¡Los mexicanos tenemos nuestro propio Año Nuevo!. Por: Tecuhzoma Teutlahua

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Así es, ¡los mexicanos tenemos nuestro propio Año Nuevo!… y no se celebra el 1 de Enero. Actualmente muchos de nosotros al igual que millones de mexicanos dentro y fuera del país, festejan la llegada Año Nuevo el día primero de Enero, pero al respecto de esta realidad, en algún momento de nuestras vidas seguramente ya nos hemos detenido a preguntarnos lo siguiente:

                “¿Por qué celebramos la Vida Nueva y el Año Nuevo justo en el momento en que la vida en la Naturaleza esta contraída, por no decir MUERTA (eclipsada por el crudo invierno)?”

                “¿Por qué en ocasiones sentimos que no somos parte integral del planeta Tierra, al que casi siempre vemos como algo ajeno a nuestros decisiones, un ente impersonal, un mero plano donde pisamos y no como Nuestra Verdadera Casa?”

                “¿Qué es ese Algo que está mal en nosotros y que nos impide encajar con las demás formas de vida animal y vegetal que nos rodean y con los Ciclos Naturales que han estado aquí desde mucho tiempo antes que nosotros?”

La respuesta a estas preguntas es muy clara (una vez que lo pensamos a profundidad), pero al mismo tiempo es poco obvia para la mayoría de las personas que están inmersas en las “selvas de asfalto”, pues en estos tiempos donde la gente pasa gran parte de su vida diaria detenidos en una oficina o un apartamento, y ya no tienen por techo al cielo abierto sino una losa plana y monótona con lámpara colgante, y por piso ya no tienen a la fresca hierba sino una alfombra gris y por muros a ninguna fila de árboles meciéndose sino paredes blancas, es casi imposible que la gente logre dar con la respuesta que le hace falta para entender que involutivamente esta desconectada del mundo natural y en ello estriba la razón de porque IRREFLEXIVAMENTE aceptemos que el Año Nuevo (la “Vida Nueva”) sea celebrado a mitad del invierno (1 enero), pues nuestra despistada sociedad actual no se percata conscientemente de que ¡ES EL PLANETA QUIEN NOS LLEVA EN SU VIAJE Y NO AL REVES!. En otras palabras, el que se mueve es el mundo… Él es el Orquestador, NO NOSOTROS.

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Dejemos muy en claro que el Planeta Tierra es (y no nosotros) el Gran Navegante Sideral que atraviesa triunfante los “mares” del Universo y viaja a velocidades increíbles por el espacio, desplazándose junto al Sol en un viaje infinito que ha iniciado desde hace miles de millones de años… pero, si el viaje a través del cosmos y sus interminables territorios es cosa del Planeta y el Sol, siendo nosotros los humanos, meros invitados a él (su tripulación) entonces:

 ¿Por qué la Tierra debería acoplarse a los ritmos humanos, en lugar de que seamos NOSOTROS LOS OBLIGADOS A ACOPLARNOS A EL y no desentonar en la sinfonía de los Ciclos Terrestres?…

Piense por un momento en los pasajeros de un avión que no hacen caso a las instrucciones del piloto y actúan según sus deseos particulares en pleno vuelo: ¡PUES ESO MISMO PASO CON LA CELEBRACIÓN DEL AÑO NUEVO!… Un arrogante emperador romano dijo que la Vida Nueva empezaba el día que se renovaba el gabinete gobierno y todo el mundo lo acepto (¡!)

Año Nuevo Verdadero: “La Primavera”

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Decir que el Año Nuevo es en Primavera, el Primer día que el mundo y su Naturaleza recobran la plenitud de la vida y el calor del Sol hace reverdecer los valles y montañas, no es una afirmación sentimentalista o salida de una “mente fantasiosa”, sino todo lo contrario, es una afirmación apegada a la Ciencia, la Astronomía, la Matemática y a la Sabia Razón, pues históricamente LAS CULTURAS MAS AVANZADAS DEL MUNDO ANTIGUO tanto en lo espiritual como astronómico (por decir algunos: anahuacas, celtas, hebreos, griegos, chinos) celebraban el Año Nuevo en la gestación de la Primavera, en las fechas comprendidas entre el comienzo de los deshielos de montes y valles y la llegada del primer EQUINOCCIO SOLAR DEL AÑO (es decir, entre los días 1 y 21 de marzo), un fenómeno astronómico que representa el momento del “equilibro perfecto”, es decir, el día del año en que “el día y la noche duran lo mismo”, algo que por su fuerte simbolismo, era tomado por nuestros ancestros mexicanos como el inicio del año, puesto que el Sol (“Tonatiuh”) igualaba a la “oscuridad” en fuerza y en el planeta Tierra (“Tlalticpac”) eso era percibido por el cambio de estación del Invierno (lo estéril) a la estación de la Primavera (el regreso de la vida).

Así pues, el Calendario Sagrado del Anahuac al que se sujetaban los primeros mexicanos, el llamado “CEMPOALILHUITL” o “Calendario de todas las celebraciones”, situaba la fiesta del Año Nuevo en la llegada de la Primavera, específicamente en el primer mes de los 19 totales y que llevaba por nombre “ATLACAHUALO” que bien puede traducirse como “lo dejado por las aguas”, puesto que como hemos dicho líneas arriba, era la temporada donde los hielos invernales se derretían y las corrientes de agua generadas regresaban a los ríos y subsuelos, dejando tierras fértiles y rejuvenecidas a su paso. Sembrado así las bases para la nueva vida.

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No obstante, ese bella concordancia entre las “Fiestas de la Naturaleza” y las “Fiestas Humanas” se perdió cuando las sociedades colonizadas y embrutecidas comenzaron a sustituir paulatinamente a las sociedades naturales y filosóficas, pues fue EL IMPERIO ROMANO, quien por desdén e ignorancia, trasgredió el orden y la sucesión natural de las cosas, imponiendo a la humanidad que iba sojuzgando, su desastroso CALENDARIO JULIANO (hoy llamado Calendario Gregoriano), el cual es un conteo del tiempo nada compatible con la realidad del mundo y desentendido del evidente movimiento de los astros. Desplazando así indebidamente, a la ancestral celebración del AÑO NUEVO en la llegada de la primavera, justo al Día Primero de Enero (mes del dios latino Juno) que era la fecha en que el gobierno romano renovaba a sus mandatarios y funcionarios, para preparar con tiempo sus campañas militares expansionistas que siempre iniciaba en el mes del dios de la guerra “Marte” (martius = marzo), que era el mes cuando el invierno se iba y dejaba de nueva cuenta los caminos y valles transitables y seguros para las tropas.

Por tanto, celebrar el Año Nuevo en invierno, es hacer una apología de la guerra y de la muerta, no de la vida y la abundancia, es perpetuar el sinsentido naturalista del imperio romano que no ha desaparecido sino que se ha transmigrado en las naciones y reinos del mundo Occidental; muy en cambio, el retomar nuestro original Calendario Festivo Mexicano (el del Anahuac) con el “Año Nuevo” situado en la llegada de la Primavera y en TOTAL concordancia con los ciclos celestes del Sol y la Tierra (y hasta Venus) es hacer honor al Creador y a su hermosa Creación.

Este breve ensayo es una invitación a que los Mexicanos de hoy, retomemos nuestro AÑO NUEVO MEXICANO en la llegada de la Primavera (Febrero-Marzo), el que fue llevado y adoptado sabiamente por el MÉXICO ANTIGUO, principalmente por los grandes pueblos Toltecas y de la Triple Alianza (Teotihuacanos, Mayas, Aztecas y Texcocanos); pues aquellos primeros mexicanos, sabían con el CORAZÓN Y LA MENTE que el Año Nuevo comenzaba cuando también la VIDA DEL MUNDO REGRESABA, algo que ejemplifica muy bien, por qué no nos cansamos de asegurar que las poblaciones que nos antecedieron antes de la época virreinal, desarrollaron una gran comprensión libre de distorsiones y una simbiosis completa para con las “Energías del Mundo“ y su entorno natural. Solo Roma (con sus reinos vástagos) y su insensata cuenta calendárica Juliana-Gregoriana enfocada a la guerra y la invasión para enriquecerse, marcharon en el SENTIDO CONTRARIO al mundo y su error de percepción tanto matemática como astral, se sigue perpetuando hasta nuestros días por ignorancia y dejadez, puesto que usamos un CALENDARIO OBSOLETO que reemplazo al verdadero “RELOJ DE LA NATURALEZA”, mismo que nos fue ocultado como parte de la negra herencia de los colonizadores del mundo Occidental.

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Entonces, ¿por qué a los mexicanos les urge  celebrar el Año Nuevo Mexicano?:

Tomando en cuenta las razones y argumentos arriba citados, no es de sorprender que en el concierto de las actuales naciones, podemos encontrar entre los países más unificados, poderosos e influyentes dentro del escenario mundial, precisamente se encuentran aquellos que conservan su calendario ancestral, algo es muestra en buena medida, de que preservan su identidad cultural y su cosmovisión científica y religiosa del mundo, tan casi fielmente como sus antepasados lo hicieron y que les fue transmitida de generación en generación hasta nuestros días. Hablamos específicamente de la nación china, de la judía, la hindú, la iraní y la árabe, todas y cada una de estas cinco innegables poderosas y orgullosas naciones, quienes a diferencia del resto del mundo que ha perdido su cosmovisión originaria y “romanizado” su cultura, tienen su propia Cuenta Calendárica y celebran el inicio del Año Nuevo (el día más importante para una sociedad) en fechas propias de su cultura, es decir, fuera del convencionalismo occidental del “1 de enero”.

Con justa razón, esas naciones mencionadas en la escala de “identidad y sentido nacionalista” aventajan a las demás naciones, pues chinos, judíos, árabes, iraníes e hindúes literalmente “VIVEN SU PROPIO TIEMPO y espacio” pues ellos no consideran estar transitando el año 2018 (calendario romano occidental) sino que perviven con nosotros ahora mismo en el año 5779 (caso judío), en el 1440 (caso árabe), 1936 (caso indio) o en el 4771 (caso chino), pues se saben y sienten los herederos y continuadores de culturas que propias que nada piden a préstamo de otras culturas.

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 Ese caso debería ser el de nuestra GRAN NACIÓN MEXICANA, heredera de una cultura milenaria y cuna de la excelsa civilización del Anahuac (Mesoamerica), una de las 5 Civilizaciones Madre del Mundo. Del tal suerte, por derecho propio y porque así lo dicta la razón, como mexicanos herederos de una civilización inconmensurable DEBEMOS Y PODEMOS rescatar nuestra gran fiesta calendárica originaria del Año Nuevo y dejar de imitar a la ciega corriente, seguidora irreflexiva, de una cosmovisión romanizada del mundo que nos es ajena y que el mexicano en realidad ni reconoce, ni entiende (ni quiere realmente). México al igual que los chinos, judíos, musulmanes e hindúes, tiene derecho y de sobra, de reclamar “vivir en su propio tiempo y espacio”, pues nuestro Calendario ancestral del Anahuac (labrado por tan sabias y proliferas etapas como la olmeca, tolteca, maya y azteca) marca ahora mismo el año “Chicoaze Tochtli” (6-Conejo) en la forma CIRCULAR DEL TIEMPO y nos espera el año “CHICOME-ACATL” (7-Carrizo), pero en su forma lineal los mexicanos “aquí y ahora” (Nican ca) VIVIMOS EN EL AÑO 5133 en el cómputo de la civilización de Anahuac, apoyándonos para afirmar esto mismo, en sustentos arqueológicos y científicos y no en mitos, pues el Calendario Anahuaca (“Xiuhpohualli-Tonalpohualli” nahua, “Tzolkin” maya), parte su computo desde el día 11 de agosto del 3114 A.C. tal y como está marcado en la “Piedra-estela C”, en la zona maya de Quirigua, dejando constancia material del dato que marca el inicio del calendario que rigió al México antiguo y que no hay ninguna razón insuperables para que no rija al México de hoy, que tanto le hace falta recuperar sus fuertes y sabias raíces.

