Miccailhuitl, Fiesta de Difuntos

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Desde el principio de los tiempos el ser humano como ‘entidad’, comienza a razonar sobre la existencia, esencia y origen. En esta búsqueda se pregunta constantemente: ¿A dónde voy y que hay más allá?

Aquí, nuestros abuelos anahuacas desarrollaron una Cosmopercepción ‘DUAL’, donde la existencia de la vida y la muerte son eventos absolutamente complementarios en la permanente transformación de la materia a partir de la energía.

Esto visto en el ámbito ‘físico’ de la materia. En lo que se refiere al pensamiento (Conciencia, Tezcatlipoca) es visto en estratos de transformación que hablan de una ‘ muerte ‘ constante que se va generando a partir de que los vas trascendiendo, obteniendo una mayor comprensión del todo ‘OMETEOTL’ (El Universo). Es decir, vas creciendo en conciencia.

Para comprender de forma objetiva esto, es necesario que al consultar las fuentes escritas compiladas por los cronistas Españoles lo hagamos poniendo mucha atención tratando de ubicar en tiempo y espacio lo ahí narrado e ir descubriendo la riqueza de información que subyace dentro de la crónica ‘ parcial ‘ de los informantes castellanos, que aun y a pesar de que trataron de deformar con su pensamiento Judeo cristiano oscurantista y medieval, todo lo que les iban narrando. No lo lograron, ya que la gran fuerza y energía que emana de las formas de concebir al universo de la sociedad ética formada por nuestros abuelos no están circunscritas al espacio ni al tiempo tal como lo concibieron los españoles.

Según el códice Vaticano Ríos: los seres humanos al ‘morir’ viajan a nueve estratos que se encuentran en el ‘inframundo’. Es un viaje que dura cuatro años proceso en el que se van ‘descarnando’, desmaterializando hasta conseguir el estado ‘puro’ del ‘Tonalli’.

Los difuntos, habrán de enfrentarse a nuevos y mayores obstáculos que a medida de irlos experimentando y rebasando, logran el proceso de la desintegración de su materia.

Hay tres nombres con los que se denomina al “inframundo”: Mictlan ‘lugar de difuntos’, Ximoayan ‘lugar de descarnados’, Chiconauhmictlan ‘ lugar de los nueve estratos de difuntos’.

1er. Estrato: se encuentra debajo de la superficie terrestre y se llama; Apanohuaia o Apanoayan. Al morir, se llega ala orilla de un río caudaloso donde para atravesarlo se necesita la ayuda de un perro de color café ‘xocoztic’ por esto, a este lugar también se le llama itzcuntlan ‘lugar de perros’.

2do. Estrato: Tepectli monanamictlan ‘lugar donde los cerros se juntan’, o tepeme monamictia ‘cerros que luchan o chocan’. En este lugar hay que cruzar rápidamente para no quedar aprisionado.

3er. Estrato: Itztepetl ‘cerro de cuchillos de obsidiana’. Lo cortante y punzante de los cuchillos de obsidiana.

4o. Estrato: itzehecayan ‘lugar del soplo del viento de cuchillos o viento helado’. De aquí salen los vientos del norte que arrasan todo, se le llama también: Cehuicayan por que en uno de sus dos ambientes siempre cae nieve.

5o. Estrato: Pamiecatlayan ‘lugar donde se flota como estandarte’. Aquí te pierdes quedando a merced del soplo de los vientos sin embargo tienes que salir hacia el siguiente estrato.

6o. Estrato: Timiminaloyan ‘lugar donde flechan’ son las flechas erradas de los guerreros, los ‘errores’ que te acosan y te desangran.

7o. Estrato: Teocoyolcualloya ‘donde las fieras devoran corazones’ o Teocoylehuloyan.

8o. Estrato: Izmitlan Apochcaloca ‘Lugar de la niebla que enceguece’. También es el apanhuiayo ‘Laguna de aguas negras’, donde habita la lagartija Xochitonal. Aquí los difuntos descarnados encuentran su ‘ tonalli’ liberado del cuerpo, de la materia.

9o. Estrato: Chicunamictlan ‘ recinto de la muerte y quietud eternas’. Entrando en su umbral es necesario vencer él ultimo obstáculo el tramo llamado Chiconahuapan ‘extensión de nueve aguas’ es la liberación, la trascendencia. Una vez desechada la materia siendo solo conciencia

Estos estratos tienen una explicación profunda que solo es alcanzada a través de una comprensión objetiva que surge de un proceso unipersonal de ‘muerte’ del permanente esfuerzo de ‘mirarse’ interiormente.

