavente (Motolinia) y Fray Servando Teresa de Mier. Incluso, hay textos de la época que desmienten el Mito Guadalupano, por citar alguno tenemos la Colección del Fray Juan de Torquemada intitulada como “Monarquía Indiana”, donde se puede apreciar que no se habla de ninguna supuesta aparición en 1531 (pues no la hubo, solo fue un Concilio para negociar el fin de la guerra) e incluso precisa que el origen del nombre de Guadalupe es en honor a la virgen de los fanáticos Colon y Cortes, el texto dice:

“… nuestros primeros religiosos en el Tepeyac edificaron una iglesia a la madre de Dios en su advocación extremeña (es decir, venida de Extemadura), la Virgen de Cristóbal Colon y de Hernán Cortes, Nuestra Señora de Guadalupe”

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Otros hombres prominentes e intelectuales más contemporáneos, que denunciaron la mentira de la aparición Guadalupana fueron Joaquín García Icazbalceta y el monseñor Eduardo Sánchez Camacho obispo de Tamaulipas, quien dicho sea de paso fue amenazado de muerte en múltiples ocasiones por su atrevimiento de tirar abajo el Mito Guadalupano, al grado que se vio en la necesidad de abandonar el país y huir hacia Estados Unidos 1895. En una de sus declaraciones antes de refugiarse en el extranjero, el obispo dijo:

“… declaro con toda sinceridad que no es mi capricho el que defiendo, sino la vergüenza que me da el haber pertenecido a un gremio de obispos que se empeñan en sostener e imponer una cosa falsa a todas luces… es falso que la madre de Cristo se haya aparecido en el cerro del Tepeyac, es absolutamente falsa la aparición guadalupana, la pintura que ahí se veneraba como si fuera obra de los ángeles ha desaparecido y ha sido sustituida por una nueva que el ilustrísimo Abad Florentino Plancarte mando pintar para sustituir aquella otra que estaba casi totalmente destruida, es vergonzoso imponer a los pobres indios analfabetas una falsa creencia y hacerles gastar el miserable producto de su diario día de trabajo en venir a adorar un trapo viejo en el Tepeyac”

Estimados lectores, no queda más que exhortarlos a que ciertamente solo los mexicanos y NADIE MAS, les corresponde el reservarse el derecho de considerar al “Lienzo Guadalupano” como una reliquia nacional “venerable” o una simple pintura religiosa, PERO si alguien la considera venerable, que NO LO HAGA POR EL MOTIVO EQUIVOCADO, pues no se trata de la supuesta prueba de la aparición MILAGROSA de una “tropicalizada Virgen católica”, en todo caso, esa ya desgastada pintura en el Tepeyac que retrata a una afligida y amorosa mujer morena (hay quienes aseguran que se trata del retrato barroco de la princesa Tecuichpo, hija del tlatoani Motecuhzoma Xocoytzin), debe ser vista como una CARTA INDÍGENA virreinal que evitó de alguna forma que más personas inocentes fueran asesinadas y martirizadas por el tiránico yugo colonizador, ahí es justamente donde reside lo “venerable” de la imagen de la Virgen Morena, en que sirvió (momentáneamente) de “balsa” para salvar muchas vidas y dar tiempo a nuestra cultura de resguardar el conocimiento ancestral bajo nuevas formas, ese es el GRAN VALOR del “ayate de Juan Diego Cuauhtlatoatzin”, el haber “relentizado” en cierto modo el genocidio cultural del Anahuac por tratarse de un desesperado intento de PACTAR EL FIN DE LA GUERRA bajo cualquier precio entre los heroicos primeros mexicanos y la hostil corona española.

No obstante, por otro lado dejamos a la conciencia de cada quien decidir si es correcto rezarle a una imagen inanimada con forma humana por más “bella” que esta pudiera resultar; sin embargo, lo que NO tenemos permitido como hombres conscientes, es el dejar de denunciar que es una inmoralidad y un atentado contra la humanidad, la oscura empresa de algunos jerarcas de inculcar en las mentes y corazones de los mexicanos de hoy, las mismas ciegas creencias colonialistas de siempre basadas en MENTIRAS CRUELES y FANTASÍAS PERVERSAS, mismas que nuestros propios ANCESTROS NO CREYERON y COMBATIERON.

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Preguntémonos qué se gana siendo esclavos mentales de imágenes falsas e idolatrías que lejos de acercar a los buenos mexicanos a la verdad y “al Cielo” que se merecen, los acercan más a la barbarie fanática y “al Infierno” (de la ignorancia). No seamos cómplices de la debacle espiritual de nuestro pueblo, si nuestros “Viejos Abuelos” vieron en el manto guadalupano una oportunidad para salvar algo de su valioso conocimiento no los juzguemos mal, mejor cuidemos que no seamos nosotros los que vengamos a destruir todo ese gran esfuerzo de siglos.

Si en verdad hay CONOCIMIENTO ESCONDIDO y valioso en el “ayate del Tepeyacac” que nos dejaron nuestros sabios ancestros, pues RETIREMOSLO DEL ALTAR CATÓLICO y llevémoslo a DONDE DEBE DE ESTAR, en nuestro gran Museo Nacional de historia como parte de nuestro legado cultural. Extirpemos ya, el mensaje “dibujado” solo para ojos preparados, que nos dejo Marcos Cipactli y Juan Diego Cuauhtlatoatzin en esa vieja tela de limo y cáñamo y dejemos de cuidar “el cofre en vez del tesoro”, al “inerte cascaron en lugar de la vida”, “a la mascara en lugar del rostro bajo de ella”, ya no veneremos mentiras, mejor veneremos verdades, salgamos del hechizo, entendamos de una buena vez que el Manto Guadalupano es el pacto roto de una promesa de paz que nunca le llegó a nuestros Viejos Abuelos y que lo único sagrado en ese viejo ayate no es su presunto “origen divino”, sino su olvidado mensaje venido de un mundo en agonía que a gritos pedía una esperanza a la cual aferrarse (y lo logró).

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Valoremos ese sacrifico de Marcos Cipactli y Juan Diego Cuauhtlatoatzin depositando respetuosamente su piadosa obra en el lugar al que pertenece, en un honorable museo, y dejando atrás idolatrías y cadenas mentales del oscuro virreinato, despertemos a Nuestra Verdadera y Ancestral Fe del Anahuac, la que NUNCA necesito de apariciones divinas para ser real y hermosa.

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“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

Texto original: FB-Pueblo de la Luna. Metzitzin

“Consejos de un Padre anahuaca a su hijo varón”

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Para adquirir el conocimiento perfecto de una civilización deben examinarse no solo sus avances científicos o artísticos, sino también LAS REGLAS DE CONDUCTA de sus propios habitantes, el tipo de convivencia establecido entre ellos, las formas de decencia y de política, sus leyes y todo aquello que gobierna y rige a cada uno de los actos habituales de la vida de sus ciudadanos. Pues bien, para nuestra fortuna disponemos de medios y documentos para juzgar el avance moral de la sociedad anahuaca, bajo el punto de vista de los valores familiares y sociales inculcados a sus niños y jóvenes.

A parte del hermoso y altamente civilizador “Libro de los Consejos de los Ancianos” o “HUEHUETLATOLLI” en el idioma náhuatl, felizmente se conservan otros escritos y reproducciones FIELES, del tipo de INSTRUCCIONES que los padres y madres del Anáhuac daban a sus hijos e hijas, sin importar la clase social a la que perteneciera la familia. En este ensayo, tomaremos en cuenta otra fuente distinta al Huehuetlatolli, no sin antes resaltar el hecho de que se trata también de una FUENTE OFICIAL, pues proviene de las anotaciones legales y registros del burócrata y jurista de la corona española Alonso de Zurita, oidor oficial de la “Real Audiencia” en América. Notas personales que el propio Zurita capturó al respecto de los testimonios que los anahuacas expresaban acerca de su cultura y moral, cuando eran consultados por los propios frailes o al verse interrogados en las audiencias condenatorias frente a sus enjuiciadores europeos.