Estimados lectores, gracias por llegar hasta este punto del ensayo, mismo que fue compartido con ustedes NO queriendo que suspendan su cena a la medianoche del 31 de diciembre donde sus familias y seres queridos los esperan (algo hermoso), lo único que intentamos como buenos mexicanos y amigos, es que cuando las copas con sidra y uvas sean levantadas en el primer minuto del mes de Enero, no digamos “¡Feliz Año Nuevo!”, sino que exclamemos: “¡Hermanos, brindo porque Superaremos el invierno (la muerte, la oscuridad) y estaremos todos juntos cuando llegue nuestro Año Nuevo (en la vida, la primavera)!”

Ya no nos apartemos de cuenta del tiempo del Maestro Sol y de la Maestra Tierra, de la bondadosa Casa Nuestra que nos lleva a cuestas…. ¡VOLVAMOS A CELEBRAR LA VIDA!

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¡Nuestro Año Nuevo Mexicano es en el mes de Atlacahualo (Marzo, Primavera)!

 

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“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

Texto original: FB-Pueblo de la Luna. Metzitzin

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“El Manto de la Virgen de Guadalupe: del Viejo Pacto a la nueva idolatría”. Por: Tecuhzoma Teutlahua

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Es mentira que los sobrevivientes del Anáhuac, aun en resistencia durante los primeros años de la Colonia creyeran que una “Virgen Madre Dios” o una “aparición divina” se presentó en el año de 1531 en el monte del Tepeyac como dicta la creencia popular.

Si algunos anahuacas abrazaron la imagen de la Virgen de Guadalupe en aquellos años recientes a la Caída de Tenochtitlan, NO FUE porque creyeran que en el “ayate de Juan Diego” quedara plasmado milagrosamente el retrato de una aparición divina, eso, es uno más de los mitos y malas intencionadas distorsiones acerca la historia real de nuestro país y justamente la motivación de esta nueva publicación es dejar en claro porque son tristemente los creyentes guadalupanos de hoy siglo XXI los verdaderos idolatras y engañados, y no los “primeros guadalupanos” del siglo XVI. La realidad es a la inversa.

Fue a mediados del siglo XVI, que tanto anahuacas como españoles (tanto defensores como invasores) trabados aun en feroces combates, supieron de la repentina existencia de un peculiar “Lienzo pintado” en poder de Fray Juan de Zumárraga, dicho pedazo de tela contenía la delicada imagen (de la para ese entonces novedosa versión americana) de la Virgen de Guadalupe que era la “Deidad Patrona” de la Provincia de Extremadura en España de donde procedía Hernán Cortes. No obstante, aquellos hombres en guerra, desde el inicio fueron TOTALMENTE CONSCIENTES de que dicha “nueva versión” de Guadalupe de Extremadura que reunía elementos europeos con los indígenas (“Tonantzin-Coatlicue”), había sido pintada POR MANOS HUMANAS y QUE NO OBEDECÍA a la aparición en el Tepeyac de ninguna “mujer divina” la explicación de la existencia de aquel extraño lienzo.

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Sin embargo, la razón del por qué este “manto sacro” de la “Virgen Morena” fue tan respetado y reverenciado con seriedad en el lejano siglo XVI, tanto por propios como por extraños, fue porque representaba en sí, el SALVOCONDUCTO DE PACTO DE PAZ que la iglesia católica a través de Fray Juan de Zumárraga (quien persuadido por consejeros indio), había lanzado a los jefes militares anahuacas en lucha, pretendiendo con ello “agradarles” y persuadirles de poner fin a las hostilidades contra la corona española, o por lo menos, establecer un primer paso para alcanzar la rendición negociada de los anahuacas, a cambio de conservar parte de su antigua religión y de ese modo capitular de una vez por todas la guerra iniciada en 1519, para luego establecer con ello, de manera definitiva la colonización y abrir paso a las aspiraciones europeas de tener un “virreinato pacífico”.

De acuerdo a lo anterior, es irreal considerar al manto de la Virgen de Guadalupe como un “lienzo milagroso”, pues en estricto sentido histórico debe ser considerado el “Lienzo Guadalupano” como una CARTA IDEOGRAFICA que describe un pretendido (y polémico) ACUERDO DE PAZ, como así fue reconocido de inicio por TODO el Anahuac, incluyendo a los propios invasores. Es un hecho natural, que en los albores de la Colonia, el “ayate de Juan Diego” fuera tomado por todos los habitantes de la “Nueva España” como un DOCUMENTO PICTÓRICO que plasmó los “términos de rendición” para acabar con la guerra, mas nunca fue tomado en esos primeros momentos de su anunciamiento como el “RETRATO MILAGROSO de la Virgen”; por tanto, es obligación nuestra como hombres despiertos y enterados, el concientizar a los mexicanos de hoy y hacerles ver que la imagen de la “Virgen Morena” de ninguna manera es una imagen indigna o despreciable, puesto que contiene una pequeña porción de “lo que se salvó del México Antiguo”, pero de ninguna manera tampoco es una imagen “sagrada” puesto que no es una fidedigna “imagen venida del cielo” como se ha pretendido hacer pasar por los oscurantistas colonizadores.

Simplemente el “Manto de la Virgen de Guadalupe” se trata de un CÓDICE VIRREINAL escrito en idioma autóctono y que aunque merece TODO NUESTRO RESPETO Y VALORACIÓN como parte del acervo de nuestra historia nacional, de ninguna manera debe tomárselo como una reliquia sagrada a la cual debemos venerar e idolatrar como si se tratara de un “tesoro celestial”, y no decimos esto por soberbia o ignorancia, sino sencillamente porque resultaría ridículo, pues como hemos puntualizado con justa razón, se trata de una pintura cuyo mensaje podían descifrar los dirigentes anahuacas y constituía un intento ventajoso de poner fin a la guerra en los términos que mejor convenían a la corona española y nada más.

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Así pues, lo que paso en el Tepeyac ese 12 de diciembre de 1531 (otras versiones apuntan al año 1550) puede ser calificado sobriamente y sin exageraciones, como un evento político y militar entre los representantes de la corona española (presente Hernán Cortes) y unos cuantos de los líderes de la resistencia anahuaca (que no todos), un “acuerdo diplomático” alcanzado por ambos bandos del conflicto armado para “pacificar” la pugna que en esos años desangraba al invadido Anahuac de costa a costa, algo que no convenía a ninguna de las dos partes, pues por el lado español la creciente guerra y violencia imposibilitaba la estabilidad de su régimen, y por el lado anahuaca, el número de muertes y destrucción se había vuelto insostenible, y aunque la victoria aún seguía “visible en el horizonte”, lo único que iban a recuperar de seguir así las cosas era un territorio completamente en ruinas.

Dicho TRATADO DE PAZ, hoy conocido como “Manto de la Virgen de Guadalupe”, fue creado gracias a la colaboración del “tlacuilo” (escribano) indígena converso Marcos Cipactli quien bajo la supervisión de Fray Alonso de Montufar, pintó dicha “carta de pacificación” de la Virgen Morena en el IDIOMA ANCESTRAL del Anahuac, es decir en forma de CÓDICE O DIBUJO SIMBÓLICO, precisamente porque aquellos primeros mexicanos que seguían en pie de guerra contra la instauración de la Colonia (al igual que sus ancestros), no usaban letras alfabéticas para “escribir” como lo hacemos nosotros hoy día, pues nuestros antepasados utilizaban símbolos y figuras IDEOGRAFICAS para transmitir su Conocimiento y mensajes; en otras palabras, los anahuacas todo lo dibujaban, nada lo escribían, pues se decía que solo los Símbolos y no así las letras (signos), servían para representar los más elevados conceptos humanos, pues a la par lograban evocar ideas y sentimientos vivos en quien los “leía”, apelando no solamente a la parte cognoscitiva de los seres humanos, sino también a su parte emotiva y espiritual.

Fue por ello que el TRATADO DE PAZ DEL TEPEYAC o LIENZO GUADALUPANO desde el inicio se trató de una PINTURA y no de un documento escrito en letras latinas o en algún idioma occidental (como fuese el caso reciente de los Tratados de Versalles escritos con letras, mismos que pusieron fin a la Primera Guerra Mundial al servir de “CARTAS de acuerdo de PAZ”)

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No obstante a pesar de la verdad expuesta hasta ahora, en este punto del presente ensayo sigue en el aire una terrible interrogante: si lo anahuacas del siglo XVI, SABÍAN PERFECTAMENTE que el “lienzo de Juan Diego” no era producto de un milagro ni mucho menos la prueba de una aparición divina en el Tepeyac, sino el resultado DIRECTO de una obra humana destinada a servir de “Carta de Negociación de la Paz” escrita expresamente en el idioma que entendían los “jefes anahuacas” de la resistencia; entonces, ¿Por qué hoy en día, buena parte de la población del país, cree todo lo contrario?, es decir, ¿Por qué muchos mexicanos consideran que realmente una Virgen Morena apareció en el Tepeyac y dejo plasmada milagrosamente su divina imagen en el ayate de un indígena?.

La respuesta a la pregunta anterior, es muy simple lo mismo que indignante, y es que una vez más, el invasor europeo hizo gala de su falta de escrúpulos para hacerse del poder total y mintió faltando a su palabra, pues la Iglesia católica y la corona española traicionaron a quienes en su momento atendieron su “oferta de paz” y décadas después de aceptado y respetado al acuerdo de deposición de las armas que representaba la “imagen de la Virgen Morena”, precisamente en el año de 1648, los clérigos trastocaron el viejo pacto e inventaron el indecible “Mito Guadalupano”, al descaradamente difundir en sus iglesias y colegios de todos los niveles sociales que una “Virgen Morena” se le apareció realmente al supuesto indio Juan Diego en el monte sagrado del Tepeyac ese 12 de diciembre de 1531, pidiéndole a “su pueblo aun en lucha que dejara las armas y aceptara la Nueva Religión traída del otro lado del mar, pues esa era la voluntad de Dios”

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Esta inhumana mentira que pone de relieve la podredumbre moral del virreinato, fue fácilmente creída por la ciega sociedad novohispana del ya adentrado siglo XVII, pues para ese entonces, la población originaria del Anahuac había sido casi completamente evangelizada y asimilada, luego de ser sometida por varias generaciones a la constante conversión católica y al lavado de cerebro colonialista (quedando la resistencia de la vieja Anahuac que NO ACEPTO EL TRATADO DE PAZ relegada en pequeñas burbujas rebeldes, en apartadas regiones, lejos de las ciudades principales), borrando así el rastro de lo que verdaderamente fue el origen del CÓDICE VIRREINAL GUADALUPANO como documento que pactaba una “paz” al modo que visualizo la iglesia en ese momento, pero que a la postre por intereses aún más mezquinos, paso a ser mostrado por la misma iglesia católica, como una milagrosa y fehaciente PRUEBA DE LA APARICIÓN MARIANA en tierras americanas.

Entre los clérigos que impulsaron la mentira de la aparición en el Tepeyac, encontramos al padre franciscano Miguel Sánchez a quien se le considera el autor intelectual de la propagación de este engaño en el siglo XVII, pues recuperó del olvido a la vieja manta del Tepeyac que pintara Marcos Cipactli y que selló la “antigua pacificación”, para ahora usarla con un propósito oscuro al convertirla en el “símbolo de la idolatría colonial”. Fue a partir de entonces, que la población inculta y adoctrinada se olvidó de lo que realmente significaba el Códice Guadalupano y lo comenzó a tomar LITERALMENTE como un objeto milagroso al cual venerar como prueba de la aparición de la “madre de Dios”, algo que irónicamente los anahuacas del siglo anterior no habían hecho, pues de lo único que si hay constancia es que las sociedades modernas de la Colonia y del México independiente son las verdaderamente fanáticas e idolatras y no así las poblaciones originarias mexicanas como falazmente se les acusa de haberlo sido.