En la antigua Anáhuac, nuestros abuelos accedían a la comprensión profunda del universo a través de procesos de ‘iniciación’. Muchos de ellos se realizaban en oquedades como las de chalmictlan y otros centros de iniciación como Ocuilan ‘Lugar de orugas’ y el huizachtepetl ‘cerro de huizaches’ ordinariamente conocido como el cerro de la estrella en donde accedían al conocimiento antes que nada de sí mismos.

‘Era morir para nacer, toda muerte es el preludio de una nueva vida’.

En su peregrinación de doscientos sesenta años que significo todo un proceso de iniciación los Mexihca, fueron guiados por un ‘iniciado’ trascendido, Huitzilton.

Esto para los invasores Imperiales, Apostólicos Romanos, Castellanos, resulto y resulta todavía hasta hoy en día incomprensible enajenados como están en sus símbolos de entidades omnipotentes y completamente ajenos a sí mismos. Prueba de ello es observar como se refiere fray Bernardino de Riveira mejor conocido como de sahagún (por la ciudad en que nació) y donde influenciado por su formación Teológica Cristiana, relaciona al Mictlan con el ‘infierno’ Cristiano.

Mictlan es el infierno donde mora y vive un diablo llamado Mictlantecuhtli y una diosa llamada Mictecacihuatl que era mujer de él.

Es evidente, la deformación que hace Sahagún ante la imposibilidad para tan solo entender un evento natural como es la existencia de la muerte.

El Códice V. Ríos menciona que hay cuatro ‘paraísos’ a donde van las personas según la manera en que mueran.

TONATIUCHAN: ‘la casa del sol’, ubicado al oriente a este lugar llegan los guerreros muertos en batalla y donde los guerreros Aguila y Ocelote realizan simulacros de guerra. Se reúnen todos en Tonatiuhhiquizayan ‘salidero del sol’ donde esperan que el sol emerja de lo obscuro y una vez afuera tendidos sobre la jícara celeste lo acompañan en su trayectoria aprestando sus armas lanzando gritos de jubilo, brindando al sol sus propiedades vitales: Yolotl ‘corazón’, Yeztli ‘sangre’, Omitl ‘hueso’, Nacatl ‘carne’ y Tlalhuatl ‘nervio’. De esta manera recorren la jícara Celeste hasta llegar a la línea curva y de allí al sitio central y más alto el Nepantlatonatiuh ‘Cenit’ para entregarlo a las Cihuaquizque ‘Mujeres guerreras’ o Cihuateteo. Estos acompañantes del sol bajan a Tlalticpac cada cuatro años como colibríes y otras aves de hermosos plumajes, para libar el néctar de las flores.
CINCALCO: Ubicado hacia el Poniente llamado el ‘lugar de la casa del maíz’ o Cihuatlampa ‘Lugar de las mujeres’. Todas las mujeres que mueren al dar a luz van hacia este lugar y se llaman Cihuateteo ‘Mujer energía’ pasados cuatro días de su muerte el espíritu de la mujer elegido por el sol mora ya en el Cincalco, de ahí salen todas armadas para ir a recibir al sol cundo llega al punto más alto de su recorrido, al Nepantlatonatiuh. Danzando lo llevan hasta el ocaso donde ha de descender al inframundo convertido en Tlalchitonatiuh ‘sol de tierra’ las Cihuateteo bajan a tlalticpac cada cincuenta y dos años.

TLALOCAN: ‘El lugar de Tlaloc y de dualidad Chalchiuhtlicue’ se le reconoce como el nacedero de Manantiales, Ríos, Aguas frías y calientes. Hasta este sitio llegan los que mueren ahogados o tocados por el rayo.

TAMOACHAN O TOCENCHAN: ‘Lugar de nuestro origen y morada común’. Parece encontrarse en el Omeyohcan ‘lugar de la dualidad’ de este sitio emana la vida y a el se retorna, Aquí se yergue el Chichihuacuahco ‘el árbol de las cuatrocientas tetas’ hasta este lugar llegan los infantes muertos y maman la leche del árbol nutriéndose de fuerza vital para regresar nuevamente a la tierra donde han de gustar y padecer de la vida con toda plenitud hasta agotarse en ella y ‘morir definitivamente’. En conjunto todos los sitios que nos sobrepasan reciben el nombre de Huilohuayan ‘lugar donde todos van’.