El texto de Zurita que reproduciremos aquí puede ser consultado en la página 132 de la “Colección de documentos para la Historia de México, de Ternaux-Compans”.

En esta ocasión y por razones de economizar letras, únicamente plasmaremos el código de conducta anahuaca transmitido de un PADRE A SU HIJO VARÓN, dejando pendiente para una futura publicación el tipo de consejos que las madres destinaban para sus hijas. He aquí pues, estos bellos, floridos y decorosos consejos familiares entre antiguos mexicanos, que dicho sea de paso, bien haríamos todos nosotros (seamos padres o tíos), en llevar estas mismas sabias palabras ancestrales al seno de nuestros hogares para  bien encausar a nuestros “pequeños jilotitos y maíces tiernos” (niños y jóvenes):

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(Versión adaptada al castellano)

“CONSEJOS DE UN PADRE ANAHUACA A SU HIJO”:

“… mi querido hijo, creado por la voluntad del Dador de la Vida, a la vista de tu padre, de tu madre y de tus parientes: así como un palomito al salir del cascaron procura aprender a volar, tú también debes procurar el aprender a sufrir las contrariedades de la existencia. Ignoramos hasta cuando el Dador de la Vida permitirá que te tengamos entre nosotros; pídele, hijo mío, que te proteja, porque te ha creado, es TU PADRE y te ama más que yo. Dirígele tus ruegos de noche y de día, sea el objeto de tus pensamientos, sírvele con amor, que él tendrá comprensión de ti y te cuidara de todo vicio. Respeta todo lo relacionado con nuestro Dador de la Vida, ofréndale con devoción y observa las fiestas sagradas en su honor…

… honra y saluda a los ancianos, consuela a los pobres y a los afligidos con tus discursos y con tus buenas obras…

… reverencia, ama y sirve a tus padres, obedéceles, porque el hijo que se conduce de otro modo termina por arrepentirse…

… querido hijo, ama y honra a tus semejantes y vivirás en paz, no imites a los insensatos que no respetan padre ni madre, y que como animales no escuchan los consejos de ninguna persona…

… cuida bien hijo amado, de no burlarte de los ancianos, de los enfermos, de los estropeados y de los delincuentes. No te ensoberbezcas al compararte con ellos, no los odies, inclínate delante del Dador de la Vida y teme llegar a ser tan desgraciado…

… no envenenes a nadie, porque ofenderás al Dador de la Vida en sus criaturas, serás castigado y morirás de la misma muerte…

… se honrado, sociable y no causes daño a nadie…

… no te mezcles en asuntos a los que no has sido llamado, por temor a disgustar o de pasar por un entrometido…

… guárdate de herir a nadie, huye del adulterio y la lujuria, vicio funesto que causa la perdición de quien le sigue…

… nunca des malos ejemplos, se modesto en tus discursos, no interrumpas a las personas que hablan, no las incomodes; si se expresan mal, si se engañan, conténtate con no imitarlas. Guarda silencio cuando no se te pregunta, y cuando se te pregunte, responde abiertamente sin pasión y sin mentir. Habla interesado en los demás y se hará caso de tus discursos, no centres la plática en ti mismo. Si evitas hijo querido, referir cuentos o recordar burlas, te excusaras de mentir y de sembrar discordia, lo que siempre es objeto de confusiones para quien lo hace…

… no vagues mucho por las calles, no pierdas el tiempo en las plazas y baños, para que no te tienten los malos vicios. Se modesto, no seas descuidado contigo mismo, ni demasiado esmerado en tu porte, pues siempre es señal de poco juicio…

… donde quiera que te halles procura no mirar con descaro a los demás, no hacer muecas, ni movimientos deshonestos, pues serás tenido por un libertino…

… no agarres a nadie de la mano o de sus vestidos, pues esto es indicio de tener un espíritu indiscreto. Cuida cuando andes, de no obstruir el paso de los demás…

… si se te pide que te encargues de un negocio con el objeto de experimentarte, excúsate políticamente aunque pudieses sacar de él alguna ventaja, y serás tenido por hombre prudente y juicioso…

… al entrar o salir de cualquier parte, deja pasar delante a los viejos y superiores, evita tomarles la delantera; cédeles siempre el lugar más distinguido y procura no sobreponerte a nadie, a no ser que tengas mayor categoría, pues de lo contrario serás mirado como un malcriado…

…. no comas, ni bebas demasiado; y si alguno se presentare cuando estés en la mesa, bríndale a tomar parte en tu comida, y serás recompensando. Si comes con otros hazlo sin apresuramientos y sin avidez, pues de otro modo pasaras por un glotón. Come con la cabeza baja y procura no acabar antes que los demás, a fin de no ofenderlos…

… si te hacen algún regalo, por insignificante que sea, no lo desdeñes, no te creas acreedor a mayor regalo que ese, porque después ya más nada ganaras para con los hombres, ni para con el Dador de la Vida…

… confíate enteramente al Dador de la Vida, pues él es quien ha de enviarte el bien e ignoras cuando puedes morir…

… yo me encargo de darte lo necesario, esfuérzate y espera pacientemente. Si quieres casarte, dímelo; y puesto que eres mi hijo, no trates de hacerlo antes de haberlo tratado conmigo y tu madre…

… no seas embustero, ni ladrón; pues el uno de estos vicios produce el otro y ambos son muy vergonzosos. Si lo evitas, conseguirás el no ser injuriado en las plazas y en los lugares públicos…

… inclínate siempre a lo mejor. Siembra y recogerás; si vives de tu trabajo vivirás satisfecho y querido de tus parientes…

… no se viene a vivir a este mundo sino con muchas penas y solo con gran dificultad se adquiere lo necesario. Mucho me ha costado el criarte a ti, y sin embargo, ni te he abandonado, ni te he hecho nada de que te puedas avergonzar…

… si quieres vivir tranquilo no murmures de nadie, porque la murmuración provoca riñas…

… conserva en secreto lo que oigas decir de otros, que se sepa más bien por otros que por ti, y si tienes que decirlo porque creyeses que harías bien con esto, entonces habla francamente y sin ocultar nada…

… no cuentes aquello de lo que hayas sido testigo, se discreto, porque es un vicio muy feo la habladuría, y si mientes serás ciertamente castigado. Guarda silencio, pues nada se gana con hablar, mejor obra…

… si te enviasen con un recado a cualquiera y este te acogiere poco favorablemente hablando mal del que te ha enviado, no le refieras el mensaje en su momento de mal humor, aguarda hasta que se serene. Al volver, si se te preguntare como has sido recibido por aquel destinatario, responde tranquilamente y en términos ocultando todo lo malo, esto por temor a enojar aún más a las dos partes en conflicto y de que termine el asunto de un modo lamentable. Evítate tener que exclamar después tristemente: ¡ah si no lo hubiera yo dicho! Pues ya será demasiado tarde y pasaras por un enredador sin tener excusa…

… no tengas ninguna relación con mujer de otro, vive con pulcritud de actos, porque nadie vive DOS VECES en este mundo. La vida aquí es corta, difícil y todo tiene un término…

… no ofendas a nadie, no atentes contra su honor, hazte digno de las recompensas que el Dador de la Vida concede a quien le place, recibe lo que te diere, agradécele por ello, y si fuera mucho no por ello te ensoberbezcas. Humíllate, pues no por eso tu merito será menor y en cambio quitaras a los demás la ocasión de murmurar de ti; por el contrario, si te atribuyes lo que no te pertenece, te afrentaras y ofenderás al Dador de la Vida…

… cuando alguien te hable, no muevas los pies y manos, no mires a derecha e izquierda, evita levantarte, o sentarte si estas de pie, para que no pases por un aturdido o poco sociable…

… cuando estuvieses al servicio de una persona, emplea el mayor celo en hacerte útil y serle agradable, y así conseguirás siempre ser bien tratado, pero si hicieres lo contrario, no podrás estar lado de nadie ni conseguir mejor oficio…

… no te envanezcas de lo que el Dador de la Vida te ha dado, y no desprecies a los demás, de lo contrario lo ofenderás a él, quien te ha colocado en una posición honrosa…

… si eres lo que se espera de ti, se te citara a los demás como ejemplo cuando se trate de corregirlos…