Es importante señalar en honor a la verdad, que también hubo excepcionales casos, donde propios miembros del clero de la Colonia, manifestaron su total desacuerdo en tener que mentirle al pueblo novohispano y estuvieron en contra de inventar supuestas apariciones divinas en el Tepeyac. Algunos incluso se opusieron tan abiertamente al engaño del “Mito Guadalupano” que dejaron constancia documental y muestra de ello, es la declaración de Fray Francisco de Bustamante, quien textualmente dice así en uno de sus escritos:

“Si se trata de apartar a los indios de la Idolatría, ¿por qué se les obliga a los indios a adorar a la Virgen de Guadalupe pintada apenas ayer por el indio Marcos Cipac?”

Se conserva un escrito que data de 1556 donde Fray Francisco de Bustamante detalla al Virrey que el “Manto de la Virgen de Guadalupe” fue pintado por el indígena Marcos Cipac (tli). Otros religiosos que se negaron a difundir la mentira de la aparición guadalupana fueron Fray Toribio de Benavente (Motolinia) y Fray Servando Teresa de Mier. Incluso, hay textos de la época que desmienten el Mito Guadalupano, por citar alguno tenemos la Colección del Fray Juan de Torquemada intitulada como “Monarquía Indiana”, donde se puede apreciar que no se habla de ninguna supuesta aparición en 1531 (pues no la hubo, solo fue un Concilio para negociar el fin de la guerra) e incluso precisa que el origen del nombre de Guadalupe es en honor a la virgen de los fanáticos Colon y Cortes, el texto dice:

“… nuestros primeros religiosos en el Tepeyac edificaron una iglesia a la madre de Dios en su advocación extremeña (es decir, venida de Extemadura), la Virgen de Cristóbal Colon y de Hernán Cortes, Nuestra Señora de Guadalupe”

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Otros hombres prominentes e intelectuales más contemporáneos, que denunciaron la mentira de la aparición Guadalupana fueron Joaquín García Icazbalceta y el monseñor Eduardo Sánchez Camacho obispo de Tamaulipas, quien dicho sea de paso fue amenazado de muerte en múltiples ocasiones por su atrevimiento de tirar abajo el Mito Guadalupano, al grado que se vio en la necesidad de abandonar el país y huir hacia Estados Unidos 1895. En una de sus declaraciones antes de refugiarse en el extranjero, el obispo dijo:

“… declaro con toda sinceridad que no es mi capricho el que defiendo, sino la vergüenza que me da el haber pertenecido a un gremio de obispos que se empeñan en sostener e imponer una cosa falsa a todas luces… es falso que la madre de Cristo se haya aparecido en el cerro del Tepeyac, es absolutamente falsa la aparición guadalupana, la pintura que ahí se veneraba como si fuera obra de los ángeles ha desaparecido y ha sido sustituida por una nueva que el ilustrísimo Abad Florentino Plancarte mando pintar para sustituir aquella otra que estaba casi totalmente destruida, es vergonzoso imponer a los pobres indios analfabetas una falsa creencia y hacerles gastar el miserable producto de su diario día de trabajo en venir a adorar un trapo viejo en el Tepeyac”

Estimados lectores, no queda más que exhortarlos a que ciertamente solo los mexicanos y NADIE MAS, les corresponde el reservarse el derecho de considerar al “Lienzo Guadalupano” como una reliquia nacional “venerable” o una simple pintura religiosa, PERO si alguien la considera venerable, que NO LO HAGA POR EL MOTIVO EQUIVOCADO, pues no se trata de la supuesta prueba de la aparición MILAGROSA de una “tropicalizada Virgen católica”, en todo caso, esa ya desgastada pintura en el Tepeyac que retrata a una afligida y amorosa mujer morena (hay quienes aseguran que se trata del retrato barroco de la princesa Tecuichpo, hija del tlatoani Motecuhzoma Xocoytzin), debe ser vista como una CARTA INDÍGENA virreinal que evitó de alguna forma que más personas inocentes fueran asesinadas y martirizadas por el tiránico yugo colonizador, ahí es justamente donde reside lo “venerable” de la imagen de la Virgen Morena, en que sirvió (momentáneamente) de “balsa” para salvar muchas vidas y dar tiempo a nuestra cultura de resguardar el conocimiento ancestral bajo nuevas formas, ese es el GRAN VALOR del “ayate de Juan Diego Cuauhtlatoatzin”, el haber “relentizado” en cierto modo el genocidio cultural del Anahuac por tratarse de un desesperado intento de PACTAR EL FIN DE LA GUERRA bajo cualquier precio entre los heroicos primeros mexicanos y la hostil corona española.

No obstante, por otro lado dejamos a la conciencia de cada quien decidir si es correcto rezarle a una imagen inanimada con forma humana por más “bella” que esta pudiera resultar; sin embargo, lo que NO tenemos permitido como hombres conscientes, es el dejar de denunciar que es una inmoralidad y un atentado contra la humanidad, la oscura empresa de algunos jerarcas de inculcar en las mentes y corazones de los mexicanos de hoy, las mismas ciegas creencias colonialistas de siempre basadas en MENTIRAS CRUELES y FANTASÍAS PERVERSAS, mismas que nuestros propios ANCESTROS NO CREYERON y COMBATIERON.

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Preguntémonos qué se gana siendo esclavos mentales de imágenes falsas e idolatrías que lejos de acercar a los buenos mexicanos a la verdad y “al Cielo” que se merecen, los acercan más a la barbarie fanática y “al Infierno” (de la ignorancia). No seamos cómplices de la debacle espiritual de nuestro pueblo, si nuestros “Viejos Abuelos” vieron en el manto guadalupano una oportunidad para salvar algo de su valioso conocimiento no los juzguemos mal, mejor cuidemos que no seamos nosotros los que vengamos a destruir todo ese gran esfuerzo de siglos.

Si en verdad hay CONOCIMIENTO ESCONDIDO y valioso en el “ayate del Tepeyacac” que nos dejaron nuestros sabios ancestros, pues RETIREMOSLO DEL ALTAR CATÓLICO y llevémoslo a DONDE DEBE DE ESTAR, en nuestro gran Museo Nacional de historia como parte de nuestro legado cultural. Extirpemos ya, el mensaje “dibujado” solo para ojos preparados, que nos dejo Marcos Cipactli y Juan Diego Cuauhtlatoatzin en esa vieja tela de limo y cáñamo y dejemos de cuidar “el cofre en vez del tesoro”, al “inerte cascaron en lugar de la vida”, “a la mascara en lugar del rostro bajo de ella”, ya no veneremos mentiras, mejor veneremos verdades, salgamos del hechizo, entendamos de una buena vez que el Manto Guadalupano es el pacto roto de una promesa de paz que nunca le llegó a nuestros Viejos Abuelos y que lo único sagrado en ese viejo ayate no es su presunto “origen divino”, sino su olvidado mensaje venido de un mundo en agonía que a gritos pedía una esperanza a la cual aferrarse (y lo logró).

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Valoremos ese sacrifico de Marcos Cipactli y Juan Diego Cuauhtlatoatzin depositando respetuosamente su piadosa obra en el lugar al que pertenece, en un honorable museo, y dejando atrás idolatrías y cadenas mentales del oscuro virreinato, despertemos a Nuestra Verdadera y Ancestral Fe del Anahuac, la que NUNCA necesito de apariciones divinas para ser real y hermosa.

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“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

Texto original: FB-Pueblo de la Luna. Metzitzin

“Consejos de un Padre anahuaca a su hijo varón”. Por: Tecuhzoma Teutlahua

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Para adquirir el conocimiento perfecto de una civilización deben examinarse no solo sus avances científicos o artísticos, sino también LAS REGLAS DE CONDUCTA de sus propios habitantes, el tipo de convivencia establecido entre ellos, las formas de decencia y de política, sus leyes y todo aquello que gobierna y rige a cada uno de los actos habituales de la vida de sus ciudadanos. Pues bien, para nuestra fortuna disponemos de medios y documentos para juzgar el avance moral de la sociedad anahuaca, bajo el punto de vista de los valores familiares y sociales inculcados a sus niños y jóvenes.

A parte del hermoso y altamente civilizador “Libro de los Consejos de los Ancianos” o “HUEHUETLATOLLI” en el idioma náhuatl, felizmente se conservan otros escritos y reproducciones FIELES, del tipo de INSTRUCCIONES que los padres y madres del Anáhuac daban a sus hijos e hijas, sin importar la clase social a la que perteneciera la familia. En este ensayo, tomaremos en cuenta otra fuente distinta al Huehuetlatolli, no sin antes resaltar el hecho de que se trata también de una FUENTE OFICIAL, pues proviene de las anotaciones legales y registros del burócrata y jurista de la corona española Alonso de Zurita, oidor oficial de la “Real Audiencia” en América. Notas personales que el propio Zurita capturó al respecto de los testimonios que los anahuacas expresaban acerca de su cultura y moral, cuando eran consultados por los propios frailes o al verse interrogados en las audiencias condenatorias frente a sus enjuiciadores europeos.

El texto de Zurita que reproduciremos aquí puede ser consultado en la página 132 de la “Colección de documentos para la Historia de México, de Ternaux-Compans”.

En esta ocasión y por razones de economizar letras, únicamente plasmaremos el código de conducta anahuaca transmitido de un PADRE A SU HIJO VARÓN, dejando pendiente para una futura publicación el tipo de consejos que las madres destinaban para sus hijas. He aquí pues, estos bellos, floridos y decorosos consejos familiares entre antiguos mexicanos, que dicho sea de paso, bien haríamos todos nosotros (seamos padres o tíos), en llevar estas mismas sabias palabras ancestrales al seno de nuestros hogares para  bien encausar a nuestros “pequeños jilotitos y maíces tiernos” (niños y jóvenes):

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(Versión adaptada al castellano)

“CONSEJOS DE UN PADRE ANAHUACA A SU HIJO”:

“… mi querido hijo, creado por la voluntad del Dador de la Vida, a la vista de tu padre, de tu madre y de tus parientes: así como un palomito al salir del cascaron procura aprender a volar, tú también debes procurar el aprender a sufrir las contrariedades de la existencia. Ignoramos hasta cuando el Dador de la Vida permitirá que te tengamos entre nosotros; pídele, hijo mío, que te proteja, porque te ha creado, es TU PADRE y te ama más que yo. Dirígele tus ruegos de noche y de día, sea el objeto de tus pensamientos, sírvele con amor, que él tendrá comprensión de ti y te cuidara de todo vicio. Respeta todo lo relacionado con nuestro Dador de la Vida, ofréndale con devoción y observa las fiestas sagradas en su honor…

… honra y saluda a los ancianos, consuela a los pobres y a los afligidos con tus discursos y con tus buenas obras…

… reverencia, ama y sirve a tus padres, obedéceles, porque el hijo que se conduce de otro modo termina por arrepentirse…

… querido hijo, ama y honra a tus semejantes y vivirás en paz, no imites a los insensatos que no respetan padre ni madre, y que como animales no escuchan los consejos de ninguna persona…

… cuida bien hijo amado, de no burlarte de los ancianos, de los enfermos, de los estropeados y de los delincuentes. No te ensoberbezcas al compararte con ellos, no los odies, inclínate delante del Dador de la Vida y teme llegar a ser tan desgraciado…

… no envenenes a nadie, porque ofenderás al Dador de la Vida en sus criaturas, serás castigado y morirás de la misma muerte…

… se honrado, sociable y no causes daño a nadie…

… no te mezcles en asuntos a los que no has sido llamado, por temor a disgustar o de pasar por un entrometido…