Es así como de acuerdo a las diversas muertes que tengamos todos dentro del recorrido y proceso de aprendizaje en los diversos lugares del universo confluiremos en el Omeyohcan Tocenchan ‘lugar de la dualidad y nuestra morada común’.

La muerte y la vida están enredados y la una no existe sin la otra Ometeotl es Ometecuhtli y Omecihuatl, pero también es Mictlantecuhtli y Mictlancihuatl por lo que el Omeyohcan y el Mictlan son nuestros lugares de origen y morada común.

Miquiztli: ‘la muerte’, es el principio de la transformación e integración internas por medio de la introspección. La ‘muerte’ es una transmutación hacia nuevas formas de vida después de un lapso de reposo.

Nuestros abuelos vivían esta realidad natural cotidiana permanentemente. Así como nuestro organismo y nuestra mente a cada instante experimentan ‘muertes’, cambios.

De manera particular dentro de nuestro ‘calendario’ Anahuaca se realizaba una celebración llamada Micailhuitontli ‘fiesta de los muertitos’ en la que se recordaba a los niños muertos. En las casas se ponían ofrendas dedicadas a los pequeños que ya retornaban al seno de nuestra madre Tonantzin en esta fiesta la danza se ejecutaba con movimientos pausados y cantos.

Dicha fiesta se realizaba dentro del Metztli de Nexochimaco ‘ofrendan flores’, Correspondiente a los meses de Agosto y principios de Septiembre del calendario cristiano gregoriano pero con la llegada de los invasores españoles se instituyo una celebración religiosa que se lleva acabo los días 1 y 2 de Noviembre donde se recuerda la muerte de todos sus ‘santos’.

Sin embargo, y permeando más allá del sincretismo nuestros pueblos autóctonos siguen viendo la ‘muerte’ mas como un motivo de celebración ‘real’ y de algarabía muy distinto de la falsa tristeza y dolor que identifica al pensamiento europeo sobre y hacia la ‘muerte’.

Esto es evidente cuando el día 1 y 2 de Noviembre y después de que ‘suena’ el Atecciztli ‘caracol’ en el Mictlan pueblos enteros van a los panteones a acompañar, velar, comer, beber y platicar con sus muertos además de las grandes ofrendas que les dedican en los altares de sus casas.

En Mexihco hay lugares famosos por sus celebraciones de día de muertos: Mizquic en la Delegación Tlahuac D.F., Corime en la sierra Raramuri o Tarahumara y la celebración de la Isla de Janitzio y los pueblos de la zona lacustre del Lago de Patzcuaro en Michoacán, para los que hemos estado en la celebración de ‘muertos’ en estos lugares podemos decir que la experiencia es tan bella como difícil de describir.

El retorno a la madre Naturaleza se realizaba generalmente en ollas de barro redondas, que eran enterradas ‘sembradas’ en la tierra. En una evocación del útero de tu propia madre y como preparación para un nuevo nacimiento de vida orgánica.

Lo mismo representa el útero del Temazcalli donde se entra a ‘morir’ tanto fisiológicamente cuanto interiormente para generar nueva vida consiente, ética.

Mictlantecuhtli y Mictlancihuatl: Existen en dondequiera que haya vida originando la muerte. El Mictlan se encuentra en todas partes, desde y hacia todas las direcciones del universo.

Los europeos oscurantistas empiezan a conocer un poco sobre todo esto, hasta que en el año cristiano de 1774 Antonio Lorenzo de Lavosiere da a conocer la ley de la conservación de la materia en donde expone: La materia no se crea ni se destruye, solo se transforma.

Con esto se derrumbaron varios de los ‘símbolos’ de los europeos como el de la creación y de todas sus deidades omnipotentes, hacedoras de todo lo existente.

Hasta hoy en día y ante la enajenación de la que somos presas la gran mayoría de los seres humanos y aun con la ayuda de la ciencia no alcanzamos a comprender lo que es la ‘muerte’ que sigue siendo algo que nos asusta, que nos inspira un gran temor.

Y es que confundimos la ‘muerte’ biológica con lo que es la no ‘existencia’ la no ‘actividad’ la no ‘presencia’.

Lo que sucede es que seguimos proyectando nuestros miedos hacia lo desconocido, por ignorancia y sobretodo por falta de compresión real, objetiva.