… hijo mío, si no escuchas los consejos de tu padre tendrás un final desastroso y solo tuya será la culpa; he aquí estos consejos que te da tu padre que te quiere, obsérvalos y ganaras mucho en ello… “

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“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

 

Texto original: FB_Pueblo de la Luna. Metzitzin

Toxiuhmolpilia: El rito del “Fuego Nuevo” del Anahuac

 

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Existe un misterio poco conocido de Nuestro Pasado, que se encierra en una de las Celebraciones Sagradas de los primeros mexicanos. Sucedía en la época antigua, una solemne y ominosa fiesta cada 52 años en los días del ingreso del invierno y que por encima de cualquier otra fiesta religiosa existente en el Anahuac, aquella se trataba de la  ceremonia más venerada e importante dentro del antiguo “Calendario ritual de las 20 Fiestas aztecas” (Cempoalilhuitl), pues contenía en igual medida elementos astronómicos y científicos como esotéricos y metafísicos, mismos que hoy día comienzan a ser redescubiertos por diversos campos de la ciencia moderna y revalorados por los saberes ancestrales de la astro-teología. Tal “Celebración Magna” de nuestros ancestros, que alberga un conocimiento profundo y fascinador del elemento “Tiempo”, llevaba por nombre el de TOXIUHMOLPILIA, que bien puede ser traducido como “La Atadura de nuestros Años”, aunque en épocas actuales a esta “Gran Fiesta de las Fiestas” se le conoce entre los estudiosos y entusiastas de nuestra cultura anahuaca bajo el nombre de “Ceremonia del Fuego Nuevo”.

Antes de abordar el gran mensaje contenido en esta antaña Celebración que ahora expondremos, es importante señalar que el propósito de este ensayo es OFRECER datos únicos y por ende sobresalientes, al respecto de esta “Fiesta del Fuego Nuevo”, misma que ya es muy celebrada y reconocida hoy día por gran número de personas, pero al mismo tiempo sigue siendo muy poco comprendida y estudiada. Los datos apegados al rito que verteremos en la presente publicación son parte del esfuerzo nuestro en aras de conservar la cosmovisión y el rito originario de nuestras fiestas, tocando el turno en esta ocasión a la MAS SAGRADA DE LAS FIESTAS MEXICANAS: el Toxiuhmolpilia.

Se dice en los mitos anahuacas, que esta Celebración del “La Atadura de nuestros Años” data desde tiempos del mismísimo origen del “Sol actual” y que fue transmitida y celebrada generación tras generación, desde aquellos remotos días de la creación de la reciente humanidad; una afirmación onírica a simple vista, pero que en buena medida parece corroborarse a la luz de los hallazgos de la antropología moderna, puesto que entre los académicos e investigadores contemporáneos es prácticamente unánime la opinión de que esta “Celebración del Fuego Nuevo” nos viene legada a los mexicanos (y al mundo entero) desde una antigüedad verdaderamente insondable y por lo tanto, su origen es tan viejo y difuso que es imposible de precisar cuándo fue la primera vez que se realizó. Prácticamente podríamos asegurar (por algunas razones obvias que detallaremos más adelante) que la Celebración del Fuego Nuevo nació junto al desarrollo de la “Cuenta del Tiempo y la Matemática Sagrada del Anahuac”, la cual comenzó a ser utilizada POR LO MENOS desde hace más de 5 mil años, de acuerdo a la datación de la famosa Estela maya de Quirigua (hoy Guatemala) donde está inscrita en la piedra de aquella reliquia-monumento la fecha con la que inicializó (13 de agosto del 3114 A.C.) la cuenta calendárica que rigió los cálculos del paso del tiempo en todos los recintos científicos (“Calmecac”) y templos-observatorios (“Tzacualilhuicalli”) el Antiguo Anahuac.

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En lo tocante a la cosmovisión y la ritualidad que envuelven a la ceremonia del Toxiuhmolpilia o Fuego Nuevo, es importante señalar primeramente que ésta se realizaba entre los días 17 y 20 de noviembre según el calendario romano actual o bien, a la mitad del mes anahuaca Tepeilhuitl; no obstante, esta ceremonia no se realizaba anualmente, sino al finalizar de un Ciclo Cósmico Sagrado (un “Xiuhmolpilli” o siglo anahuaca) que SUCEDÍA CADA 52 AÑOS EXACTOS y que era el tiempo preciso que les tomaba a las cuentas autónomas y paralelas del Calendario Solar (“Tonalpohualli”), del Calendario Terrestre (“Cauhpohualli”) y al Calendario de Venus (o Cuenta larga) converger nuevamente en un “día cero inicial” equivalente al “Primero de los días” de cuando la “Cuenta del Tiempo” comenzó en sus albores. Dicho “día convergente” donde los tres calendarios sagrados se sincronizaban, servía de renovado punto de partida para el siguiente Ciclo Cósmico de 52 años.

No obstante, a la par de ese portentoso entramado matemático que desarrollaron nuestros antepasados, quienes supieron correlacionar y hacer converger en UN MISMO PUNTO O MOMENTO los “ciclos espacio-temporales” de los tres astros mas sagrados (Sol-Tierra-Venus), aquel largamente esperado rito del Toxiuhmolpilia fue premeditadamente calculado por los astrónomos de los templos anahuacas (los “ilhuicatlamatini”) para que COINCIDIERA con un extraordinario evento astronómico que también sucede cada 52 años y que consiste en la ascensión al Cenit o “Centro del firmamento nocturno” del Cumulo de las Pléyades, algo que nuestros ancestros sabían con extrema precisión y que les servía de “herramienta de calibración” para ajustar todos sus calendarios científico-religiosos y tenerlos de ese modo, perfectamente sincronizados entre sí y con los REALES MOVIMIENTOS de los astros.

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De tal suerte, esta “Celebración Magna” del Cempoalilhuitl, llamada Toxiuhmolpilia o Ceremonia del Fuego Nuevo, se realizaba exclusivamente CADA 52 AÑOS, aunque cada Año Nuevo (“Atlacahualo”) se llevaba a cabo un gran fiesta cuyo motivo era la sahumación y consagración de la caña o carrizo (que representaba “una unidad”) que había servido de poste de la sagrada Bandera insignia (“Pantli”) que portó el glifo sagrado y representativo del Año anahuaca (“Xiuitl”) que había terminado. Dicho carrizo tallado con símbolos sacralizados, vendría a ser depositado y custodiado celosamente en un venerable altar del Tlillancalco (“el Palacio Negro”), conformando así paulatinamente una pila de carrizos que crecía en orden de uno, año con año, hasta completar los 52 carrizos al cabo (naturalmente) de los 52 años que había entre un Toxiuhmolpilia y el siguiente. Tales carrizos atesorados en el Templo del Cihuacoatl (“Supremo sacerdote”) habrían de servir de “leñas” para calentar y encender la gran hoguera que enmarcaba el momento cumbre de dicha celebración quincuagenaria del Fuego Nuevo, que como ya hemos dicho sucedía cuando el cumulo de las Pléyades se posaba sobre el cenit de la “jícara celeste” o firmamento. Sigue leyendo

El Origen de la Veneración a las Montañas y Cerros en el Pensamiento Anahuaca

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Nos encontramos en el mes 13, dentro del Calendario Religioso (Cempoalilhuitl) del Antiguo Anahuac, siendo el nombre de este mes ya en curso, el de TEPEILHUITL que a bien se traduce como la “Fiesta de los Cerros o Montes” y es por esta misma razón tan importante, que esta nueva publicación nuestra tendrá como propósito clarificar las Razones Originarias del por qué las ALTAS CUMBRES NATURALES eran tan sagradas y tan celebradas por los primeros mexicanos.