… guárdate de herir a nadie, huye del adulterio y la lujuria, vicio funesto que causa la perdición de quien le sigue…

… nunca des malos ejemplos, se modesto en tus discursos, no interrumpas a las personas que hablan, no las incomodes; si se expresan mal, si se engañan, conténtate con no imitarlas. Guarda silencio cuando no se te pregunta, y cuando se te pregunte, responde abiertamente sin pasión y sin mentir. Habla interesado en los demás y se hará caso de tus discursos, no centres la plática en ti mismo. Si evitas hijo querido, referir cuentos o recordar burlas, te excusaras de mentir y de sembrar discordia, lo que siempre es objeto de confusiones para quien lo hace…

… no vagues mucho por las calles, no pierdas el tiempo en las plazas y baños, para que no te tienten los malos vicios. Se modesto, no seas descuidado contigo mismo, ni demasiado esmerado en tu porte, pues siempre es señal de poco juicio…

… donde quiera que te halles procura no mirar con descaro a los demás, no hacer muecas, ni movimientos deshonestos, pues serás tenido por un libertino…

… no agarres a nadie de la mano o de sus vestidos, pues esto es indicio de tener un espíritu indiscreto. Cuida cuando andes, de no obstruir el paso de los demás…

… si se te pide que te encargues de un negocio con el objeto de experimentarte, excúsate políticamente aunque pudieses sacar de él alguna ventaja, y serás tenido por hombre prudente y juicioso…

… al entrar o salir de cualquier parte, deja pasar delante a los viejos y superiores, evita tomarles la delantera; cédeles siempre el lugar más distinguido y procura no sobreponerte a nadie, a no ser que tengas mayor categoría, pues de lo contrario serás mirado como un malcriado…

…. no comas, ni bebas demasiado; y si alguno se presentare cuando estés en la mesa, bríndale a tomar parte en tu comida, y serás recompensando. Si comes con otros hazlo sin apresuramientos y sin avidez, pues de otro modo pasaras por un glotón. Come con la cabeza baja y procura no acabar antes que los demás, a fin de no ofenderlos…

… si te hacen algún regalo, por insignificante que sea, no lo desdeñes, no te creas acreedor a mayor regalo que ese, porque después ya más nada ganaras para con los hombres, ni para con el Dador de la Vida…

… confíate enteramente al Dador de la Vida, pues él es quien ha de enviarte el bien e ignoras cuando puedes morir…

… yo me encargo de darte lo necesario, esfuérzate y espera pacientemente. Si quieres casarte, dímelo; y puesto que eres mi hijo, no trates de hacerlo antes de haberlo tratado conmigo y tu madre…

… no seas embustero, ni ladrón; pues el uno de estos vicios produce el otro y ambos son muy vergonzosos. Si lo evitas, conseguirás el no ser injuriado en las plazas y en los lugares públicos…

… inclínate siempre a lo mejor. Siembra y recogerás; si vives de tu trabajo vivirás satisfecho y querido de tus parientes…

… no se viene a vivir a este mundo sino con muchas penas y solo con gran dificultad se adquiere lo necesario. Mucho me ha costado el criarte a ti, y sin embargo, ni te he abandonado, ni te he hecho nada de que te puedas avergonzar…

… si quieres vivir tranquilo no murmures de nadie, porque la murmuración provoca riñas…

… conserva en secreto lo que oigas decir de otros, que se sepa más bien por otros que por ti, y si tienes que decirlo porque creyeses que harías bien con esto, entonces habla francamente y sin ocultar nada…

… no cuentes aquello de lo que hayas sido testigo, se discreto, porque es un vicio muy feo la habladuría, y si mientes serás ciertamente castigado. Guarda silencio, pues nada se gana con hablar, mejor obra…

… si te enviasen con un recado a cualquiera y este te acogiere poco favorablemente hablando mal del que te ha enviado, no le refieras el mensaje en su momento de mal humor, aguarda hasta que se serene. Al volver, si se te preguntare como has sido recibido por aquel destinatario, responde tranquilamente y en términos ocultando todo lo malo, esto por temor a enojar aún más a las dos partes en conflicto y de que termine el asunto de un modo lamentable. Evítate tener que exclamar después tristemente: ¡ah si no lo hubiera yo dicho! Pues ya será demasiado tarde y pasaras por un enredador sin tener excusa…

… no tengas ninguna relación con mujer de otro, vive con pulcritud de actos, porque nadie vive DOS VECES en este mundo. La vida aquí es corta, difícil y todo tiene un término…

… no ofendas a nadie, no atentes contra su honor, hazte digno de las recompensas que el Dador de la Vida concede a quien le place, recibe lo que te diere, agradécele por ello, y si fuera mucho no por ello te ensoberbezcas. Humíllate, pues no por eso tu merito será menor y en cambio quitaras a los demás la ocasión de murmurar de ti; por el contrario, si te atribuyes lo que no te pertenece, te afrentaras y ofenderás al Dador de la Vida…

… cuando alguien te hable, no muevas los pies y manos, no mires a derecha e izquierda, evita levantarte, o sentarte si estas de pie, para que no pases por un aturdido o poco sociable…

… cuando estuvieses al servicio de una persona, emplea el mayor celo en hacerte útil y serle agradable, y así conseguirás siempre ser bien tratado, pero si hicieres lo contrario, no podrás estar lado de nadie ni conseguir mejor oficio…

… no te envanezcas de lo que el Dador de la Vida te ha dado, y no desprecies a los demás, de lo contrario lo ofenderás a él, quien te ha colocado en una posición honrosa…

… si eres lo que se espera de ti, se te citara a los demás como ejemplo cuando se trate de corregirlos…

… hijo mío, si no escuchas los consejos de tu padre tendrás un final desastroso y solo tuya será la culpa; he aquí estos consejos que te da tu padre que te quiere, obsérvalos y ganaras mucho en ello… “

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“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

 

Texto original: FB_Pueblo de la Luna. Metzitzin

Toxiuhmolpilia: El rito del “Fuego Nuevo” del Anahuac. Por: Tecuhzoma Teutlahua

 

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Existe un misterio poco conocido de Nuestro Pasado, que se encierra en una de las Celebraciones Sagradas de los primeros mexicanos. Sucedía en la época antigua, una solemne y ominosa fiesta cada 52 años en los días del ingreso del invierno y que por encima de cualquier otra fiesta religiosa existente en el Anahuac, aquella se trataba de la  ceremonia más venerada e importante dentro del antiguo “Calendario ritual de las 20 Fiestas aztecas” (Cempoalilhuitl), pues contenía en igual medida elementos astronómicos y científicos como esotéricos y metafísicos, mismos que hoy día comienzan a ser redescubiertos por diversos campos de la ciencia moderna y revalorados por los saberes ancestrales de la astro-teología. Tal “Celebración Magna” de nuestros ancestros, que alberga un conocimiento profundo y fascinador del elemento “Tiempo”, llevaba por nombre el de TOXIUHMOLPILIA, que bien puede ser traducido como “La Atadura de nuestros Años”, aunque en épocas actuales a esta “Gran Fiesta de las Fiestas” se le conoce entre los estudiosos y entusiastas de nuestra cultura anahuaca bajo el nombre de “Ceremonia del Fuego Nuevo”.

Antes de abordar el gran mensaje contenido en esta antaña Celebración que ahora expondremos, es importante señalar que el propósito de este ensayo es OFRECER datos únicos y por ende sobresalientes, al respecto de esta “Fiesta del Fuego Nuevo”, misma que ya es muy celebrada y reconocida hoy día por gran número de personas, pero al mismo tiempo sigue siendo muy poco comprendida y estudiada. Los datos apegados al rito que verteremos en la presente publicación son parte del esfuerzo nuestro en aras de conservar la cosmovisión y el rito originario de nuestras fiestas, tocando el turno en esta ocasión a la MAS SAGRADA DE LAS FIESTAS MEXICANAS: el Toxiuhmolpilia.

Se dice en los mitos anahuacas, que esta Celebración del “La Atadura de nuestros Años” data desde tiempos del mismísimo origen del “Sol actual” y que fue transmitida y celebrada generación tras generación, desde aquellos remotos días de la creación de la reciente humanidad; una afirmación onírica a simple vista, pero que en buena medida parece corroborarse a la luz de los hallazgos de la antropología moderna, puesto que entre los académicos e investigadores contemporáneos es prácticamente unánime la opinión de que esta “Celebración del Fuego Nuevo” nos viene legada a los mexicanos (y al mundo entero) desde una antigüedad verdaderamente insondable y por lo tanto, su origen es tan viejo y difuso que es imposible de precisar cuándo fue la primera vez que se realizó. Prácticamente podríamos asegurar (por algunas razones obvias que detallaremos más adelante) que la Celebración del Fuego Nuevo nació junto al desarrollo de la “Cuenta del Tiempo y la Matemática Sagrada del Anahuac”, la cual comenzó a ser utilizada POR LO MENOS desde hace más de 5 mil años, de acuerdo a la datación de la famosa Estela maya de Quirigua (hoy Guatemala) donde está inscrita en la piedra de aquella reliquia-monumento la fecha con la que inicializó (13 de agosto del 3114 A.C.) la cuenta calendárica que rigió los cálculos del paso del tiempo en todos los recintos científicos (“Calmecac”) y templos-observatorios (“Tzacualilhuicalli”) el Antiguo Anahuac.

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En lo tocante a la cosmovisión y la ritualidad que envuelven a la ceremonia del Toxiuhmolpilia o Fuego Nuevo, es importante señalar primeramente que ésta se realizaba entre los días 17 y 20 de noviembre según el calendario romano actual o bien, a la mitad del mes anahuaca Tepeilhuitl; no obstante, esta ceremonia no se realizaba anualmente, sino al finalizar de un Ciclo Cósmico Sagrado (un “Xiuhmolpilli” o siglo anahuaca) que SUCEDÍA CADA 52 AÑOS EXACTOS y que era el tiempo preciso que les tomaba a las cuentas autónomas y paralelas del Calendario Solar (“Tonalpohualli”), del Calendario Terrestre (“Cauhpohualli”) y al Calendario de Venus (o Cuenta larga) converger nuevamente en un “día cero inicial” equivalente al “Primero de los días” de cuando la “Cuenta del Tiempo” comenzó en sus albores. Dicho “día convergente” donde los tres calendarios sagrados se sincronizaban, servía de renovado punto de partida para el siguiente Ciclo Cósmico de 52 años.

No obstante, a la par de ese portentoso entramado matemático que desarrollaron nuestros antepasados, quienes supieron correlacionar y hacer converger en UN MISMO PUNTO O MOMENTO los “ciclos espacio-temporales” de los tres astros mas sagrados (Sol-Tierra-Venus), aquel largamente esperado rito del Toxiuhmolpilia fue premeditadamente calculado por los astrónomos de los templos anahuacas (los “ilhuicatlamatini”) para que COINCIDIERA con un extraordinario evento astronómico que también sucede cada 52 años y que consiste en la ascensión al Cenit o “Centro del firmamento nocturno” del Cumulo de las Pléyades, algo que nuestros ancestros sabían con extrema precisión y que les servía de “herramienta de calibración” para ajustar todos sus calendarios científico-religiosos y tenerlos de ese modo, perfectamente sincronizados entre sí y con los REALES MOVIMIENTOS de los astros.