Es así, que al pensar en la ‘muerte’, como una no ‘actividad ‘, no ‘existencia’ y no ‘presencia’. Nos identificamos plenamente con ellos al haber un desconocimiento absoluto de nosotros mismos, siendo dependientes ” muertos ” inertes sin transformación temerosos de lo desconocido.

Si nosotros logramos comprender que nuestro cuerpo biológico y nuestro estado interno (psicológico) tienen que sufrir diversas ‘muertes’ para transformarse e ir accediendo a nuevas formas de vida, entenderemos que la trascendencia no solo esta en la transformación material sino también en tu conciencia (Tezcatlipoca).

La Conciencia – Esencia, no es de la tierra por lo tanto no ‘muere’ en la tierra. La conciencia es una entidad que es la composición del ser humano, es inmaterial y dotada de razón que trasciende la ‘muerte’.

Fuera de nosotros ‘observamos’ a cada instante los procesos de ‘muerte’ y transformación de todo lo que nos rodea, como en el centro del Agave en donde crece un tallo muy alto y cuando se rompe ese tallo y cae la semilla el agave que esta abajo muere, este tiene que ‘morir’ para que pueda vivir el otro. Esto es conciencia armónica la ‘ muerte ‘ y la vida en su ciclo vital.

Si esto no ocurriera, seria un caos y no existiría nada.

Así, si activas tu estado interior generas movimiento y al haber movimiento hay presencia y por lo tanto vida y al haber vida trasciendes la ‘muerte’.

Con todo esto podemos concluir que: La celebración a la ‘muerte’ no puede estar circunscrita a dos días es algo que esta presente en todo momento, en todo instante permeando en cada una de nuestras respiraciones, nuestras exhalaciones en todos nuestros pensamientos, en cada latido de nuestro corazón.

* Teotlehco Metzli ‘sube difunto/elevación de energía, luna/mes’

En este duodécimo mes se llevaba a cabo en la antigua Anáhuac la fiesta dedicada especialmente a Huitzilopochtli. La figura que representa este mes es una guirnalda de heno. El primer ilhuitl ‘retorno’ del mes se llamaba Pachtontli ‘heno pequeño’, símbolo del envejecimiento de los árboles, y en él se hacía una solemne fiesta. El quinceavo ilhuitl ‘retorno’ del mes, los jóvenes adornaban los momoztli ‘mentideros’ con cañas atadas de tres en tres y con flores las casas y en la noche se hacía una fiesta en donde todos comían y bebían, especialmente los ancianos. Los mexihtin siempre guardaron gran respeto para el difunto Huitzilopochtli, de quien tomaron su nombre: Mexihtli. Según Chimalpahin: “inihcuac in ompa hualehuaqueh aztlan in huitzilopochtli ye yuh nepa macuilpohualli ipan chicon xihuitl nemi tlalticpac” ‘cuando vinieron a partir de Aztlan (los mexihtin), Huitzilopochtli había pasado 107 años de vivir en la tierra’. Los teomamah ‘cargadores de difunto’, lo transportaron hasta Tenochtitlan-mexichco y se mantuvo enterrado en la Huei Teocalli ‘gran casa del difunto [Huitzilopochtli]‘ hasta la invasión española. En este referente, resulta lógico pensar que el “difunto” que sube haya sido Huitzilopochtli; ya que, según Durán, “cuando ponían aquella jícara llena de masa, desde las siete de la noche (sic) para abajo, en lo alto del templo, y sobre ella velaban, visitándola con mucho cuidado y vigilancia hasta que, impreso en la masa aquel pie de niño, o puesto encima de ella algún cabello, tocaban las bocinas y caracoles y hacían gran muestra de regocijo con la venida (sic) de su dios (sic) Huitzilopochtli”. Acto seguido, se hacía mucha penitencia con autosacrificio de sangramiento, después de lo cual se sahumaba la jícara de masa. En la fiesta, que tenía lugar el último ilhuitl ‘retorno’ del mes, comían todos tortillas hechas con el mismo tipo de masa que estaba en la jícara. Según Francisco del Paso, en este mes se esparcían maíces de cuatro colores, según el rumbo, a fin de pedir que Tlaloc viniera a fecundarlos en su momento: amarillo al tlapcopa, rojo al zihuatlampa, azul al huitztlampa y blanco al mictlampa.

* Texto e investigación:

Tlacatzin Stivalet.

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