Para empezar, podemos citar la forma ya ampliamente conocida por muchos, de cómo se llevaba a cabo la Ceremonia ritual dedicada a la fiesta de “Tepeilhuitl”, la cual consistía en procesiones religiosas que se iniciaban al amanecer (“Iquiza Tonatiuh”) y a paso de tambor y caracol (marcha “teonenemi”), encabezadas por los “Ofrendadores o Custodios de lo Sagrado” (Sacerdotes/Tlamacazqui) disfrazados de “tlaloqueh” (sirvientes de Tlaloc). Estos desfiles festivos y sagrados eran nutridos por largas filas de gente que jubilosamente asistía para caminar en grupo, a través de senderos apartados al interior de los valles, con la intención de llegar hasta la cima de las elevaciones naturales cercanas a sus poblaciones, que podían tratarse de montañas, montes o cerros según el caso.

Acto seguido, una vez que se encontraban en la parte más alta de los cerros, la gente allá reunida en lo alto depositaba sus ofrendas de muy variadas índoles, en los Templos construidos en dichas cimas (llamados Ayauhcalli o “Casas de la Niebla” y dedicados a la Astralidad dual de Tlaloc-Chalchiuhtlicue), mientras en mansa convivencia en medio de banquetes y actividades lúdicas, los asistentes aguardaban por el ocaso (“Onaqui Tonatiuh”) y la llegada de la neblina característica de aquellas considerables alturas, para de ese modo todos juntos, poder festejar a su querido monte inmersos “ENTRE NUBES”, elevándole cantos y rezos, al tiempo que los más ataviados (especialmente para la ocasión) danzaban extasiados sus bailes sagrados de agradecimiento a la Naturaleza y al Cosmos por las lluvias otorgadas ese año, mismas que posibilitaron que las cosechas se lograran, pero al mismo tiempo, aquellos que festejaban en las cimas danzaban para despedir solemnemente a las últimas precipitaciones que habrían de caer del cielo antes de que la temporada invernal, ya en ciernes (mes 14), entrara de lleno y con ella comenzara la época de estiaje o secas.

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Las personas que no podían asistir a estas caminatas a campo abierto, por razones de edad u oficio, ofrendaban en los templos de la ciudad unas figurillas hechas de amaranto (“tzoalli”) preparadas ricamente y con forma de “montes”, mismas que colocaban sobre alfombras de heno (“pachtli”) para reverenciar de ese modo “la ya muy vieja edad de los cerros”. Sigue leyendo

Encuentro Moctezuma-Cortés: el día que cambio la Historia del Mundo.

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8 de Noviembre de 1519, día que el invasor Hernán Cortés (a la cabeza de sus sanguinarias y engrosadas huestes conformadas por cientos de españoles y miles de tlaxcaltecas), hizo su entrada en la esplendorosa México-Tenochtitlan. El “Ue Tlatoani” de la ciudad, Motecuhzoma Xocoyotzin (Moctezuma II) sin sesgo de cobardía y haciendo ostentación de su honorabilidad y diplomacia se ofreció a la vista de sus enemigos haciéndose rodear de un fausto y de una elegancia a la altura de cualquier otro Gran Señor y Soberano del mundo hasta entonces conocido, pues se dice en las crónicas de aquel negro día, que Moctezuma de sereno semblante y erguido con galantería recibió a los indignos de él y malolientes detractores suyos, revestido en una gloria equiparable a los recibimientos de etiqueta del mismísimo “Rey Sol” Luis XIV o del Gran Mongol Genghis Khan.

Era claro que la intención del legendario tlatoani mexica de recibir en su propia casa a quienes le deseaban la muerte, obedecía no a una “rendición adelantada” como intentan hacer creer los patrañeros eurocentristas que cuentan la historia a su conveniencia, sino a las añejas tradiciones anahuacas de no iniciar conflicto alguno sin antes MIRAR DE FRENTE los ojos del adversario y ahí mismo cara a cara, como nobles guerreros declararse sus afrentas o detener la guerra a cambio de una paz negociada, una diplomacia y usanza entre los honorables Señores Anahuacas que ningún barbárico europeo del siglo XVI entendería y ciertamente el intrigoso y desleal Hernán Cortés no fue la excepción a la regla, pues dicho sea de paso, el Extremeño nunca luchó una batalla con él mismo por delante sino siempre al cobijo y detrás de las anchas líneas de sus engañados soldados.

Para aquel día apertura del mes anahuaca de Tepeilhuitl, Moctezuma superaba los 50 años de edad, seguía siendo un hombre en plenitud física y su alto nivel de conciencia y madurez mental estaba exenta de cualquier sospecha, pues su gran sapiencia había sido manifiesta durante las ya casi dos décadas en las que llevaba ocupando dignamente el Alto cargo de Tlatoani (la Voz de todos) que el “Tlatocanecentlaliliztli” (Consejo Supremo) le había conferido a él, Xocoyotzin, por encima de cualquier otro aspirante, precisamente por ser destacado y valiente guerrero y un hombre de “prudentes palabras”.

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Así pues, lo que Cortés tuvo frente a sus ojos aquel día que entró a la excelsa capital azteca, fue a un hombre que le opacó en todo sentido, pues Moctezuma lucía a los ojos de los españoles como un hombre-astro o una ensoñación divina, como un monumento vivo de piel dorada y elevada estatura, de carnes esbeltas y músculos firmes, de fisonomía seria y grácil, lleno de nobleza y con un rostro recio pero atemperado de bondad. Tal fue el impacto y fascinación que Moctezuma produjo en las mentes españolas, que les pareció estar ante la viva imagen encarnada en un cuerpo moreno del “Nuevo Mundo” de un prístino santo de la antigüedad o del mejor de los apóstoles de ellos los católicos, no siendo gratuito el apodo de “Santozoma” que a la postre los españoles dieran al tlatoani a quien con solo con verle por primera vez, hizo que se le borraran a Cortés las intenciones de matarle como un enemigo más y sí en cambio, aceptar el ofrecimiento de ser su huésped y encerrarse en el Palacio de Axacayatl para en serenidad pactar la paz y ver salir de ahí una posible alianza entre reinos de ultramar en lugar de la guerra genocida que terminó desatándose al final, auspiciada por los celosos tlaxcaltecas, los eternos bárbaros del Anahuac quienes apoyados por el troglodita Pedro de Alvarado alejaron a Cortes de su “vana” idea de ser amigo de Moctezuma a quien como un “Judas” de la tradición católica terminó traicionando luego de estrechar su mano aquel 8 de noviembre del 1519, una decisión digna de un hombre sin honor que solo podía esperarse de un romanizado colonizador, y que cambiaría para mal el curso de LA HISTORIA MUNDIAL, pues de haber continuado Cortés con la humanitaria y sabia invitación de Moctezuma a formar honestos lazos de cooperación entre la corona española y la mexicana, entre el mundo de Anahuac y el de Europa, el MUNDO ENTERO (y no solo ellos dos) hubiese avanzado a pasos agigantados en todos los aspectos, desde lo científico hasta lo moral, en lugar de haberse sumido por siglos en el estancamiento de la barbarie imperialista y la ignominia moral que hoy día es conocida (y padecida) por todos sin importar la latitud. Sigue leyendo

La MUERTE y los SUPRA-MUNDOS de la Cosmogonía Anahuaca

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Hoy es nuestra fecha nacional dedicada a la celebración del “Día de Muertos” (MICCAILHUITL) y por motivo de ello compartimos gustosamente con ustedes el presente texto, mismo que se ocupara ampliamente en rescatar la COSMOVISIÓN ORIGINARIA DE ESTA FESTIVIDAD de los muertos (mexicana de origen y mundialmente reconocida), la cual, pese a que en la actualidad tiene añadiduras de la cultura comercial moderna y otras producto del sincretismo religioso (mayoritariamente con el catolicismo), no por ello deja de ser INOBJETABLE que la “sabia convivencia del buen mexicano con la muerte” nos viene legada desde tiempos del Antiguo Anahuac y en consecuencia, podemos estar seguros que el actual “Día de Muertos” conserva EN SÍ MISMO, mucho de la ESENCIA (aunque no tanto de la forma) de la ancestral fiesta MICCAILHUITL que celebraban los primeros mexicanos.