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De tal suerte, esta “Celebración Magna” del Cempoalilhuitl, llamada Toxiuhmolpilia o Ceremonia del Fuego Nuevo, se realizaba exclusivamente CADA 52 AÑOS, aunque cada Año Nuevo (“Atlacahualo”) se llevaba a cabo un gran fiesta cuyo motivo era la sahumación y consagración de la caña o carrizo (que representaba “una unidad”) que había servido de poste de la sagrada Bandera insignia (“Pantli”) que portó el glifo sagrado y representativo del Año anahuaca (“Xiuitl”) que había terminado. Dicho carrizo tallado con símbolos sacralizados, vendría a ser depositado y custodiado celosamente en un venerable altar del Tlillancalco (“el Palacio Negro”), conformando así paulatinamente una pila de carrizos que crecía en orden de uno, año con año, hasta completar los 52 carrizos al cabo (naturalmente) de los 52 años que había entre un Toxiuhmolpilia y el siguiente. Tales carrizos atesorados en el Templo del Cihuacoatl (“Supremo sacerdote”) habrían de servir de “leñas” para calentar y encender la gran hoguera que enmarcaba el momento cumbre de dicha celebración quincuagenaria del Fuego Nuevo, que como ya hemos dicho sucedía cuando el cumulo de las Pléyades se posaba sobre el cenit de la “jícara celeste” o firmamento. Sigue leyendo

El Origen de la Veneración a las Montañas y Cerros en el Pensamiento Anahuaca. por: Tecuhzoma Teutlahua

 

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Nos encontramos en el mes 13, dentro del Calendario Religioso (Cempoalilhuitl) del Antiguo Anahuac, siendo el nombre de este mes ya en curso, el de TEPEILHUITL que a bien se traduce como la “Fiesta de los Cerros o Montes” y es por esta misma razón tan importante, que esta nueva publicación nuestra tendrá como propósito clarificar las Razones Originarias del por qué las ALTAS CUMBRES NATURALES eran tan sagradas y tan celebradas por los primeros mexicanos.

Para empezar, podemos citar la forma ya ampliamente conocida por muchos, de cómo se llevaba a cabo la Ceremonia ritual dedicada a la fiesta de “Tepeilhuitl”, la cual consistía en procesiones religiosas que se iniciaban al amanecer (“Iquiza Tonatiuh”) y a paso de tambor y caracol (marcha “teonenemi”), encabezadas por los “Ofrendadores o Custodios de lo Sagrado” (Sacerdotes/Tlamacazqui) disfrazados de “tlaloqueh” (sirvientes de Tlaloc). Estos desfiles festivos y sagrados eran nutridos por largas filas de gente que jubilosamente asistía para caminar en grupo, a través de senderos apartados al interior de los valles, con la intención de llegar hasta la cima de las elevaciones naturales cercanas a sus poblaciones, que podían tratarse de montañas, montes o cerros según el caso.

Acto seguido, una vez que se encontraban en la parte más alta de los cerros, la gente allá reunida en lo alto depositaba sus ofrendas de muy variadas índoles, en los Templos construidos en dichas cimas (llamados Ayauhcalli o “Casas de la Niebla” y dedicados a la Astralidad dual de Tlaloc-Chalchiuhtlicue), mientras en mansa convivencia en medio de banquetes y actividades lúdicas, los asistentes aguardaban por el ocaso (“Onaqui Tonatiuh”) y la llegada de la neblina característica de aquellas considerables alturas, para de ese modo todos juntos, poder festejar a su querido monte inmersos “ENTRE NUBES”, elevándole cantos y rezos, al tiempo que los más ataviados (especialmente para la ocasión) danzaban extasiados sus bailes sagrados de agradecimiento a la Naturaleza y al Cosmos por las lluvias otorgadas ese año, mismas que posibilitaron que las cosechas se lograran, pero al mismo tiempo, aquellos que festejaban en las cimas danzaban para despedir solemnemente a las últimas precipitaciones que habrían de caer del cielo antes de que la temporada invernal, ya en ciernes (mes 14), entrara de lleno y con ella comenzara la época de estiaje o secas.

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Las personas que no podían asistir a estas caminatas a campo abierto, por razones de edad u oficio, ofrendaban en los templos de la ciudad unas figurillas hechas de amaranto (“tzoalli”) preparadas ricamente y con forma de “montes”, mismas que colocaban sobre alfombras de heno (“pachtli”) para reverenciar de ese modo “la ya muy vieja edad de los cerros”. Sigue leyendo

Encuentro Moctezuma-Cortés: el día en que la Historia del Mundo cambió. Por: Tecuhzoma Teutlahua

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8 de Noviembre de 1519, día que el invasor Hernán Cortés (a la cabeza de sus sanguinarias y engrosadas huestes conformadas por cientos de españoles y miles de tlaxcaltecas), hizo su entrada en la esplendorosa México-Tenochtitlan. El “Ue Tlatoani” de la ciudad, Motecuhzoma Xocoyotzin (Moctezuma II) sin sesgo de cobardía y haciendo ostentación de su honorabilidad y diplomacia se ofreció a la vista de sus enemigos haciéndose rodear de un fausto y de una elegancia a la altura de cualquier otro Gran Señor y Soberano del mundo hasta entonces conocido, pues se dice en las crónicas de aquel negro día, que Moctezuma de sereno semblante y erguido con galantería recibió a los indignos de él y malolientes detractores suyos, revestido en una gloria equiparable a los recibimientos de etiqueta del mismísimo “Rey Sol” Luis XIV o del Gran Mongol Genghis Khan.

Era claro que la intención del legendario tlatoani mexica de recibir en su propia casa a quienes le deseaban la muerte, obedecía no a una “rendición adelantada” como intentan hacer creer los patrañeros eurocentristas que cuentan la historia a su conveniencia, sino a las añejas tradiciones anahuacas de no iniciar conflicto alguno sin antes MIRAR DE FRENTE los ojos del adversario y ahí mismo cara a cara, como nobles guerreros declararse sus afrentas o detener la guerra a cambio de una paz negociada, una diplomacia y usanza entre los honorables Señores Anahuacas que ningún barbárico europeo del siglo XVI entendería y ciertamente el intrigoso y desleal Hernán Cortés no fue la excepción a la regla, pues dicho sea de paso, el Extremeño nunca luchó una batalla con él mismo por delante sino siempre al cobijo y detrás de las anchas líneas de sus engañados soldados.

Para aquel día apertura del mes anahuaca de Tepeilhuitl, Moctezuma superaba los 50 años de edad, seguía siendo un hombre en plenitud física y su alto nivel de conciencia y madurez mental estaba exenta de cualquier sospecha, pues su gran sapiencia había sido manifiesta durante las ya casi dos décadas en las que llevaba ocupando dignamente el Alto cargo de Tlatoani (la Voz de todos) que el “Tlatocanecentlaliliztli” (Consejo Supremo) le había conferido a él, Xocoyotzin, por encima de cualquier otro aspirante, precisamente por ser destacado y valiente guerrero y un hombre de “prudentes palabras”.

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Así pues, lo que Cortés tuvo frente a sus ojos aquel día que entró a la excelsa capital azteca, fue a un hombre que le opacó en todo sentido, pues Moctezuma lucía a los ojos de los españoles como un hombre-astro o una ensoñación divina, como un monumento vivo de piel dorada y elevada estatura, de carnes esbeltas y músculos firmes, de fisonomía seria y grácil, lleno de nobleza y con un rostro recio pero atemperado de bondad. Tal fue el impacto y fascinación que Moctezuma produjo en las mentes españolas, que les pareció estar ante la viva imagen encarnada en un cuerpo moreno del “Nuevo Mundo” de un prístino santo de la antigüedad o del mejor de los apóstoles de ellos los católicos, no siendo gratuito el apodo de “Santozoma” que a la postre los españoles dieran al tlatoani a quien con solo con verle por primera vez, hizo que se le borraran a Cortés las intenciones de matarle como un enemigo más y sí en cambio, aceptar el ofrecimiento de ser su huésped y encerrarse en el Palacio de Axacayatl para en serenidad pactar la paz y ver salir de ahí una posible alianza entre reinos de ultramar en lugar de la guerra genocida que terminó desatándose al final, auspiciada por los celosos tlaxcaltecas, los eternos bárbaros del Anahuac quienes apoyados por el troglodita Pedro de Alvarado alejaron a Cortes de su “vana” idea de ser amigo de Moctezuma a quien como un “Judas” de la tradición católica terminó traicionando luego de estrechar su mano aquel 8 de noviembre del 1519, una decisión digna de un hombre sin honor que solo podía esperarse de un romanizado colonizador, y que cambiaría para mal el curso de LA HISTORIA MUNDIAL, pues de haber continuado Cortés con la humanitaria y sabia invitación de Moctezuma a formar honestos lazos de cooperación entre la corona española y la mexicana, entre el mundo de Anahuac y el de Europa, el MUNDO ENTERO (y no solo ellos dos) hubiese avanzado a pasos agigantados en todos los aspectos, desde lo científico hasta lo moral, en lugar de haberse sumido por siglos en el estancamiento de la barbarie imperialista y la ignominia moral que hoy día es conocida (y padecida) por todos sin importar la latitud. Sigue leyendo

La MUERTE y los SUPRA-MUNDOS de la Cosmogonía Anahuaca. Por: Tecuhzoma Teutlahua

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Hoy es nuestra fecha nacional dedicada a la celebración del “Día de Muertos” (MICCAILHUITL) y por motivo de ello compartimos gustosamente con ustedes el presente texto, mismo que se ocupara ampliamente en rescatar la COSMOVISIÓN ORIGINARIA DE ESTA FESTIVIDAD de los muertos (mexicana de origen y mundialmente reconocida), la cual, pese a que en la actualidad tiene añadiduras de la cultura comercial moderna y otras producto del sincretismo religioso (mayoritariamente con el catolicismo), no por ello deja de ser INOBJETABLE que la “sabia convivencia del buen mexicano con la muerte” nos viene legada desde tiempos del Antiguo Anahuac y en consecuencia, podemos estar seguros que el actual “Día de Muertos” conserva EN SÍ MISMO, mucho de la ESENCIA (aunque no tanto de la forma) de la ancestral fiesta MICCAILHUITL que celebraban los primeros mexicanos.

De momento, conviene dejar asentado que esta “solemnidad con la Muerte” se vigorizaba y celebraba en el Anahuac sobretodo en mes en particular perteneciente a su Calendario científico-religioso, propiamente nos referimos al mes que llamaban con el místico nombre de “Teotleco” (que bien puede ser traducido como “EL ASCENSO DE LO DIVINO” o “LA PARTIDA DE LAS ESENCIAS”) y que constituía el mes número 12 de un total de 19 meses sagrados (18 de veinte días, más uno de 5 días) y que a su vez constituyen el ciclo completo de la “Cuenta Cempoalilhuitl” donde estaban marcadas todas las fechas de las “Fiestas Sagradas” de nuestros ancestros.

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Dicho sea de paso, aquellas fiestas sagradas del Anáhuac en su mayoría, HOY DÍA LAS SEGUIMOS CELEBRANDO AUNQUE NO SEAMOS CONSCIENTES DE ELLO (como justamente es el caso del “Día de Muertos”) pues nuestras actuales fiestas religiosas caen en las mismas fechas en las que tenían establecidas las propias nuestros ancestros, pero ahora las viejas celebraciones del Anahuac nos han llegado mimetizadas, distorsionadas, parcialmente sustituidas o simplemente ocultadas detrás de la “mascarada” de las festividades católicas a los “Santos Patronos en los pueblos” que la impuesta religión romana nos ha hecho celebrar a ciegas en “nuestras propias fechas ancestrales”, aprovechándose del hecho de que durante la Colonia, los clérigos católicos tuvieron acceso al venerable conocimiento del CEMPOALILHUITL y así descubrieron en que días eran las festejos más importantes del calendario anahuaca para con ello, intentar reemplazarlas perpetuamente por fiestas católicas (una ruin tarea que no llevaron a cabo tan bien como creyeron, pues hemos comenzado a quitar la “paja” aventada sobre nuestras fiestas ancestrales para redescubrirlas y reclamarlas como nuestras otra vez).

