Lo que Hernán Cortés halló

Golfo. Mosaico ancestral’ abre hoy al público en el marco de los 500 años del arribo del militar español

Pieza del lote denominado Las joyas del pescador. Fotos: Cortesía INAH

CIUDAD DE MÉXICO.

La mujer escarificada, conocida como La Venus de la Huasteca, el bloque de El Cascajal —vestigio de piedra que podría contener escritura olmeca—, Las joyas del pescador y la ofrenda funeraria que Carlos Pellicer rescató a mediados del siglo XX, son algunas piezas que integran la exposición Golfo. Mosaico ancestral, que hoy abre al público en el Museo Nacional de Antropología (MNA).

La muestra contiene 300 piezas y es la primera que conmemora los 500 años del desembarco de los europeos en las costas del Golfo y la Fundación de Veracruz, detalló a Excélsior la arqueóloga Rebeca González Lauck.

La idea es contar al público lo que había en la costa del Golfo antes de la llegada de los españoles, considerando culturas como la olmeca, totonaca y huasteca, así como otras que ‘sin nombre’ y que abarcan desde el año 1600 a.C. hasta la llegada de Hernán Cortés en 1519.

Recordó que, a la llegada de los españoles, se hablaban 20 lenguas en las costas del Golfo, así que en esta muestra se presentan vestigios de 20 culturas distintas, que van desde lo huasteco, lo zoque y lo maya, hasta lo olmeca y de culturas del centro de Veracruz. “En esta muestra no van a encontrar cabezas colosales ni las típicas cabezas sonrientes del centro de Veracruz; mostramos piezas que nunca antes se han visto en la Ciudad de México”, explicó.

Una de las más espectaculares es La mujer escarificada, representación del torso de una mujer sin cabeza ni brazos, con escarificaciones en los hombros y en los muslos, una piedra fragmentada al momento en que fue ofrendada, por lo que se aprecia rota.

La representación, que proviene de la zona arqueológica de Tamtoc, es distinta del cuerpo humano que estamos acostumbrados a ver en Mesoamérica, pero quisimos mostrar la belleza de esa pieza y cómo fue utilizada para algún tipo de ofrenda”, explicó.

Otra pieza, detalló, es el bloque del Cascajal, una piedra rectangular sobre la que fueron inscritos 62 símbolos, que registran patrones y han sido detectados en diversas esculturas olmecas. “Pensamos que corresponde a la cultura olmeca y que fue elaborado entre el 1,200 y 900 a. de C. Es el único ejemplo de lítica con estas características, pero aún no se puede hablar de que sea escritura olmeca”, explicó la investigadora del INAH.

En la exhibición también aparece el Conjunto de Los Azuzules, proveniente del Museo de Xalapa, integrado por dos felinos y dos seres humanos, los cuales servían para transmitir mensajes entre los habitantes de la cultura olmeca. Las piezas son de gran calidad artística y fueron halladas a 28 metros sobre una terraza en el rancho Los Azuzules (Loma de Zapote).

Creo que antes de que los olmecas tuvieran escritura transmitían ciertos mensajes a partir de escenas que construían con esculturas; ése es otro conjunto que nunca se había visto aquí”, mencionó.

El Cascajal es un vestigio de piedra que podría contener escritura olmeca.

EL PESCADOR

Las joyas del pescador contiene 65 piezas de oro mixteco descubiertas en Veracruz hacia 1976. La historia dice que Raúl Hurtado era un pescador dedicado a la captura de pulpos que halló un lote de oro y joyas prehispánicas en el fondo del mar. Lo extrajo con cuidado y se lo llevó a casa, luego lo vendió al joyero del barrio.

Con ese dinero el pescador empezó a mejorar su casa, pero los vecinos se encelaron y lo acusaron de obtener dinero ilícito. Cuando la policía llegó, descubrieron en su casa algunos lingotes de oro y un lote de joyería mixteca. Entonces confesó de dónde había salido todo y el INAH rescató las piezas. De éstas, se expondrán 64.

Parece que ese oro había salido en una nave rumbo a España, pero se hundió y el oro quedó en el fondo del mar hasta los años 70. No se ha mostrado en su conjunto en la capital mexicana. Aquí destacamos piezas que, creemos, forman parte de un joyar en donde se representaron rostros de guerreros mexicas, algunas torturas y pulseras donde un primate baila”.

También se muestran, por primera vez en la Ciudad de México, dos ofrendas: la primera, del Manatí, proviene de Veracruz y fue descubierta en los años 80 en un sitio que está al pie de un cerro, cerca de un manantial, donde se cree que los olmecas depositaban todo tipo de objetos (cerámica, hachas y collares de jade) durante siete siglos (entre 1600 a.C. y 900 a.C).

La segunda es una ofrenda olmeca de Huimanguillo, que proviene de Tabasco y concentra 100 piezas. “Lo interesante de ésta es que contiene numerosas hachas y fue descubierta en los años 50 del siglo XX mientras se construía una carretera estatal. Hasta ese lugar se trasladó el poeta Carlos Pellicer (1897-1977), quien fungía como una especie de representante del INAH en Tabasco, ya que hasta entonces no había arqueólogos en la zona”, detalló González.

Por desgracia, aquella ofrenda se descontextualizó, ya que no se registraron detalles de cómo fue depositada. Sólo se sabe que, al igual que la del Manatí, está asociada a la orilla de un pantano”.

tomado de aquí

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