De momento, conviene dejar asentado que esta “solemnidad con la Muerte” se vigorizaba y celebraba en el Anahuac sobretodo en mes en particular perteneciente a su Calendario científico-religioso, propiamente nos referimos al mes que llamaban con el místico nombre de “Teotleco” (que bien puede ser traducido como “EL ASCENSO DE LO DIVINO” o “LA PARTIDA DE LAS ESENCIAS”) y que constituía el mes número 12 de un total de 19 meses sagrados (18 de veinte días, más uno de 5 días) y que a su vez constituyen el ciclo completo de la “Cuenta Cempoalilhuitl” donde estaban marcadas todas las fechas de las “Fiestas Sagradas” de nuestros ancestros.

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Dicho sea de paso, aquellas fiestas sagradas del Anáhuac en su mayoría, HOY DÍA LAS SEGUIMOS CELEBRANDO AUNQUE NO SEAMOS CONSCIENTES DE ELLO (como justamente es el caso del “Día de Muertos”) pues nuestras actuales fiestas religiosas caen en las mismas fechas en las que tenían establecidas las propias nuestros ancestros, pero ahora las viejas celebraciones del Anahuac nos han llegado mimetizadas, distorsionadas, parcialmente sustituidas o simplemente ocultadas detrás de la “mascarada” de las festividades católicas a los “Santos Patronos en los pueblos” que la impuesta religión romana nos ha hecho celebrar a ciegas en “nuestras propias fechas ancestrales”, aprovechándose del hecho de que durante la Colonia, los clérigos católicos tuvieron acceso al venerable conocimiento del CEMPOALILHUITL y así descubrieron en que días eran las festejos más importantes del calendario anahuaca para con ello, intentar reemplazarlas perpetuamente por fiestas católicas (una ruin tarea que no llevaron a cabo tan bien como creyeron, pues hemos comenzado a quitar la “paja” aventada sobre nuestras fiestas ancestrales para redescubrirlas y reclamarlas como nuestras otra vez).

Así pues, el mes de Teotleco en correlación con el calendario romano gregoriano (el hoy vigente) corre desde el día 18 de octubre hasta el 7 de noviembre (20 días), con lo cual se hace evidente una vez más, que los primeros mexicanos recordaban “a sus muertos” en las MISMAS FECHAS que nosotros hoy día, por tanto, no es un disparate ni una ligereza mental afirmar que nuestra celebración actual de “Día de Muertos” es una CONSECUENCIA DIRECTA de la fiesta anahuaca de MICCAILHUITL del mes de TEOTLECO. No obstante, también es importante y justo resaltar que la forma en que los primeros mexicanos pensaban acerca de la muerte y la honraban, dista en buena medida de la forma y configuración actual del Día de Muertos. Entre las diferencias más significativas “del ayer y el hoy”, podemos citar las siguientes (mismas que valdría mucho la pena reintegrar a nuestra manera actual de ver y celebrar a la muerte):

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1) Durante el mes de TEOTLECO, las procesiones y ceremonias no solo se centraban en la muerte humana, de hecho, la muerte de los hombres era la mínima parte del propósito de este mes anahuaca y su fiesta MICCAILHUITL; en realidad, el sentido de esta Festividad sagrada era HONRAR A TODAS LAS COSAS MUERTAS Y PEDIR POR SU RECICLAMIENTO CÓSMICO, empezando por la propia Naturaleza y el Universo, los soles, los mundos, las viejas ciudades, las plantas, los animales y hasta la tierra misma eran los “difuntos principales” de esta celebración (por encima de los familiares difuntos). En este punto, hay que recordar que cada una de las festividades del Anahuac tenían una estrecha e innegable relación con los ciclos del tiempo del planeta y fue precisamente ese el motivo por el cual, el mes “EL ASCENSO DE LO DIVINO” o “PARTIDA DE LAS ESENCIAS” (TEOTLECO) se escogió para celebrarse en días ya muy entrados del Otoño, que es la época del año donde ya no es posible arar y sembrar la tierra, pues su fecundidad se ha ido (se ha elevado al cielo) y en cierto modo, es lo mismo que decir que su “Esencia partió” y que ahora la tierra está “muerta”. No obstante, la intención no era lamentarse por ese hecho de que la tierra y el Universo morían, pues al igual que la vida humana, en las fiestas de TEOTLECO se le agradecía al “Creador” al “Padre-Madre” que se nos hallase prestado vida y que al igual que “la tierra muerta y estéril hoy, pero viva y fecunda mañana”, se le pedía a la Divinidad “no dejarnos morir para siempre”, se le rogaba “acogernos y reciclarnos en algo mejor” (un mensaje hermoso sin duda alguna).

2) En la filosofía del Anáhuac, lo único verdadero era la EXISTENCIA (Nemiliztli), pues la Vida (Yoliztli) y la Muerte (Miquiliztli) eran dos estados alternados de la Existencia misma. Se decía, que los muertos continuaban en “el Mas allá” el viaje que habían empezado en esta tierra, es decir, uno existía en la vida, pero también en la muerte.

3) No existía el concepto de “sepulcro”, para nuestros antepasados el hecho de depositar bajo tierra los cadáveres o las cenizas de los difuntos, más que un entierro representaba que SEMBRABAN A LAS PERSONAS DE NUEVO, era el simbolismo de que la Existencia nos reciclaba a todos. Se decía que las plantas, los animales que morían o personas perdidas cuyos cuerpos no se enterraban (sembraban) eran de cualquier forma encontrados por la Astralidad Tlaltecuhtli (el subsuelo) quien recibía en sus fauces los cuerpos inertes “para tragarlos, garantizando así que todos entrarían al ciclo del reciclamiento.

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4) Tampoco había la figura del panteón, salvo la excepción del sagrado Tzompantli que era el mausoleo donde se concentraban los cráneos de las personas muy especiales o prominentes ya fallecidas, al común de las personas SE LES SEMBRABA (enterraba) EN EL MISMO LUGAR DONDE HABÍAN NACIDO, lo anterior, con la finalidad de cerrar material y espiritualmente, el ciclo de su paso por la tierra. El cuerpo del difunto era regresado al punto inicial donde había comenzado su vida, por ello era muy común que en el seno de los hogares, bajo el piso de los jardines o salas, se encontraran los restos o cenizas de las personas muertas; pues en aquellas épocas, las personas nacían por medio de parteras en el interior de las casas. “Parir” y “partir” en cierto modo eran sinónimos, cuando menos semejantes en cuanto al lugar físico.

5) Para los antiguos mexicanos la Muerte era sagrada e inspiraba una respetuosa fascinación, mas no por el sentido morboso y sádico que hoy día creemos, sino porque ellos veían a la Muerte como el EJE RECTOR del Universo, pues la muerte era la medida de todas las cosas creadas, además de creer que todo cuanto estaba vivo, de una u otra forma, merecía morir. Así pues, Todo moría, nada quedaba sin morir y ese era el gran regalo del Creador, pues la Muerte nos hermanaba a todos con el Cosmos, “el rostro de calavera” era verdadero rostro de los hombres y su máscara de piel (la cara personal) no era más que un disfraz (un nahual). Tanto calaba la creencia de que todo cuanto existía moría, que incluso EL TIEMPO TAMBIÉN MORÍA, y fue en base a esa concepción del “tiempo perecedero” que tuvo lugar la instauración de la trascendental “Ceremonia del Fuego Nuevo” que se realizaba fastuosa y solemnemente al final de cada siglo cósmico de 52 años (Xiuhmolpilli), pues tal ceremonia era tomada por la población como eso, como “La muerte y entierro del Señor Tiempo” (incinerado y vuelto a sembrar).