Así pues, el mes de Teotleco en correlación con el calendario romano gregoriano (el hoy vigente) corre desde el día 18 de octubre hasta el 7 de noviembre (20 días), con lo cual se hace evidente una vez más, que los primeros mexicanos recordaban “a sus muertos” en las MISMAS FECHAS que nosotros hoy día, por tanto, no es un disparate ni una ligereza mental afirmar que nuestra celebración actual de “Día de Muertos” es una CONSECUENCIA DIRECTA de la fiesta anahuaca de MICCAILHUITL del mes de TEOTLECO. No obstante, también es importante y justo resaltar que la forma en que los primeros mexicanos pensaban acerca de la muerte y la honraban, dista en buena medida de la forma y configuración actual del Día de Muertos. Entre las diferencias más significativas “del ayer y el hoy”, podemos citar las siguientes (mismas que valdría mucho la pena reintegrar a nuestra manera actual de ver y celebrar a la muerte):

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1) Durante el mes de TEOTLECO, las procesiones y ceremonias no solo se centraban en la muerte humana, de hecho, la muerte de los hombres era la mínima parte del propósito de este mes anahuaca y su fiesta MICCAILHUITL; en realidad, el sentido de esta Festividad sagrada era HONRAR A TODAS LAS COSAS MUERTAS Y PEDIR POR SU RECICLAMIENTO CÓSMICO, empezando por la propia Naturaleza y el Universo, los soles, los mundos, las viejas ciudades, las plantas, los animales y hasta la tierra misma eran los “difuntos principales” de esta celebración (por encima de los familiares difuntos). En este punto, hay que recordar que cada una de las festividades del Anahuac tenían una estrecha e innegable relación con los ciclos del tiempo del planeta y fue precisamente ese el motivo por el cual, el mes “EL ASCENSO DE LO DIVINO” o “PARTIDA DE LAS ESENCIAS” (TEOTLECO) se escogió para celebrarse en días ya muy entrados del Otoño, que es la época del año donde ya no es posible arar y sembrar la tierra, pues su fecundidad se ha ido (se ha elevado al cielo) y en cierto modo, es lo mismo que decir que su “Esencia partió” y que ahora la tierra está “muerta”. No obstante, la intención no era lamentarse por ese hecho de que la tierra y el Universo morían, pues al igual que la vida humana, en las fiestas de TEOTLECO se le agradecía al “Creador” al “Padre-Madre” que se nos hallase prestado vida y que al igual que “la tierra muerta y estéril hoy, pero viva y fecunda mañana”, se le pedía a la Divinidad “no dejarnos morir para siempre”, se le rogaba “acogernos y reciclarnos en algo mejor” (un mensaje hermoso sin duda alguna).

2) En la filosofía del Anáhuac, lo único verdadero era la EXISTENCIA (Nemiliztli), pues la Vida (Yoliztli) y la Muerte (Miquiliztli) eran dos estados alternados de la Existencia misma. Se decía, que los muertos continuaban en “el Mas allá” el viaje que habían empezado en esta tierra, es decir, uno existía en la vida, pero también en la muerte.

3) No existía el concepto de “sepulcro”, para nuestros antepasados el hecho de depositar bajo tierra los cadáveres o las cenizas de los difuntos, más que un entierro representaba que SEMBRABAN A LAS PERSONAS DE NUEVO, era el simbolismo de que la Existencia nos reciclaba a todos. Se decía que las plantas, los animales que morían o personas perdidas cuyos cuerpos no se enterraban (sembraban) eran de cualquier forma encontrados por la Astralidad Tlaltecuhtli (el subsuelo) quien recibía en sus fauces los cuerpos inertes “para tragarlos, garantizando así que todos entrarían al ciclo del reciclamiento.

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4) Tampoco había la figura del panteón, salvo la excepción del sagrado Tzompantli que era el mausoleo donde se concentraban los cráneos de las personas muy especiales o prominentes ya fallecidas, al común de las personas SE LES SEMBRABA (enterraba) EN EL MISMO LUGAR DONDE HABÍAN NACIDO, lo anterior, con la finalidad de cerrar material y espiritualmente, el ciclo de su paso por la tierra. El cuerpo del difunto era regresado al punto inicial donde había comenzado su vida, por ello era muy común que en el seno de los hogares, bajo el piso de los jardines o salas, se encontraran los restos o cenizas de las personas muertas; pues en aquellas épocas, las personas nacían por medio de parteras en el interior de las casas. “Parir” y “partir” en cierto modo eran sinónimos, cuando menos semejantes en cuanto al lugar físico.

5) Para los antiguos mexicanos la Muerte era sagrada e inspiraba una respetuosa fascinación, mas no por el sentido morboso y sádico que hoy día creemos, sino porque ellos veían a la Muerte como el EJE RECTOR del Universo, pues la muerte era la medida de todas las cosas creadas, además de creer que todo cuanto estaba vivo, de una u otra forma, merecía morir. Así pues, Todo moría, nada quedaba sin morir y ese era el gran regalo del Creador, pues la Muerte nos hermanaba a todos con el Cosmos, “el rostro de calavera” era verdadero rostro de los hombres y su máscara de piel (la cara personal) no era más que un disfraz (un nahual). Tanto calaba la creencia de que todo cuanto existía moría, que incluso EL TIEMPO TAMBIÉN MORÍA, y fue en base a esa concepción del “tiempo perecedero” que tuvo lugar la instauración de la trascendental “Ceremonia del Fuego Nuevo” que se realizaba fastuosa y solemnemente al final de cada siglo cósmico de 52 años (Xiuhmolpilli), pues tal ceremonia era tomada por la población como eso, como “La muerte y entierro del Señor Tiempo” (incinerado y vuelto a sembrar).

6) Más que en la idea de “ánimas” que es la creencia catequizada de nuestros días, en el Anahuac se creía que lo que salía del cuerpo al morir, era el “Tonalli” (la energía pensante) y el Ehecatl (viento-espíritu) y que estas dos fuerzas no morían, sino que eran recicladas una vez concluido el proceso del viaje del difunto en el ”Más allá” (Mictlan), donde aguardaba por él la omnipotente “Astralidad Dual de la Muerte” (Mictlantecuhtli y Mictecacihuatl)

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7) Los altares familiares de la fiesta de los muertos en el Anahuac, no estaban dedicados en primer plano a los parientes difuntos sino a las ENTELEQUIAS SAGRADAS, y los rezos eran dirigidos a estas Fuerzas custodias o Señores de la “Región de los Muertos”, pues se sabía que los muertos NO REGRESABAN como “fantasmas” a este plano terrenal como hoy día se cree. Los primeros mexicanos sabían que sus muertos solo podían escuchar los lamentos y palabras de cariño de sus seres queridos aún vivos, tan solo algunas horas después de fallecer, cuando todavía su Ehecatl y Tonalli permanecían junto a su cadáver antes de partir a su viaje al “Mas allá”, después de ese punto, solo las Fuerzas custodias de la “Región de los Muertos” podían llevar o traer los mensajes entre los vivos y los occisos. Por ello resultaba inútil pretender hablar con los muertos directamente y hacer una ofrenda intentando agradarles, pues a quien se le hablaba e intentaba agradar con copal, flores y ofrendas era a los “Señores de la Muerte”, en otras palabras, en los altares del seno del hogar y templos no se veneraba a personas muertas, sino a los “Custodios celestes” que cuidaban del Tonalli-Ehecatl de esas personas muertas, con la esperanza de que sus mensajes fueran recogidos y llevados por ellos “hasta oídos” de sus seres amados existiendo en el “Más allá”.

8) Para los primeros mexicanos “la forma de morir era la síntesis de la forma de vivir”, por ello se decía que el tipo de muerte también describía el tipo de vida que una persona llevaba y en consecuencia, eso DEFINÍA el tipo de “supra-mundo” al que eran proyectados los hombres cuando éstos morían. De tal suerte que no existía un “Mas allá” único, sino un mapa astral diverso a donde podían llegar los muertos según la naturaleza de su muerte (y vida).

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Al presente, dentro de la Cosmovisión del Anahuac se tienen identificados hasta 5 posibles lugares o destinos a los que llegaban los muertos después de su paso por el Plano Terrenal (Tlalticpac), estos sitios del “Más allá” donde morarían las personas un largo tiempo, hasta antes de su reciclamiento son:

I) Los muy valientes terminaban normalmente muertos en batalla (o al dar a luz y no sobrevivir al parto en el caso de las mujeres) y por tanto a todos ellos les tocaba ir a la esplendorosa y fastuosa “Casa del Sol” (Tonatiuhilhucac ó Tlapallan) donde cuidaría de ellos la Astralidad dual de Tonatiuh-Tonantzin;

II) Las personas laboriosos terminaban normalmente muertas en los valles arrastrados por las corrientes de agua o impactados por un rayo o enfermos de tanta humedad por estar en los campos de cultivo, a ellos les tocaba ir al lugar paradisiaco y de abundancia de la “Casa Nublada” (Tlalocan) donde cuidaría de ellos la Astralidad dual de Tlaloc-Chalchiuhtlicue;

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III) Las personas que morían de forma natural, por enfermedades o accidentes no relacionadas con la siembra o simplemente por llegar a viejos porque habían sido neutrales o sabios en la vida, les tocaba ir a la “Casa de la Calavera” (Mictlan), que no era más que un páramo de descanso y paz inacabable donde cuidaría de ellos la Astralidad dual de Mictlantecuhtli-Mictecacihuatl;

IV) Los niños que morían antes del destete o que no habían probado maíz por su muy corta edad, se les consideraba “xilotl” (jilotitos) o “personas tiernitas” y por tanto se decía que iban a la “Casa del Maíz” (Cincalco) que era un vergel divino con una región de árboles sabios (Chichihualcuauhco) que les servían de madres y pechos nodriza a los niñitos difuntos, también aquí llegaban todos aquellas grandes personas desprendidas de los goces terrenales y que murieron inmolándose en nombre de la Divinidad o de su pueblo, allá cuidaría de ellos la Astralidad dual de Xipe Totec-Quetzalcoatl;

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V) Por último, el quinto páramo extraterrenal (de tradición oral y que se confunde con el Cincalco) es a donde iban todos aquellos que eran condenados a muerte por un delito grave o los que se suicidaban por una pena muy grande, según algunas versiones, este tipo de muertos iban a la “Casa de la Negrura o de la Luna” (Tlillan Tlapallan) un lugar solitario y neblinoso que sumía a los que llegaban hasta allí en hondas reflexiones. De las Astralidades regentes nahuas de este supra-mundo no se sabe mucho con certeza (¿Tezcatlipoca-Tlitlacahuan?), pero en la vertiente maya aparece la Señora lunar Ixtab que significa “la dueña de la soga”.

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Para finalizar bellamente este texto, demos paso a un precioso y profundo poema anahuaca que sintetiza magníficamente el sublime pensamiento de los primeros mexicanos respecto de la Muerte… de “AQUELLO QUE NOS HERMANA A TODOS”.

Se trata de extracto de poemas originales recogidos de las fuentes históricas, mismo que transcribiremos en su idioma original náhuatl y posteriormente en su traducción al español, para de ese modo, no perder detalle alguno acerca de su poderoso mensaje y excelsa filosofía contenida:

(Extraído del Códice Florentino, libro VI y X)

Cuix tel amicohuaz, campa
Zan ie nel nen onhuiloaz, ca
Totequiuh in Miquiztli, ca
Techcenmaceuh, auh ca
Miquiztequitihoaco in tlalticpac.
Ce iuh mitoaia; in jquac timiqui, ca amo
Nelli timiqui ca ie tiyoli, ca ie titozcalia,
Ca ie tinemi, ca tica…

“¿Acaso no habrá muerte?,
¿A dónde en verdad se ira?,
Pues es Nuestro tributo la muerte,
Nos mereció a todos 
Ofrendarla aquí en la tierra.
Pues así decían: cuando morimos, no es
Verdad de que morimos, pues todavía
Vivimos, pues
Resucitamos, existimos,
Nos despertamos…”

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“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

 

Fuente: https://www.facebook.com/pueblodelaluna.metzitzin

 

Moctezuma no creyó que Hernan Cortes se tratara del “dios Quetzalcoatl”. Por: Tecuhzoma Teutlahua

 

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El tlatoani mexica Moctezuma “el Joven” (o Motecuhzoma Xocoyotzin) nunca consideró al invasor Hernán Cortes como “el dios Quetzalcóatl retornado”, tal y como reza la falseada versión eurocentrista de la Historia del México Antiguo; esta mentira es tan endeble que cae por sí misma, pues simple y llanamente en la Religión-Ciencia (Toltecayotl) que se practicaba en el Anáhuac NO EXISTÍA la noción Mesiánica, es decir, los anahuacas no creían en “Mesías divinos” ni esperaban a ninguno en 1519, por más que insista en asegurar la deformada leyenda del gran sabio Ce Acatl Topiltzin (el histórico soberano tolteca grado Quetzalcoatl), al cual se le achaca falazmente que antes de inmolarse en fuego (o ahogarse entre las olas del mar), lanzó la profecía de que regresaría físicamente “algún día”. Dicha profecía, es una interpretación reciente, absurda y evidentemente de autoria fanática que no encaja en la sublime filosofía del sabio Ce Acatl, quien en las fuentes históricas se le describe rebosante de humildad, sabedor de su condición de mortal como cualquier otro semejante, y que no añoraba regresar al mundo sino que buscaba un medio para la reivindicación (inmortalidad) en el “mas allá”, ansiando escapar para siempre de la inclemente materialidad de la existencia terrena.

Aunado a lo anterior, la “Toltecayotl” tampoco estaba fundamentada en la creencia de “múltiples dioses” (como repiten mecánicamente los desinformadores actuales), sino que su Fe ancestral estaba basada en la idea de un “Dios Único, Inconcebible y sin Nombre”, Dador de la vida y generador de las Fuerzas Primigenias (los 4 Tezcatlipocas) que sustentaban al Cosmos (el Ometeotl), y donde el papel del humano era contribuir a “perfeccionar la Creación Universal” con ayuda del Arte y rigiéndose bajo un Estado Ético. Por tanto, ni Moctezuma ni nadie de entre los Consejeros del palacio, esperaban el “regreso de ningún dios”, porque simplemente en sus cabezas no había tales creencias ajenas a su Cosmovisión religiosa.

El bello y atávico concepto de “Quetzalcóatl” (“El gemelo precioso”, la sabiduría celeste en la Tierra) no se trata de un “dios prehispánico” como afirmaron los fantasiosos interpretes católicos al intentar comprender la sublime naturaleza de la Fe de Anáhuac. “Quetzalcoatl tlamacazqui” se estimaba entre los anahuacas como el Venerable título y Alto Cargo humano, que se le otorgaba a los sabios más excepcionales de cada generación, quienes habían sabido encarnar y llevar a su máximo nivel la Sabiduría de su época, algo que desde luego, el barbárico Hernán Cortes estaba muy pero muy lejos de llegar a acreditar ante los ojos de nuestros sensatos ancestros.

Que en las tierras del Anáhuac se le confundiera a Cortes supuestamente con el “Dios Quetzalcoatl”, es una difamación más en la larga lista de invenciones que los teóricos de la invasión formularon perversamente para justificar acerca del cómo y por qué el Capitán de la corona española y sus huestes, habían reclamado para si mismos, las ciudades y los tesoros del Anáhuac sin dejar nada para sus originales dueños, pues según esta “cobarde teoría” los antiguos mexicanos le habían “regalado de buen grado todo cuanto tenían a Cortes, pues lo consideraban su amado dios que había vuelto” (¡vaya cinismo!).

No obstante, la refutación a este cruel y premeditado engaño europeo, sobreviviente por 500 años en los libros de historia, es todavía más contundente aun, pues EL MISMÍSIMO HERNÁN CORTES NUNCA AFIRMO QUE EL GRAN MOCTEZUMA LO HUBIESE CONFUNDIDO CON UN TAL QUETZALCOATL (ni en sus escritos y Cartas de Relación), ni siquiera sus defensores y hombres allegados lo hicieron, ni fray Francisco de Aguilar, ni Andrés de Tapia, ni Bernandino Vázquez de Tapia, ni el llamada “Conquistador Anónimo”, ni Bernal Díaz del Castillo en sus respectivos escritos en 1568, ni ninguno de los 184 testimonios de los soldados declarantes en los “Juicios de Residencia” contra Cortes y Pedro de Alvarado refieren o sugieren al menos que el tlatoani Moctezuma hubiera sufrido “tal confusión” al identificar a Cortes con Quetzalcóatl.

Entonces, si el propio Cortes y nadie de entre sus acompañantes difundieron esta mentira vil de su identificación con Quetzalcoatl, ¿quién lo hizo?, la respuesta a ésto es un polémico personaje que llego a México hasta 1529, (varios años después de que Moctezuma muriera y cayera México-Tenotxtitlan), y quien lamentablemente se trató del fraile Bernandino de Sahagún quien inventó de todo para justificar y sacramentar la invasión en su obra literaria. Fue este religioso quien creo el mito (o calumnia) del “supuesto dios retornado Quetzalcoatl en la figura de Cortes”, echando mano de información teológica de sus “indios catequizados” (informantes) quienes dicho sea de paso, NO CONOCIERON en vida al gobernante mexica Moctezuma y sus opiniones no eran fiables del todo, pues habían sido adoctrinados bajo el dogma católico que inculca en sus fieles la creencia de “Retornos Mesiánicos”.

Por tanto es una mera y vaga especulación lo que Sahagún escribió respecto de la imaginaria “confusión de Moctezuma”, misma que dejo plasmada en las siguientes líneas sacadas al pie de la letra de sus inexactos libros:

“… hablo Motecuhzoma y les dijo: mirad que han dicho que ha llegado Nuestro Señor Quetzalcoatl, íd, recibirle, y oíd lo que os dijere con mucha diligencia”.

A todas luces, estas líneas de Sahagún que han hecho tanto daño a la consciencia del pueblo mexicano y alejado de la verdad a los historiadores de todas las épocas pasadas, son el invento de un hombre dogmatizado quien victima de la fiebre religiosa medieval quiso poner en los labios del gran héroe mexica, Moctezuma, éstos “delirios mesiánicos” que nunca habrían podido salir de su boca sensata de tlatoani, puesto que sus creencias espirituales eran otras y más profundas que las del invasor (y por cierto, mucho más racionales y humanas).

Cerremos esta publicación con las palabras del maestro historiador contemporáneo Romerovargas Yturbide que gozan de toda autoridad en el tema y lucidez:

”… en resumidas cuentas, tomando en consideración los datos que suministra la historia, podemos afirmar que carece de todo fundamento la suposición de que Motecuhzoma hubiera sufrido la confusión de creer que Cortes fuese Quetzalcóatl (o el apóstol Santo Tomas). En cambio con la ayuda de las fuentes, podemos CATEGÓRICAMENTE declarar que Motecuhzoma considero a los españoles como SIMPLES HOMBRES (que morían), que venían de otro país con cosas raras y poderosas armas cuyo secreto ignoraba”

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“A la gloria de esa antigua sociedad de grandes poetas, matemáticos, filósofos y guerreros que añoraban una vida entre Flores y Cantos y una muerte al filo de la obsidiana”

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Una mancha en la historia: “La oscura Carta Requerimiento”. Por: Tecuhzoma Teutlahua

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El presente texto en concordancia con la conmemoración del día del “Encuentro del Anahuac con Europa” (burda y falazmente declarado como el “Descubrimiento de América”), tiene como finalidad dejar en claro los MOTIVOS REALES que impulsaron a los Reyes europeos dependientes de la Corona Vaticana para enrolarse en la campaña de “conquistar” (INVADIR) el continente americano, el cual hasta entonces se había mantenido en pacifica neutralidad para con el resto del mundo (Anahuac sabia que había otras regiones mas allá del mar). No obstante, siglos de paz entre continentes terminaron de golpe, luego de que los navíos de Colon llegaron a las Costas americanas en un día 12 de octubre de 1492 tras surcar el Océano Atlántico (conocido también como el Mar exterior o el “Gran Mar”).

Sin embargo, las razones del por qué Europa procedió de manera tan sanguinaria y barbárica contra América en su primer encuentro son a su vez razones fácilmente detectables, no existiendo la necesidad de “teorizar” o zambullirse en un mar de documentos y conjeturas históricas para encontrar la respuesta; pues, de la “propia mano y tintero” de los invasores, quedaron registrados todos y cada uno de sus razonamientos (medievales) del por que se auto adjudicaron el derecho de subyugar y avasallar a los habitantes y civilizaciones del Cem Anahuac (América) sin siquiera interesarse antes, en intentar tener un encuentro e intercambio cultural y comercial de modo pacifico e igualitario. Nos referimos pues, al aciago documento histórico  y real conocido como la “Carta Requerimiento” de los Reyes Católicos, un documento que sin duda representa una “mancha oscura” en la Historia de la Humanidad.

Sin mas preámbulo, ponemos al disposición del atento lector el contenido de la CARTA REQUERIMIENTO que los invasores españoles leían ante los gobernantes y pueblos anahuacas cada vez que arribaban una ciudad a la que pensaban someter. Esta Carta fue redactada en 1514 por el ideólogo y jurista de la corona católica Juan López Palaciosrubios y entregada una copia con el sello de la Casa Real a todos los expedicionarios colonizadores (entre ellos a Hernán Cortés) con la intención de proveerlos de un “documento legal” que les sirviera de sustento y justificación ideológica del supuesto “derecho divino” que poseían el rey de España y el Papa de Roma, para adueñarse de las tierras de Anáhuac y despojar de todo a sus habitantes originales. En resumen, esta Carta o Requerimiento del Rey argumentaba lo siguiente:

“I. Que los colonizadores españoles venían de parte de los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, quienes eran la pareja real defensora de la Iglesia y soberanos muy poderosos. Que los colonizadores como mensajeros que eran les hacían saber a los americanos que “Dios nuestro Señor” creó el Cielo y la Tierra, y a Adán y Eva y a toda la humanidad, desde que el mundo se creó hace 5,000 años y que la población se había dispersado INDEBIDAMENTE por distintos reinos por todo el mundo. II. Que de todas las gentes Dios nombró Papa a San Pedro para que fuera cabeza de todo el linaje humano donde quiera que hubiera hombres y que este Papa era el REY DEL MUNDO. III. Que el Papa tenía su trono en Roma pero que él mandaba a todas LAS GENTES DEL MUNDO, cristianos, moros, judíos, gentiles o de cualquier secta o creencia sin excepción. IV. Que el Papa es EL PADRE y guardián de todos los hombres sobre la Tierra. V. Que como San Pedro fue REY DE TODO EL UNIVERSO, los Papas que lo precedieron también lo continuarían siendo y así sería HASTA QUE SE ACABE EL MUNDO. VI. Que el Papa de aquella época del “Descubrimiento de América” (Alejandro VI), como DUEÑO DEL MUNDO que era, donó las tierras americanas y sus islas con TODO LO QUE HABÍA EN ELLAS al Rey y a la Reyna de España y a sus hijos, según unas escrituras guardadas en Roma. VII. Que los Reyes de España habían aceptado el generoso regalo del Papa, que consistía en ser dueños de todas las tierras de América y que habían también aceptado obedecer sin resistencia a la Iglesia de Roma, sirviéndolas como súbditos y que estos reyes, de inmediato recibieron a los sacerdotes católicos enviados a España por el Papa para predicarles la fé católica volviéndose vasallos de Roma y que por tanto, los americanos también ESTABAN OBLIGADOS a hacer lo mismo y subordinarse a los Reyes. VIII. Que los Reyes exigían a los americanos entender el mensaje de la Carta (aunque no estuviera escrito en su idioma) y que una vez que se tomaran el tiempo razonable para pensarlo, reconocieran forzosamente a la Iglesia, al Papa y a la Pareja Real de España como sus señores y superiores de estas tierras e islas americanas, dejando recibir de buen agrado a los religiosos católicos para que predicaran libremente en ellas. Finalmente, la oscurantista Carta europea terminaba con la siguiente inhumana amenaza: IX. Si Ustedes (los americanos) reconocen ser súbditos de la Iglesia de Roma, RECIBIRIAN AMOR Y CARIDAD, y Nosotros (los colonizadores mensajeros) dejaremos en paz a sus mujeres, hijos y haciendas y no los obligaremos a ser católicos a menos que ustedes quieran y los reyes les darán muchos privilegios y favores. X. Pero si Ustedes no lo hacen o tardan en aceptar a la Iglesia de Roma como su Ley, Nosotros con la AYUDA DE DIOS LES HAREMOS LA GUERRA, los someteremos al yugo y obediencia del Papa y los Reyes, y nos apoderaremos de sus mujeres e hijos haciéndoles esclavos, dispondremos de ellos, los venderemos, les quitaremos sus riquezas y les HAREMOS TODO EL DAÑO que podamos y todos aquellos que mueran será por culpa de Ustedes y no de Nosotros, mucho menos será culpa de nuestros Reyes”

Al acabar de leer la Carta, estos “mensajeros divinos europeos” solicitaban al escribano que les acompañaba en cada “cordial” visita, que firmara el testimonio de que el Requerimiento había sido leído ante la presencia del Señor principal o líder de la población anahuaca que debía ser conquistada por “Mandato del Papa REY DEL UNIVERSO” (las palabras a ésta atrocidad sobran).