6) Más que en la idea de “ánimas” que es la creencia catequizada de nuestros días, en el Anahuac se creía que lo que salía del cuerpo al morir, era el “Tonalli” (la energía pensante) y el Ehecatl (viento-espíritu) y que estas dos fuerzas no morían, sino que eran recicladas una vez concluido el proceso del viaje del difunto en el ”Más allá” (Mictlan), donde aguardaba por él la omnipotente “Astralidad Dual de la Muerte” (Mictlantecuhtli y Mictecacihuatl)

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7) Los altares familiares de la fiesta de los muertos en el Anahuac, no estaban dedicados en primer plano a los parientes difuntos sino a las ENTELEQUIAS SAGRADAS, y los rezos eran dirigidos a estas Fuerzas custodias o Señores de la “Región de los Muertos”, pues se sabía que los muertos NO REGRESABAN como “fantasmas” a este plano terrenal como hoy día se cree. Los primeros mexicanos sabían que sus muertos solo podían escuchar los lamentos y palabras de cariño de sus seres queridos aún vivos, tan solo algunas horas después de fallecer, cuando todavía su Ehecatl y Tonalli permanecían junto a su cadáver antes de partir a su viaje al “Mas allá”, después de ese punto, solo las Fuerzas custodias de la “Región de los Muertos” podían llevar o traer los mensajes entre los vivos y los occisos. Por ello resultaba inútil pretender hablar con los muertos directamente y hacer una ofrenda intentando agradarles, pues a quien se le hablaba e intentaba agradar con copal, flores y ofrendas era a los “Señores de la Muerte”, en otras palabras, en los altares del seno del hogar y templos no se veneraba a personas muertas, sino a los “Custodios celestes” que cuidaban del Tonalli-Ehecatl de esas personas muertas, con la esperanza de que sus mensajes fueran recogidos y llevados por ellos “hasta oídos” de sus seres amados existiendo en el “Más allá”.

8) Para los primeros mexicanos “la forma de morir era la síntesis de la forma de vivir”, por ello se decía que el tipo de muerte también describía el tipo de vida que una persona llevaba y en consecuencia, eso DEFINÍA el tipo de “supra-mundo” al que eran proyectados los hombres cuando éstos morían. De tal suerte que no existía un “Mas allá” único, sino un mapa astral diverso a donde podían llegar los muertos según la naturaleza de su muerte (y vida).

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Al presente, dentro de la Cosmovisión del Anahuac se tienen identificados hasta 5 posibles lugares o destinos a los que llegaban los muertos después de su paso por el Plano Terrenal (Tlalticpac), estos sitios del “Más allá” donde morarían las personas un largo tiempo, hasta antes de su reciclamiento son:

I) Los muy valientes terminaban normalmente muertos en batalla (o al dar a luz y no sobrevivir al parto en el caso de las mujeres) y por tanto a todos ellos les tocaba ir a la esplendorosa y fastuosa “Casa del Sol” (Tonatiuhilhucac ó Tlapallan) donde cuidaría de ellos la Astralidad dual de Tonatiuh-Tonantzin;

II) Las personas laboriosos terminaban normalmente muertas en los valles arrastrados por las corrientes de agua o impactados por un rayo o enfermos de tanta humedad por estar en los campos de cultivo, a ellos les tocaba ir al lugar paradisiaco y de abundancia de la “Casa Nublada” (Tlalocan) donde cuidaría de ellos la Astralidad dual de Tlaloc-Chalchiuhtlicue;

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III) Las personas que morían de forma natural, por enfermedades o accidentes no relacionadas con la siembra o simplemente por llegar a viejos porque habían sido neutrales o sabios en la vida, les tocaba ir a la “Casa de la Calavera” (Mictlan), que no era más que un páramo de descanso y paz inacabable donde cuidaría de ellos la Astralidad dual de Mictlantecuhtli-Mictecacihuatl;

IV) Los niños que morían antes del destete o que no habían probado maíz por su muy corta edad, se les consideraba “xilotl” (jilotitos) o “personas tiernitas” y por tanto se decía que iban a la “Casa del Maíz” (Cincalco) que era un vergel divino con una región de árboles sabios (Chichihualcuauhco) que les servían de madres y pechos nodriza a los niñitos difuntos, también aquí llegaban todos aquellas grandes personas desprendidas de los goces terrenales y que murieron inmolándose en nombre de la Divinidad o de su pueblo, allá cuidaría de ellos la Astralidad dual de Xipe Totec-Quetzalcoatl;

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V) Por último, el quinto páramo extraterrenal (de tradición oral y que se confunde con el Cincalco) es a donde iban todos aquellos que eran condenados a muerte por un delito grave o los que se suicidaban por una pena muy grande, según algunas versiones, este tipo de muertos iban a la “Casa de la Negrura o de la Luna” (Tlillan Tlapallan) un lugar solitario y neblinoso que sumía a los que llegaban hasta allí en hondas reflexiones. De las Astralidades regentes nahuas de este supra-mundo no se sabe mucho con certeza (¿Tezcatlipoca-Tlitlacahuan?), pero en la vertiente maya aparece la Señora lunar Ixtab que significa “la dueña de la soga”.

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Para finalizar bellamente este texto, demos paso a un precioso y profundo poema anahuaca que sintetiza magníficamente el sublime pensamiento de los primeros mexicanos respecto de la Muerte… de “AQUELLO QUE NOS HERMANA A TODOS”.

Se trata de extracto de poemas originales recogidos de las fuentes históricas, mismo que transcribiremos en su idioma original náhuatl y posteriormente en su traducción al español, para de ese modo, no perder detalle alguno acerca de su poderoso mensaje y excelsa filosofía contenida:

(Extraído del Códice Florentino, libro VI y X)

Cuix tel amicohuaz, campa
Zan ie nel nen onhuiloaz, ca
Totequiuh in Miquiztli, ca
Techcenmaceuh, auh ca
Miquiztequitihoaco in tlalticpac.
Ce iuh mitoaia; in jquac timiqui, ca amo
Nelli timiqui ca ie tiyoli, ca ie titozcalia,
Ca ie tinemi, ca tica…

“¿Acaso no habrá muerte?,
¿A dónde en verdad se ira?,
Pues es Nuestro tributo la muerte,
Nos mereció a todos 
Ofrendarla aquí en la tierra.
Pues así decían: cuando morimos, no es
Verdad de que morimos, pues todavía
Vivimos, pues
Resucitamos, existimos,
Nos despertamos…”

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***

“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

 

Fuente: https://www.facebook.com/pueblodelaluna.metzitzin

 

Moctezuma no creyó que Hernán Cortés fuera el “dios Quetzalcoatl”

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El tlatoani mexica Moctezuma “el Joven” (o Motecuhzoma Xocoyotzin) nunca consideró al invasor Hernán Cortes como “el dios Quetzalcóatl retornado”, tal y como reza la falseada versión eurocentrista de la Historia del México Antiguo; esta mentira es tan endeble que cae por sí misma, pues simple y llanamente en la Religión-Ciencia (“Toltecayotl”) que se practicaba en el Anáhuac NO EXISTÍA la noción Mesiánica, es decir, los anahuacas no creían en “Mesías divinos” ni esperaban a ninguno en 1519, por más que insista en asegurar la deformada leyenda del gran sabio Ce Acatl Topiltzin (el histórico soberano tolteca grado Quetzalcoatl), al cual se le achaca falazmente que antes de inmolarse en fuego (o ahogarse entre las olas del mar), lanzó la profecía de que regresaría físicamente “algún día”. Dicha profecía, es una interpretación reciente, absurda y evidentemente de autoria fanática que no encaja en la sublime filosofía del sabio Ce Acatl, quien en las fuentes históricas se le describe rebosante de humildad, sabedor de su condición de mortal como cualquier otro semejante, y que no añoraba regresar al mundo sino que buscaba un medio para la reivindicación (inmortalidad) en el “MAS ALLÁ”, ansiando escapar para siempre de la inclemente materialidad de la existencia terrena (“Tlalticpac”).

Aunado a lo anterior, la “Toltecayotl” tampoco estaba fundamentada en la creencia de “múltiples dioses” (como repiten mecánicamente los desinformadores actuales), sino que su Fe ancestral estaba basada en la idea de un “Dios Único, Inconcebible y sin Nombre”, Dador de la vida y generador de las Fuerzas Primigenias (los “Cuatro Tezcatlipoca”) que sustentaban al Cosmos (el “Ometeotl”), y donde el papel del humano era contribuir a “perfeccionar la Creación Universal” con ayuda del Arte y rigiéndose bajo un Estado Ético. Por tanto, ni Moctezuma ni nadie de entre los Consejeros del palacio (“Tlatocan”), esperaban el “regreso de ningún dios”, porque simplemente en sus cabezas no había tales creencias, completamente ajenas a su Cosmovisión religiosa.