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En el Anáhuac no existía la esclavitud. Por: Tecuhzoma Teutlahua

 

A diferencia del resto del mundo (particularmente de Europa), en el México Antiguo no se practicaba la esclavitud, únicamente existía la figura de la servidumbre, la cual era ciertamente muy rigurosa aunque piadosa y distaba mucho del inhumano trato de esclavos SIN DERECHO a absolutamente nada que los europeos acostumbraban dar a los pueblos que avasallaron tanto en África como en América.

El término para la servidumbre en el Anáhuac era “tlacotin” y podía merecerse por criminalidad o por contrato. Estos tlacotin fueron considerados por los españoles como “esclavos”, aunque no lo eran, pues estas personas sirvientes estaban al servicio de “amos” porque se vendían a sí mismos o habían sido otorgadas por las autoridades penales (o padres) por mal comportamiento. No obstante, en todos los casos los tlacotin podían liberarse fácilmente al pagar su precio o cumplir su trabajo previamente pactado con su “señor”.

Un rasgo civilizado de este tipo de servidumbre, era que los hijos de los tlacotin nacían LIBRES y si los padres así lo deseaban podían vivir entre la familia a la que servían: se les daba vestido, alojamiento y alimentos. Incluso se les trataba como miembros de la familia, al grado que podían casarse con la señora de la casa, si ésta enviudaba o con cualquier mujer libre; podían poseer tierras, casas y hasta tener otros tlacotin a su servicio.

Los tlacotin podían auto-venderse a cambio de una paga segura y su libertad duraba hasta que se gastaran el pago de su venta, después se ponían al servicio de su “amo” a quien se le tenía prohibido venderlos a su vez.

El maltrato de los amos a su tlacotin era muy mal visto y castigado por las autoridades, de hecho la gente no acostumbraba a molestarlos ni hacerles daño. Para ejemplificar lo escrito hasta ahora, pongo a disposición del lector algunas citas sacadas de libros oficiales de historia prehispánica:

  1. “… cualquier hombre y cualquier mujer podía venderse a si mismo”, Gomara, pag 441.
  2. “… ningún hijo de esclavo quedaba hecho esclavo… permitiese a los esclavos que se casaran y que poseyeran un propiedad (casa)”, Gomara, pag 441.
  3. “… en el año 1506, a causa de una gran escasez que sobrevino, muchas familias se obligaron a esta especie de esclavitud, mas luego de un tiempo, todas quedaron libertadas por el rey de Acolhuacán (Texcoco), Nezahualpilli, en atención a las penas que sufrían esas personas”, Clavijero, libro VII, cap.18
  4. “… toda persona que encontrase a un niño extraviado, y lo hiciere su esclavo, o lo vendiera como si fuese su propio hijo, perdía por este crimen su libertad y sus bienes”, Clavijero, libro VII, cap. 17
  5. “… el asesino perdía su propia vida a causa de su crimen, a pesar de que la persona asesinada fuese su esclavo”, Clavijero, libro VII, cap. 17
  6. “… se prohibía que un hombre libre a quien naciese un hijo de una esclava, se convirtiese en esclavo del amo de aquella. También se prohibía que el hijo o esposa de un deudor muerto pudieran ser esclavizados por el acreedor. Pero esto ultimo era practicado por muchos españoles”, Torquemada, libro XIV, cap. 17
  7. “… un esclavo en una tribu indígena, poseía su habitación con su propio hogar, objetos en propiedad, una tierra, su mujer, sus hijos y su libertad, excepto cuando en épocas determinadas, su señor tenia necesidad de él para construir su casa, o para labrar su campo, o para otras cosas parecidas” Carta al Emperador por los Oidores de México (1552)
  8. “… los indios mexicanos trataban a sus esclavos como parientes y vasallos, en cambio los cristianos los trataban como a perros”, Helps, III, pagina 120.

Por otro lado, se sabe que en el Anáhuac se practicaba una verdadera MERITOCRACIA y cada individuo podía ser amo o servidumbre según su esfuerzo personal, pues por mérito propio los ciudadanos podía ascender en la escala social sin importar su cuna de origen o linaje.

Si bien el Anáhuac era una sociedad con capas sociales bien diferenciadas, no existían las clases sociales cerradas donde heredaban los mayores privilegios solo los hijos de los gobernantes o ricos. Basta mencionar que Itzcoatl, el gran Ue Tlahtoani mexica, ERA HIJO DE UNA TLACOTIN de Azcapotzalco.

¿Cuán sabia habrá sido la civilización del Anáhuac que hasta ser “esclavo” (tlacotin) era por decisión propia?

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Las Constelaciones y Astros anahuacas. Por: Tecuhzoma Teutlahua

Nuestros ancestros, al igual que el resto de las civilizaciones mas avanzadas de la antigüedad como lo son Egipto, Grecia y la propia China, fueron proliferos observadores y estudiosos de la Naturaleza. Particularmente, los anahuacas se distinguen entre los pueblos del mundo que mejor dominaron “la Ciencia de las Estrellas” y son si lugar a duda y por merecimiento propio, los PRIMEROS Y MAS GRANDES ASTRÓNOMOS de la historia de la humanidad.

Algunas correlaciones de astros, grupos de estrellas (constelaciones) y eventos astronómicos de estudio de los “Ilhuicatlamatineh” (astrónomos nahuas) versus sus nombres de dominio popular son:

1) Tianquiztli (“mercado”) —— Cúmulo de las Pléyades

2) Citlaltlatxtli (“juego de pelota”) —— Const. Géminis

3) Citlalpol o Tlahuizcalpantecuhtli —— Planeta Venus

4) Citlalin popoca (“Estrella humeante”) —— Cometas

5) Citlalin tlamina (“Estrella que corre”) —— Estrella Fugaz

6) Xonecuilli (“Pierna torcida”) —— Const. Osa Menor

7) Citlalollin (“Estrella del movimiento”) —— Estrella Polar

8) Citlalcolotl (“Estrella aguijón”) —— Const. Escorpio

9) Tonatiuh (“El que va irradiando”) —— El Sol

10) Metztli (Nombre de la luna) —— La Luna

11) Tonatiuh cualo (“Sol comido”) —— Eclipse Solar

12) Metztli cualo (“Luna comida”) —— Eclipse Lunar

13) Youaltecuhtli (“Señor de la noche”) —— Estrella Aldebarán.

14) Mamalhuaztli (“bastón para el fuego”) —— Const. Orión

15) Mixcoatl (“Nube de Serpientes”) —— Vía Láctea

 

Definitivamente había “algo” en el cielo que cautivó y fascinó a los antiguos astrónomos anahuacas, quienes por generaciones no desistieron en adentrarse en los misterios cósmicos y científicos del firmamento, a tal grado que nuestros “antiguos observadores del cielo” lograron arrancar cientos de secretos a los astros, secretos que la fecha nos siguen maravillando.

Nos preguntamos, ¿cuántos de esos secretos de las estrellas que conocían los anahuacas no sobrevivieron hasta nuestros días y quedaron destruidos en las “hogueras de la vergüenza” de la quema de Códices que perpetró el invasor europeo? (… y ¿cuántos mas de esos secretos siguen esperando a ser rescatados de debajo de las ruinas o del estante de una colección privada de reliquias apartada de la vista publica?).

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La Alta Ética de los Señores Anahuacas. Por: Tecuhzoma Teutlahua

Los gobernantes y dirigentes de la civilización del Anáhuac se caracterizaban inexorablemente por ser personas muy cultas, disciplinadas y sensibles a su sociedad y a la Naturaleza.

Nadie que no tuviera la formación intelectual necesaria y los méritos suficientes, ya sea por su altruista labor comunitaria o por demostrar valía en la guerra, podía acceder a los puestos mas altos dentro de la estructura social anahuaca, y eso incluía desde luego, a los aspirantes de los sagrados cargos de “Hue Tlatoani” y “Cihuacoatl”: las dos emblemáticas figuras publicas del poder político y religioso (respectivamente) y quienes a su vez, eran miembros centrales dentro del gobierno que residía en el Consejo Supremo (Tlatocan).

Para garantizar la Alta Ética en los actos y decisiones de todos y cada uno de los Señores Principales de la confederación anahuaca, se estableció que todos ellos antes de ocupar sus cargos, deberían pasar obligatoriamente desde jóvenes por el “Calmecac”, la cual era la máxima Casa de Estudios de aquellos primeros mexicanos. Las asignaturas directrices que se enseñaban en el Calmecac a los futuros líderes de Anahuac eran fundamentalmente las siguientes:

1) Tlapohualiztli: Ciencia de las cuentas o matemáticas.

2) Ilhuicatlamachtiliztli: Ciencia de los cielos y astros.

3) Ilhuitlapoal amoxtli: Libro de la cuenta de los días.

4) Tonalamatl: Estudio de las Energías humanas

5) Nepillahtolmachtiloni: Arte de hablar con elegancia

6) Chicaquiztiuh tlaxtlahuiliztli: Estadística y censos

7) Tlahtocamecayo-machtiliztli: Ciencia del gobierno

8) Tlahtocamecachtiliztli: Conocimiento de las genealogías.

9) Pahnamachtiliztli: Conocimiento de las plantas medicinales

10) Teotlamachtiliztli: Conocimiento de lo Sagrado. Teología.

11) Cahuitlamachtiliztli: Historia. Estudio de los ancestros.

12) Yehuecauhtlalotitin: Consejos de los ancianos.

13) Tlacuiloliztli: Escritura ideográfica. Simbolismos.

14) Toyoliamachtiliztli: Conocimiento del alma y lo invisible.

15) Quiauhtlazolmachtiliztli: Conocimiento de las lluvias. Energía del agua.

Los maestros del Calmecac eran los llamados maestros o “Temachtiani”, los “Tlamatini” o sabios, los “Huehuetque” o ancianos, los “Toltecatl” o artistas, y los “Teachcahuan” o capitanes. Todos eran electos para impartir clases, en base a sus cualidades morales y sus aptitudes y conocimientos.

Al graduarse del Calmecac, los egresados eran reconocidos bajo el título de “Nehmatcatlatoanime”, es decir, “Personas prudentes al hablar” (cuanta falta nos hacen hombres y mujeres con ese honorable título hoy día)

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