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El bello y atávico concepto de “QUETZALCOATL” (“El gemelo precioso”, la sabiduría celeste manifestada en la Tierra) no se trata de un “dios prehispánico” como afirmaron los fantasiosos interpretes católicos de las crónicas virreinales, al intentar comprender la sublime naturaleza de la Fe de Anáhuac. “Quetzalcoatl tlamacazqui” se estimaba entre los anahuacas como el Venerable título y Alto Cargo humano, que se le otorgaba a los sabios más excepcionales de cada generación, quienes habían sabido encarnar y llevar a su máximo nivel la Sabiduría de su época, algo que desde luego, el barbárico Hernán Cortes estaba muy pero muy lejos de llegar a acreditar ante los ojos de nuestros sensatos ancestros.

Que en las tierras del Anáhuac se le confundiera a Cortes supuestamente con el “Dios Quetzalcoatl”, es una difamación más en la larga lista de invenciones que los teóricos de la invasión formularon perversamente para justificar acerca del cómo y por qué el Capitán de la corona española y sus huestes, habían reclamado para si mismos, las ciudades y los tesoros del Anáhuac sin dejar nada para sus originales dueños, pues según esta “cobarde teoría” los antiguos mexicanos le habían “regalado de buen grado todo cuanto tenían a Cortes, pues lo consideraban su amado dios que había vuelto” (¡vaya cinismo!).

No obstante, el argumento que refuta por completo este cruel y premeditado engaño europeo, sobreviviente por 500 años en los libros de historia oficial es todavía más contundente aun, pues el mismísimo HERNÁN CORTES NUNCA AFIRMÓ QUE EL TLATOANI MOCTEZUMA LO HUBIESE CONFUNDIDO CON UN TAL “QUETZALCOATL” (ni en sus escritos y “Cartas de Relación”), ni siquiera sus defensores y hombres allegados lo hicieron, ni fray Francisco de Aguilar, ni Andrés de Tapia, ni Bernandino Vázquez de Tapia, ni el llamada “Conquistador Anónimo”, ni Bernal Díaz del Castillo en sus respectivos escritos en 1568, ni ninguno de los 184 testimonios de los soldados declarantes en los “Juicios de Residencia” contra Cortes y Pedro de Alvarado refieren o sugieren al menos que el tlatoani Moctezuma hubiera sufrido “tal confusión” al identificar a Cortes con Quetzalcóatl.

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Entonces, si el propio Cortes y nadie de entre sus acompañantes difundieron esta mentira vil de su identificación con Quetzalcoatl, ¿quién lo hizo?, la respuesta a ésto es un polémico personaje que llego a México hasta 1529, (varios años después de que Moctezuma muriera y cayera México-Tenochtitlan), y quien lamentablemente se trató del fraile Bernandino de Sahagún quien inventó de todo para justificar y sacramentar la invasión en su obra literaria. Fue este religioso quien creo el mito (o calumnia) del “supuesto dios retornado Quetzalcoatl en la figura de Cortes”, echando mano de información teológica de sus “indios catequizados” (informantes) quienes dicho sea de paso, NO CONOCIERON en vida al gobernante mexica Moctezuma y sus opiniones no eran fiables del todo, pues habían sido adoctrinados bajo el dogma católico que inculca en sus fieles la creencia de “Retornos Mesiánicos”.

Por tanto es una mera y vaga especulación lo que Sahagún escribió respecto de la imaginaria “confusión de Moctezuma”, misma que dejo plasmada en las siguientes líneas sacadas al pie de la letra de sus inexactos libros:

“… hablo Motecuhzoma y les dijo: mirad que han dicho que ha llegado Nuestro Señor Quetzalcoatl, íd, recibirle, y oíd lo que os dijere con mucha diligencia”.

A todas luces, estas líneas de Sahagún que han hecho tanto daño a la consciencia del pueblo mexicano y alejado de la verdad a los historiadores de todas las épocas pasadas, son el invento de un hombre dogmatizado quien victima de la fiebre religiosa medieval quiso poner en los labios del gran héroe mexica, Moctezuma, éstos “delirios mesiánicos” que nunca habrían podido salir de su boca sensata de tlatoani, puesto que sus creencias espirituales eran otras y más profundas que las del invasor (y por cierto, mucho más racionales y humanas).

Cerremos esta publicación con las palabras del maestro historiador contemporáneo Romerovargas Yturbide que gozan de toda autoridad en el tema y lucidez:

”… en resumidas cuentas, tomando en consideración los datos que suministra la historia, podemos afirmar que carece de todo fundamento la suposición de que Motecuhzoma hubiera sufrido la confusión de creer que Cortes fuese Quetzalcóatl (o el apóstol Santo Tomas). En cambio con la ayuda de las fuentes, podemos CATEGÓRICAMENTE declarar que Motecuhzoma considero a los hispanos como SIMPLES HOMBRES (que morían), que venían de otro país con cosas raras y poderosas armas cuyo secreto ignoraba”

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Autor: Tecuhzoma Teutlahua.

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“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

 

Una mancha en la Historia: La oscura “Carta Requerimiento del Rey”

 

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Siglos de neutralidad entre continentes terminaron de golpe, luego de que los navíos de Cristobal Colon llegaron a las costas americanas un día 12 de octubre de 1492. Sin embargo, las RAZONES del por qué Europa procedió de manera tan sanguinaria, depredadora y barbárica en contra del Anahuac (América) en apenas su “Primer Encuentro” registrado por la historia, son todas ellas, razones escritas y documentadas, no existiendo la necesidad de zambullirse en un mar de teorías y conjeturas subjetivas para encontrar dichas respuestas; pues de la “propia pluma y tintero” de los invasores, quedaron registrados todos y cada uno de sus razonamientos (medievalistas) del por qué se auto adjudicaron el DERECHO de subyugar y avasallar a los habitantes y civilizaciones del “Nuevo Mundo”, sin siquiera, ANTES mostrar el menor interés en intentar tener un intercambio cultural y comercial, pacifico e igualitario con los recién contactados. Nos referimos pues, al aciago documento histórico conocido como la “Carta Requerimiento” de los Reyes Católicos, un Documento Oficial donde quedaron plasmados los fríos sentimientos y negros motivos de los agresores al continente americano y que sin duda, representa una “mancha oscura” imborrable en la Historia de la Humanidad.

Sin mas preámbulo, ponemos a disposición del atento lector el contenido de esta llamada CARTA REQUERIMIENTO, misma que los invasores católicos hispanos se jactaban en leer en voz alta ante los gobernantes y pueblos anahuacas, cada vez que arribaban una ciudad a la que pretendían someter. Esta “Carta” fue redactada en 1513 por el ideologo y jurista de la corona católica Juan López Palaciosrubios, siendo entregada una copia fiel con el sello de la Casa Real a todos los expedicionarios colonizadores que zarparon hacia América, con la intención de proveerlos de un “documento legal” que les sirviera de sustento y justificación jurídica del expansionismo hispano y del supuesto “derecho divino de conquista” que a juicio de los europeos, poseían los Reyes Católicos y el Papa de Roma, y que les habilitaba “ipso facto” para ADUEÑARSE de las tierras de Anahuac y despojar de todo a sus habitantes originales.

En resumen, esta Carta o “Requerimiento del Rey que debía ser leído a los indios de las tierras recién descubiertas”, decía fidedignamente lo siguiente:

I. Que los colonizadores españoles venían de parte de los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, quienes eran la pareja real defensora de la Iglesia y soberanos muy poderosos. Que los colonizadores como mensajeros que eran les hacían saber a los americanos que “Dios nuestro Señor” creó el Cielo y la Tierra, y a Adán y Eva y a toda la humanidad, desde que el mundo se creó hace 5,000 años y que la población se había dispersado INDEBIDAMENTE por distintos reinos por todo el mundo.

II. Que de todas las gentes Dios nombró Papa a San Pedro para que fuera cabeza de todo el linaje humano donde quiera que hubiera hombres y que este Papa era el REY DEL MUNDO.

III. Que el Papa tenía su trono en Roma pero que él mandaba a todas LAS GENTES DEL MUNDO, cristianos, moros, judíos, gentiles o de cualquier secta o creencia sin excepción.

IV. Que el Papa es EL PADRE y guardián de todos los hombres sobre la Tierra.

V. Que como San Pedro fue REY DE TODO EL UNIVERSO, los Papas que lo precedieron también lo continuarían siendo y así sería HASTA QUE SE ACABE EL MUNDO.

VI. Que el Papa de aquella época del “Descubrimiento de América” (Alejandro VI), como DUEÑO DEL MUNDO que era, donó las tierras americanas y sus islas con TODO LO QUE HABÍA EN ELLAS al Rey y a la Reyna de España y a sus hijos, según unas escrituras guardadas en Roma.

VII. Que los Reyes de España habían aceptado el generoso regalo del Papa, que consistía en ser dueños de todas las tierras de América y que habían también aceptado obedecer sin resistencia a la Iglesia de Roma, sirviéndolas como súbditos y que estos reyes, de inmediato recibieron a los sacerdotes católicos enviados a Hispania por el Papa para predicarles la Fe católica volviéndose vasallos de Roma y que por tanto, los americanos también ESTABAN OBLIGADOS a hacer lo mismo y subordinarse a los Reyes.

VIII. Que los Reyes exigían a los americanos entender el mensaje de la Carta (aunque no estuviera escrito en su idioma) y que una vez que se tomaran el tiempo razonable para pensarlo, reconocieran forzosamente a la Iglesia, al Papa y a la Pareja Real de Hispania como sus señores y superiores de estas tierras e islas americanas, dejando recibir de buen agrado a los religiosos católicos para que predicaran libremente en ellas.

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Finalmente, esta oscurantista “Carta europea” terminaba con la siguiente inmoral e inhumana amenaza:

IX. Si Ustedes (los americanos) reconocen ser súbditos de la Iglesia de Roma, RECIBIRÁN AMOR Y CARIDAD, y Nosotros (los colonizadores mensajeros) dejaremos en paz a sus mujeres, hijos y haciendas y no los obligaremos a ser católicos a menos que ustedes quieran y los reyes les darán muchos privilegios y favores.

X. Pero si Ustedes no lo hacen o tardan en aceptar a la Iglesia de Roma como su Ley, Nosotros CON LA AYUDA DE DIOS LES HAREMOS LA GUERRA, los someteremos al yugo y obediencia del Papa y los Reyes, y nos apoderaremos de sus mujeres e hijos haciéndoles esclavos, dispondremos de ellos, los venderemos, les quitaremos sus riquezas y LES HAREMOS TODO EL DAÑO QUE PODAMOS y todos aquellos que mueran será por culpa de Ustedes y no de Nosotros, mucho menos será culpa de nuestros Reyes”

Al acabar de leer esta Carta frente a los indignados y asustados pobladores, los susodichos mensajeros de los “divinos reyes de ultramar” solicitaban al escribano que les acompañaba en cada una de estas “cordiales” visitas a los pueblos y ciudades del Anahuac, que firmara el testimonio de que el Requerimiento había sido leído ante la presencia del Señor principal (“Tecuhtli”) o líder de la comunidad que debía ser avasallada por mandato del Papa “REY DEL UNIVERSO” a quien Dios le entregó el mundo.

… las palabras a ésta atrocidad y crimen aun vigente, sobran.

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Autor: Tecuhzoma Teutlahua.

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En el Anáhuac no existía la esclavitud

 

A diferencia del resto del mundo (particularmente de Europa), en el México Antiguo no se practicaba la esclavitud, pues únicamente existía la figura de la servidumbre, la cual  ciertamente era muy rigurosa, aunque piadosa en sus formas, y distaba mucho del inhumano trato de esclavos SIN DERECHO a absolutamente nada que los europeos acostumbraban dar a los pueblos que avasallaron tanto en África como en América. El término para la servidumbre en el Anáhuac era “tlacotin” y esta condición podía merecerse solamente por criminalidad o por contrato, nunca por la fuerza. No obstante, estos tlacotin fueron considerados por los españoles como “esclavos” aunque no lo eran, pues estas personas sirvientes estaban al servicio de “amos” porque se vendían a sí mismos o habían sido otorgadas por las autoridades penales (o padres) por mal comportamiento. No obstante, en todos los casos los tlacotin podían liberarse fácilmente al pagar su precio o cumplir su trabajo previamente pactado con su “señor”.

Un rasgo civilizado de este tipo de servidumbre, era que los hijos de los tlacotin nacían LIBRES y si los padres así lo deseaban podían vivir entre la familia a la que servían: se les daba vestido, alojamiento y alimentos. Incluso se les trataba como miembros de la familia, al grado que podían casarse con la señora de la casa, si ésta enviudaba o con cualquier mujer libre; podían poseer tierras, casas y hasta tener otros tlacotin a su servicio. Los “tlacotin” podían auto-venderse a cambio de una paga segura y su libertad duraba hasta que se gastaran el pago de su venta, después se ponían al servicio de su “amo” a quien se le tenía prohibido venderlos a su vez.

El maltrato de los amos a su tlacotin era muy mal visto y castigado por las autoridades, de hecho la gente no acostumbraba a molestarlos ni hacerles daño. Para ejemplificar lo escrito hasta ahora, se pone a disposición del lector algunas citas oficiales extraídas de libros y documentos de historia prehispánica que tratan este tema:

  1. “Cualquier hombre y cualquier mujer podía venderse a si mismo”, Gomara, pag 441.
  2. “Ningún hijo de esclavo quedaba hecho esclavo… permitiese a los esclavos que se casaran y que poseyeran un propiedad (casa)”, Gomara, pag 441.
  3. “En el año 1506, a causa de una gran escasez que sobrevino, muchas familias se obligaron a esta especie de esclavitud, mas luego de un tiempo, todas quedaron libertadas por el rey de Acolhuacán (Texcoco), Nezahualpilli, en atención a las penas que sufrían esas personas”, Clavijero, libro VII, cap.18
  4. “Toda persona que encontrase a un niño extraviado, y lo hiciere su esclavo, o lo vendiera como si fuese su propio hijo, perdía por este crimen su libertad y sus bienes”, Clavijero, libro VII, cap. 17
  5. “El asesino perdía su propia vida a causa de su crimen, a pesar de que la persona asesinada fuese su esclavo”, Clavijero, libro VII, cap. 17
  6. “Se prohibía que un hombre libre a quien naciese un hijo de una esclava, se convirtiese en esclavo del amo de aquella. También se prohibía que el hijo o esposa de un deudor muerto pudieran ser esclavizados por el acreedor. Pero esto ultimo era practicado por muchos españoles”, Torquemada, libro XIV, cap. 17
  7. “Un esclavo en una tribu indígena, poseía su habitación con su propio hogar, objetos en propiedad, una tierra, su mujer, sus hijos y su libertad, excepto cuando en épocas determinadas, su señor tenia necesidad de él para construir su casa, o para labrar su campo, o para otras cosas parecidas” Carta al Emperador por los Oidores de México (1552)
  8. “Los indios mexicanos trataban a sus esclavos como parientes y vasallos, en cambio los cristianos los trataban como a perros”, Helps, III, pagina 120.

Por otro lado, se sabe que en el Anáhuac se practicaba una verdadera MERITOCRACIA y cada individuo podía ser amo o servidumbre según su esfuerzo personal, pues por mérito propio los ciudadanos podía ascender en la escala social sin importar su cuna de origen o linaje.

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Si bien el Anáhuac era una sociedad con capas sociales bien diferenciadas, no existían las clases sociales cerradas donde heredaban los mayores privilegios solo los hijos de los gobernantes o ricos. Basta mencionar que Itzcoatl, el gran “Huey Tlahtoani” mexica, ERA HIJO DE UNA TLACOTIN de Azcapotzalco.

¿Cuán sabia habrá sido la civilización del Anáhuac que hasta el ser “esclavo” (tlacotin) era por decisión propia?

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Autor: Tecuhzoma Teutlahua.

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“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”